Vega: «Mirlo blanco»


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Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografía (c) cortesía Promos sin fronteras

Un mirlo blanco es: «Aquella persona o cosa poco común, que destaca entre las demás por una o varias cualidades excepcionales, generalmente positivas». Ese es el nombre del nuevo trabajo de Vega, y no podía cuadrar mejor. No vamos a explicar más porque lo hace ella misma de una forma muy clara. Vega ha vuelto, con muchas ganas de vivir y de ser, de ser ella, con la convicción de que puede, esta vez de verdad. ¿Lo mejor? Que nos gusta, mucho…

«Es el disco con el que más me ha resbalado todo».

Mujeres a las que todo el mundo considera seguras y fuertes gustan mucho hasta que abren la boca para protestar. Y lo sorprendida que parece la gente cuando esas mismas mujeres dicen: «Que no puedo más, que sufro, que tengo problemas, y que estoy jodida de verdad»…

Hablamos del momento de reconocer que eres una mujer fuerte… Tienes que llegar a eso, porque te ponen muy fácil que pienses todo lo contrario. En esta industria… no sabría como explicarlo. Intentas abrirte paso como cualquier otro, hasta que te das cuenta de que no te valen las formas de cualquier otro, porque tu trabajo no se mide como al de un igual. Eso lo tengo asumido.

Cuando por fin decides hacer las cosas a tu manera, cuando te dices: «voy a ser franca y honesta, voy a hacer las cosas como creo que hay que hacerlas, independientemente de dónde me lleven, buscando cumplir las expectativas personales, quién quiero ser y cómo quiero ser», te das cuenta de que eres incómoda y cuando eres incómoda, hay puertas que se cierran.

Este disco es crudo, muy honesto, muy empático, porque creo que cualquiera puede sentirse identificado con muchas canciones, porque aborda también muchas temáticas. Es el disco con el que más me ha resbalado todo. Encuentras temas que abordan asuntos más sociales, que se politizan. Al final, todo lo que es social está politizado. Hay muchas menos canciones de amor romántico, de desamor. Ayer me di cuenta de que, ostras, tiene solo dos. Con todo lo demás me he despachado muy a gusto. Me he quedado como dios, básicamente.

Y al mismo tiempo, siento mucho orgullo con “Mirlo blanco”, porque es como, oye que por primera vez no tengo que esconderme o hacer una media verdad. Como que venía de estar acostumbrada a contar mis verdades siendo muy políticamente correcta.

«La reina Pez», por ejemplo, no da un mensaje muy diferente al que pueda dar «Mirlo blanco», solo que la Reina quería ser un poco más comedida. Soy una artista totalmente independiente, porque es verdad que hay gente que ha firmado con sellos independientes, pero en mi caso soy monosello y lo hago todo. Ser independiente al cien por ciente y ser mujer en esta industria, significa nadar a contracorriente muchas veces. Y eso era la «La reina Pez».

Ahora, sin embargo… La canción “Mirlo blanco”, es una descripción de mi vida como profesional, pero que no deja de ser la vida de muchas personas, y como ya me resbalaba todo, pues ya empecé a sacar frases como la que aparecen en el resumen del disco: “La industria me saco las plumas a tiras”, porque es real.

Esa frase es demoledora…

Me preocupaba mucho. Me gusta cuidar las letras y que por supuesto acompañen a grandes melodías, pero de esa forma poética, de esos símiles poéticos… solo que esta vez están más crudos que nunca.

Pero es que es verdad, después de 20 años de carrera, miro hacia atrás y, siendo honesta… Pues justo ese es el problema, que no se puede ser honesta, que si lo eres te lo pueden atribuir a «No, es que está resentida», «No consigue la atención», «No tiene todo el éxito que le gustaría». Y te aseguro que no puede estar más lejos de esa intención. Pero, es que esa mierda es real y ser mujer en la industria discográfica lo es también. Y si vas sola, ya ni te cuento.

«Si algo he construido en 20 años es una identidad propia, que va acompañada de una forma de ser, una forma de cantar, un timbre de voz, una forma de escribir muy determinada y de melodías».

