Entrevista de R. Muñoz

Bajad el volumen del aparato en el que vais a reproducir “Entrar a matar” porque la potencia con la que abren Playa Cuberris es brutal. La imagen con la que envuelven el disco, e incluso el propio título del trabajo, da muchas pistas. Ya, una vez asimilado el impacto, elegid cual es la intensidad con la que os sentís a gusto. Y a partir de ahí a disfrutar, porque los temas son equilibrados. Un disco bizarro en fondo, poderoso en forma y con un claro objetivo: sonar en directo, aunque sea solo en nuestra cabeza. Para esto, necesitamos el disco, disponible en todas las plataformas digitales desde el 15 de febrero. En Madrid tocarán el 2 de abril, antes, a falta de más confirmaciones, pasarán por Valencia, Valladolid, Segovia…

La banda nace en 2012 para tocar, en 2013 sale vuestro primer trabajo y ahora en 2017 el segundo ¿En qué momento estáis?
Nos encontramos precisamente en el punto que define el título de este segundo álbum: Entrar a matar. Esta se ha convertido en nuestra máxima. Ha llegado la hora de poner toda la carne en el asador y demostrar de qué pasta estamos hechos.

En la wikipedia dice que hacéis rock desenfadado, de playa… A mí, la verdad que es un disco que me ha parecido potente, intenso en forma y fondo… ¿Cambiamos la bio publicada o ya os gusta esa definición?
Consideramos que nuestra música es difícil de etiquetar dentro del espectro pop-rock, debido a la diversidad de influencias. Por ello definimos nuestro estilo como “rock-playa”. Sin embargo, tenéis razón en cuanto a que el “desenfado” se nos ha quedado un poco obsoleto en algunos de nuestros nuevos temas. Hay mucha sangre hirviendo en este segundo disco.

“Es un manual de canciones para entrar a matar, con las energías renovadas y un fuerte optimismo”.

¿Cuáles son los ejes temáticos del disco? Quizás me equivoco, pero me ha parecido captar las cuatro fases del duelo: negación, ira, negociación y aceptación…
Este disco está escrito desde el punto de vista de un irónico derrotista. Pero tal y como decís, existe un discurso de aceptación que precede a un sonoro golpe en la mesa. Es un manual de canciones para sobreponerse al fracaso. Es un manual de canciones para entrar a matar, con las energías renovadas y un fuerte optimismo.

¿Con “El rey de la ciudad” entramos en otro momento, en el de aceptación?
Exacto, “El rey de la ciudad” habla precisamente de sobrevolar los nubarrones de lo cotidiano. Habla de la autoafirmación y de sentirte el dueño de tu vida, a pesar de todas las adversidades.

¿Es la música un desahogo para vosotros?
En un principio la música brota como una vía de escape. Una forma de expresión que te anima a vomitar aquello que te inquieta o envenena. Sin embargo, a golpe de canción, se pueden dominar esas emociones, dando paso a otras mucho más positivas que pretendan precisamente lo contrario. Como por ejemplo, agradecer a la vida el simple hecho de seguir dedicándote al oficio que realmente nos hace felices.

En la banda sois cuatro miembros. ¿Cómo trabajáis las canciones, el disco, la playlist? ¿Qué papel desempeñáis cada uno?
Respecto a la composición, generalmente Pedro trae de casa las canciones que más tarde se trabajan en el local de ensayo. Allí pasan por el filtro y los arreglos de Álvaro, Roy y Dani. Si los temas funcionan, entonces se someten a una segunda criba en la que interviene el resto del equipo: en este caso nuestro productor Eduardo Molina y nuestro sello discográfico, Entrebotones.

Más que un disco de amor, es un disco de pasión… incluso hay algo de tóxico en canciones como “Furia nuclear”, ¿no?
Solo las grandes historias de amor son merecedoras de una buena canción. Para que una letra esté a la altura del oyente y consiga tocar su fibra, esta debe tener el mismo sabor agridulce que tienen las propias relaciones. En nuestro caso, hablamos de relaciones reales, con sus montañas rusas, sus decepciones, sus puntos álgidos de pasión y su toxicidad en el amor-odio. Son las que merecen realmente la pena y te hacen sentir vivo. En nuestra colección de canciones encontramos muchos ejemplos: “Furia nuclear”, “Locos de atar”, “Quizá”, etcétera.


¿Cuánto tiempo habéis estado trabajando en el disco? En las canciones se siente una especie de evolución sónica, de más clásico a más experimental.
Este disco ha implicado un parto muy largo, en torno a dos años y medio. Hemos cuidado cada detalle y nos sentimos francamente orgullosos del resultado. Tenemos canciones en las que preservamos y reinterpretamos el rock ibérico, pero también nos hemos permitido ciertas licencias experimentales que se acomodan a la escena anglosajona de nuestra generación.

El arte final del disco es por lo menos inquietante. ¿Qué intenta reflejar?
Cuando partes de un título de álbum que puede resultar pretencioso por la intención e incluso polémico debido la frase hecha del mundo taurino, el arte del disco se convierte en un verdadero reto. Álvaro Lucini apostó por la actitud, el descaro y los elementos del lenguaje rock: romper una guitarra eléctrica. Pedro sencillamente lo trasladó a los orígenes, al patio escolar en el que un niño decide –contra todo pronóstico– tomar una vía alternativa en su vida y dedicarse en cuerpo y alma a materializar su sueño: formar una gran banda de rock. Creemos que entre ellos dos y el fotógrafo Dani Carpio, formaron un buen equipo.

“Solo las grandes historias de amor son merecedoras de una buena canción. Para que una letra esté a la altura del oyente y consiga tocar su fibra, esta debe tener el mismo sabor agridulce que tienen las propias relaciones”.

Es un disco con mucha salida en concierto. Es muy potente, como para emocionar a un auditorio. ¿Sois un grupo más de directo que de estudio?
Las grabaciones de estudio, el arte, los envoltorios y toda la burbuja que rodea el lanzamiento de un disco, persigue un único fin: tocar en directo. En el escenario es donde el músico encuentra su espacio natural y en nuestro caso, es donde más cómodos y realizados nos sentimos. Creemos que somos una buena banda de directo, y animamos al oyente para que se acerque a cualquiera de nuestros conciertos, donde experimentará de una forma mucho más poderosa y real nuestras canciones.


¿Qué queréis que suceda a partir del momento en el que el trabajo salga a la calle?
Que el público sea crítico, porque eso nos ha ayudado a evolucionar desde nuestro Bienvenidos a ningún lugar hasta este segundo trabajo, Entrar a matar. Y sobre todo, que si les ha gustado el álbum, apoyen la música en directo asistiendo a nuestros conciertos. Hoy en día la cultura viva tiene la soga en el cuello, y está en sus manos decidir si los músicos somos una especie en peligro de extinción o bien, parte del legado cultural que recojan las futuras generaciones.

Más información sobre Playa Cuberris: https://www.facebook.com/PlayaCuberris/?ref=ts&fref=ts


En el ExPERPENTO de marzo-abril 2017 hemos publicado un extracto de esta entrevista. Mira: