[Brillantes y olvidadas] de Giselfust


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Entrevista de Reyes Muñoz
Imágenes cortesía de Lunwerg Editores

Giselfust y la memoria recuperada de Maruja Mallo.

La ilustradora barcelonesa Giselfust —Gisela Navarro Fuster— lleva años construyendo un universo visual reconocible, atravesado por referencias feministas y una sensibilidad contemporánea que denuncia la fragilidad de la memoria. Ha participado en decenas de proyectos, pero este, que pone el foco en Maruja Mallo —y sus compañeras de generación—, es especial. Ella ha hecho las ilustraciones y ella ha dado voz a una de las artistas fundamentales del siglo XX.

Con más de veinte títulos publicados y colaboraciones con algunas de las principales editoriales españolas, su trayectoria ha estado marcada por una constante: mirar hacia aquello que quedó al margen.

Su último proyecto profundiza precisamente en esa línea. A través de un libro centrado en la figura de Maruja Mallo, Giselfust recupera a una artista fundamental del siglo XX español y pone el foco en una herida histórica: la invisibilización de las mujeres dentro de la llamada Generación del 27.

He leído que tú le propones la historia a la editora de Lunwerg y ella te dice que vale, pero solo si escribes tú los textos. ¿Fuiste con las ilustraciones?

No, yo preparo una especie de dossier. Sobre todo, lo que quería era dibujar la vida de Maruja Mallo, que era lo que a mí me removía. Lunwerg es el sello editorial en España que mejor trata esta fórmula de biografías ilustradas, historias ilustradas con mucha calidad visual y artística. Me interesaba mucho hacerlo con ellos. Fui con el dossier que se prepara cuando tienes una idea más o menos completa y quieres que se haga realidad, con dos o tres ilustraciones, algo muy conceptual. En todo momento pienso que voy a ser la ilustradora y que habrá alguien que escriba la pieza; y en el primer momento tampoco sabía si tenía que ser en forma de diario, en forma de novela…

¿Existen las obras en cuadernos? O en lienzos… ¿Te imaginas una exposición?, porque yo sí.

Sí, claro que me imagino una exposición. De hecho lo hemos hablado muchas veces con Lunwerg y con mucha gente con la que he tenido la oportunidad de hablar a lo largo del año. Yo trabajo en digital, trabajo con iPad. No hay un original pintado; sí que hay bocetos a mano, pero el trabajo final está hecho en iPad. He hecho exposiciones con piezas dibujadas en el iPad y luego impresas con buena calidad en buen papel, yendo a sitios que saben hacer buenas artes finales. Con dibujos hechos a mano, haces la copia de la copia para no tener el original dando vueltas, y es muy imperceptible. Sale una pieza que incluso un ojo no muy habituado, no sabe distinguir si está pintada a mano o es una impresión.

Para mí el iPad es el formato digital más orgánico que hay para dibujar: es una pantalla que actúa como papel y un lápiz que, aunque es digital, tiene una sensibilidad al tacto casi como un lápiz analógico, incluso más. No sé si conoces mucho este mundo, pero yo tengo una protección que convierte la pantalla de cristal en una textura de papel. Cuando dibujo escucho el crepitar. Entonces la experiencia es lo más analógica posible dentro de lo digital. Son muy pocos los artistas que se pueden permitir trabajar solo en analógico y luego necesitan que alguien transforme todo eso en una pieza digital para poder manejarla.

La vergüenza

¿También dibujas lo que sientes? ¿Maruja Mallo es a ti lo que Concha Méndez es a Maruja Mallo?

Podría ser un símil precioso, un símil válido pero con una pequeña diferencia. Para mí Maruja Mallo fue un descubrimiento tardío y un sentimiento de vergüenza, que es lo que me llevó a dibujar y escribir este libro. Soy licenciada en Bellas Artes, acabé la carrera en el año 2000, y no es hasta 2015 cuando descubro a Maruja Mallo.

En mi carrera nadie me la mencionó, ni a ella ni a muchas otras. Y ella es una pintora del siglo XX absolutamente relevante. Cuando te das cuenta de que te dedicas a esto, de que entiendes del tema, y no sabes ni siquiera atribuir una obra suya, sientes vergüenza. Ahí empecé a investigar, movida por esa vergüenza. Me preguntaba: «¿Cómo puede ser que no me haya parado a rescatar a tantas mujeres que han pasado tan desapercibidas? ¿Cómo puede ser que nadie me las hubiera explicado, que nadie me las hubiera mostrado, que nadie me hubiera hablado de la influencia que ellas habían tenido en otros personajes que sí me enseñaron?». Evidentemente, yo conozco muchísimo a Dalí como referente pictórico del siglo XX. Pero a Maruja Mallo no. Es un contrasentido.

