Entrevista a Iván Humanes por [El libro rojo]


Entrevista de Reyes Muñoz
Más información: https://www.librosdelinnombrable.com/producto/el-libro-rojo/

Iván Humanes acaba de publicar El libro rojo. Está poblado de escritores, sirenas, criaturas imposibles, escritores, incels, influencers, escritores… Antes de leer esta entrevista, leed el libro. Aunque hacerlo conlleva un riesgo: permitiréis que un «Giort estirado» entre en vuestra casa cantando, con bronca voz, «Con un poco de azúcar esa píldora que os dan…». Humanes desmonta el oficio de escribir y, casi diría, el oficio de vivir.

Al leer el libro sentí lo mismo que con el telediario. No porque lo que diga el telediario sea terrorífico, que también, sino porque tras una noticia de niños muertos en Gaza, te ponen una pieza sobre torreznos de Soria. ¿Qué es el terror?

El terror es esa falta de empatía y esa transición moderna de acontecimientos de la vida misma, la normalización de lo abyecto y las patatas fritas al vinagre. Es posible que mi libro intente rascar en esa costra dándole un valor absoluto al fantástico ya instalado «cómodamente» en la realidad. No me interesan los acontecimientos extraordinarios que provocan el desarme de nuestra vida diaria, tampoco la tragedia existencial; sino la supervivencia de los animales fantásticos en este mundo. Lo tienen jodido. El infierno somos nosotros mismos. Y esto último seguro que lo dijo algún francés con una baguette debajo del brazo.

Tú a Sarrià y yo a Cornellá

Me he acordado varias veces de Juan Marsé mientras te leía. ¿Tú piensas en él en algún momento?

¿Por la ironía? (Sí, claro. Y por su rabia hacia los escritores de oficio). No pienso en nadie cuando escribo, en ningún escritor ni actor/actriz porno. Escribo lo que tengo que escribir. Y si pienso en algún autor en algún momento más bien lo hago en Bolaño como escritor enfermo de literatura, y en Kafka como cucaracha extraña. En los hispanoamericanos de vanguardia. Pero me gustan esa asociación que haces. Y me atrae por esa diferencia que ha habido siempre entre el pijo de Sarrià y el charnego de Cornellá o de Hospitalet. Evidentemente soy de los últimos, y eso supone sacrificio, ningún padrino y la marihuana antes que la cocaína, la relajación antes que la acción.

¿Te has inventado una colección de relatos fantásticos para hablar del oficio de escritor?

Nunca he separado ambas cosas, creo que en todo lo que he escrito se intuye esa doble lectura. El fantástico permite ridiculizar lo cotidiano, el cuñadismo, también la escritura y la desesperación del escritor en redes. Bajas la guardia y te llega la ostia.

¿El gremio literario es el infierno?

Creo que ni merece la pena responder esa pregunta, mejor «en el mundo, pero fuera del mundo». En cualquiera de ellos. O en todos a la vez y al mismo tiempo (ojalá alguien le dé este título a alguna película y gane un Óscar).

¿Te preguntas cuánto quedará de lo que se escribe?

No, más bien me he preguntado si la palmaría antes de publicar este libro. Y bastante. Una vez superado ese umbral solo queda el eco, algún bicho raro que relea un relato, una peluca para cuando se me caiga el pelo. Saber hasta dónde llegará la deformación grotesca de la normalidad y encontrar almas gemelas.

Siento el golpe siniestro de las entrevistas por correo electrónico. Encima fue un error. Me pasaron su correo electrónico para concretar la fecha de la entrevista y yo le hice la entrevista, a lo loco. También os digo… ¿le habría hecho las mismas preguntas por Zoom? Supongamos que sí. Es más, supongamos que escucho lo que ha dicho: ¿Qué habría pasado en este momento?

«Aquí en Cornellá lo correcto sería decir ‘me la suda’»

Te diagnostico como lectora titulada: tienes síndrome del impostor, pero raro. (Raro porque es un escritor que escribe. Por tanto, está limitado y no se siente escritor actual). ¿Los escritores actuales barra industria literaria te divierten, te cabrean o te dan envidia? 

