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Director, guionista y músico, Jorge Naranjo lleva años desarrollando dos carreras que, en realidad, nunca han estado separadas. En esta conversación, Yorch habla de Curso de armonía persecutoria, un disco nacido de una crisis creativa y construido como una película: trabajo colectivo, experimentación sonora, Madrid, el paso del tiempo y canciones que cuentan historias antes que buscar estribillos.
Curso de armonía persecutoria. ¿Es por las risas o es un mensaje profundo?
Bueno, puede haber un mensaje profundo y puede haber risa. Yo creo que son cosas compatibles. El título viene porque, cuando terminé el disco anterior, Fabulonia, entré en una especie de crisis creativa y acabo haciendo un curso de composición y escritura de canciones en la Escuela de Escritores. Y ahí me veo obligado a construir las letras y armonías semanalmente y desde sitios a los que no estoy acostumbrado.
Y eso me ayudó mucho a buscar nuevas cosas. De ahí surgen algunas canciones, no todas las del disco. Algunas existían de antes y algunas surgieron después, pero sí que varios temas se quedaron. La idea era un poco eso: un sitio donde buscar armonías y donde pelearme con las armonías, ¿no?
Porque, al final, como guionista, estoy bastante familiarizado con el mundo de las letras. Es un sitio en el que me siento cómodo y a gusto. Pero cuando me obligan a rebuscar armónicamente, sin tener conocimientos de solfeo ni nada, sí que me perdía y me bloqueaba un poco. Entonces, ese Curso de armonía persecutoria, ese juego entre la armonía y la manía persecutoria y la obsesión, creo que está presente. De ahí viene el título.
«El cine está presente en mi vida, igual que está presente la música»
¿El disco es una banda sonora de una peli que no existe? ¿Muchas bandas sonoras? Pueden ser pequeños cortos, también.
Jo, eso a mí me parece muy guay. Me parece un halago. De hecho, creo que hay una parte en «Tequila rosa», en toda la parte final, cuando entran los coros de Elena Amado, que es una soprano increíble, cuando entra ese crescendo, sí que lo siento casi como un western. Y mira que yo no soy nada de western… pero creo que tiene algo muy chulo de esas bandas sonoras. Y, bueno, hay canciones… «Tecnicolor» hace referencias explícitas al cine y sí, el cine está presente en mi vida, igual que está presente la música. Son universos que en mí colapsan y se entrecruzan de una manera muy determinada. Tiene sentido que el cine esté presente en el disco y me parece un piropazo que te llegue así.
Sin embargo, tú te pones una máscara para ser músico. Es decir… te pones un nombre que no utilizas en otras artes.
A ver, es un accidente y no. Aunque mi carrera como guionista o como cineasta se ha desarrollado más, yo empecé a escribir canciones antes que guiones. Y las primeras canciones que escribía las firmaba como Yorch. Y los primeros cómics y muchas cosas las firmaba como Yorch. Y los colegas desde siempre me han llamado así y mi madre, incluso. Es un nombre que va pegado a mí.
Y el primer día que yo me subí a un escenario, a un micro abierto y me preguntaron qué nombre me quería poner, después de haber pasado por varios nombres, por varias bandas, por varios sitios, aquel día me surgió la posibilidad de llamarme Jorge Naranjo o de ponerme Yorch. Y no sé por qué decidí Yorch, como si fuese a ser solamente para esa noche. Pero claro, luego eso llevó a más cosas y ya llevo tres LP y un EP con el nombre de Yorch.
Tres LP que muestran que ya no es una broma la carrera de músico. No eres el tipo del cine al que le da por hacer canciones. Y en este disco llevas currando tres años.
Sí, las primeras canciones se empiezan a escribir en el 22. En el 23, si no me equivoco, entramos a grabar en el estudio de Paco Loco. En el 24 volvimos a grabar en el estudio de Paco Loco gracias a una beca que nos dio la Fundación Paideia, por la aceleradora de proyectos musicales. Y, a partir de ahí, estuvimos mezclando hasta el 25, donde ya también entraron las colaboraciones de Quentin Gas, de Nat Simons, también de Irene Escolar, que hace una cosa muy chula también en «Tequila rosa». Fuimos encontrando más sitios, con lo cual el disco lleva trabajándose tres años largos. O sea, que está madurado.