Ese sentimiento me llevó a investigar y, después, evidentemente, me enamoré de ella. Me enamoré de su potencia pictórica, de su fuerza creativa y revolucionaria, y del impacto que tuvo en toda la gente que la rodeó durante tantos años y que sí ha llegado hasta nosotros. Entonces pienso: «Bueno, no la conocía a ella, pero descubro que sí conocía su obra a través de otras cosas». Y eso fue lo que me impulsó.

El símil que haces con Concha Méndez me encanta. Porque con este libro quería transmitir que sí había un cordón, un hilo rojo entre las mujeres de aquella época. Ahora lo llamamos sororidad, pero entonces ni siquiera existía la palabra. Sin embargo, ese anclaje entre ellas ha sido fundamental a lo largo de la historia. Porque sin ese anclaje no tenían nada. Durante la juventud, en los grupos mixtos, parece que son todos iguales, que hacen las mismas bromas. Pero cuando las cosas se ponen en su sitio, ellas eran una cosa y ellos otra, y además ellos lo explicitaban. Por eso ellas también tenían que acompañarse entre sí, para estar presentes en el grupo como algo importante.

Esa sororidad, ese hilo rojo, he querido mantenerlo muy vivo en el libro. Y también me sirve ahora, en mi vida. Le doy muchísimo valor a la cadena de mujeres que he tenido y tengo alrededor, y a cómo yo actúo con ellas. Para mí es un leitmotiv muy importante.

La memoria asimétrica

Mira, una anécdota. En el instituto me trajeron desde Palencia a Madrid y primero nos llevaron al Museo del Prado y luego nos llevaron a ARCO. Recuerdo hasta marearme. Me salía el arte por las orejas. Pues había en ARCO un espacio dedicado a Maruja Mallo y me acuerdo. Es decir, que a mí Maruja Mallo me llamó la atención. Y es sorprendente que me fijara yo, que tenía el cerebro de un mosquito y ese día lleno de Goya, Velázquez y el Greco; y no se fijara el mundo entero, ¿sabes?

Totalmente. Y la pregunta sigue siendo la misma: ¿cómo puede ser que no se dieran cuenta entonces? ¿Y cómo puede ser que no nos estemos dando cuenta ahora? A raíz de la investigación para el libro, hablando con mucha gente y revisando planes de estudio de Bellas Artes, me encontré con que todavía no se explica de la misma manera a Maruja Mallo que a Salvador Dalí o que a cualquier otro autor de la Generación del 27. No están en el mismo lugar del relato. Y entonces te preguntas: ¿qué nos falta todavía para reaccionar?

No se trata de dar más importancia a unas figuras que a otras. Se trata de darles la que tienen. Si en la Generación del 27 había un grupo de chicos y chicas eclosionando artísticamente —poetas, escritores, escritoras, pintores, pintoras—, pongámoslos a todos y todas en su sitio, en su contexto y con su valor real. No es añadir, es completar. Es explicar la historia entera.

Presenté el libro en Barcelona justo el día en que se cumplían 30 años de la muerte de Maruja Mallo, el 6 de febrero. Fue una presentación muy bonita, con la editora, la prologuista y mucha gente querida. Entre el público había una profesora de Bellas Artes. Cuando terminó el acto, se acercó y me dijo: «Yo daba una asignatura de artistas mujeres». Y claro, mi respuesta fue: «sí, una asignatura optativa». Tenías que tener la inquietud previa, la mente un poco más abierta o la sospecha de que te estaban contando solo la mitad, para decidir completarlo por tu cuenta. Lo que yo estoy pidiendo es que esto esté en la asignatura obligatoria. No puede ser que en Historia del Arte te expliquen solo una mitad del relato y que, si quieres completarlo, tengas que buscar otra materia aparte. Eso no es justo.

Es verdad que hemos avanzado. Tampoco quiero caer en el catastrofismo. Se ha avanzado muchísimo en visibilidad, en investigación, en reediciones, en exposiciones. Pero no es suficiente. Porque si todavía depende de la optatividad, sigue siendo periférico.