Me son indiferentes y me divierte el circo, solo espero que los amigos que conservo consigan sus objetivos. Para nada relacionados con el éxito popular, sino con la satisfacción de haber cumplido con su plan literario. ¿Me cabrea? No. Aquí en Cornellá lo correcto sería decir «me la suda». Pertenezco a diversos mundos y no solo a este, supongo que eso me salva. Me explico: al ajedrez, donde hay talento a mansalva pero luchas caníbales donde llegan los mejores objetivamente hablando; la vida corriente donde el objetivo es trabajar para pagar deudas y otros satélites competitivos y complementarios. El vaso debe llenarse de diferente mandanga, si se derrama una parte siempre quedarán las otras.

Daryl Hannah, Jung y Jaime Peñafiel

Busqué sobre Jung y acabé leyendo sobre Barbara Hannah. Entonces me imaginé que en algún momento alguien confundió Barbara Hannah con Daryl Hannah y tú pensante jejejé. ¿Estoy diciendo una «barbaridad»? 

Me gusta esa relación con Bárbara y las sombras, pero es puro enamoramiento por Daryl y lo extraño. Sirena rara en Nueva York y replicante en Blade Runner, enfermera kamikaze en Kill Bill. La belleza anómala y el eslabón perdido del inconsciente colectivo. También me fascina esa parte del dedo de la mano izquierda que le falta, creo que de pequeña se lo seccionó una polea. Luego ya me he perdido en lo que dicen de ella, de si fue diagnosticada de autismo, del síndrome de Asperger que tiene… Daryl es la representación perfecta y exacta del todo, del individuo. Aunque es fascinante la relación que haces con Barbara Hannah, colaboradora de Jung y seguro que en conexión con Daryl fruto del inconsciente al escribir.

También he pensado varias veces en Jaime Peñafiel y que contó que había comido deditos de niño. ¿Tú?

Yo prefiero no decir lo que como. Los aristócratas suelen hacerlo. Aunque prefiero los torreznos de Soria porque es difícil dar ese tostadito a un dedo. Y los dedos no tienen grasa. Al menos eso cuentan.

La estepa siberiana

Si mezclo «Error 404» y «Práctica del Gran Infierno», me imagino a un escritor en Twitter leyendo a otros escritores en Twitter. ¿Cuántos de tus textos salen de una carcajada secreta y cínica?

Bueno, el espanto se convierte en risa. Gilipollas hay unos cuantos y creo que la mayoría ya los conocemos. Te diría que existe incluso un consenso común en esa carcajada con respecto a escritores de grandes editoriales que pelean por premios gracias a sus agentes, que lamen botas de productores y comen canapés en fiestas. Antes a lo mejor era más difícil verlo, pero ahora no. Una vez dicho esto, mi mundo es otro. Ni mejor ni peor, otro territorio —¿estepa siberiana?— que está al margen, que sabe ya que no va a tener una legión de lectores porque aborda la literatura desde otro lado. No pasa nada.

Convirtiendo una familia tradicional en extraterrestres consigues que nos riamos sin enfadarnos contigo. ¿El fantástico es un género de cobardes?

El fantástico está lleno de Papas, popes y pupas. Hasta te diría que no escribo fantástico. Y te lo digo de una forma sincera, luego se cataloga y se define una obra por otros. Estoy seguro que los del fantástico puro no me ven de su logia, y que, al revés, los de la literatura no fantástica, o como lo quieras llamar, tampoco. ¿Me gusta? Es lo que hay. Uno tiene que admitirse como es y ya.

Decir que la sociedad es ridícula, o que el modelo de familia convencional también lo es —utilizando tentáculos y abducciones estúpidas— te permite meter la puntita (del puñal) mientras surge la risa. La literatura que me interesa es la que mira diferente y la que explica las cosas de otra manera, y puede que lo que escribo sea consecuencia de esas afinidades. El estilo y la mirada es lo que define la escritura de uno.

¿Qué gremio te da más miedo (o asco): el de los escritores, el de los periodistas o el de los inspectores de Hacienda?

Todo debe ser lo mismo. El de los inspectores de Hacienda poco, donde no hay nada no se puede rascar. El de los escritores tampoco, ya son algunos años encima y me conozco las reglas, seguro que me falta alguna por experimentar pero en líneas generales tengo la visión periférica y miope. El mundo de los periodistas quizás es más peligroso, porque han olvidado la objetividad y son voceros políticos. Habrá excepciones, obvio. Pero ahora son los que más poder de influencia tienen para provocar la acción dirigida en el ciudadano.

Un perro (rojo, supongo) escribe los cuentos

¿En qué momento Jackie Kennedy converge en tu cabeza con Rosalía? Trá trá.