¿Y qué tal lo llevas?, ¿tienes ganas de hacer más?
Bueno, ahora mismo la idea de hacer otro LP no la tengo muy presente. Tengo más la necesidad y las ganas de que este salga y que se mueva y tocarlo, que de meterme ya a hacer otro LP. Pero sí hay una versión que llevo ya tiempo queriendo hacer y espero hacerla pronto.
Has dicho muchos nombres por ahí, no los voy a repetir. He tenido la impresión de que trabajas la música como se trabaja una película, ¿no? Es decir, la música es normalmente más solitaria. De hecho, has venido acompañado.
Sí, he venido con Laura Solla, que es la guitarrista que grabó las canciones en el disco y que me acompaña aquí también en el acústico. Si todo va bien, voy a ver si consigo acabar la tesis en la que ando enfrascado. La tesis justamente habla de esa conexión entre hacer música, o hacer canciones, y hacer cine. O sea, creo que hay una conexión muy profunda entre la narrativa de ambas disciplinas y también de los procesos creativos. Creo que son muy parecidos. Yo creo que la grabación es el rodaje, las mezclas son un poco la postproducción y, al final, está todo bastante enlazado. Y sí, para mí el trabajo en equipo es fundamental. Primero, porque es más divertido. Y segundo, porque yo tengo las limitaciones que tengo.
Cuando empiezas a integrar, por ejemplo, en este caso, a Laura Solla, a Rojo en la batería, a Jesús al bajo, luego llega Paco Loco a producir, luego llega Jordi Gil en la mezcla, que es otro genio, se ha masterizado con Brian Lucey, en Los Ángeles, que es un tipo que ha masterizado a gente muy potente. Entran vientos, entran coros, entran colaboraciones… Claro, el proyecto empieza a crecer, empieza a pillar sitios a los que yo solo no soy capaz de llegar. Y a mí eso me mola.
Me gusta mucho trabajar en equipo porque, además, ves que las canciones crecen y se abren hacia sitios que, cuando las estás componiendo en casa tú solo con la guitarra, no sabes que van a llegar. Pero vamos, creo que se puede pillar cada canción por separado y en todas hay un montón de ideas, por ejemplo, de Paco Loco, el productor, hay ideas que a mí en mi casa no se me hubiesen ocurrido. Son muchos detalles que han hecho de las canciones algo mejor.
Entonces te dejas influir… o guiar. Supongo que tú haces voces y guitarra…
Incluso creo que en este disco no he grabado ninguna guitarra. Porque tenemos a Laura, que es una guitarrista excelente. No hacía falta que yo metiese ninguna guitarra. En otros sí, pero en este caso creo que grabé algunas de referencia, que luego no se quedaron. Dejo que la gente curre. O sea, estoy muy presente, a mí me gusta ir al estudio de Paco con las cosas muy en boceto, grabadas con el móvil, con algún arreglito de teclado, pero poco más: acústica, algún teclado y la voz; y a partir de ahí, pensamos las canciones y las repensamos, las reconstruimos. Y ese es un proceso que me gusta mucho, la verdad. Luego dejo que la gente curre y haga sus cosas porque confío plenamente. Son gente muy buena que va a hacer muy bien su curro. Si hay alguna cosa que se atasca o que de pronto se va hacia otro sitio muy raro, pues entonces claro, ahí también estoy yo coordinando un poco.
Lo que decíamos, es un proceso de director de cine también, en el sentido de que, dejas que los actores, el director de foto, el de sonido… hagan su curro. Hay unas partes técnicas en las que tú no te puedes entrometer porque no puedes estar en todo, pero sí que, en el fondo, estás revisándolo todo porque al final es tu proyecto, son tus canciones.
En otra entrevista leía que en tu música hay mucha experiencia cruda. No sé si la entrevista era por este disco o alguno de los anteriores.
En este hay mucha experiencia cruda. De hecho, creo que, por ejemplo, «Mi padre», la sevillana, es una letra cruda, crudísima, llena de amor, pero también llena de crudeza. Y luego «Maldita dinamita» es una canción hecha desde la rabia. Creo que también en Fabulonia había canciones con ese punto, pero creo que aquí hay más desnudez, por decirlo así. Bueno, más que desnudez, yo lo llamaría crudeza. Hay sentimientos que han llegado crudos al disco y eso creo que le da un punto chulo. Iba a decir tierno, pero no es «tierno» la palabra.