Hablabas de la honestidad y justo eso es lo que puede conseguir que con «Mirlo blanco», la gente se sienta menos sola, menos rara, que tenga menos miedo y que encuentre en el disco ese sitio de comprensión en el que refugiarse. Pero, sobre todo, de ese optimismo.

A veces parece que el optimismo solo está en una canción bailonga, y esto lo digo con todo el cariño. Pero tengo muy claro quién soy como artista, lo que sé hacer y lo que no sé hacer. Por eso tampoco me he empeñado en responder a las expectativas del mercado o de las modas. Si algo he construido en 20 años es una identidad propia, que va acompañada de una forma de ser, una forma de cantar, un timbre de voz, una forma de escribir muy determinada y de melodías.

Y es precisamente, lo que pasa en «Mirlo blanco», he tenido el tiempo de escucharlo con distancia. Porque con los discos antes de la pandemia, todo iba muy rápido. Acababas una gira, te metías a hacer otro disco y no te daba tiempo a digerir del todo los temas. Y cuando le coges cariño, que a mí me pasó con «La reina Pez», hubo una gira que tuve que cancelar.

Esto me hizo pensar: «Pues si está pasando todo esto en el mundo, tengo tiempo de hacer las cosas, de reflexionar». Y me ha dado tiempo a escuchar el disco con distancia. No entro en que pueda gustar o no gustar… te iba a decir a la crítica, pero la crítica me da igual… A la gente en general que quiera escucharlo o evaluarlo, pues eso, por supuesto, lo dejo en manos del público.

Es verdad que es tremendamente empático, se consigue hacer ese ejercicio. Olvídate de que lo está cantando una artista que es conocida, que es un personaje público… Lo que estoy diciendo le pasa a cualquiera.

En mayor o menor medida, cada caso es un mundo. Pero no hablo de cosas que sean tan despiadadas que no hayamos podido pensar cualquiera. Y para mí, ese optimismo de la música se basa en encontrar ese «algo» que te reconforte.

Cantar una canción a pulmón, por ejemplo, y quedarte más a gusto que un arbusto. Ese tipo de optimismo es el que me evade, el que me gusta y en el que puedo aportar algo musicalmente, al global de la música de este país. Y con un poquito de suerte y con el cariño que me tienen en Latinoamérica también, pues creo que la gente va a encontrar eso, un disco crudo, pero con el que van a decir: «¡Vaya!. Es como poner un altavoz a esos pensamientos que a veces no nos atrevemos a decir en alto». No importa sobre qué, porque como te decía, el disco aborda muchas y muy variadas.

«Si fuese mi último disco estaría muy feliz, te lo digo de corazón»

Los chicos de Vetusta Morla me dijeron en una entrevista que, las canciones las haces y una vez que se las entregas al público, las hace suyas. Y tengo la sensación de que eso se está perdiendo. Por eso, si llega un disco como Mirlo blanco que va en esa dirección, en la de hablar muy clarito, justo eso, puede ser el secreto de su éxito.

Yo espero que lo tenga, pero intento abstraerme de toda la parte comercial. Yo lo escucho y siento orgullo. Es más, si fuese mi último disco estaría muy feliz, te lo digo de corazón.

Es verdad, que no sé si se corresponde también con la edad, que ya tengo 42 tacos. Hablaba con mi marido y le decía que la gente iba a pensar que no lo quería nada porque en el disco, la canción de amor no tiene nada que ver con él. Y él me decía, en esas conversaciones que se tienen en familia, que no, que es que estaba siendo yo. Las situaciones cotidianas, cómo hablas con tu familia, con tu pareja, las temáticas que pueden crear mucho amor o mucho desamor, están vertidas en el disco. Inevitablemente son sociales, porque nos tocan a todos.

Me ha encantado la definición que has hecho al principio de la mujer. Hay una canción en Mirlo blanco, que he decidido cantar con otras dos artistas, Fran Valenzuela y con La Marisoul, porque estaba un poco harta ya de duos y que siempre, además, tuviesen que ser de chico-chica… Y dije, un trío de tías.

