Laura Rubio Galletero: [Homo Ausente]


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Entrevista de Reyes Muñoz
Fotografía [c] de Javier Naval

Esteban está sobrepasado porque la vida le ha puesto a ejercer de padre y él lo quiere hacer muy bien, pero… Este es el punto de partida de Homo Ausente descrito como «monólogo para un intérprete, un músico en escena y para muchos hombres entre el público».

Laura Rubio Galletero es feminista, es docente e investigadora de estudios de género y es la autora de este texto que desde la comedia reflexiona en torno a cuestiones trascendentales. Se estrena el 10 de diciembre en el CC Paco Rabal de Madrid

¿Es un monólogo interno que el actor suelta por la boca?, ¿o se está dirigiendo al público?

Es un falso monólogo. Quiero decir: le llamamos monólogo porque hay un actor que es Pablo Huetos que lo defiende todo. Pero es verdad que no está solo en escena, está José Pablo Polo y Fernando López Andújar que son músicos… Se van turnando y están en escena con él creando el espacio sonoro. No tienen texto pero sí que están dialogando con este personaje que se llama Esteban.

También hay varias capas de dramaturgia. Escribí un primer borrador que es una fábula y se llama El viaje de Esteban. Es un hombre de mediana edad, al que le pasan una serie de catastróficas desdichas. Se encuentra de repente solo, con la crianza de un niño de un año porque su mujer acepta un empleo a 700 km, su padre ha enviudado y se está mudando a un coliving a otra ciudad… De repente él se queda solo, con la crianza a tiempo completo. Durante la pandemia le han despedido y entonces está intentando ser emprendedor. El personaje está totalmente desubicado acerca de los roles que ocupa en la sociedad. Ese es el punto de partida de El viaje de Esteban.

Nos preguntábamos sobre qué podría pasar en el cuerpo del intérprete, en este caso de Pablo, encarnando a un personaje como Esteban. Pablo también es padre de dos hijos y es un hombre, también ha vivido su propia crisis de identidad con el género puesto que a él le gusta cuidar. Hace apología de los cuidados en un mundo donde los cuidados y los hombres no están en esa línea todavía…

Entonces bueno, digamos que se cruzan esas dos líneas, ¿no? El intérprete, Pablo, habla a un público real sobre esta historia, porque al final, es una situación de privilegio: tiene un sentido crítico pero no deja de ser un hombre blanco y heterosexual, europeo occidental, dándonos la chapa sobre los cuidados. Por otro lado, el propio Esteban le habla a su grupo de amigos, un grupo de padres conscientes que están alarmados porque Esteban está desbordado con toda esta situación. Así que se plantan en casa del padre de Esteban, que fue la casa del abuelo de Esteban y donde Esteban está haciendo la mudanza porque su padre se ha pirado, para decirle: «Bueno macho, ¿a ti qué te pasa?».

Tenemos ese doble juego. Esteban hablando a su grupo de amigos, hombres, que además pertenecen al mundo de padres que creen que como padres lo están haciendo muy bien, —luego ya vamos a ver que no— y por otro lado el actor, que se sale del personaje y habla al público diciendo: «bueno, vamos a ver ¿esto es todo lo que puede hacer Esteban?».

No sé cuál es la respuesta. El teatro no tiene que dar respuestas tiene que formular preguntas. Pero pero bueno, está siendo un viaje apasionante.

Si en lugar de un hombre, lo planteas con una mujer, te quedas sin obra.

Claro, claro… o sería teatro documental… Esa es la paradoja. Fíjate, desde el primer día que yo me senté a escribir y después de un proceso larguísimo de documentación, le mandamos un cuestionario a bastantes hombres, amigos o conocidos, o sea, no era necesariamente gente vinculada a nuestro rollo. Les preguntamos acerca de cómo cuidaban, quien les había enseñado a cuidar, de quién cuidaban… Entonces nos dieron respuestas de lo más variopinto… me he reído mucho, mucho rato y muchas veces, porque había quien lo intentaba hacer muy bien y contestar y estaba el que te decía que su modelo era Superman.

