«Drácula» de Bram Stoker


Texto de BiPaul
Foto: Primera cubierta de Drácula

Drácula en el Proyecto Gutenberg: https://www.gutenberg.org/files/345/345-h/345-h.htm

El irlandés Bram Stoker (1847-1912) nunca había viajado a Rumanía y es posible que tuviera muy pocos datos acerca del sanguinario Vlad III o de Erzsébet Báthory*. Muchos críticos aseguran que más allá de una novela de terror, utilizó este libro para dar rienda suelta a un relato erótico en plena época victoriana, e incluso hay quien asegura que se sirvió de la novela como válvula de escape de una homosexualidad renegada. Murió pobre. Drácula (1897) cruzó océanos de tiempo para alcanzar el éxito: no lo descubrió la crítica, ni el público, lo redescubrió el teatro y el cine.

Lo que vamos a decir en este artículo puede resultar políticamente incorrecto. Si Bram Stoker, con su novela construida a base de documentos apócrifos, no tuvo repercusión en su publicación, y el éxito sobrevino gracias al teatro y al cine, por algo sería. Las tres versiones de la Universal Pictures: las dos primeras de 1931 y la de John Badham de 1979, se basan, no en la novela, sino en la adaptación que hizo Hamilton Deane para teatro y que se estrenó en 1924 en Londres y en 1927 en Broadway. No en vano, el propio Coppola llamó a su película de 1992, Drácula, de Bram Stoker, dejando bien claro que él sí que se había basado en el libro original.

Si el cine prefirió la versión de Deane es porque literariamente el irlandés quedaba muy lejos de sus contemporáneos célebres. De hecho, Drácula no fue incorporada a los clásicos de la Universidad de Oxford hasta 1983. Y es que, en algún momento, se intuye que incluso el autor se aburrió escribiendo la novela, se olvidó de su propio estilo y la terminó deprisa. Se suele argumentar, para darle prestigio, aquello de que Oscar Wilde dijo “Drácula no ha sido la novela más bella que se ha escrito jamás”. Pero es que Oscar Wilde no era muy de fiar, por su amor por el sarcasmo y la ironía. Drácula, como objeto literario, tiene poco que reseñar.

Pero tenemos que leer Drácula.

Bram Stoker no era un gran escritor. Drácula es su mejor libro y es bastante pobre. Pero hay que leerlo porque Bram Stoker fue el creador del personaje de ficción más importante de los últimos siglos. Antes de su Drácula, había historias de vampiros, tanto folclóricas como literarias.

Bram Stoker no inventó al vampiro. al strigoi o a lo que sea. Janez Vajkard Valvasor escribió a finales del XVI sobre Jure Grando Alilović (1579-1656), un strigoi de Istria. Ese texto se considera el primer documento sobre un vampiro moderno. Pero Bram Stroker sí creó a Drácula, con toda la parafernalia, haciendo de él un personaje lleno de detalles. También inventó Van Helsing. Por ello es importante leer el libro que de verdad ha inspirado enormes cantidades de literatura, arte y cine. Sin Drácula de Bram Stoker no existirían ni Lestat ni los Cullen. Quizás Bela Lugosi hubiera sido un funcionario, Anne Rice firmaría unas Crónicas licántropas, Elena Anaya no habría volado entre torreones y a Coppola no se le hubiera ocurrido eso tan bello de «he cruzado océanos de tiempo para encontrarte».

*Nota: Existe la creencia de que el escritor se basó en las conversaciones que mantuvo con un erudito húngaro llamado Arminius Vámbéry. Hace unos años, saltaba la noticia de que en la Biblioteca de Londres habían encontrado los libros en los que se documentó, llenos de anotaciones del escritor. Algunos de los títulos consultados fueron El libro de los hombres lobo, de Sabine Baring-Gould, Pseudodoxia Epidemica, de Thomas Browne, y para documentar Rumanía, Alrededor de los Cárpatos, de A. F. Crosse, o Transilvania, de Charles Boner.

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