Y me pareció algo muy divertido, aunque asociar la palabra divertido conmigo…, es más fácil hacerlo hablando conmigo que musicalmente. Y justo, «Ladra» es muy osada, es descarada, y no deja de ser una canción que habla de esas mujeres que deben estar calladas pero que ladran aún a riesgo de que las llamen «bipolares», dicho mal y fuera de contexto. Que nosotras cuando ladramos somos lo peor de lo peor, y cuando un tío habla con seguridad y es tajante, es un líder. Así que le dije a mis amigas: ¿Os cantáis esto conmigo? que necesito arrope de artistas féminas, que quieran decir: «Mira se acabó, que no cuela».

Es una canción además que habla de que no se trata de hembrismo, que hay que diferenciarlo de feminismo. Que «Ladra» está invitando a que todo el mundo ladre, que se unan al club de poder decir lo que quieras cuando quieras, sin que sea óbice para que te prejuzguen, que si tienes resentimiento o no lo tienes… Que al final es todo lo que nos sacan cada vez que abrimos la boca. «Esta canta ahora porque está jodida y quiere venganza». Por eso, yo he hecho una canción, descojonándome de todo eso, con perdón. Llámame lo que quieras porque yo voy a seguir ladrando como una loca.

«¡Me van a tildar o de visionaria o de oportunista! Y es que ni una cosa ni la otra, porque el disco está grabado desde hace un año…»

Todo el mundo ahora tiene esa buena intención de visibilizar el tema de la salud mental. Tú lo has hecho con “Bipolar”, lo explicaste perfectamente en tus redes sociales, pero… A mí me da un poco de miedo que esto sea una moda y que se acabe banalizando y volvamos de nuevo al punto de partida.

¡Claaaro! Ayer, sin ir más lejos, en otra entrevista que tenía hablaba de esto. Rehuyo las modas hasta el punto de que, podría hacer disco en función de lo que se mueve en la industria, el streaming, lo digital y, sin embargo, sigo apostando por el formato físico, grabando un disco en analógico en directo, que tiene su punto, su grano, esa parte de verdad que no te va a dar otra forma de grabar.

Entonces, con todas esas cosas, le decía, «yo no sé los demás, pero yo tengo un problema. Los singles los hemos tirado un poco al cielo, casi, casi, y el orden en el que han ido saliendo ha sido un poco al azar». Pero… saqué «Un golpe» en octubre y aparece otra variante nueva del virus, saco «Bipolar» y resulta que ahora el problema de la salud mental está de moda, menos mal que no he sacado como tercero «Aire», que habla de la temática de los niños, que viene al pelo con el tema de las vacunas infantiles y que sale, ahora en diciembre, «Mirlo blanco». ¡Me van a tildar o de visionaria o de oportunista! Y es que ni una cosa ni la otra, porque el disco está grabado desde hace un año…

No es nada premonitorio, pero es un disco que habla de cosas tan cotidianas, que nos pasan a todos, que hay una canción para cada momento.

En cuanto al tema de la salud mental y de que esté de moda, tengo el mismo miedo que tú. Porque esto no es una moda, la pandemia ha sido el detonante. Que no es que diga la gente: «Venga, ahora vamos a hablar todos de salud mental». Es que estamos tan tocados que no podemos hablar de otra cosa.

«La salud mental es algo que tenemos todos y la podemos tener mejor o peor. Hay momentos buenos y momentos malos».

Justo, pero es que ya estábamos tocados de antes…

¡Pues claro que estábamos tocados de antes! Pero había ese pudor, esa estigmatización. El dolor físico está perfectamente asumido. Nos rompemos un brazo, vamos al traumatólogo, nos lo escayolan y, como la gente lo ve escayolado, es perfectamente normal que la lleves.

En este país no entendemos que hay una cosa, que va más allá, que la gente habla de trastornos mentales y hay que saber muy bien utilizar el lenguaje y el vocabulario. Cuando yo hablo de salud mental, lo hago de una cosa y cuando hablo de trastorno mental, lo hago de otra. Para mí son dos mundos que están ligados pero que, obviamente, médicamente, químicamente son cosas distintas.

La salud mental es algo que tenemos todos y la podemos tener mejor o peor. Hay momentos buenos y momentos malos. La salud mental está asociada a un dolor psíquico y como no se ve o solo se ve cuando uno explota, revienta, llora o tiene un ataque de euforia, es mucho menos evidente a nivel social.

