MONSTER HUNTER FREEDOM 2


Me descubro en la difícil tarea de escribir sobre un juego de mi PSP. Tras pensar sobre lo que le puede interesar a un jugón concluyo que no tengo ni idea. Llego a la fase de calma cuando pienso que la mayoría de los que estáis ahí sois como yo -esta revista es gratis y para todo el que la pille- y por tanto, me auto-convenzo de que puedo hacerlo. Los expertos, que me perdonen, siempre podréis comprar una de esas publicaciones cargadas de comentarios con fundamento.

Reyes.- Empiezo a hablar del Monster Hunter Freedom 2, secuela del juego que más ha vendido en Japón en la historia — ¿es cosa mía o hay demasiados títulos de los que se dice lo mismo?- En fin, que quizás ha caído en mis manos algo que de puro importante me supera y me siento como la “Cándida” de los videojuegos.

Unas letras nos avisan de que vamos a ver cosas gore. Le das a continuar -obvio, sino qué haces ¿tiras el cartucho a la basura? Eliges el modo que prefieres y juegas a la “señorita pepis” en la creación de tu personaje: sexo, pelo, cara, ojos. Estas elecciones determinarán las habilidades de tu cazador(a). En una peli te cuentan cómo llegas a la aldea tras ser atacada por un bicho (elegí chica). Alguien te recoge hasta que te despiertas. Sales de la casa y te encuentras con gente que te pega el rollo. Debes hacer caso porque de ello depende que sepas seguir o que te desquicies. Como gesto feminista, la jefa es una anciana. Te dice que visites al entrenador para ejercitarte. En este tiempo descubres que el vil metal es imprescindible y que el fin último del juego no es salvar a la humanidad, sino ganar dinero para comprar cosas que te servirán para matar bichos. Con el entrenador comienzas a jugar: primero en misiones de entrenamiento y después con las de verdad.

Tras una primera impresión similar a la que se produce ante una peli de David Lynch… es decir, sensación de total desamparo, sigue un regusto agradable: poco a poco… que digo, poquísimo a poquísimo, entiendo de que va el tema. Aprendo y es el ego herido el que me engancha. En fin, que dentro de dos o tres años, cuando haya superado la sesión de entrenamientos… os cuento como me ha ido.

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