Yo a veces tengo la sensación de que la tortilla da la vuelta y las patatas siguen en el mismo sitio. Que en algunos aspectos estamos mejor que hace cien años, pero en otros diría que hay retrocesos de magma.

Sí, retrocesos sutiles.

Cuando ayer me preguntaste qué me había parecido el libro, te dije que estaba entre soles y truenos. Uno de los truenos fue al leer esto: «No quiero ahora adentrarme en el horror, vamos a mantenernos en la alegría, el color y la España que respiraba progreso». Me dio un calambrazo y sentí mucho miedo. ¿Tú sentiste miedo al escribirlo?

Pues un poco sí. Porque cuando pienso en el momento en que Maruja Mallo empieza a pintar su serie más gris —la que muchos tachan de surrealista cuando se va a París—, me impresiona esa intuición que ella misma explica. No estaban viviendo todavía la amenaza de la guerra, pero sí había síntomas, algo en el día a día que le hacía pensar que la cosa iba mal.

Los académicos que la estudian siempre explican que Maruja Mallo tenía esa capacidad de percibir lo que la sociedad estaba viviendo, que sabía lo que iba a venir. Era un poco premonitoria su obra, ¿no? Cuando su obra era gris, pasaba algo malo, cuando ya era colorista, era de otra manera. Y es verdad que ahora pues estamos viviendo esos mismos momentos.

Hay una amenaza de sectores de ultraderecha que ponen en duda debates que teníamos más que consolidados. Bueno, tan consolidados como que la ciencia los avala, ¿no? Se está permitiendo a la sociedad dudar de la ciencia. Por poner un ejemplo, sin entrar en detalle: hoy, en pleno siglo XXI, en el 2026, hay gente terraplanista y tiene voz en los medios de comunicación. No puede ponerse en duda algo así. Puedes poner otras cosas, pero esto no. La evidencia científica no es algo que puedan poner en duda cuatro iluminados.

Hay otro trueno. Es la única queja que pones en boca de Maruja Mallo. Dice algo así como que ellas hablaban de sus compañeros, pero ellos no las reconocieron nunca. Da mucha pena, por Maruja Mallo y porque caen mitos, sus amigos son nada menos que Lorca o Alberti.

Eso es doloroso porque lo piensas en primera persona. Todos hemos tenido una época de jóvenes, de grupo de amigos. Te sientes muy ligada a ellos incluso cuando ya eres una persona adulta. Aunque ya no tengas ninguna relación, los recuerdas con una intensidad importante. Puedes relatar momentos supermágicos con amigos y amigas, lo explicas a tu entorno actual: «hicimos tal, aquello—», las típicas anécdotas, ¿no? Y es muy fuerte que las chicas que estaban en ese grupo recuerdan aquellas anécdotas y los chicos no, las han borrado.

Y eso es lo que pasó con ellos. La mayoría fueron artistas muy renombrados y con mucha reputación. La mayoría tenían medios de comunicación a su alcance para poder ponerse en valor, y entre ellos sí que se pusieron en valor. O sea, su relación era un valor: Alberti y la relación con Buñuel, Dalí, que tuvo momentos más locos, pues igual obvió algunas cosas, pero bueno, ellos pusieron en valor esos lazos. Pusieron en valor la Generación del 27 y ninguno de ellos, ninguno, hizo nada por recuperarlas a ellas. No las reconocieron como artistas influyentes, pero es que no las reconocieron ni como personas. No las nombraron, las obviaron.

Tú ves las tres o cuatro entrevistas más importantes que le hicieron a Maruja Mallo cuando vuelve del exilio, lees las cartas de Maruja Mallo, que ahora están recogidas en un libro, lees las intervenciones en el exilio que Maruja Mallo hizo en las universidades, y siempre ves que ella se siente una privilegiada porque vivió un momento álgido del país con ellos. Los nombra continuamente. Ella habla mucho de Alberti, aunque nunca dice que Alberti fue su pareja, lo menciona como artista. Al revés, no. Qué injusto. Es verdad que a las puertas del adiós el propio Alberti hace un comunicado reconociendo a Maruja Mallo como artista y como una relación que había sido muy importante y muy impactante en su vida, pero lo hace pocos años antes de morir. Quizás se dieron cuenta y pensaron: «Qué mal me he portado con esto».

Te emocionas.