Como además el arreglo tampoco es visible, no llevas la escayola por fuera, hay muchos tabúes, no solo de la sociedad, sino de uno mismo. «¿Cómo voy a tomar tres pastillas al día si soy súper joven?». Porque claro, en todo esto de la salud mental, hay cosas que se arreglan con pastillas y otras con terapia. Cada caso es un mundo y a cada cual lo que necesite. Pero, me parece terrible que alguien que necesite terapia, le de vergüenza decirlo.

Y es que vivimos en el mundo de las apariencias, empezando por las redes sociales. Tenemos que estar felices, tenemos que ser guapos, etcétera. Y, qué quieres que te diga, yo ya he llegado a un punto en el que todas esas exigencias… A ver carajo, que tengo 42 años y no tengo ganas de todo eso, que paso pilas de tener que teñirme todos los días. Porque por mí no es, yo me veo bien con mis canas.

Pero claro, digo siempre en broma que parezco una vieja pelleja en comparación con todas las cantantes de diecinueve años, jóvenes, guapas y lozanas que hay. Y es que yo también fui una vez joven, guapa y lozana y ahora, tengo otro tipo de belleza, que es de la que hablo también en «Bipolar». Puse ese título por colocar el acento en algo que me parece importante, pero que si se lo quitas, habla de otras muchas cosas y me preocupé mucho de que fuese lo suficientemente abierta, para que se pudiese identificar mucha gente.

Esa parte se toca también en el principio de la canción que dice: “Yo que una vez fui bonita, sufrí el espejo”. Ese problema pasa ahora con las chicas de diecinueve años, que se miran y necesitan ponerse el filtro de Instagram. Y eso es un drama, porque les lleva al punto de pedirle a un cirujano que les cambie. Ellos y ellas, que también hay chicos a los que les pasa, aunque sea algo que les afecte más a ellas. Es un problema de la juventud en general.

Vivimos con unos cánones y unos estándares a cumplir que son tan jodidos que nos destrozan mentalmente. Solo puede existir la perfección y encima marcada por otros.

«Para mí es un drama no poder coger un par de kilos y verme más fuerte, más saludable».

Es cierto, cuando tu te sientes bien contigo, aparece alguien que te dice que tienes algún kilo de más, que si tienes ojeras…

Sí, sí, fíjate, a mí me pasa al contrario, siempre he sido una chica delgada y ahora voy a una entrevista y me dicen: «¡Qué haces para parecer una niñata!», Y me lo dicen con cariño, pero he tenido que decir varias veces: Esto no es bonito».

Para mí es un drama no poder coger un par de kilos y verme más fuerte, más saludable. La delgadez extrema, que en mi caso es por cuestiones médicas, porque yo como como una lima, me da mucho reparo. Si te das cuenta, en mi Instagram subo fotos de cara y muy pocas, porque sí, quiero mostrar la realidad, pero tampoco me tengo que recrear (risas) y rehuyo mucho de esos posados de cuerpo entero, porque estoy tan canija que a mí misma me doy un poquito de noxo, como dicen en Galicia.

Y me da tanto apuro que la gente me escriba y me diga: «¡Qué guapa estás!». No, tengo la belleza que me corresponde con 42 años, mis arrugas y mis canas. Pero lo más bello que tengo es la seguridad.

Peeeero, peeeero, no te quedes en lo físico. Obviamente no voy a subir una foto recién levantada con el moño torcido y la cara lavada con la crema. Que lo he hecho alguna vez, en plan: «Ojo, que esto es lo que hay detrás de la capa de maquillaje». Que te lo tienes que poner, pues claro, porque forma parte del trabajo y es lícito querer estar bien.

En ese afán de perfeccionismo, pues se van poniendo clavos. Y después de la pandemia, yo creo que la gente se ha dado cuenta de que estaba tocada y los que no lo estaban, han acabado por estarlo un poco. No por la pandemia en sí, que ya es un shock, sino porque de repente se han tenido que soportar con su pareja y han tenido que tirarse seis meses viéndose las caras y acabando en divorcio. Y, ahora, tienen un problema de salud mental, de depresión, de ansiedad…

No todo tiene que ser un caso clínico, simplemente ahora se les ha manifestado hasta el punto de reconocérselo. Esto sí que hace que haya más gente que quiera decirlo públicamente.

