Entrevista de Reyes Muñoz
Fotos cortesía de Promosapiens
Sigue a Altillo en redes: https://www.instagram.com/altillomusic/
Es ese armarito donde convive lo que no se tira pero no quieres ver en el salón. Lo llaman folclore transgénico, es música hecha en un laboratorio que mezcla música de raíz, urbana, electrónica, humor, mala leche y ternura. Ariana y David levantan un proyecto que parte de la contradicción —«¿No te parece que somos muy tiernos?», me preguntan y ellas mismas responden: «Tenemos esta cosa del bufón que te parece un payaso majo, hasta que se le afila la sonrisa»—. Cualquier cosa combina, además de un gran título para la primera colección de canciones de Altillo, es una pregunta trampa. Porque no: por mucho que los algoritmos, raudos y veloces, se empeñen en batirlo todo, no todo combina.
Altillo es un nombre chulo, al leerlo me sugirió en lo de arriba del armario. Luego, al escuchar las canciones, me vino la imagen del loco de las pelis apocalípticas, que se sube en un altillo y grita sobre el fin del mundo y es el único que lo predice.
David: Es buena, sí, esa es muy buena. Es una vía que podemos abrir. A partir de ahora va a estar en la bio así también.
Ariana: Se le ocurrió a David, estábamos dando vueltas sin rumbo.
David: O sea, se me ocurrió a mí, pero sin ningún tipo de pretexto o concepto claro. Fue una especie de iluminación extraña, dije: «Ay, y si nos llamamos Altillo». Ari lo vio su claro, yo también y ya está. Luego le buscamos un trasfondo, ¿no? Ariana se ha dedicado a darle palabras.
Ariana: A mí me gustaba mucho que fuese un lugar de la casa donde se guardan cosas. Si las tienes ahí guardadas es porque no te apetece mucho verlas, pero no las puedes tirar. Son cosas que por alguna razón no puedes tirar. Tienen que estar aquí. Las fotos, ese jersey que dices, «no me lo pongo nunca, pero, chica, no sé, por si acaso». Y también cosas a las que les tienes cariño y estima; y por lo que sea, pues no están en el salón.
Y también es un lugar supercaótico la mayoría de las veces, por lo menos en mi familia. Es la buhardilla en casa de mis abuelos, con muchas contradicciones y también un lugar de juego, un espacio que puede ser un refugio. En nuestros pisos minúsculos, en los que no tenemos un altillo, también puede ser la parte de arriba del armario, y es ese lugar metafórico desde el que cambias la perspectiva para ver este mundo acelerado en el que vivimos. También nos gustaba la analogía entre la casa y el cuerpo. El altillo sería la cabeza, ¿no? La mente. Es donde conviven un montón de pensamientos.
La banda es muy joven. Es alucinante todo lo que habéis hecho en un par de años.
David: Tiene dos años y en realidad como proyecto real, un año. En el primer año estábamos haciendo canciones y probando. Tenemos cosas grabadas por ahí que nunca han salido, temas míos, suyos… buscábamos una identidad, ¿no? Y estábamos probando. Entonces, realmente es un año en el que sí que vamos más enfocadas, ¿no? Altillo creo que se enfoca cuando salió el concepto de «Cualquier cosa combina». Fue: «ah, creo que lo tenemos». Yo por lo menos lo sentí así. Dije, «Ah, vale, esto tiene sentido». Así que sí, un añito.
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Cualquier cosa combina es el mejor título de un disco que me puedo imaginar para un primer disco.
Ariana: Es que es el primer disco, ¿no? Y llamándonos Altillo, muchas veces empiezas a meter ahí canciones y luego dices, «Todo esto qué es».
Es que además de lo heterogéneo que es el disco, mezcláis música urbana, electrónica, os reapropiáis del folclore… Lo que hacéis es más contundente que una mera reapropiación de un género del que sí que se apropió la dictadura. Me fascina. Lo tiráis a la cara.
Ariana: Mola lo de Cualquier cosa combina porque para mí es una cosa que está viva. También te puedes hacer la pregunta: ¿Cualquier cosa combina?
David: Me encanta plantearlo como pregunta porque genera mucha controversia, ¿Cualquier cosa combina? Puedes decir que sí, pero si piensas, viene el no, el no sé, el depende… Y empiezas a darle vueltas a si realmente todo combina. ¿Si todo está bien mezclado combina? También es difícil, también hay que buscar las cosas auténticas, la raíz de todo. Te metes en un juego que no tiene respuesta, en verdad.