Yo me he emocionado a cada momento. Ha sido muy emocionante para mí todo el proceso creativo. Me emociona cuando al principio del proceso, con la búsqueda de información pude hablar, sobre todo, con las grandes académicas que saben de Maruja Mallo. Yo pongo mucho en valor a la profesora Zanetta y a la profesora Mangini. O con José Luis Ferriz que es el gran experto en Miguel Hernández y pone en valor la relación del poeta con Maruja Mallo.

Mangini murió en el proceso de mi libro. Estaba enferma y murió, por eso no tuve tanta relación con ella. Pero con la profesora Zanetta, que es otra hispanista que vive en Estados Unidos y es la que ha hecho el único libro que interpreta la obra de Maruja Mallo, todavía hablo muchísimo. El libro se llama La subversión enmascarada. Es sintomático que una hispanista americana sea una de las personas que más sabe en el mundo de Maruja Mallo, de su obra y de ella.

Todo eso me ha emocionado mucho. Ha sido muy emocionante el ejercicio de meterme en la carne de Maruja Mallo e intentar escribir en primera persona. Me ha dado momentos emotivos, emocionantes, buenos y malos, porque también he sentido el dolor que seguramente ella sintió, ¿no? He sentido esa emoción dibujando y escribiendo.

Todas eran necesarias

Me he preguntado, como tú, qué pasó en la Residencia de estudiantes. No sé qué pasó, pero estoy segurísima de que, de haber faltado cualquiera de esas personas, la Generación del 27 no existiría. Fueron lo que fueron por el colectivo de individualidades en el que se fraguó.

Creo que tienes toda la razón. En los equipos humanos hay un principio que dice, «Nadie es imprescindible». Sí, es verdad. Pero si cualquier persona desaparece nada es igual. O sea, sí que todo el mundo es imprescindible. La generación del 27, sin cualquiera de ellos y de ellas, no hubiera sido esa generación. Eran piezas que se completaban. Miramos con admiración a Lorca, el gran maestro, todopoderoso en el sentido creativo de la palabra…. Pues seguramente sin todos aquellos que lo rodeaban, tampoco hubiera tenido esa visión del mundo. Miguel Hernández era una persona con una sensibilidad suprema, pero si ese hombre no hubiera viajado a Madrid y no hubiera dado con ese grupo de gente tan alocada, tan echada para adelante, no hubiera escrito lo que luego escribió. El rayo que no cesa no hubiera existido sin la conexión de ellos, ellas incluidas.

«¡No puede ser, no puede ser que sea solo importante por los hombres que la rodeaban!»

El rayo que no cesa no hubiera existido sin Maruja Mallo, de hecho. Escribes una biografía, pero no es una biografía, sino una autobiografía. Lo haces porque quieres tender ese hilo rojo entre esas mujeres que aparecen ahí. El riesgo es que siendo autobiografía, no puedes echarle flores a Maruja Mallo.

Bueno, yo he intentado echarle flores a ella indirectamente. Para mí, la importante es ella, por eso es la protagonista y es un texto en primera persona. Evidentemente, yo creo que el lector o la lectora tiene que hacer el ejercicio contrario y es ver que los otros si hablaran, dirían maravillas de Maruja Mallo.

Yo sí que tenía mucho miedo de otra cosa y eso sí que me gusta explicarlo. La vida de Maruja Mallo te impacta mucho, por lo buena que era pintando y también por que una persona hiper mega conectada con todos los famosos de la época. Todos los hombres famosísimos tenían alguna conexión con ella. Piensas, «Jolín, si te dicen que para que te vaya bien en la vida lo que debes tener son buenas conexiones, ¿qué pasaba con Maruja Mallo?». Tenía un cierto éxito, quería que se viera que tenía relevancia en su momento, pero para mostrarlo, yo debía explicarla a través de esos contactos y eso me llevaba a poner la relevancia en los hombres.

Se podía entender que ella es importante porque es amiga de Dalí, es importante porque era amiga de Lorca, es importante porque fue pareja de Alberti, es importante porque conocía a Andy Warhol, es importante porque Breton le compra un cuadro… ¡No puede ser, no puede ser que sea solo importante por los hombres que la rodeaban! Por lo tanto, quise ponerlas a ellas en el centro del libro, ¿no? Es decir, es importante por ellas, que también son importantes, ¿no?

En cada capítulo introduces a una de ellas.

Sí, construyo una red en la que Maruja Mallo es el pilar central. Muestro ese hilo rojo. Antes decías que la generación del 27 existe porque eclosionó un grupo de personas brillantes y que seguramente fueron determinantes en la vida creativa y en la vida cultural de España. Pero también, porque vivieron lo mejor y lo peor concentradito, ¿no? Vivieron el auge, los veinte y los treinta eran años de evolución y de desarrollo cultural y social. Y luego viene la guerra y el exilio, que sea una de las cosas peores que le puede pasar en la vida a alguien.