Aquí lo habéis hecho en acústico puro pero en el disco hay electrónica, hay rock, hay pop… Se me venía una palabra a la cabeza que no sé si es acertada: psicodelia.
Uf, me encanta. La psicodelia como tal no está pensada, ni planteada ni reflexionada. Pero bueno, sí. Cuando pasas por un estudio como el de Paco tiene sentido que entre la psicodelia, y creo que toda la gente de la banda y yo mismo, tenemos algo que ver con eso.
Lo que sí había era una necesidad de experimentación y de investigación sonora. No queríamos que todas las canciones nacieran igual. Sí queríamos que todo tuviese una coherencia, que no dejase de tener nuestra impronta, nuestra huella y nuestra personalidad, pero que las canciones bucearan en sitios distintos. Y eso creo que sí se ha conseguido porque es lo que tú dices: hay un rock duro en «Munchausen», hay un rock más psicodélico en «Maldita dinamita», hay un pop puro en «Fiestas de bailar», hay una cosa más folky en «La décima», hay electrónica en «Tequila Rosa»… Y luego está la sevillana, que de hecho ni siquiera llega a ser una sevillana porque tiene copla, tiene tango… Entonces se mete en otros sitios y a mí esa investigación me gusta. Creo que ese Curso de armonía persecutoria tiene que ver con esa búsqueda de estilos y de sonidos.
«Yo creo que es mi disco más madrileño».
Yo me hago quinielas de cuales váis a traer. Me ha sorprendido que no trajeras «Madrid Capital». Me sonaba muy acústica.
Pues sí, la verdad. Y de hecho no la he mencionado antes y es una canción bastante acústica. Pero sí, sí, es una canción que podemos investigar a nivel acústico. Es una canción que a mí me gusta mucho porque yo tengo una relación con Madrid muy particular. La canción hay un momento que dice: «¿Cómo puedes vivir aquí?, Donde nadie quiere morir». Y esto viene de preguntas que me hace mucha gente de Sevilla: «¿Pero cómo puedes vivir en Madrid?», «¿Cómo es posible vivir en Madrid?».
Yo pienso: «a ver, somos mucha gente viviendo en Madrid». Madrid tiene cosas muy guays. Madrid es dura a veces, complicada. Yo me he sentido muy solo en Madrid, lo he pasado muy mal en Madrid y lo he pasado muy bien en Madrid. Madrid me parece una ciudad muy infinita, que sigo investigando, donde siguen pasando cosas. Y la canción tiene esa parte de que no sabes nunca lo que va a pasar, de ese paseo por Madrid que no sabes dónde te va a llevar. Tiene ese juego entre «Madrid capital» y el «miedo capital». O sea, son dos cosas que se entremezclan.
A mí me gusta mucho esa canción. Sí que es verdad que la intentamos llevar hacia un sitio muy de banda sonora. Las referencias eran las bandas sonora de Oliver Twist, Mary Poppins, y La bruja novata también. La idea era buscar esas texturas de bandas sonoras antiguas y creo que, en cierta manera, se consiguió gracias a los vientos y los arreglos que se hicieron.
Y hay otro paseo por Madrid en «Tequila rosa».
Sí, yo creo que es mi disco más madrileño. Es verdad que hay otros discos en los que Sevilla ha tenido más presencia, pero aquí Madrid está muy presente. Creo que es un disco que tiene mucho que ver con Madrid, con mi experiencia en Madrid y con mi vida en Madrid. «Tequila Rosa» es un viaje por la Madrid nocturna. Pero, curiosamente, el protagonista de la… canción, que se llama Juan —fíjate que casi digo película. Para mí es el mismo Juan que protagoniza «Interior exterior», que es un recorrido por Sevilla, que hicimos hace unos años, en plena pandemia. Mi sensación es que «Tequila rosa», de alguna manera, recoge a este Juan y, después de Sevilla, se lo lleva a la noche de Madrid.
Antes me hablabas de western… A mí, «Tequila Rosa» me lleva de cabeza a algo así como la ópera rock.