Pues Jackie la tenía en la cabeza desde que vi el corto que hizo Eduardo Casanova hace unos años para la Fashion Week de Madrid, ese corto de Jackie y el extraterrestre. Me pareció una locura maravillosa. Y la Jackie que aparece en mi relato es, precisamente, esa Jackie de Casanova que tengo tan interiorizada con esos rosas pastel y su vestido manchado de sangre. Y Rosalía es la representación del pop actual, de las uñas de gel y la hiperestimulación, mezcla de estilos. No puede haber otra asociación diferente, ¿no? Representan lo mismo. Es decir, el canibalismo de lo popular, la conversión en icono de una figura, la batidora Trá Trá.

¿Estás loco? La terapia psicológica gratuita sería muy buena para la ciudadanía, pero ¿sería el fin de (mucha de) la literatura (la buena, de hecho)?

A lo primero la respuesta es que no entiendo la pregunta, ¿tú no? O sea, ¿tú no lo estás? Me parecería extraño. A la segunda la respuesta es sí. Pero la extirpación de la neurosis personal daría paso a la neurosis colectiva, ¿está loco el mundo o lo está el individuo? ¿Quién no tiene una piedra en el cerebelo? No hay solución. Pero, si el fin de la pregunta es si el arte necesita el trauma te diría que lo ignoro, que en mi caso sí, sin trauma sería un folio en blanco y una coliflor haciendo la fotosíntesis, que el trauma y la falta de comprensión me construye, pero que no puedo dar una respuesta general.

Una de las conclusiones que saco es que da más miedo ser padre que un texto de Lovecraft.

Cthulhu no te despierta a las dos de la mañana porque tiene hambre. Y si lo hace ni te enterarás, ya te habrá arrancado la cabeza para entonces.

En la tapa del libro pone: «Relatos extremos, sombríos y absurdos». Me parece buen título, ojo. Reconozco que hay cuentos con los que he pensado: «por lo menos están bien escritos», porque enterarme, pues no me he enterado. ¿Te enteras tú o es parte de lo absurdo?

Esa es la victoria. Te explico, yo tengo un «animal» que es mitad escritor y mitad perro. Obviamente como no tengo claro si es más perro que humano, o más humano que perro, suelo dejarle encendido el ordena por la noche y con un bol con arroz hervido. Me despierto y ya tengo escrito el cuento. Quizás son sus patas —con esa hipótesis de dedos— las que machacan el teclado cuando está emocionado y por eso no me entero de lo que pone. Y como soy más de quitar que de poner, esa línea va fuera. A tomar por culo. Entonces, luego lo envío al editor, se lo envío a Raúl y le digo: «oye, que mira lo que me ha escrito esta bestia, ¿sabes qué mierda es?». Si él me dice que no, va para adelante, es bueno. Si todo fuera previsible sería una copia de cualquier otra cosa, los cuentos serían predecibles.

El libro rojo se iba a llamar Libro nuevo y pasó a ser rojo por una cuestión estética. Jung encuadernó el suyo en rojo. Podría haber sido El libro verde, ¿no?

No, mejor rojo. Hay un libro rojo junguiano, otro maoísta y muy chino, este es el mío. Lo que iba a ser era verde y amarillo, con la portada de esos colores.

Leer antes de enviar tu borrador a Libros del Innombrable

¿Os obliga El Innombrable a meter a Alfred Jarry en algún lado o es de motu proprio?

Está por contrato. Hay que meter a Alfred Jarry o si no a la calle. Si no metes una referencia a Jarry o a las bicicletas patafísicas no te dan el carnet. A todo esto, no hay nadie más grande de Jarry. ¿Sabes que me nombraron sátrapa del Institutum Pataphyisicum Granatensis? Pues bien, no creo que haya un título mejor. ¿Podrías enviarle luego esta entrevista a Raúl y decirle que he puesto Alfred Jarry en la respuesta varias veces? Es por saber si me renueva. Necesito la renovación en la editorial porque este es mi último libro.

No te refieres a Borges… pero sí a Roberto Bolaño. ¿En eso consiste la evolución?

Sí. Me gustan los laberintos llenos de colillas y poetas real visceralistas. También Bolaño. Y Borges.

Y lo de Lovecraft… ¿crees que lo superarás?

A Lovecraft no se le supera, se le sobrelleva. No hay nada mejor que la hipótesis del apocalipsis porque hemos dejado de importar. Y si viene Azathoth a dejarnos fritos la mente, hay que enseñarle los dientes, sonreír, dientes, dientes, que se joda.

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