También ha habido todo un proceso documental y teórico feminista, de qué dice el feminismo de los cuidados y de los hombres, que es uno de los grandes vacíos… Es muy curioso como el feminismo, que atiende a todas las intersecciones, a todas las desigualdades, la cuestión de la masculinidad no la tiene tan atendida y la cuestión de la masculinidad y cómo cuidan los hombres, nada atendida. Hay muy poca bibliografía y por suerte empieza ahora a corregirse. Se habla mucho de los cuidados, los aliados están ahí, cogidos con pinzas y con razón casi siempre, pero de los hombres y los cuidados no. Hay un libro muy interesante de Bell Hooks, que se llama El deseo de cambiar, que habla precisamente de qué pasa con los hombres que quieren hacerlo de otra manera y que no tienen modelos.

«Esa es la clave, los cuidados son el camino para salvar a la humanidad».

Hablé con un compañero sobre tu obra y me dijo que un día que estaba regulero se puso a buscar en internet como influían las hormonas en los estados de ánimo de los hombres… porque «si las mujeres están tristes, se dice que son las hormonas». Concluía la historia así: «Aprendí muchísimo de las hormonas y las mujeres, pero de hombres y hormonas no encontré nada»

¡Ellos no tienen hormonas! En un momento del espectáculo hablamos de eso. Hay un momento en el que el personaje pide un abrazo porque se siente como el culo. Hay estudios que han demostrado que la oxitocina, que es la hormona del amor, la que genera la madre con el bebé, que se genera cuando estamos enamorados, con nuestros amigos… pues han demostrado que en un abrazo de veinte segundos, empezamos a segregar oxitocina que hace que nos nos sintamos mejor. Y hay muchos estudios que dicen que los hombres que se dedican a cuidar, modifican su cerebro como lo modifican las mujeres. No necesariamente tienen que cuidar a un bebé, puede ser un perro…

Las mujeres como tradicionalmente nos dedicamos a cuidar, tenemos la oxitocina a flor de piel y los hombres que dedican tiempo a los cuidados de manera sincera, generan oxitocina y por lo tanto, su nivel de testosterona baja y su agresividad también. Esa es la clave, los cuidados son el camino para salvar a la humanidad.

Es verdad que son estudios que no interesa que se divulguen porque desmontan la imagen de la virilidad. La masculinidad en definitiva está asociada a la virilidad tradicional, al guerrero, el macho español. Una masculinidad alternativa, que es posible, está fuera del imaginario colectivo, incluso del imaginario de las mujeres: nosotras caemos en el machismo cuando exigimos a los hombres que sean viriles y que a la vez cuiden… un guerrero no cuida, compite. Con todos estos modelos, jugamos en la obra. Se trata de llevarlo a un escenario para ver qué le pasa a Esteban, al intérprete y al público real.

Tú que eres investigadora y docente de estudio de género y seguro que has pensado ya en algo que yo intuyo: que muy probablemente a las mujeres nos apetezca cuidarlo, en plan, pobrecito Esteban, y los hombres digan… bah, qué flojo…

Esa es la controversia a la que he estado todo el rato dándole vueltas. La paradoja primera es que es equipo liderado por hombres, aunque el motor que hay detrás es una dramaturga feminista. Tú imagínate la locura. Y además, todo el equipo tenía claro que el posicionamiento era radical desde el primer momento.