¿Es una moda? Pues, si lo es, espero que sea para quedarse, no pasajera.

Cuando saqué «Bipolar» tenía ese miedo. Porque al final, vivimos en el país que vivimos, hay medios de todo tipo, algunos son más amarillistas… Y sabía que corría el riesgo al querer respaldar mi canción, diciendo: “Puedo hablar de esto porque, desgraciadamente lo sufro. Puedo hablar de salud mental porque no he gozado de una salud mental increíble y maravillosa durante toda mi vida, con etapas de arriba y abajo, como mucha gente, Y, en mi caso concreto, tiene este nombre”.

Sabía que se iba a poner el foco en el punto equivocado, a veces. Porque el foco no soy yo. El foco es que esto pasa. Por eso, en muchas entrevistas he dicho que prefiero hablar de la canción, de la parte empática que puede tener para tantísima gente. Olvídate de cuál es mi caso y de que soy Vega contándolo.

Porque he tenido que ver en muchos sitios: «Vega confiesa que…». ¿Cómo que confiesa? Esto no es un pecado, que si estamos hablando de salud mental y empezamos por la palabra confesar, le estás dando un matiz de que es algo malo. Uno confiesa pecados.

Una cosa es que te sinceres con tu público, que les haga sentir que estas cosas nos pueden pasar a todos, que unas veces estamos mejor y otras veces estamos peor. Otra cosa es poner el foco del amarillismo en mi personaje.

Todo lo que quería decir lo he dicho en esta canción y estoy muy contenta. Es más, es una de mis canciones favoritas del disco. Lo demás, el resto de lo que hablo, la infancia, la sostenibilidad, pues nada… no vale. Siempre hay alguien que dice: «Bueno, y después de decir esto, ¿qué vamos a hacer?». No, no, mira, que yo ya he hecho todo lo que tenía que hacer, que yo ya he puesto las cosas sobre la mesa.

Hay que pensar en global y actuar en local, eso llevado al término de la persona. Yo te planteo el tema en global y ahora piénsalo tú en individual para ver qué puedes hacer tú con todo esto. Si en este país tenemos que solucionar las cosa llevándolo a lo colectivo, no vamos a solucionar nada nunca, jamás.

«Si algún disco tenía que salir en cinta era este, lo tenía clarísimo».

Y después de haber hablado del contenido, vamos al continente. El disco estará disponible en: vinilo, CD digipack y… ¡EN CASSETTE! Que con esto a mí me ha dado la vida. ¿Puede haber algo más bonito que volver a una cinta? Y si esto no fuese suficiente, la estética, la imagen, videoclips, la forma en la que ha sido grabado el disco también ha sido muy especial. ¡Es todo redondo!

He tenido mucho tiempo… (risas). La primera vez que saqué una cinta fue con el disco italiano, con «Non ho l’età». Todo lo que hago es muriendo de coherencia y con las botas puestas o no lo hago. «La reina Pez», por ejemplo, no salió en cinta. «Diario de una noche en Madrid» era un directo y tampoco, porque tendrían que ser como cinco vinilos y a ver quién asume eso…

Pero el de versiones de clásicos italianos, que me di el gusto de hacer, lo saqué en cinta porque quería que la gente escuchase esas canciones que habían sido de los 50 y los 60 en el formato original, que era el vinilo o la cinta. Me parecía de una coherencia grande, más allá de lo bello o lo nostálgico, que yo también soy una enamorada de la cinta.

Y en este, que está grabado en analógico, en cinta, que obviamente no son iguales que las cintas de reproducción que tenemos, pero que el sistema es igual. Es grabar en una cinta magnética las pistas que hay, y está grabado en directo. Si algún disco tenía que salir en cinta era este, lo tenía clarísimo.

De hecho, para la caja collectors, que ya no me quedan, porque como siempre me tildan de precavida o poco ambiciosa, me hago ediciones limitadas, tan, tan limitadas, que en un día se las llevan.