Ariana: Y también es que somos el resultado de una mezcla de un montón de cosas. Entonces, yo creo tiene un sí rotundo en cuanto a las identidades que pueden ser muy diversas y mutar todo el rato y dejar que eso pase. Y luego, por otro lado, yo creo que también nos reímos de todo el delirio, de la contradicción en la que vivimos también, ¿no? Si estoy en desacuerdo con esto, pero compro este producto que viene de esta gente que es muy mala, pero claro, ¿qué hago? Pues reírte de eso. No puedes ser coherente todo el rato, es imposible.
«En las redes es difícil informarse, que dices: ‘¿es real esa cosa me llega para que yo me enfade con el mundo?’»
He visto las escuchas que tenéis y es una barbaridad. Las personas jóvenes que conozco están más cerca de los planteamientos de Altillo que de lo que dicen las encuestas de que hay miles de millones de hombres jóvenes que huelen a rancio… Necesito saber vuestra opinión, porque me preocupa mucho.
Ariana: Lo hablábamos el otro día. Claro, cada vez somos más gente en el mundo. Creo que también tanto damos pasos hacia lugares de tolerancia en algunos ámbitos y se consiguen cosas, pero claro, también abundan los mensajes de odio. En las redes es difícil informarse, que dices: «¿es real esa cosa me llega para que yo me enfade con el mundo?».
David: Yo creo que va a haber un hartazgo, ¿no? Si se nos escucha tanto con «Cualquier cosa combina» o la broma funciona, es porque hay algo de sincero en decir, «es que, tío, o sea, estamos ahora mismo con que cualquier cosa combina y no». Pensarte ideológicamente en un sitio es muy difícil, es muy difícil que sostengas la identidad como una cosa fija y concreta. «No, es que yo soy así». Pues no, tú ahora mismo ves un vídeo en internet que tiene un gato que hace una tontería y te ríes. Es un gato que ha hecho una máquina. Ya no sabes ni qué ves. Hay un algoritmo que te está diciendo lo que tienes pensar y no te das cuenta… Hay un embolado muy interesante y es que es verdad, «Cualquier cosa combina» creo que ya es una realidad superbestia, ¿no? Hace a lo mejor veinte años…
Ariana: Sí, se hablaba del mundo interconectado, la globalización está llegando y tal, pero ahora ya, esto es un delirio, es otra movida. Ya es la universalización, es la planetización.
«¿Te imaginas que el folk transgénico reviente el trap a nivel mundial? ¿Y se coma de repente todas las cepas trap chungo?»
Aquí han estado Magali Sare & Manel Fortiá, también estuvieron Jiménez con Jota que hacen copla electrónica… Se definieron como dúos experimentales. ¿Cómo os definís vosotros?
Ariana: Pues nosotros llegamos a un término que era folk transgénico, por generar más controversia. Por seguir ahí buscando cosas, ¿no?
David: Nos tuvimos que informar sobre los transgénicos para buscarle una vuelta de tuerca. Yo creo que lo hemos sembrado y ahí lo tiramos, ¿no? Lo transgénico es lo creado artificialmente en un laboratorio, generando esos cambios. Lo transgénico sería convertir algo natural en algo creado con un propósito específico. Nosotras creamos un folk con un fin específico. Quizás hacer del folk un elemento de cultura. Si nos dedicarámos al punk, sería punk transgénico.
Ariana: El peligro de los transgénicos es que a veces hacen desaparecer o se comen otras especies, que son autóctonas de la zona, porque resisten ciertas plagas y revientan.
David: ¿Te imaginas que el folk transgénico reviente el trap a nivel mundial? ¿Y se coma de repente todas las cepas trap chungo?
Ariana: (Risas) Tenemos que darle una vuelta a eso, podemos buscar un transgénico que no venga mal, que se vaya comiendo el trap chungo… Nosotras cogemos cosas de músicas de raíz, porque nosotras no somos folcloristas, pero cogemos coplillas o melodías, y componemos inspiradas en eso; en la copla, en el folclore que se cogió ahí para mostrar la cara buena de no sé qué, ¿no? Tiene un contenido muy potente y componemos inspiradas en eso. Aquí ha sido muy acústico, pero el disco tiene una producción más electrónica, tiene esa cosa de laboratorio, de probeta.
