Dear Leo: querencia y coherencia


Visualizar ExPERPENTO 115 / Descargar ExPERPENTO 115

Entrevista de Reyes Muñoz
Foto [c] cortesía de Nuria Martín

En el proyecto de Nuria Martín, lo de menos es la voz, aunque al escucharla pueda parecer que estás siendo atacada por un ejército de ángeles. La potencia tímbrica y la delicadeza con la que canta podrían eclipsarlo todo, pero en su universo artístico la voz es solo una pieza más dentro de una arquitectura mucho más amplia y pensada al milímetro. Dear Leo se construye desde una obsesión consciente por la unidad estética: «la letra, los arreglos, la música y la portada» deben responder a una misma historia.

El valor de la belleza

Jo, te he visto en concierto muchas veces, pero hace muchísimo que no hablamos de tu música. ¡La querencia no tenía nombre! Un día te dije que una vez superado el impacto de escuchar tu voz, lo siguiente era escuchar la letra y sumergirte en la producción y ahí encuentras la magia de Dear Leo.

Oh, qué bonito. Yo creo que es lo más bonito que le pueden decir a alguien que hace canciones. Es verdad que vas notando que hay ciertas personas que aprecian una cosa, que aprecian otra, pero luego hay gente como tú que sí que entiende el todo. De hecho, yo lo que intento cuando voy al estudio, que es una de las partes que más me gusta, es que todo tenga una coherencia. Imagínate, «Nana de una noche eterna», nos lo curramos hasta el punto de meter un ruido de fondo que simulara que entras en una habitación, que era de noche. Es una de estas fumadas en las que me ayuda Luis, mi productor. Se trata de conseguir que todo tenga una coherencia con la historia. Entonces la letra, los arreglos, la música y la portada, absolutamente todo, tenga una coherencia. Creo que es lo que más disfruto de hacer música.

Creo esas atmósferas. Que digan: «Tiene todo el sentido del mundo», hace que me alegre de habérmelo currado un poquito más.

Es una trampa, ¿podrías currártelo un poquito menos?

Pues sí, supongo que hoy en día podría centrarme un poquito en el sonido, en decir, «me apetece una batería y ya está». O «Me apetece una batería así, un bajo asa». Sin pensar tanto en que tenga esa coherencia. Pero imagínate, pues cuando hice «Interior (noche)», para mí tenía que tener mucha coherencia esa portada. Estás contando una historia romántica, sexy, y entonces la portada tiene que ser romántica y sexy. O sea, no podía poner una algo que sugiriera un exterior.

Creo que todo eso es lo que me hace ir más allá. hace que me sienta orgullosa cuando saco una canción con su envoltorio, con su producción. Creo que es lo que hace que me lo pase bien.

O sea, que no podrías currártelo menos.

No, creo que no, creo que no. La conclusión es esa. Aunque, de hecho, alguna vez fantaseo con hacer otro proyecto que vaya por otro sitio, ¿no? Por ejemplo, hacer tontipop. Me apetecería porque me parece algo divertido, ¿no? Hacer letras un poco más meme, o menos puristas. A lo mejor yo ando un poco encorsetada por mí misma, que no me atrevo a hacer algo un poquito más jocoso que como oyente me gusta: un estilo Tronco, no sé si los conoces, que hacen unas letras desenfadadas… pues hay veces que me han entrado como las ganas de hacer eso. O de hacer pop electrónico, pero centrándome en la producción y no tanto en la letra.

Fantaseo con explorar otras opciones, pero creo que el proyecto Dear Leo no tiene que ver con eso, tiene que ver con el todo, con la coherencia estética, con la coherencia sonora, con la coherencia de las letras, con contar historias, con cantar historias… Y creo que de ahí me va me es muy difícil moverme si no lo justifico yéndome a otro proyecto.

Te trabajas hasta las covers con Dear Leo.

Bueno, cuando he hecho covers, sí que lo he hecho un poquito más… Como hice en pandemia, con la excusa esta de «estamos encerrados en casa», que fue más por pasármelo bien. Me dio un poco igual esa coherencia, porque no eran canciones mías, no estaba contando algo propio, estaba interpretando algo que había contado otra persona. Entonces, me resultaba más fácil.

La querencia

Con las canciones de La querencia, Dear Leo le canta al amor. «Jota del que bien guarda», «El extraordinario mundo de las aves» y «Tan lejos Madrid» llegan después de «Manifiesto». En La querencia también está la «Nana de una noche eterna».

Eres pura cantautora, aunque no vayas por la vida de cantautora. Habrá carreras, de las consideradas puristas, con una colección de canciones mucho menos sólida que la tuya. Hablabas de «Nana de una noche eterna», que es una canción sobre la sororidad y el empoderamiento que le cantas a tu hija.