Todo eso, lo bueno y lo malo sobre todo, porque artísticamente es muy potente. Lamentablemente siempre que hay encima de la mesa una gran catástrofe, los artistas hacen piezas brutalmente buenas, y piensas: «¿Vale la pena? ¿Vale la pena que exista el Guernica, por ejemplo?». Ese es un debate que siempre hay encima de la mesa, y yo tengo clarísimo en qué parte estoy.

¿Sabes de lo que me he dado cuenta al leer el libro? Me puedo imaginar a cualquier hombre en un estudio de pintura, pero no tengo un imaginario de mujeres pintando. No me imagino a Maruja Mallo pintando.

Pues ya somos dos. Lo has dicho tú: nuestro imaginario activo se basa en imágenes que hemos visto de los grandes pintores trabajando. Eso es lo que tienes tú en la mente y es lo que tú extrapolas a cualquier proceso creativo. A ellas no las hemos visto porque no hay imágenes. Buscando y buscando puedes encontrar imágenes de Maruja Mallo, no tanto pintando, yo no he visto ninguna, pero sí con sus pinturas en el estudio. Hay una muy famosa que sale Maruja con Concha Méndez, con el cuadro que le compra Bretón. Está guay, porque ves lo grande que es el cuadro y cómo es ella. Ahora tenemos la oportunidad de ir a Madrid a ver la exposición, la gran exposición de Maruja Mallo, ¿no? En el Reina Sofía podemos ver la magnitud de algunos cuadros.

Un pasado que previene

Sabemos lo que se recuerda de hace un siglo. Las fotos eran escasas, no se generaba casi información, se ha silenciado a las mujeres…. Ahora estamos en el lado opuesto, es un bombardeo brutal. Me gustaría saber si por ejemplo, se recordará a Rosalía y Lux o la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl. ¿Qué piensas que se recordará de este tiempo dentro de un siglo?

Qué buena pregunta has hecho, no lo he pensado mucho, la verdad, porque es una cosa que no me atormenta. Procuro no pensar en lo futurible, que no me preocupe porque si no, entro en una dimensión que no sé parar. Pero tienes razón, la vida es tan sumamente rápida… Estas teorías comparativas dicen que antes en cien años pasaban las mismas cosas que ahora en medio año. Estamos hiperconectados, todo el mundo tiene la información de todo el mundo en segundos… Tienes tantísima información que dices, «Cómo va a ser el tamiz. Cómo va a acabar todo esto en el futuro».

Maruja dice una frase que me encanta y yo la he incorporado al libro, no la recuerdo literalmente, pero dice que el tiempo pone las cosas en su sitio. Pasan a la posteridad aquellos que el tiempo decide poner. Me parece interesante por lo injusta, porque a ella el tiempo no la puso en su sitio. La reivindican, o la reivindicamos con iniciativas muy pequeñas.

En realidad, igual sí que estamos viviendo una explosión de reivindicación de Maruja Mallo. Hablabas antes de la gran exposición del Reina Sofía. Solo por esa fachada con los cartelones, merece la pena todo el trabajo de márgenes que habéis hecho.

Me flipa también la fachada del Reina Sofía. Es una maravilla. Y la exposición es una maravilla. A todos los que nos lean, les pido que por favor vayan a ver la exposición. Acaba en marzo, no queda mucho. Yo creo que la ampliarán un poquito más, pero vayan a verla, porque es una oportunidad única en la historia, porque la obra de Maruja Mallo, no está toda en España, hay mucha obra en manos privadas… De hecho, mira, una de las personas que más obras de Maruja Mallo compró y están ahí expuestas, es Almodóvar.

La escuela de Vallecas

Fíjate, cuando cuentas lo de la bicicleta… Maruja Mallo se va a vivir a un pueblo. Un día y entra en la iglesia, en una misa importante, en bicicleta, recorre la iglesia, pues me vino a la cabeza el estreno en Murcia de Pepi, Luci, Bom… Y no me parece tan alucinante que hiciera eso, como que en su cabeza tiene sentido, sino que decidiera ir a un pueblo a ser maestra de dibujo: después de vivir lo que había vivido en Madrid o París.