Hemos captado a cinco mujeres de los 20 a los 75 años a quienes hemos pasado un primer borrador del texto. Les pedimos que se lo leyeran y que nos dieran respuestas a cómo veían ellas a los personajes masculinos, qué echaban en falta, si había algo que les hubiera cabreado… Esto nos preocupa. Ellas de alguna manera van a estar dialogando en la obra, porque cuando haya momentos en los que haga falta parar, vamos a usar esas grabaciones. Porque a lo mejor, esto que estamos contando va a hacer que la gente piense «ya está llorando», «ya se está haciendo la víctima»…

También van a venir a ver un ensayo y vamos a intentar estar muy abiertas a lo que ellas nos cuenten y a lo que el público nos diga, para, por lo menos en el tiempo que hay desde el estreno hasta las funciones, ir cambiando algunos momentos de la obra. que sí que podemos modificar. Digamos que hay una línea ficcional y una línea sociológica o documental, que es la que a nosotros en el fondo nos interesa.

Aunque la historia de Esteban está muy bien y yo creo que es un texto muy potente: hay muchos momentos de tragedia-comedia… hay mucha, mucha comedia… pero es una comedia que te hace llorar de la risa y que te hace pensar: «hostia, de qué me estoy riendo, que no tiene ninguna gracia». Porque lo he escrito yo con estos hombres, viendo dónde están los modelos femeninos y los modelos masculinos. De repente tenemos a Cristiano Ronaldo como imagen de la virilidad absoluta… o pensamos que la visión del Fari es muy antigua y sales a la calle y te das cuenta de que sigue estando.

«Un padre elige cuando quiere ser padre, se hace responsable o no se hace responsable».

Soy consciente del día que supe que mi padre era mi padre.  Recuerdo que estaba con fiebre y vino a darme besos y fui consciente del amor de mi padre y de que yo lo quería. Mi madre está ahí desde siempre.

Claro, claro, de repente, no se sabe cuándo, un hombre se convierte en padre. Es otra de las cuestiones que yo lo hablo mucho con Pablo, porque además es mi pareja. Esto viene de cuando montamos Señora Rojo en 2020. Llevábamos dando vueltas a la compañía mucho tiempo, pero bueno, como que nació en el 2020 con nuestro hijo. Montamos la compañía, arrancamos con En tránsito, porque realmente nos preocupaba mucho la cuestión trans, no por la cuestión trans en sí, sino por toda la polémica social… arrancamos por ahí con ese espectáculo, pero al tema de la paternidad y maternidad… el de la maternidad ya lo abordaré yo cuando cuando lo haya colocado, pero Pablo a lo de la paternidad le daba muchas cuentas… «¿podemos hacerlo de otra manera?», y dándole vueltas y hablando con la gente de nuestro alrededor, nos dimos cuenta de que eso está ahí: ¿cuando se hace padre un padre?

Un padre elige cuándo quiere ser padre, se hace responsable o no se hace responsable. Son los modelos del padre que tiene que trabajar para traer el pan a casa, que no está presente en el hogar, no está presente en los cuidados… y que cuando está, todo tiene que orbitar a su alrededor, porque ¡joder, es que está en casa papá!, ¡hay que hacerle caso! Estar en casa exige una renuncia, que es lo que hemos hecho las mujeres durante siglos: renunciamos todo el tiempo a nuestro desarrollo profesional, a nuestro desarrollo emocional…

Las mujeres, una vez que son madres, son anuladas por la sociedad. A mí por lo menos me pasa continuamente, soy la mamá Gael pero soy otras muchas otras cosas que me ha costado muchos años conseguir, como llamarme dramaturga, por ejemplo. Cuando por fin empiezo a pensar que soy profesional, nace Gael y solo soy mamá. Ellos, en cambio, tienen hijos como el que tiene un seto, alguno hay que decide cuidar, pero obviamente van a renunciar a menos cosas que nosotras: el sistema está hecho para que ellos sean los líderes, y si renuncian, la sociedad dice que es un padrazo. Nos debemos parar a pensar si eso es un buen padre o si todo padre debería contribuir a la crianza.

Pues son preguntas que están en este espectáculo que no sé cómo se recibirá. Son preguntas que todas y todos tenemos en la cabeza. Nos preocupa, nos vamos de las sesiones diciendo, ¡qué difícil!