Fíjate que «Nana de una noche eterna» es una canción que tiene dos mensajes, uno universal feminista y otro que es como madre, ¿no? El amor de una madre es muy difícil explicar. Se enfrasca dentro de La querencia, donde hablo de tipos de amores. Quería expresar el amor de una madre pintando en una escena un poquito antigua, ¿no? Esa canción expresa como yo me imaginaba una madre en una época más antigua protegiendo a una hija de peligros mucho mayores de los que tenemos hoy en día, para que fuera un poco más dramático.

Un amigo, luego, me ayudó a descifrarlo. Me dijo, «también es una canción que te estás cantando a ti misma de pequeña». Entonces dije, «Jo, es que en el fondo es verdad». Porque claro, los peligros que interpreta una madre hacia su hija, son los que a mí me hubiese gustado que me cantaran cuando era pequeña. Es un cierre, un bucle. Tiene esa cosa que tú dices, de sororidad, esa cosa que te cuento yo de amor de madre, de lo dramático y lo profundo que puede llegar a ser; y también esa parte de cantarme a mí misma de pequeña, con un poder muy curativo, ¿no?

Los conciertos los abres con «Manifiesto». Es canción protesta.

«Manifiesto» es la canción de amor a la música. Me apeteció hacerla también a modo de crítica a la industria. Pero es una canción que le hago a mi música diciéndole, «oye, aunque se haya hecho tarde para llegar al éxito, déjame que siga haciéndote, déjame que siga disfrutándote, que yo aquí me quedo, aunque se cierre el telón, aunque no suba a un escenario, aunque no pise un estudio, pues eso, por el amor que te tengo tengo, por el amor que tengo a hacer canciones y a pasar rato contigo», ¿no?

Canto a ese momento de amor, de estar totalmente extasiada, componiendo, extasiada, grabando, es como esto engancha. Me pareció muy buena idea usarla para abrir el EP de La querencia. También es una declaración de intenciones, es decir, «Oye, mira, que es disco lo hago por esto. No tengo mayor pretensión». Al espectador también le digo: «Esta es una declaración de intenciones, me encanta hacer lo que hago y te lo cuento antes de que escuches las canciones que hago».

Y tienen un sonido muy tradicional. Si permites que la cabeza juegue al escucharla, te puede llevar al terreno castellano, al mundo jota, o a sonidos muy de Semana Santa en «Manifiesto».

Sí, es la percusión. A ver, el envoltorio de La querencia era el folclore. Son canciones de amor, es un cancionero a distintos tipos de amor. Además, yo venía de hacer canciones muy tristes de desamor, y me apetecía irme a explorar el otro extremo. Y el envoltorio era la tradición sonora castellana, porque veníamos también de un auge con Rosalía del flamenco, de las palmas y dije, «Bueno, vamos a explorar algo más mío, algo más castellano, más madrileño». Y todo empezó cuando saqué «Tan lejos Madrid» que empieza con un chotis y luego nos ponemos con las castañuelas, meto un puente con algunos versos de García Lorca…

Entonces, me puse a explorar y dije, «me lo estoy pasando pipa explorando estos sonidos. Voy a darle un poco de continuidad». Las canciones de «La querencia» están en tres menos «Aquellos ojos verdes» que es cover y que es un bolero. Que estén en tres te hace revisitar melodías antiguas.

Antiguas o universales.

Muy atemporales, ¿no? Como las típicas canciones que cantábamos de pequeñas en el colegio jugando a la comba. Las cantas hoy en día y dices: «Oye, mira, es que tiene un folclore, una melodía tan pegadiza que es que se pueden seguir cantando generación tras generación». Yo buscaba eso: visitar una esencia más castellana que todavía no estaba explotada. Ahora están viniendo con más fuerza las jotas, pero en ese momento estaba todo el mundo con el flamenco.

La libertad se hizo single

Llegamos a «San Martín». Es una canción cruda. ¿En qué circunstancias sale?

Eso es un desagüe, claro, después de La querencia. Lo bueno de hacer singles es que no hay referencia. Cuando voy a hacer un disco, lo voy a aunar a nivel sonido. Eso con los singles no pasa. Me metí en el estudio a grabar dos singles que fueron «Interior (noche)» y «San Martín». Y «San Martín» fue un desahogo. Es totalmente personal, es personal al 100% y no me escondo. (Risas) No me escondo.

Pues tiene un tono muy universal, también.

Pero está dirigido a una persona a la que directamente no le podía decir eso y dije, «Bueno, lo voy a hacer a través de una canción porque yo esto no me lo puedo quedar dentro». me apellido Martín, y me gusta el juego de palabras. Entonces habla un poco del despertar de las personas que a lo mejor hemos sido un poquito naif en el pasado, que han intentado ser buenas y que con el tiempo, te has dado cuenta de que se acabó: «Mira, se acabó ser buena. A partir de ahora voy a ser mala porque te lo mereces», ¿no?

