Texto y entrevista de Diana Rey
Trece años han pasado desde que Jonás Trueba estrenara en 2013 Los Ilusos. Una película sobre una película. Del pasado pero en presente, recuperada y renovada. De vuelta y a vueltas (con el tiempo) en la conversación que tuvimos con él con motivo de su reestreno.
El cuadro debajo del cuadro
«Ha sido un proceso largo hasta que hemos llegado a sacar esta versión nueva, porque con esta película ha ocurrido una cosa muy curiosa. Casi desde el día en que la estrenamos sabíamos que teníamos pendiente algo así como sacar una versión mejor pasado un tiempo, en el futuro, porque éramos conscientes de la de las deficiencias que tenía. Y hasta hace poco no se han dado las circunstancias: o no teníamos tiempo o no teníamos el dinero. Ahora nos hemos podido permitir volver al negativo original de la peli y esa es la clave. Pedimos a Filmoteca Española que sacaran los negativos, los llevamos a un sitio maravilloso en Lavapiés que se llama Ocho y pico, casi como Ocho y medio, un tipo un enamorado del cine que coge los negativos y los escanea muy bien, con mucho cuidado, fotograma a fotograma».
«Y entonces fue él, que al hacer ese trabajo me llama y me dice “oye, es precioso esto que se ve aquí, los colores, los tonos de la piel”. Él mismo me decía “yo que he vivido en Lavapiés hace años me he reencontrado con sensaciones del barrio, con tiendas que ya no existen…” Y yo le decía “ya, ya, pero la película es en blanco y negro” Y él “pero es que el negativo en color, el original, lo tienes que ver, realmente está muy bonito”. Y él, que es el que sabe porque pasan muchas películas por sus manos, decía que es muy difícil ver una película tan bien expuesta y que aguante tan bien. Así que ahí ya tuvimos la primera pista».
«Me puse a verla y fue un shock para mí. Me entró una especie de emoción, como de redescubrir mi propia película. Como si en el cuadro que has pintado hubiera una versión anterior por debajo que has tapado. Y de pronto rascas y te das cuenta que ahí estaba oculto algo que era verdaderamente la película. Siento que esta versión de hoy es más originalmente la película. Ahí entré en un proceso de revisar todo el material, de ponerlo en común con Marta, la encargada del montaje y la post-producción que me acompaña desde siempre y, bueno, empezar a planteárnoslo todo».
Cine utópico
«Yo creo que es muy bonito cuando el cine consigue, como nos pasa con la vida muchas veces, reconectarte con esa sensación de tiempo y de tu propia relación en el tiempo. A mí me pasa eso con la propia película: veo dónde estaba entonces yo, ahora que no estoy ahí. Veo esas diferencias y no pasa nada, es simplemente una manera más de experimentar el seguir vivo, el estar vivo, el haber estado vivo. Y tampoco hay que ponerse muy estupendos, simplemente ayuda a ver más claramente o a reconectar más intensamente con estas sensaciones de estar viviendo, ¿no? Yo siempre he defendido que hacemos un cine un poco idealista, por no decir utópico, que suena un poco raro. Me refiero a filmar a personas y ambientes y cosas por las que sientes fascinación, aunque ese retrato no tiene por qué ser realista. Por eso hablo de utopía».
«Acabas construyendo una forma cinematográfica que no es exactamente la realidad, es otra cosa. Y a veces me ha pasado, gente que me ha dicho que ha venido a vivir a Madrid o ha querido conocer Madrid al ver La Virgen de Agosto, por ejemplo, y me parece un gran elogio, ¿no? Que veas una peli y te den ganas de ir a ese sitio».
«A mí me ha pasado con películas de otros. He sentido que conocía Taipei, yo que sé. Probablemente no iré a Taipei en mi vida, pero siento que he ido viendo las películas de Edward Yang o de Hou Hsiao-Hsien. Siento que he estado en Argentina, también, no sé. La gente que vive aquí se siente identificada, pero gente que no vive aquí genera un vínculo con la ciudad, con nosotros. Luego vienen y dicen “¿Pero dónde está eso que retrataba?”, y a lo mejor no está porque lo hemos inventado un poco, lo hemos construido con cosas de la vida real. Está en la película. El cine genera esas ilusiones».
…
…
Pasar página al revés
«Hay cosas de las que me enorgullezco y me digo: «joder, qué bien que hicimos esta película”, fuimos capaces de generar este retrato a nosotros mismos. Y a la vez veo cosas que me dan vergüenza, me siento ridículo, pero también digo, “bueno, pero es que era así”. Creo que por lo menos fuimos honestos con respecto al retrato que nos hacíamos. Tiene mucho de álbum de fotos. Tiene una sofisticación en cuanto a que hay una estructura, un trabajo de montaje… todo esto. Pero fundamentalmente es un retrato de nosotros mismos como posibles personajes de ficción».
«Pasar página… se dice mucho esa expresión, ¿qué quiere decir? Tú pasas página pero ¿y pasar página al revés? ¿cómo se llamaría? Yo no creo en esa idea de no mirar atrás, yo creo que muchas veces la vida es estar en contacto con el pasado, y que eso te ayuda con el futuro. O sea, te ayuda en el presente, te ayuda con el futuro, y esa especie de conjugación… El cine trabaja mucho eso, los tres tiempos. No siento que estoy pasando página, no estoy enterrando esta película, al contrario, estoy reabriendo esa página».