«Nos preguntamos mucho sobre eso, sobre reímos de los modelos que creemos caducos, pero que llevamos dentro».

¿Por qué comedia?

Es una comedia envenenada y es comedia por muchos motivos. Pablo se mueve en la comedia como pez en el agua, tiene una capacidad de manejar registros cómicos muy grande y jugué a favor de elenco. También porque como dice Mary Poppins, con un poco de azúcar las cosas entran mejor. Está bien reírse de algunas cosas que son políticamente incorrectas, en este mundo de la censura. Está bien reírse del chiste verde y luego decir: «ojo, esto es un chiste, nos estamos riendo de algo muy incorrecto y no se nos olvide que esto pasa de verdad». Hay muchos referentes de los años 80, como el Equipo A, E.T. o Regreso al futuro que son referentes para Esteban… son importantes porque de la comedia nos llevan a lo emotivo y de lo emotivo nos lleva al «para un momento, no te rías tanto». Nos preguntamos mucho sobre eso, sobre reímos de los modelos que creemos caducos, pero que llevamos dentro. Bueno, ellos lo llevan más fuera, porque a nosotras se nos reprime la expresión de la ira.

El otro día me saltó un reel de una psicóloga en TikTok que decía que debemos medir el peso de las discusiones. El ejemplo que ponían es de uno que deja todos los días la toalla húmeda en la cama y ella le pega la bronca… La psicóloga decía: «¿Cuánto pesa recoger la toalla y cuanto una discusión?».

Ahí está lo de la cosa del cuidado. Si él deja la toalla es porque asume que va a llegar mamá, mamá pareja y va a recoger la toalla. Entonces él va a decir: «bueno, pero yo es que me tengo que ir a trabajar y tú estás todo el día en casa» y ella va a responder: «ya, pero estoy en casa cuidando de nuestro hijo», y ahí vamos a entrar en la movida de la conflictividad de la pareja. Hay algo que no es el tema central de la obra, pero sí que está, que es que nuestros padres también van a necesitar cuidados. ¿Quién cuida a mi padre? Va a cuidarlo mi pareja porque es mujer y le toca, o lo voy a cuidar yo y entonces voy a pagar a una mujer migrante para que lo cuide, porque yo no me voy a hacer cargo. Habrá quien diga: «no soy padre y a mí este tema no me toca». A ver, todos somos hijos, no se nos olvide.

«Hay algo ahí muy vivo que tendrá que ir cambiando».

Háblame del recorrido de la obra. Me ha parecido entender que es un poco work in progress, que ahora se estrena, pero a lo mejor lo de marzo es fruto de lo que habéis hecho ahora.

Bueno, pues lo suyo sería llegar con todo hecho, pero también estamos viendo que es un tema bastante complejo, que toca de manera transversal a muchos perfiles diferentes. Es como que de repente se va ensanchando, y evidentemente hay que cortar. Pero por otro lado, también nos interesa escuchar al público… Nuestra intención es que sea un espectáculo con un cierto grado de viveza, aunque llevemos cinco años de gira. Es decir, que el propio intérprete, una vez que ya se maneje bien en el código, sea capaz de incorporar lo que está pasando en el patio de butacas: la indignación del señor que de repente diga «no me hables ahora del Fari» o la señora que se siente incómoda porque hablamos del Tinder. Hay algo ahí muy vivo que tendrá que ir cambiando. Pues igual hacemos un encuentro con alumnado universitario y recibimos un feedback, y otro con gente de la tercera edad, y recibimos otro… Por ahí vamos a intentar que el work in progress dure el mayor tiempo posible.

Igual el hijo crece y Esteban cuida a su padre…

El tema es mucho más complejo que decir «es la historia de un hombre que quiere cuidar a un niño y no sabe cómo hacerlo». Esa es la excusa para hablar de todo y no está nada mal, o sea, que como punto de partida, que un hombre quiera cuidar a un hijo, ya me parece bastante revolucionario, por desgracia. Sí estamos cambiando el lenguaje, estamos empezando a cambiar estructuras mentales, pero claro, yo cambio el lenguaje en mi entorno, yo soy privilegiada en el sentido de que estoy rodeada de una red de familias concreta y hay muchas familias, muchas personas que cuidan a menores, que no están en esto.

