VOCES DEL DESIERTO


Texto de Lucía Vannucchi

En un panorama cinematográfico generalmente pobre en producciones femeninas, surge de repente el proyecto «Tebraa, retrato de mujeres saharauis», presentado en la última edición del Festival de Cine Europeo de Sevilla. Se trata de un documental en el que 22 mujeres andaluzas (entre realizadoras, montadoras, productoras, diseñadoras gráficas, distribuidoras y compositoras) han formado parte del equipo estable.

Es una película colectiva creada con la intención de dejar constancia de una situación injusta e inaceptable, de iluminar una zona de sombra del mundo y, sobre todo, de dar voz a las mujeres saharauis, aquellas que soportan el exilio y resisten en los territorios ocupados del Sahara occidental o en los campos de refugiados de Argelia: «Todas estábamos de acuerdo con la idea básica que nació desde la Asociación de Amig@s del Pueblo Saharaui: hacer una película sobre mujeres implicando a creadoras de aquí, con el objetivo de expresar la condena a la continua violación de derechos humanos, al retraso desesperante de la Comunidad Internacional frente a una situación tan catastrófica y, a la vez, crear un puente entre mujeres de diferentes culturas», comenta Beatriz Mateos, una de las directoras.

La película es un mosaico de 12 piezas cortas contadas con diferentes estilos y lenguajes. «Las bases para hacer este trabajo, completamente voluntario, ya estaban puestas a priori. Ha primado la voluntad de cada autora de exponer su parte en relación con la de las demás, resultando una suma de recortes de vidas representativas de la variada realidad saharaui… «comenta Eva Morales Soler, otra de las directoras.

Cada relato regalado por las distintas protagonistas es a la vez un acercamiento al drama sufrido por el pueblo saharaui y a lo cotidiano de ellas, a su universo personal, a sus aspiraciones, en un crescendo de tensión emotiva. Con el título se hace referencia precisamente a esta doble lectura: «la Tebraa es el canto solitario de las mujeres del desierto; refleja sus sueños y su vida interior», afirma Dacil Pérez de Guzmán -otra realizadora- con motivo del estreno de la película.

Uno de los momentos más impactantes del documental se encuentra en la parte rodada en los territorios de El Aaiun ocupado, donde las realiza-doras fueron obstaculizadas por el control policial marroquí y terminaron en la cárcel por el simple hecho de haber hablado con saharauis.

«A la hora de rodar tuvimos muchísimas dificultades y nos vimos obligadas a ocultar la cámara, hacer individualmente todo el trabajo de producción, grabación de video y audio. Las mujeres que entrevistamos se expusieron también a un gran riesgo de represalia simplemente por transmitirnos su testimonio anónimo», continúa Dacil.

Desde Canarias, la isla que les ha dado asilo político, Fátima y Mamia Salek nos arrastran directamente al corazón del drama saharaui. En los pocos minutos que dura el fragmento, casi al final de la película, ellas relatan su escalofriante experiencia de 16 años pasados en una cárcel marroquí donde fueron víctimas de torturas y testigos de la muerte de sus padres. Liberadas gracias a la presión internacional, ahora viven en paz pero sin poder olvidar su pasado.

Pese a las objetivas limitaciones técnicas del cortometraje, que, por su naturaleza, no permite profundizar en una temática de por sí tan compleja, los testimonios llegan de forma directa y eficaz, abren una ventana a un mundo ignorado por la mayoría y logran mover la conciencia del espectador.

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