«Yo muchas veces no pienso tanto desde la parte musical, de la composición, sino más desde la historia que quiero contar»
Escuché alguno de los temas primeros… Me habéis dicho que encontrásteis el camino en «Cualquier cosa combina». ¿Es posible que Altillo sea una propuesta random que se os fue de las manos?
David: Siempre ha sido random, de hecho seguimos en modo random intenso. Si viene un segundo disco, va a ser otra movida seguro, va a ser raro. Ya entendemos que hacemos folk, le hemos puesto la etiqueta transgénico, pero el otro día estábamos haciendo una samba brasileña muy bailonga.
Ariana: Es que no lo podemos evitar. Es ahí donde estamos cómodas, mezclando las referencias que nos gustan.
David: Creo que intentar pensar desde la perspectiva comercial, pues la verdad que nos funciona y es también interesante. Intentar decir: «No, no vamos a hacer canciones tan raras». Me lo dicen mucho, es el típico miedo del artista, ¿me entenderán o no? O sea, te van a entender si lo haces desde cierta genuinidad, «Oye, que hago esto, me sale así y te lo comparto».
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La propuesta es sencilla, pero solo es sencilla una vez vista, es decir, que nadie más lo ha sabido hacer, por tanto es sencilla pero no es fácil llegar a lo que hacéis vosotras.
Ariana: Yo creo que es interesante que cada uno vaya buscando su fórmula, ¿no? Antes nos hablabas de Rosillano, que hacía monólogos cantados. Yo estudio interpretación, entonces inevitablemente, aunque pensamos en música estamos muy cerca del teatro. Yo muchas veces no pienso tanto desde la parte musical, de la composición, sino más desde la historia que quiero contar. Ahí se van mezclando las dos cosas y de repente este género me ayuda a contar esto, pues ahora esta parte que sigue va a ser así… ¡esta parte va a ser metal!
La parte de canto, de voz, en la grabación… Es hay cosas que se dan por hecho en la música y no se reconocen. Vas de un lado a otro sin desafinar ni un poquito, no se te va ni media.
Ariana: Eso es gracias a mi profe de canto, Paco del Pozo. Gracias, Paco.
Por ahí he leído que sois tiernos.
Ariana: En verdad lo hemos puesto nosotros. ¿No te parece que somos muy tiernos?
Me parece que sois de apariencia tierna, como los Gremlins antes de mojarse. Tenéis muy mala leche.
David: Es que hay algunos temas que sí quieren ser más tiernos y sí son tiernos. Pero es que todavía no nos ha dado tiempo a enseñarlos mucho.
Ariana: Es que de momento solo están las espinas de la rosa, ¿sabes? No ha llegado el aroma.
David: Y mola mucho el concepto. Que se piense en que va a ser algo muy tierno y que sea muy tierno, pero luego ¡ah!
Ariana: Yo creo que tenemos también esta cosa del bufón que te parece un payaso majo, pero luego se le empieza a afilar la sonrisa y dices, «¿Dónde va? ¿Dónde va? ¿Dónde va?» y no tiene filtro.
David: En algunos directos el contraste de meter caña y luego temas que de repente son de cajita de música funciona. Pero bueno, últimamente creo que está pesando más el otro lado. Igual en el próximo disco nos metemos por ahí y acaba siendo súper tierno.
Si os entiendo. Una puede levantarse tierna y en diez segundos de mundo exterior, de noticias, de realidades, pues se acabaron las ganas de ternura… Es el momento de hablar de «Empecinadas», ¿no?
Ariana: Hay una declaración, un alegato: «La luna en la madrugada, esconde en su cara oculta, lo que todo el mundo calla, y le recorre la nuca». Eso lo decimos y se lo hacemos cantar a la gente. Entonces es un momento de que la gente grita eso, lo que sea, ¿no? Se lo hacemos cantar para que haya un momento de grito colectivo. El estribillo ese era tuyo.
David: Sí, yo estaba en contra de la espiritualidad, estaba en ese momento, estábamos empecinadas, ¿no? El cacho de «en la mañana caen los poetas» en verdad quiere bajar más a tierra. Arriba está el misticismo, la espiritualidad y va bajando hasta la parte terrenal y en la que desde abajo miras y te diriges a un dios que nunca contesta, ¿no? Y si no te contesta nadie, pues no pasa nada porque estamos aquí ahora, siendo unos bichos en una bola gigantes, de agua y de tierra, haciendo cosas, ¿no? Yo lo escribí desde ahí, luego ya pues va ganando dimensiones diferentes. Y tú lo entiendes desde otro sitio.