A mi sobrina pequeña, que tiene diecisiete años, cuando se queja porque tiene que hacer algo le digo: «no tuerzas el morro que fíjate que a Leonor le han mandado a la mili».

Total, total… La cuestión de clase está presente en la manera en la que se analizan los cuidados. Cuando no tienes dinero para que te cuiden los hijos otras personas, pues entonces renuncias a que te los cuiden, y hay gente que puede permitírselo, y que decide quedarse y fenomenal. Es otra realidad. No podemos abarcarlo todo, pero la cuestión de clase es súper importante: no podemos hablar de feminismo sin hablar de clase. No podemos hablar de modelos de género sin hablar de clases sociales, tampoco.

«¿Cómo se pueden deconstruir los hombres? Pues reconociendo el modelo y luego sacándolo de su vida».

¿Qué me estoy dejando y me quieres contar?

No lo sé. Ahora mismo no lo sé, porque en nada es el preestreno y estamos que no llegamos al final. Está siendo un gustazo, porque el equipo es maravilloso. Merece la pena escuchar lo que dice cada participante. Iris Muñoz, desde la coreografía, está trabajando la corporalidad, cómo se mueven los hombres, como están en el espacio… todo esto. El trabajo de Pablo…

¡Es que es una hora y pico de monólogo! Va a acabar como un pellejo…

Y es que Pablo hace muchas cosas, porque el objetivo es que acabe agotado de no poder moverse. Se lleva las maletas, las cajas de ropa de la mudanza, los VHS… se lo lleva todo, todo, todo, todo, entonces va a acabar muerto. Hay algo simbólico en vaciar el espacio para plantearse desde el vacío lo que está haciendo. Es idea de Alessio Meloni, que es maravilloso, un escenógrafo impecable, pues aportó por ahí la idea de la deconstrucción desde el vaciado, ¿no? ¿Cómo se pueden deconstruir los hombres? Pues reconociendo el modelo y luego sacándolo de su vida.

En el equipo todas las personas implicadas, están aportando desde su propia reflexión de lo que significa la masculinidad y todo va de la mano de una señora feminista. Es muy divertido ver cómo les confronto desde el amor… Les digo: «¿habéis pensado esto?». Se quedan pensando un segundo y luego entran. Hay cuestiones que tienen muy asumidas: pues por ejemplo, tienen tan naturalizada la violencia, que aunque no la ejerzan, forma parte de su manera de relacionarse: desde el lenguaje, desde la gestualidad, desde cómo se imponen en determinados ambientes… y entonces alguien que está desde el otro lado, que somos Iris y yo, dice: «no os habéis dado cuenta de esto, ¿no?».

Y al final salen todos más tiesos que un ajo para no meter la pata…

No, qué va. Ya quisieran. Todavía no tenemos el final porque no hemos llegado. Si veo que al actor le viene bien mejor una cosa que otra, o que desde la dirección podemos modificar algo, yo estoy ahí, a pie de escenario. El trabajo teatral es eso, es trabajar en equipo.

Y es una oportunidad para el equipo trabajar con la dramaturga. En la mayoría de los espectáculos teatrales, el autor murió hace tres siglos…

Sí, sí, claro. A partir de ahí, de su feedback, les hago una propuesta textual en el momento que luego hay que pulir. Lo que sale es basurilla. Tenemos la oportunidad de generar una partitura escénica, de acciones y tal en la que cuenta tanto lo que dice el personaje, como la persona, como el texto. Entonces sí es una oportunidad. Mi sensación es que va a tener mucho tironcillo, a ver, porque nunca se sabe.

Señora Rojo en redes:
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