¡Hay ópera al final! Hay una soprano cantando, efectivamente. Hay rock, hay electrónica… Me gusta mucho porque es una canción que se trabajó muchísimo. Es una canción que nace en acústico y que, de pronto, empieza a incorporar elementos. En las mezclas nos dimos cuenta de que tenía que ir hacia otro sitio. Es cuando entra Miguel Galguera, que es productor habitual de Rocío Saiz. De forma accidental empezamos a jugar y a hacer unos sonidos que se acabaron quedando y que le dieron a la canción otra atmósfera.
Y luego lo difícil fue construir el crescendo. Era una canción que no tiene estribillo y había que hacerla con un crescendo muy claro. Eso fue lo que nos llevó más trabajo: encontrar el sonido de la canción y conseguir darle ese crescendo.
Y creo que también la incorporación de Irene Escolar a esa parte final, cuando mete esos párrafos hablados, recitados con su voz, le da un punto fantástico. La entrada al final de la batería, la entrada de Elena Amado, que es la soprano que hace todos esos coros finales, la guitarra de Laura… Creo que ahí todo pilla un punto muy chulo, muy de banda sonora. Ese final tenía que ser así. Y creo que hemos conseguido algo más chulo y mejor de lo que yo me podía haber imaginado, la verdad.
No me hubiera imaginado nunca que la fueras a traer aquí. O sea, el acústico ha sido una constante sorpresa.
Es que es una canción compleja de tocar en acústico, pero también es una canción que nos gusta mucho. Tiene algo muy especial y hemos dicho: «Bueno, vamos a jugar».
El single más single para mí es «Fiestas de bailar». Es una canción que, desde el principio, me di cuenta de que entraba muy bien, que me gustaba mucho, que disfruto mucho cantándola, tocándola. Sí me di cuenta al principio de que era una canción con una estructura muy de sencillo, muy de single, que funciona. Quizá es una de las más redondas de estos diez años de canciones.
Vale, vamos a «La décima». Es la tercera canción que has escogido para hacer desnuda en ExVITA.
«La décima» me gusta mucho. La décima es una estructura poética y la canción surge de un vídeo de Jorge Drexler en el que cuenta cómo se hace. Hay un verso que es de Drexler, es un homenaje a él: «de ningún lado del todo, de todos lados un poco». Es un pequeño homenaje que venía muy bien en ese momento de la canción.
Y para mí es especial porque tengo la sensación de que es un cierre muy chulo para el disco. Creo que es una canción con cierta luz, pero que está hablando de que estamos solos. Podemos tener relaciones, familia, amistades, todo lo que tú quieras, pero en el fondo estamos solos. Y eso es muy bonito, pero también un poco terrorífico a veces.
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Creo que en tu caso es fundamental que hablemos de los videoclips, ¿no?
Es verdad que con Fabulonia se trabajaron más los videoclips. Hubo más tiempo, hubo un concepto más claro para los videoclips. Creo que el videoclip de «Artista de la pista» o «Da igual» nos quedaron muy chulos, se trabajaron bien y, de hecho, los dos tuvieron algún recorrido por festivales de videoclips y cosas así. Alguno ganó un premio.
Y en este caso hemos hecho un trabajo visual, sobre todo para redes. Decidimos que «Fiestas de bailar» tenía que tener un vídeo propio y decidimos hacerlo muy sencillo. Recordé que había un lugar donde había mucho material de archivo, es una canción muy abierta a la gente, con algo muy festivo, y esa festividad se puede encontrar en una discoteca, en un campo, en un coche riéndote o en un baile regional. Entonces fui buscando imágenes y surgió algo que yo creo que ayuda a transmitir la emoción y la sensación que yo quería transmitir con la canción.
Y «Maldita dinamita» son ilustraciones, pero muy curraditas, ¿no?
Con «Maldita dinamita» hicimos algunos reels… Queríamos transmitir un poco la rabia.
No… creo que me he equivocado.
¡Tú dices «Hoy he salido a pasear»! Pues mira, esa es una canción también muy bonita para tocar en acústico. «Hoy he salido a pasear» es una canción a la que yo tengo muchísimo cariño. Es un single que sale independiente de los discos. Es una producción que hago con Miguel Rivera, de Maga, en su estudio, en La Casa de la Esquina, en Sevilla. Y la verdad es que es una cosa casi mágica la que hizo Miguel. Yo fui allí un día. Queríamos jugar. Le dije: «Pues tengo una canción». Grabé la acústica y una voz. Y al día siguiente me llamó: «Jorge, la acústica te la voy a quitar, la voy a tocar yo otra vez». Y me dejó la voz.