«La gente que lo fabricaba me decía: “¿Pero un libreto de doce páginas en un vinilo?”. Y yo decía, que sí, que sí… Que tengo muchas cosas que contarle a la gente…»

Luego te criticarán por quedarse sin ellas…

Ya, ya, pero es que de verdad, como artista independiente hacer la inversión de semejante caja… Me hizo mucha gracia el otro día, creo que fue en Twitter, alguien que decía: «La collector box de Vega, esa delgada línea entre una caja premium y una cesta de Navidad». Y es que, aunque iba con mala leche, la verdad es que me hizo gracia porque sí, visto desde fuera, parecía un poco eso, una cesta de Navidad muy guapa.

Pero a lo que iba, que entre los formatos, los diseños, que está hecha a mano, que las cosas que hay están acorde con mis valores en relación a la sostenibilidad, la inclusión, el producto local, y todo lo demás… Era una caja que estaba hecha artesanalmente, una a una, con tu portavinilos para los discos o como bolso, lo que tú quieras. Todo es reutilizable en la caja y venía a recrear el momento de la grabación del disco y desde todos los sentidos: el auditivo, con su gusto, el sabor a café… Porque yo canto bebiendo café, algo súper contraproducente, pero me encanta. Canto a oscuras y con una vela encendida, y esa es la misma vela que se incluye en la caja, con ese aroma, el olfato…

Todo en esa caja estaba alrededor del discurso que quería que tuviese, con una carta manuscrita, con un sobre de franqueo pagado para que me escriban, porque no hay cosa que me guste más que alguien que escriba a mano, etc… Vamos, rozando la cesta de Navidad.

Pero es que los diseños que no están dentro de esa caja, el vinilo van troquelados y tienen una razón de ser, porque si les pones unas líneas de pentagrama, esos puntos corresponden a las notas de la melodía de «Mirlo blanco».

La gente que lo vea creo que se va a dar cuenta de todo lo que se ha volcado, no solo a nivel de inversión, que cada vez es más difícil, sobre todo después de la gira que tuve que cancelar, sino que está hecho con mucho amor.

La gente que lo fabricaba me decía: “¿Pero un libreto de doce páginas en un vinilo?”. Y yo decía, que sí, que sí… Que tengo muchas cosas que contarle a la gente y quiero poner en valor el formato físico y para poder hacerlo, quiero que sepan todas esas cosas que se pueden contar en una canción y que forman parte de ella.

Y lo pongo al final para que el que lo quiera leer que lo lea y el que no, que las hagas suyas y las interprete como quiera, lo que me contabas que te decía Vetusta… sacar las canciones y que luego, que signifiquen lo que quiere cada uno. Pero si alguien tiene la curiosidad, pues se lo cuento también. El lugar donde está escrita cada canción, la fecha en la que está escrita, porque algunas comienzan y terminan en la misma fecha y otras se alargan hasta tres años porque necesitan otro recorrido…

La gente que ha participado, los técnicos. Con esto de la pandemia, también parece que hubo una moda en la que se hablaba de que la música nos había acompañado a todos en un momento tan difícil y se habló mucho de «esa gente que va vestida de negro»… Pero eso ya quedó ahí atrás, y yo quería en todos los formatos, menos en la cinta, poner a la gente que había trabajado en el disco pero con foto. Desde el técnico a la oficina de comunicación, la chica que se encarga de los e-mails, de la página web… A mi equipo entero, porque a veces pones los créditos y se queda ahí, pero quise poner la foto para que se viese que todas esas familias viven de la cultura y comen trabajando en discos.

Por eso los discos valen lo que valen. En mi caso lo que saco en un disco lo invierto en otro, no me voy a morir millonaria de la música, lo tengo claro.

Y luego por otra serie de cosas. El otro día me hablaban de la huella medioambiental que dejaban los conciertos y me ponían de ejemplo a Coldplay y claro, le tuve que decir, a ver… Que estás hablando conmigo, que doy conciertos en las salas, que dan trabajo a mucha gente, cuido que los materiales que uso estén certificados y sean sostenibles, etcétera.

Pero esto es una cadena y nos tenemos que poner de acuerdo, porque el artista puede ser muy sostenible, pero también tiene que serlo la distribuidora y el público final al que le llega ese disco. No puedo llevar un generador de geotérmia para dar electricidad a mis conciertos porque no soy ColdPlay y no tengo cuatro trailers y la capacidad económica de ellos para hacer esto… Pero en la medida de mis posibilidades, lo hago y no soy menos sostenible que ColdPlay…

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