Carme Karr y cómo ocupar espacios


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Texto de Sandra Sánchez Basagaña
Ilustración (c) Rubén Rodríguez Risquez

Carme Karr fue periodista, escritora, compositora, crítica musical, docente y feminista. Y fue Joana Romeu, L’Escardot, Una liceista y Xènia. Joana Romeu publicaba en Feminal, Xènia polemizaba con Eugeni d’Ors, Una liceista firmaba críticas musicales y L’Escardot —«Karr» y «card» (cardo) en catalán suenan casi igual— se relacionaba con su obra literaria. Los alias no eran para esconderse, sino para posicionarse.

Hija de un vicecónsul francés y de una mujer italiana, y sobrina del crítico, periodista y novelista francés Alphonse Karr, Carme Karr fue criada entre Barcelona y Perpiñán en un ambiente multilingüe. A los quince años se casó (parece que felizmente) con el poeta Josep Maria de Lasarte i de Janer, y con él tuvo cuatro criaturas. Podría haber vivido sin dar que hablar en la rancia burguesía catalana, pero fue una de las figuras más destacadas del feminismo catalán de principios del siglo XX, junto a Dolors Monserdà, Lluïsa Vidal y María Josefa Massanés.

«¿Qué pensáis de la mujer catalana desde el punto de vista de la inteligencia, de la percepción, de la cultura, de la utilidad social?». Cuando Carme Karr interpelaba a Eugeni d’Ors (Xènius), firmaba como Xènia, no por miedo, sino con ironía. D’Ors, en La bien plantada —novela considerada la biblia del Noucentisme— enumeraba las características deseables de una dama catalana: doméstica y domesticada. Con su cara y con su nombre, Karr se plantó frente al auditorio masculino del Ateneu Barcelonès y dijo: «La mujer tiene derecho a ser educada por sí misma y no únicamente para ser agradable o servir a un hombre (…)».

En 1907 fundó Feminal, una revista que mezclaba lo frívolo con el debate feminista. La publicación trataba «de todo lo que puede serle útil, de todo lo que puede agradarle e interesarle en el actual momento artístico, industrial y social». Se publicaba como suplemento de La Ilustració Catalana. Con Feminal las mujeres accedían a la cultura y las profesionales —escritoras y artistas— ocupaban un espacio para desarrollar su carrera. La revista defendía la educación como fórmula de profesionalización, y la profesionalización como herramienta para conquistar los derechos civiles. Por tanto, Karr ejecutaba la idea de «una habitación propia», que Virginia Woolf plasmó en su famoso ensayo de 1929.

Como las ideas no movían molino, en 1913 fundó la residencia femenina La Llar para la formación superior de jóvenes estudiantes y profesoras. En 1921 creó Acció Femenina, entidad feminista —catalanista y conservadora— para impulsar el sufragio femenino. En la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 impulsó y dirigió el Pabellón de la Mujer, que exhibía el trabajo y la creatividad de mujeres de Cataluña y España. Lo anterior se daba en un contexto belicista, con Cataluña recuperándose de la Semana Trágica y los tambores de guerra sonando una y otra vez en el horizonte. Carme Karr, que era pacifista, presidió el Comité femenino por la paz en 1914.

Escribió teatro: Els ídols es la obra que recoge su pensamiento. Compuso música para los poemas Apel·les Mestres, zarzuelas como El testament d’Amèlia, y reivindicó en artículos a su amiga la compositora Narcisa Freixas. Escribió cuentos infantiles, ensayos y reflexiones para adultos: Volves, Clixés, De la vida de Juan Franch, y todo sin ser rompedora, solo pionera.

Carme Karr fue reconocida por la intelectualidad, aunque no se incluye su perfil en la Generación del 98 ni en el Modernismo. Su olvido se debe a lo de siempre y su recuperación es clave para entender la primera ola feminista catalana y española. Murió en 1943.

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