Me lo pasé muy bien también haciendo la producción. En la inspiración de sonidos, en la parte del fina me inspiré en el himno de Star Wars cuando aparece Darth Vader. La búsqueda de referencias fue muy divertida. Es una canción muy personal, de mucho enfado; y también de mucho empoderamiento. Me lo pasé pipa haciéndola fuera de todo el contexto de La querencia. La historia se cuenta sola.

Debo decir a las lectores y lectoras de ExPERPENTO que sigues siendo una bonita persona.

¡Y fui bonita persona mientras hacía la canción! Es que de vez en cuando hay que desahogarse, hay que tener ese sentimiento de justicia hacia una misma, incluso, hay que decir, «Oye, mira, se acabó lo que se daba», ¿no? Es una imagen menos naif y más adulta, de decir las cosas a la cara, de dar un puñetazo en la mesa cuando toca. Que yo sigo siendo totalmente buena y pacífica y todo esto… pero de vez en cuando….

«Interior (noche)» fue tu último single, respuesta a una canción muy triste y muy emocionante que es «Tan lejos Madrid».

Mi último single es «FVNTVSMV». claro, la grabé con Tatín muriel y por eso no la conoces. «Tan lejos Madrid», se la canté a mi chico cuando teníamos una relación a distancia. Ha habido otras canciones posteriores que son de amor y de desamor total, horrible. Luego ha habido canciones que son más de amor y cuento historia en el concierto y digo, «escribí esta canción y luego escribí esta otra. Esta es la evolución de la relación». Creo que se lo he hecho en un par de conciertos y claro, le da mucho palo. Contamos historias personales, aunque a veces hay un poquito más de inventiva.

Por ejemplo, «Barcelona» es de mis canciones más literales precisamente porque no es una historia que me haya sucedido de verdad y me ha atrevido más, ¿no? Es una historia de ficción que habla de un sentimiento. Hay mucha gente que me dice, «Pero, ¿qué te pasó a ti en Barcelona?». «¿Pero a quién conociste en Barcelona?». «Barcelona» es un concepto, es un estado de ánimo. Las canciones que me salen más de dentro, son menos literales, precisamente para protegerme.

La experimentación controlada

Además de todo el cuidadito que le pones a todo, un rasgo muy claro de tu música es que experimentas muchísimo, te atreves con muchas cosas, pero al mismo tiempo, no hay riesgo. Muy Rosalía, vaya.

Yo creo que de una forma egoísta, intento eso. Me llama la atención experimentar con ciertas cosas. Pero soy una artista independiente, me autogestiono, me autofinancio y me autotodo, y también lo veo como un disfrute. Entonces, si me meto al estudio, me gusta experimentar y me gusta decir, «mira, es que he escrito “San Martín” y cuenta esta historia. Oye, Luis, ¿cómo podemos hacer para poner un sonido que dé un poco de mal rollo en esta parte? ¿Cómo podemos hacer que la voz suene de esta manera?» Se me ocurre poner efectitos, atmósferas… Si he estado escuchando un estilo de música, me apetece experimentar con ella.

Es jugar, me lo tomo como un juego y yo creo que ni de coña me comparo con Rosalía, ojalá. Pero Rosalía tiene mucho más que demostrar que yo, yo puedo experimentar sin riesgo, ¿no? Porque ¿qué me puede pasar?, ¿tener menos reproducciones? No está mi carrera en juego, ¿no? Pero entiendo lo que dices: a ella también le gusta eso de experimentar, le gusta jugar, le gusta sacar un producto coherente, le da importancia a la estética. A todos los que hacemos música, nos gusta llevarlo todo un poquito al último nivel.

¿Tienes formación musical reglada?

No, de hecho, fíjate que muchas veces tengo como ese ese run run de decir, «Jo, es que deberías ponerte a estudiar». Pero no me gusta la teoría musical y soy bastante vaga para aprender. Me gusta cacharrear. Sí que empecé componiendo con guitarra sin tener mucha idea de guitarra. Yo creo que eso me ayuda a hacer cosas extrañas, ¿no?

Me compré un tecladito tipo MIDI para ser práctica y anticiparme a la sesión de estudio, para ir con los deberes un poco hechos al estudio. Cacharreo con el garage band en casa y ese tecladito MIDI. Me bajo sonidos, me meto en vídeos, tengo curiosidad por ver como se consiguen los efectos… Lo que estoy haciendo ahora mismo es ir a estudio con una canción un poquito más pensada, pero para que la haga un profesional.