Ariana: Bueno, yo creo que es un canto sobre ser dueña de mi destino, ¿no? Esto que hablábamos antes, de que el mundo se va a ir al garete, discursos superfatalistas, pues sí, se va al garete, pero dentro de eso que no nos dé tanto bajón, si estás empecinada, pues tú dale. A mí me gusta también en la parte amorosa, sexual… la concepción de que no estamos destinadas, sino que estamos empecinadas. Estas cosas de que tú tienes la Luna en Marte o no sé qué. Yo no entiendo mucho, pero me gusta leer cosas del horóscopo. A David no, pero esa es la contradicción.
«Ari sabe guiar muy bien la emoción de la gente para que acaben ahí. Ahí hay seriedad, nadie se ríe»
«Ruina y cobre» es muy dura y muy seria.
Ariana: Sí, es el bicho más raro, también musicalmente. Una amiga me dijo: «Jo, tía, está guay, pero es me ha costado escucharla porque era como tío, parad». Pasan muchas cosas, el mundo es así. Musicalmente no hemos querido buscar mucho la comodidad tampoco.
David: Y eso que abre desde una pequeña broma, ¿no? «Se equivocaron de semilla y plantaron un centro comercial». Y luego a partir de ahí es la más ácida, yo creo.
Ariadna: Es la más confrontativa, yo creo. La más tiernísima. Es tiernísima esta. Yo creo que es la que más confronta, porque hay otras que estás haciendo críticas igual duras, pero desde el humor, pero aquí no hay jijijajá..
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Supongo que en el directo, tenéis que hacer un ejercicio para que la gente pase de la risa y la fiesta a la escucha.
David: Es que Ari en realidad sabe meterse en un rincón y en otro, ¿no? Que eso me fascina. Al principio del bolo es todo super jijijajá, nos reímos, nos metemos con todo por arriba y por debajo; y llega un momento en el que de repente, estamos hablando del tema de la masacre en Palestina. Toda la atención de la risa va hacia un momento muy crudo con «Ruina y cobre», que una canción muy dura. Ari sabe guiar muy bien la emoción de la gente para que acaben ahí. Ahí hay seriedad, nadie se ríe.
Ariadna: Cuando has estado utilizando el humor y de repente te pones seria cobra otra dimensión. Ya no te estás riendo, por algo será. Y yo creo que al final el humor es una herramienta de resiliencia que utiliza todo el mundo en mayor o menor medida. Pero hay veces que tienes todo el derecho del mundo a cagarte en todo, porque pasan cosas que son una mierda. Y hay injusticias que son gigantescas. ¿De qué eres rico? Pues de que hay gente que está muy empobrecida. Hay nombres y apellidos, ¿sabes? Hay nombres y apellidos, tierras que están en muy pocas manos, poderes que están en muy pocas manos.
Luego me reiré, pero en realidad no tiene ni puñetera gracia y hay cosas que pasan que no tienen ni puñetera gracia. Me río porque si no estoy todo el día como la Zarzamora.
Lo de los cassettes
Hablemos de los cassettes, que yo creo que no lo he entendido. ¿Habéis grabado el disco encima de las cintas de otra gente?
Ariana: ¡No! Nuestra música está en digital y tenemos unas coplillas para lo de los cassettes que hacemos en los conciertos. Nuestra música está en la nube disponible para descargarse. Si tú compras el cassette, hay una contraseña, te metes en el QR o con el NFC y ya te puedes descargar las canciones. Pero te llevas un 2X1. Porque el cassette que te toque, te tocó. Puede haber una grabación de Los Chunguitos, de Elvis Presley, de Lola Flores, de los chistes de Arévalo… Ese cassette nos lo dieron el otro día que madre mía, que lo estuve escuchando y digo, «guau, cierra la ventana que no escuchen los vecinos que esto es jurídicamente incorrecto».
David: Pensamos en grabarlos y se pueden grabar. Pero creo que la gracia máxima es que la gente sabe que se está llevando un casete que no sabe qué tiene. Habrá quien vaya a buscarse el aparato para ponerlo y para echarse una risa o para decir, «Hostia, lo que me ha tocado». De hecho molaría hacer una quedada para escuchar los cassettes.
¿Y de dónde los habéis sacado?