Fíjate que la voz iba a ser una referencia lo que me ayudó a cantarla desde un sitio muy relajado, muy tranquilo, y quedó muy bonita. Luego Miguel la terminó de vestir. Le dio el ritmo, le dio la batería. Todos los instrumentos los grabó Miguel y en muy poco tiempo hizo un trabajo precioso. Y sí, «Hoy he salido a pasear» es otro paseo por Madrid, por San Cosme y San Damián, en mi barrio.
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Las gráficas son como cartas de los signos del zodiaco, también…
Hablamos con Ezequiel Barranco, que es el diseñador. Empezamos a jugar con ideas relacionadas con el tarot y luego eso fue llevándose hacia otro sitio. Entonces, Ezequiel fue creando una especie de baraja en la que hay elementos de la baraja clásica, pero combinados con otro tipo de simbología. Esa simbología surge sobre todo de lo que evocan las canciones.
Por ejemplo, «Maldita dinamita»… Él escucha la letra y dice: «Creo que esto va de la traición». Entonces, el escorpión es un símbolo de traición, ¿no? «Tequila Rosa» era un brindis y era un teatro, y era la noche, y eso está ahí. Y en «Fiestas de bailar» dije lo de la noria, porque hay un momento que dice: «No me quiero bajar de esta atracción». Pensé que la noria sí que podía ser un elemento bonito y él compuso el resto. Es una portada preciosa.
«Si no hemos corrido para terminar el disco, tampoco hace falta correr para hacer un directo»
¿Te planteas gira? Porque eres un caso excepcional, ¿no?
¿Por qué caso excepcional?
Porque la agenda de la gente del cine es infernal, es un lío…
Sí, efectivamente tengo todo ese lío. Supongo que la gente que tiene otras profesiones, también tendrá que acoplarse. Pero es verdad que, cuando uno está relacionado con el cine, parece más difícil. Y seguramente lo sea. Hay rodajes, hay producciones, hay líos. Por suerte, ahora mismo la productora tiene bastantes deberes por hacer y, en ese sentido, estamos felices. Pero sí, estamos viendo cómo hacer una presentación chula.
Queríamos haberla hecho en primavera, pero se ha complicado por muchas cosas. Entre otras, por el accidente ferroviario de Adamuz, que ha complicado las comunicaciones entre Sevilla y Madrid y la banda está dividida entre Madrid y Sevilla. Con todo eso, lo ideal sería trabajar el directo con calma, con cariño, y hacer una presentación bonita en otoño. No descarto que pueda pasar algo antes, pero probablemente ya se irá a octubre con una presentación bonita en Madrid y en Sevilla.
Yo no quiero ir al directo o hacer esa presentación deprisa y corriendo. Quiero trabajarla bien. Ya tenemos un sitio pensado donde hay un piano. Ya sabemos quién va a tocar el piano en un par de canciones, como por ejemplo «No pienso escribirte una canción», que también es una canción preciosa. Creo que los vientos ahí y el piano es precioso. Hace falta una persona que toque el piano. Queremos que estén las colaboraciones, queremos que la banda esté completa, queremos que esté Elena Amado, que hizo los coros de soprano, pero también hace la voz de «Madrid Capital». Queremos que esté Laura, queremos que esté Jaime Ortelano, si es posible, también con guitarra y con teclas. Y bueno, es un lío. Es un lío y hay que hacerlo bien. Si no hemos corrido para terminar el disco, tampoco hace falta correr para hacer un directo.
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Después del tercer grado, de tocar y de todo lo que has hecho aquí, creo que te debo dejar hablar de lo que tú quieras y si quieres.
Muchas gracias por invitarnos. Es de las primeras entrevistas que estamos haciendo y es muy bonito hablar con la gente cuando ha escuchado el disco, cuando le pone cariño a su trabajo y cuando realmente viene con atención a lo que se ha hecho. Porque hemos estado tres años trabajando en el disco y es muy guay cuando puedes compartir las ideas con alguien que realmente ha prestado atención a lo que hemos estado haciendo. Así que muchas gracias.
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