[Carmen y Lola] de Arantxa Echevarría


Texto de Reyes Muñoz

Aunque se dedicaba al cine desde los diecinueve años, Carmen y Lola era la primera película de la directora, guionista y productora Arantxa Echevarría. Rodada en los barrios madrileños de Hortaleza y Vallecas, con intérpretes no profesionales —en su mayoría gitanos y mercheros sin experiencia—, la cineasta quiso enfrentar en su debut el tabú de la homosexualidad dentro de la comunidad gitana.

En una entrevista para dosmanzanas.com Arantxa Echevarría explicaba: «Al principio, al ver el tráiler, había muchísimo recelo por parte de la comunidad gitana. Si os metéis en el vídeo que hay en YouTube, veréis que me llaman demonio, me insultan, hablan mal de las chicas… Me sorprendí mucho. Sí que durante el rodaje, y en la preparación, vi ese lado conservador de muchos gitanos antiguos. Pero, curiosamente, después de que se estrenara la peli y la vieran, creo que ha cambiado un poco su forma de pensar. La gente que ha ido a verla ha sentido cierta cercanía. Es muy difícil sentir odio o desprecio hacia estas dos chicas. Es un amor puro».

Todo es valiente en lo que hemos dicho. Carmen y Lola narra la historia de dos adolescentes gitanas que se enamoran. Carmen quiere casarse pronto, tener hijos y dedicarse al hogar. Lola es inconformista. Sueña con ir a la universidad, dibuja pájaros en sus cuadernos y comienza a explorar su propia identidad sexual. No sería la gran película que es si se hubiera basado en el conflicto contra las normas sociales de la comunidad. Lo que mejor hace es involucrar a las protagonistas en esas normas sociales y enfrentarlas a su propio dilema, como Carmen y Lola y como Zaira Romero y Rosy Rodríguez.  De las cosas más bonitas que he leído sobre la actuación es que, a Rosy, le había costado más gritar a su compañera «bollera de mierda» que enamorarse de ella.

Probablemente el rodaje habría sido mucho más difícil sin Carolina Yuste. Su interpretación fue ampliamente reconocida y le valió el Premio Goya a mejor actriz de reparto en 2019, y la directora reconoció su labor como coach de sus compañeras de reparto antes de las escenas más complicadas. Dejarse el alma es un texto de agradecimiento a su elenco de Arantxa Echevarria, que podemos leer en la web de los Goya.

Calidad cinematográfica y propuesta estética

Como ópera prima, Carmen y Lola destaca por su apuesta por el realismo social. Prioriza la observación de la vida cotidiana de una manera cercana al documental. Esto contrasta brutalmente con el calor y la pasión de una película en la que parece que no pasa nada.  La cámara se sitúa a corta distancia de los personajes, acompaña sus gestos y conversaciones en entornos reales —calles, viviendas familiares o mercadillos— que refuerzan la sensación de autenticidad.

La narrativa evita los grandes giros dramáticos y se centra en pequeños momentos de intimidad, lo que permite que el espectador se acerque progresivamente a la realidad emocional de las protagonistas. Arantxa Echevarría ha señalado en más de una ocasión que hay escenas que se rodaron tan solo una vez para preservar la espontaneidad. Muchas escenas se construyeron a partir de situaciones que permitían a las intérpretes reaccionar de manera natural y todo el proceso fue deliberado: buscaba rostros y comportamientos que transmitieran verdad emocional.

Recepción crítica y del público

La película tuvo su estreno internacional en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 2018, una sección paralela del festival dedicada a propuestas innovadoras y a nuevas voces del cine. La selección supuso un importante reconocimiento para Echevarría y contribuyó a situar la película dentro del panorama del cine independiente europeo.

Tras su paso por festivales, la cinta obtuvo una recepción crítica muy positiva. Destacó la sensibilidad con la que aborda el descubrimiento del primer amor y la homosexualidad dentro de la comunidad gitana. En los Premios Goya de 2019 obtuvo ocho nominaciones, incluyendo mejor película, y consiguió dos galardones: Mejor dirección novel para Arantxa Echevarría y Mejor actriz de reparto para Carolina Yuste.

Sin embargo, el impacto de la película no se limitó a la crítica especializada. La película generó un intenso debate social dentro y fuera de la comunidad gitana. Recibió críticas de la Asociación Gitanas Feministas por la Diversidad, que denunciaba que presentaba una visión estereotipada del mundo gitano.

En una entrevista para Mujer Hoy, Zaira explicaba: «A Arantxa la atacaban por ser paya y meterse en historias de gitanos, pero era ella la que nos consolaba a nosotras (…). Una crítica se puede reflexionar, se puede debatir; un insulto no. Pero Arantxa siempre nos decía que la gente lo iba a acabar entendiendo». «Yo soy merchera, no somos ni gitanos ni payos, y tenemos una manera de pensar más abierta. (…) Lo que nunca pensé es que con ella pudiera ayudar a nadie. Me di cuenta de lo importante que era lo que había hecho cuando empezaron a llegarme mensajes por redes sociales de chicos y chicas que tenían miedo de salir del armario. Eso me ha hecho sentir muy bien». Rosy añadía: «Para mí, la película sí muestra nuestra realidad. Ahí está el culto, los pedidos… Si un padre se entera de que su hija es lesbiana, por lo general te digo que su reacción no sería distinta a la de Paco. No hay nada que esté muy alejado de lo que yo he vivido en mi entorno».

Y más allá de lo dicho, Carmen y Lola es una película que te ensancha el alma, quizás no tanto por su feminismo, por la visibilización LGTBI o por su intento de desmontar tabús en una comunidad concreta, sino porque es profundamente bella. Todo contribuye a esa sensación: el guion, las actrices, el conflicto, el amor. Tendemos a olvidarnos de cómo nos sentimos ante una novedad tan arrasadora y universal como es el descubrimiento del amor romántico. Carmen y Lola nos lo recuerda y por eso, como decía la directora: «Es muy difícil sentir odio o desprecio hacia estas dos chicas. Es un amor puro».

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