Ariana: El año pasado hicimos un concierto por estas fechas y pedimos a la gente que nos los trajera. Algunos da pena cambiarlos y darlos al mundo porque son joyas. Entonces, algunos los teníamos por ahí por casa, otros nos los han ido dejando amigas y amigos… Y también mola del cassette, que se puede volver a regrabar porque también tú te puedes crear tu propia historia, ¿no?
Me parece que enlaza con este tema de la apropiación que hizo el régimen, la dictadura franquista con el folclore. Y luego, por otro lado, toda la colonización que ha habido de la música, con todo lo yanqui, ¿sabes? Y todo lo británico, que mola, que nos encanta también, pero a ver, ubiquémonos. Si te ha tocado uno de Elvis Presley que era un tipo para echarle de comer aparte, tú puedes regrabar encima lo que quieras… Si tienes doble pletina, claro.
Y luego también, generar objetos por generar, con la cantidad de cacharros que hay en el mundo, queríamos darle una segunda vida a esos objetos que en verdad iban a acabar en la basura tarde o temprano.
David: Es que encima los cedés todavía no se tiran. Los VHS, bueno, hay quien los guarda, pero es que tiran los cassettes. Me parece maravilloso estar dándole otra vida y otro uso a un cassette.
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Pasamos al apartado de las colaboraciones, ¿no? Yo tengo mucho cariño a Bewis de la Rosa. Le hicimos su primera portada. ¿Cómo surgen? No parece que les pidáis la pista de audio y ya.
David: En realidad, lo componemos y pensamos si la colaboración tiene sentido por la temática y lo que hemos hecho, ¿no? Y al final creo que han encajado perfectamente. Nacho (Nacho García) es muy intenso, es oscuro, es muy directo… pues es que encajaba perfectamente con «Ruina y cobre». Y Bea, Bewis de la Rosa, con cualquier cosa combina y le encanta este delirio, ¿no? También encajaba perfectamente. Luego Luigi (Luis Guillermo Díaz) y Eva (Eva Anaí) sí que vienen mucho de trabajar el folclore, son focloristas, él especializado en folklor latinoamericano. Tiene sentido cómo lo hacemos, cuando se lo proponemos sabemos que les va a apetecer, se lo van a pasar bien.
«¿Verá la estética o la crítica que estamos haciendo?»
Últimamente pienso mucho en una cita de Makinavaja, La frase es algo así como «En un mundo podrido y sin ética a las personas sensibles solo nos queda la estética».
Ariana: Pues no sé quién es ese, pero mira, ¡pelillo! Va con vosotros 100%. Total.
Es Makinavaja, el último choriso, el último poeta… Era el protagonista de unas tiras, de unas historietas, se hizo una serie para la tele… Pura filosofía de vida, vaya.
Ariana: Es que el tema estética y ética es un temazo. No sé quién es Makinavaja, pero antes me salía en Instagram una mujer que la verdad, que no sé quién era. Era un icono de los 90, una chica de una serie americana que era canguro y muy exagerada con la estética…
La Nanny… La niñera…
Ariana: Sí, esa. Hablaba que las mujeres tenían que apropiarse también de esta estética hiper femenina y a veces exagerada: «Oye, es que yo no me tengo que camuflar y dejar de mostrarme como mujer, porque tengo que ser superseria. Puedo ser superseria y venir aquí con el estampado de leopardo». Ahora es el clean look, todo aséptico. Estás contando cosas también con cómo vistes. A Jorge, a nuestro percusionista, le da todo igual.
David: La verdad que es una frase para darle para darle varias vueltas, sí, me ha gustado mucho. Ay, a mí me gustaría que tocáramos en en Rusia y en Japón y que la gente dijera, «No sé si he entendido algo, pero he entendido algo». Seguro que se quedan con algo, seguro que entienden el sarcasmo por el juego estético, ¿no?
Ariana: Y aquí también lo pienso. En el concierto estamos haciendo las canciones dentro del personaje y dices: «Buah, estamos diciendo un montón de cosas, ¿la gente estará con todo esto que estamos diciendo o verá el personaje?». «¿Verá la estética o la crítica que estamos haciendo?».
David: Me hace gracia darle una dimensión más universal y pensar, «¿Nos entenderán en Rusia o en Japón?». Me encantaría verlo. Es que una vez estuve en Rusia con un festival y todo eran cosas en español y se lo pasaron muy bien. También íbamos con un clown, era más performático, de circo. Me encantaría ir con Altillo y ver cómo reaccionan.




