Texto y fotografías de Rocío Olmo

Resumir en unas líneas los aspectos más importantes de una ciudad tan especial es, sin duda, complicado. Bangkok es pobreza, caos, fuertes olores, pero también es amabilidad, grandiosidad, ostentación. Una ciudad de contrastes en cada uno de sus rincones. Una ciudad que genera sentimientos ambivalentes, que va del hartazgo a la simpatía, del odio a la atracción.

Es la capital de Tailandia y se encuentra a orillas del Chao Phraya, en pleno corazón de la península de Indochina. Es exótica y caótica. Tentadora para unos y no tanto para otros, y probablemente no exista otra ciudad en el sudeste asiático, que provoque sentimientos tan confrontados. Llamada por sus habitantes, la ‘ciudad de los ángeles’, Bangkok se ha desarrollado con rapidez, pero, a diferencia de otros lugares de Asia, ha sabido preservar su historia y los encantos de su ciudad.

Con una población de seis millones de habitantes, se trata de una ciudad capaz de desquiciar a cualquiera. Y es que echando un simple vistazo a un mapa, da la sensación de que su urbanismo ha quedado a merced de los caprichos del azar. Pero ahí reside parte de su encanto.

Un constante tira y afloja
Realmente no hace falta ir con un croquis planeado; con poner un pie en sus calles y dar dos pasos, te encontrarás con varios lugareños que se ofrezcan para hacerte de guía a cambio de unos cuantos baths, su moneda oficial. Te propondrán un recorrido por los sitios más destacados de Bangkok, dando un paseo en uno de los transportes más característicos de Asia, el tuk-tuk: unas pequeñas motocicletas de tres ruedas que tiran de un carromato en el que caben cuatro pasajeros. Se comprometerán a enseñarte la ciudad y a esperarte para que puedas tomar las respectivas fotografías por un módico precio. Una vez aceptes, considerando que has conseguido el chollazo de tu vida, te darás cuenta de que allí nada se hace de manera altruista. Ese buen hombre que chapurrea inglés, entre templo y templo, llevará a su presa a diferentes establecimientos (agencias, tiendas de ropa a medida…) en los que tiene concertada una comisión. No te obliga a comprar nada, pero sí que aguantes unos veinte minutos dentro. A la primera aceptarás, pero una vez salgas de la tienda en cuestión, tras haber sido acosado por ocho hombres intentando hacerte un traje a medida, verte en el compromiso y no tener más excusas en la cabeza para negarte a comprar, te empezarás a sentir, cuanto menos, incómodo.

Aquí comienzan los primeros atisbos del arte del regateo. Un tira y afloja entre vendedor y cliente. El timo y la ganga se encuentran separados por una línea tan fina que solo los hábiles son capaces de cruzar. Así que hay que andarse con ojo, ya que si no regateas, acabarás pagando el doble.

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Detalles del Palacio Real

Informaciones básicas
La mayoría de la población es budista y son muy fieles a su religión. Por lo que, en los templos tanto los hombros como las piernas deben cubrirse, en señal de respeto. Si no dispones en ese momento de nada que te cubra, podrás alquilar pareos o prendas similares.
Hacerse un masaje es algo ‘obligado’. Los masajes tailandeses son famosos alrededor del mundo y allí tendrás numerosos sitios en los que podrás disfrutar de sus maravillosas manos y reponerte del viaje.

Bangkok es una ciudad mercado, un inmenso puesto ambulante al aire libre donde tan pronto puedes estar comprando flores para los dioses como eligiendo entre la última tecnología para tu casa. Y es que pasear entre sus húmedas y caóticas calles, repletas de mercadillos, es toda una experiencia, única y grata, tanto, que es recomendado llevar una maleta vacía para llenarla de souvenirs. Eso sí, el turista, en este caso también, necesitará de su pericia para regatear los precios.

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Mercado flotante

Kao Shan Road es una de las calles más populares de Bangkok y un ejemplo claro de caos. Allí el alojamiento se adapta a todos los bolsillos, como bien saben la multitud de mochileros que atestan los bares colindantes. Un barrio repleto de tenderetes ambulantes y puestos de comida callejeros, que ofrecen desde insectos fritos, hasta deliciosos nooddles al más puro estilo asiático.

Uno de los mercados más importantes es el de Chatuohak, situado a las afueras de la ciudad; de una extensión inmensa donde podrás encontrar cualquier cosa que se te pase por la cabeza. Pero sin duda, el Mercado flotante es el más espectacular o, por lo menos, curioso. Situado a unos 80 km de la ciudad, es un lugar insólito que nada tiene que ver con la gran urbe. Un pequeño mundo con palafitos rodeados por un canal en el que transitan canoas de madera pilotadas hábilmente por tailandeses. Allí podrás disfrutar de la compra-venta más auténtica en primera persona, tanto, que te harán partícipe de ella. Y es que, a día de hoy se ha convertido en una actividad turística y por tanto, tu ‘taxista-barquero’ parará estratégicamente en los diferentes puestos situados a cada lado del canal. Sin lugar a dudas, la universidad de la calle tiene en Tailandia a sus mejores alumnos y es increíble ver cómo un lugar con tanta historia y una arquitectura tan rica, puede albergar una pobreza tan tristemente asumida.

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Esculturas de budas en el Wat Pho

Ostentosa herencia arquitectónica:
Pero no todo es caos y regateo en esta ciudad. Bangkok cuenta con un legado arquitectónico asombroso en el que se respira una paz inigualable.

Como lugar destacado se encuentra el Palacio Real. Considerado el templo budista más importante de Tailandia que sirvió de residencia oficial del monarca desde el siglo xviii hasta mediados del xx. El complejo, sin escatimar en pan de oro, alberga monumentos como el Chedi dorado; o el asombroso templo Wat Phra Kaew en el que se encuentra el buda de esmeralda, tallado en jade y considerado el más valioso y venerado del país. Sorprenden las innumerables figuras mitológicas que decoran sus rincones, el dorado y los minuciosos detalles de sus pabellones y, sobre todo, la tranquilidad que envuelve el ambiente.

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El buda reclinado

Muy cerca está el Wat Pho, el templo más antiguo y uno de los más grandes de Tailandia el cual alberga al buda reclinado, de 46 metros de largo y 15 metros de alto, ni más, ni menos. Pero si prefieres verlo derecho, en el centro de la ciudad se encuentra el buda gigante: 32 metros de alto decorado con pan de oro.

Al otro lado del río se encuentra el Wat Arun. Por cinco baths, un barco te lleva hasta el templo que posee la torre más alta de la ciudad. 82 metros de altura con 600 escalones que, previo acopio de fuerzas, pueden subirse y disfrutar así de unas vistas privilegiadas.

Recorrer los múltiples mercados que invaden su ciudad, degustar sus especialidades culinarias, visitar sus impresionantes templos, perderse por sus bulliciosas calles y disfrutar del colorido y la simpatía de sus gentes, son algunas de las cosas que perdurarán en la memoria de todo aquel que tenga la suerte de conocer Bangkok.

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