Yo no voy a autoproducirme, también porque me muero de la pena de estar sola todo el rato en el proceso musical. Me gusta mucho compartir estos ratitos en el estudio con gente que sabe de verdad y que se dedica a esto. Pero todo el tema de solfeo, cuartas, quintas, terceras, o sea… me muevo por oído y me encantaría saber más, pero creo que se convertiría en deberes, en tarea y ya no me llaman la atención. A mí me gusta jugar y explorar e ir aprendiendo un poco a lo burro.

Ahora me parece que se buscan formaciones musicales más humanas, pero es que la formación musical reglada es, o era, un proceso aburridísimo. A mí me apuntaron con ocho años y me veía morir.

Se suele empezar en la infancia y, o te horroriza o te flipa. Pero lo normal es que te horrorice. Me parece que es la peor forma de traer la música a un niño. Si tú no quieres acabar el conservatorio…, también hay que ser práctico. A lo mejor un niño quiere aprender a tocar el piano por hobby y ya está, sin llegar a nada y porque dice, «Es que a mí me apetece aprender a tocar estas covers de este grupo que me interesa» y luego, poco a poco, cuando aprenda a tocar, le puedes ir metiendo alguna cosita de teoría. Yo lo veo así.

Mini Off de ExVITA en CCLBlanquera: 7 de marzo

En el festival contigo va a estar Laia Alcolea… Ella comenzó con cuatro o cinco años. En la entrevista no me hablaba de ensayar, me hablaba de estudiar. Me decía cosas como, «estaba estudiando a Rachmaninoff y se me ocurrió meter un piano en tal canción». O sea, siente auténtica devoción por el piano. Pero sí, son casos muy únicos.

Eso quiere decir que Laia tiene una diligencia y una fuerza de voluntad que ya la quiero yo para mí. La mayoría creo que empezamos tocando por nuestra cuenta, porque nos gustaba. Y luego hay quien quiso formarse para dedicarse a ello… Y hay mucha gente como tú, que lo dejó porque no soportaba la formación, les resultaba horrible, cogieron manía a la música porque les estaba absorbiendo la existencia y nunca más han tocado.

Sí, ya te digo yo que es un riesgo real. La otra artista que tocará contigo es Jordan Boyd. Es mallorquina, autodidacta total y le cogió el gusto cantando en hoteles. Me decía que cómo nadie estaba pendiente de lo que hacía, y se aburría, se dedicaba a hacer giros, a probar cosas… que aprendió así a sacarle el brillo a su voz.

Mi historia es mucho más costumbrista. Me gusta pasar el rato y pasármelo bien. Tengo creatividad, eso sí, es la baza que sí que tengo. No tengo una voz prodigiosa, no toco ningún instrumento de manera prodigiosa, pero tengo una cabeza creativa que me ayuda a dar forma a mis canciones.

A ver, tienes una voz prodigiosa.

¡Depende con qué voz la compares!

Lo que te decía antes, no basta con tener una voz prodigiosa. Tu música no es bella solo por tu voz. Cuando digo estas cosas siempre pienso en Edith Piaf o en Janis Joplin. Si te centras en su voz, puede resultar incluso desagradable, y sin embargo, son prodigiosas y te parten en dos. Y hay voces preciosas que no emocionan. A lo que iba, que yo creo que tú tienes una voz prodigiosa y tu música emociona.

O sea, sí, canto, pero en mi registro. Depende de a lo que le des importancia. Hay gente que le da importancia a la voz, al registro, al volumen, hay gente que le da más importancia al timbre, hay gente que tiene unas voces superbonitas y que no terminan de afinar del todo, o sea, creo que hay de todo. A mí el timbre es lo que más me seduce de voces ajenas, es decir, pensar «que voz más bonita», aunque no me esté cantando una cosa superdifícil. Esas son las voces que yo compro. Pero sí, hay voces que lo tienen todo y piensas: «Qué pereza».

¿Cómo esperas que discurra el Off del 7 de marzo?

Me hace mucha ilusión. Además creo que coincide con el final del invierno. No va a ser primavera oficialmente, pero creo que la ocasión es muy chula. La hora es brutal. Mi hora favorita para ir de público a concierto es la hora del vermú. Me parece que va a ser un sábado de planazo con tías increíbles. Tatín viene a tocar conmigo, y cuando vio el cartel me dijo, «Ah, qué guay». Conocía a las dos, a Laia Alcolea y a Jordan Boyd y le hizo también ilusión. Las tres estamos superbién acompañadas, y es para celebrar el día de la mujer… Hay muy poca excusa para que a alguien no le ilusione el plan y espero ayudar a pasar un ratito muy chulo cantando y contando mis historias.

Sigue a Dear Leo en redes:

Visualizar ExPERPENTO 115 / Descargar ExPERPENTO 115

Anterior Daniel Huarte en [Arte] de Yasmina Reza
Siguiente Bely Basarte: [La vida es esto, amor]±[Amor letal]