«Reivindico que está muy bien ver esta película o cualquier otra fuera de su momento. Estamos tan sometidos a la actualidad. Parece que solo hay que ver lo que toca ver, porque es de lo que hay que hablar en la conversación social, en las redes o dónde sea. Es el dictado de la actualidad. Pues de pronto poner una película que no está de actualidad y que no habla de ahora, sino como de hace un rato, me parece interesante. Yo como espectador me he dado cuenta de que a veces me va mejor ver una peli con un cierto desfase. No en el momento del estrés, no, la veo un año después y muchas veces es mejor, la ves con un poquito de perspectiva y yo creo que ayuda».
El pacto y el ritual
«Es verdad que esta película tiene algo de fuente originaria para los que la hicimos. Apetece volver a esa fuente en la que te refrescas, porque ahí brotó algo, encontramos algo que ha sido una mina. Las pelis que hemos ido haciendo después se deben en gran parte al impulso que cogimos con esta película. Establecimos un pacto de confianza entre nosotros, nos demostramos que podíamos hacer una película así, libremente. A partir de ahí hemos sido más confiados entre nosotros, y nos hemos permitido cosas que sin esta película, a lo mejor no habríamos hecho. Y para los que la hicimos tiene un significado muy particular, a nivel de pacto con el cine, entre nosotros, con la vida».
«Que sea una reactivación del vínculo, por ejemplo. Por ejemplo, con Aura, que la quiero un montón, pero la vida te va distanciando, porque ella también está superliada, hace un montón de cosas; y a Francesco últimamente le veo mucho menos. Así que volver a poner la peli tiene algo de excusa, hay algo de ritual, como tantas cosas en la vida que necesitamos. Como cuando celebramos un cumpleaños, ¿por qué hacemos eso? Pues supongo que es porque viene la amiga o el amigo que no ves. O sea, darle un sentido, ritualizarlo. Bueno, pues por qué no».
Humores, mentores, ciclos
«Se me ocurre que la primera parte de la película es bastante más bajonera, o más melancólica, o más pesimista, aunque esta idea del suicidio es más bien irónica. A medida que la película avanza va encontrando un poco más la alegría, el humor, la vitalidad. Tiene que ver con que, cuando hacemos las películas estamos en un estado de ánimo que puede ser cambiante. Esta peli la rodamos a lo largo de muchos meses, íbamos a salto de mata, y recuerdo que cuando la empecé, yo estaba mucho más negativo que cuando la acabé. Aparte de lo negativo del contexto general, en el mundo y en el cine, los cines cerraban, las productoras, las distribuidoras… estaba todo puesto en duda».
«Un amigo mío muy querido, Félix Romeo, que era como mi maestro, se murió sorpresivamente una noche, después de cenar. Todo eso me me afectó mucho. También estaba leyendo a Édouard Levé, el autor suicida del libro que aparece en la peli, y, en fin. Pero luego, curiosamente, vas trabajando, vas haciendo la peli y hacerla estaba siendo una alegría».
«La peli acaba con una cita de Emily Dickinson que habla de la esperanza, de los ciclos. Porque al final la vida es eso, ¿no? Son ciclos, a veces somos más conscientes, a veces, no. Pasamos por la vida sin darnos cuenta, los días van pasando como hojas del calendario… Y de pronto hay momentos que tomas más conciencia, te dices: «espera, qué ha pasado, aquí está pasando algo, aquí está habiendo un cambio de ciclo…» y creo que está bien ser consciente de eso».
«Estrenar esta película es tal vez ser consciente de un cambio de ciclo. La propia película contó eso también, un cambio de ciclo en mí mismo, en esa época. De abandonar la juventud, de cosas que yo estaba enterrando, estaba mudando de piel. A lo mejor ahora también. Sí, son ciclos».
Melancolííía
«Me acuerdo que leí una frase de Serge Daney, un pensador buenísimo de Cahiers du Cinéma, que decía algo así como que la melancolía era el gusto del presente. Lo relacionaba mucho con el día a día, curiosamente. Decía que los que amamos el cine tenemos una cuestión con la melancolía un poco irremediable por esta cosa del propio mecanismo del cine en sí, que siempre te está conectando con el con el pasado. Los cinéfilos tenemos esta sensación de haber llegado tarde y eso genera melancolía».
«Yo he luchado siempre contra esa melancolía. Fíjate, eso está en mi primera peli, es una frase que me dijo mi amigo Félix Romeo, el escritor que murió justo cuando iba a empezar esta peli. Él hablaba siempre del aquí y ahora, y yo acabé la película con una de sus frases: “Yo no quiero estar ni un minuto antes ni un minuto después, quiero estar aquí y ahora”. Y siempre he intentado atenerme mucho a eso. He intentado que el cine que he hecho sea muy del presente, del gusto del presente, con las cosas de mi día a día. Entonces, ¿dónde está ahí la nostalgia?».
«Es curioso, al volver a ver Los Ilusos, una cosa que me hizo mucha gracia y a la vez me dio un poco de vértigo era la cantidad de detalles y pistas que daba de películas que hemos hecho después. Probablemente había algo embrionario en mi cabeza que estaba medio balbuceando en Los Ilusos y que luego ha tomado forma en una película equis años después. Creo que el hacer cine tiene algo que ver con eso: proyectarte en el futuro, ser consciente de que estás sembrando y que a veces tenemos intuiciones… las películas sirven entonces para corroborarlas o no».
«Y sí, me he dado cuenta con esta peli muchísimo de “hostia, madre mía, estoy siempre igual, no cambio, estoy dando vueltas a las mismas cosas” Pero bueno, pues a lo mejor lo tienes que aceptar. Porque casi todos tenemos problemas con nosotros mismos, ¿no? Para mí hacer las pelis ha sido algo muy terapéutico. Me ha me ha ayudado a transparentarme, a ponerme ahí, vencer mis miedos, mis vergüenzas, mis cosas. Es una suerte que he tenido, me ha servido mucho para modular mi carácter, mi propio temperamento».




