El viaje a la felicidad de Eduardo Punset


Texto de Reyes Muñoz

“Me irrita y no acabo de entender por qué tan poca gente hizo caso –como recordaba en el prólogo– a la idea de Daniel Hillis de fabricar una especie de reloj prehistórico que hiciera solo tictac una vez al año, sonara cada siglo y dejara cada milenio asomar su cabecita al cuco”.

La idea del reloj aparece en el prólogo y reaparece en el primer capítulo. He de reconocer que no entendí de qué manera una visión menos acelerada del tiempo influiría positivamente en mi felicidad. Y poco a poco, según pasaba las páginas fui comprendiendo el discurso de Punset. Mi resumen, quizás demasiado drástico, es que el gran problema de la humanidad es el “ombliguismo”, ya como individuos, ya como miembros de la manada. Por ejemplo, el autor nos recuerda la máxima que dice que el opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. ¿Y cuál la ansiada fórmula? Fácil: “La sociedad moderna ha invertido demasiado en frigoríficos, lavavajillas, coches, grúas, carreteras o equipamientos digitales y demasiado poco en valores intangibles como el compromiso con los demás o la felicidad”. La contrariedad es que eso exige grandes cambios en todo: en el sistema educativo, en el funcionamiento de las empresas, en las estructuras políticas… Todo queda desgranado y escrito al estilo Punset, con testimonios de expertos, resultados de estudios, datos extraídos de experimentos…

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