EL OLIVER DE POLANSKY


Texto de Anna Savelli

En su día Dickens escribió: “Entre los varios edificios públicos de cierta ciudad (…) existe uno muy común (…): el Hospicio. En él nació (…) el ser mortal cuyo nombre va antepuesto al título de este capítulo”. Hoy Polanski señala: “convertir un libro en película es porque me gusta el libro, no porque desee modificarlo”… Y así es.

Un niño tiene su suerte decidida por pedir una ración más de comida en un orfanato. Este acontecimiento lo sumerge en el mundo del hampa a las órdenes del malevo personaje de Fagin. Así nacían los 52 capítulos de Oliver Twist, publicados por entregas entre los años 1837 y 1839, mediante los que Charles Dickens mantuvo la atención de cientos de lectores. Ahora, de la mano de Polanski, el pequeño deja atrás elementos de folleto como las relaciones de parentesco con ricos o la intriga de su nacimiento para centrarse en toda su humanidad.

Es la primera “película familiar” del cineasta polaco que no prescinde de su oscuro universo cinematográfico, plagado de crueldad, objetiva y lírica. El presupuesto ha sido de 60 millones de dólares, su más cara y ambiciosa producción hasta la fecha, que ha dedicado a sus hijos, Morgana y Elvis, quienes actúan en el film. Para Polanski “los niños siempre se han criado y han crecido con historias góticas y cuentos de miedo, como los de los hermanos Grimm y Andersen, y siempre les han fascinado”. Junto a la oscuridad “la ironía, el sarcasmo y el humor inglés afloran en todos los rincones de la historia, es algo que encanta a los adultos, pero en su grado de comprensión, también fascina a los niños”.

Tomando el relevo de El pianista, vuelve a trasladar a la pantalla una suerte de exorcismo de su maltrata-da infancia. Es la historia de un niño de diez años, la misma edad que tenía él cuando tuvo que recorrer desde Cracovia a Polonia durante la ocupación nazi. Para el director “durante una guerra o una orfan-dad, los niños carecen de comida, calzado y vestido. Pero lo más insufrible de todo para ellos, casi insuperable, es la ausencia de los padres. El aislamiento, abandono y soledad son estados con los que me puedo relacionar perfectamente”.

El eje de la narración es cómo Oliver logra salvarse de la corrupción, la explotación y la muerte. El final, ciertamente es conocido porque es un clásico de la literatura decimonónica, pero reservémonos el placer de conocer a través del ojo de Polanski quién es Oliver Twist en el siglo XXI.

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