Es una fuera de serie, es una persona brillante y las personas brillantes tienen estas controversias. Ella tenía mucho afán por sentirse parte de una élite creativa. Ella vive con la obsesión por irse a París. Lo reconozco como un posado de adolescente. Cuando tú eres adolescente piensas que todo el mundo está equivocado. Ella tenía ese sentimiento cuando llega a Madrid a Bellas Artes: «Este que es un antiguo, ¿que me va a enseñar a mí?».

Yo recuerdo esos sentimientos cuando estudiaba Bellas Artes: «este a mí qué me va a enseñar si ya sé dibujar» o amigos míos que decían, «esto es academicista, yo necesito ser libre». Pasan los años y piensas: «desde la libertad, qué has hecho tú». Ella está en ese mood, ¿no? En su visión del arte, a ella quien le impactaba era Picasso en París y decía, «Yo me tengo que ir allí, los grandes están allí, yo me tengo que ir allí». Y yo creo que su valentía es lo que le hizo desarrollarse como artista, porque otra no se hubiera ido a París sola. Estamos hablando de principios del siglo XX.
Se va a París, allí conoce a un montón de hombres. No sé cuál era el nivel de francés de Maruja Mallo, no sé si hablaba francés perfectamente o lo chapurreaba, pero se fue a París y estuvo con los marchantes más importantes, le compraron, hizo la exposición más importante en la galería Pierre… Cuando ella vuelve a Madrid, tenía ese sentimiento de que en París ya lo había hecho todo.

Vuelve a Madrid. Es una chica de capital, está en la élite, en las tertulias literarias, todo muy bien y en Madrid se acoge a esta corriente de la escuela de Vallecas que quiere recuperar el mundo rural: lo verdadero, la tierra, las manos, el trabajo con las manos. Otro trueno, que decías tú antes, otro paralelismo. Yo creo que esto lo hemos vivido tras la pandemia, que también hubo esa corriente de auge de lo rural, de familias que deciden irse a vivir a los pueblos…

Y eso fue lo que llevó a Maruja Mallo a Cercedilla. Es cuando conoce a Miguel Hernández, que Maruja Mallo no se enamora de él, se lía con él. Él es el que se enamora de Maruja Mallo. Esto de Cercedilla y los viajes que hace con María Zambrano, dar clases y tal… le sirven a ella para crear la que yo creo que es su colección más importante o más impactante: la de la oda al trabajo, ¿no? «El canto de las espigas», «Pescadoras»… Es una conexión con la clase trabajadora, porque ella no es clase trabajadora, ella es clase burguesa. Ella proviene de la burguesía, de una familia con dinero, con dinero para viajar… La generación del 27 era gente rica, no era gente pobre. Ella se vincula con la clase trabajadora a través de ese movimiento.

A mí esto me parece que le da un plus de valentía de esas mujeres que, siendo burguesas, pudiendo vivir muy bien como señoras bien, no se aguantan las ganas…. Hubieran tenido una vida mejor o más cómoda y renuncian a ella por ser artistas y además, no reconocidas.

Ahora lo vemos con nuestros ojos, pero es que ellas no podían tener nada, ni una cuenta en el banco. Entonces, es verdad que si venías de una condición adinerada y acomodada, revelarte en contra de tu propia realidad y de tu propia comodidad, es muy valiente. Que ella no se casó nunca. Es que eso es muy revolucionario en aquella época e incluso ahora.

«A veces me ha marcado lo que he escrito y a veces me ha marcado lo que he dibujado»

¿Has sentido que con este libro, encarnando con textos e ilustraciones a Maruja Mallo, has sido más Gisela Navarro? ¿Te ha cambiado este libro?

Este libro me ha cambiado. Yo he trabajado antes en muchos proyectos como ilustradora, pero al final, cuando trabajas en un proyecto como ilustradora, por mucho que lo sientas tuyo, hay una parte que no es tuya. Trabajas como un dúo todo el rato, incluso en los libros infantiles, en los que hay más presencia del dibujo que del texto, es el texto el que define las ilustraciones. Me gusta mucho, tengo grandes a las que conocí a raíz de que una editorial nos puso en contacto para hacer un libro.

Este es mi primer libro como autora completa. Escribirlo, lo he vivido bien, aunque al principio no quería escribirlo. Lo que sí que me ha gustado es que todas las decisiones han sido solo mías, que no he tenido que adaptar nada, que cuando he querido, yo he ido evolucionando el libro escribiendo y dibujando casi a la vez. A veces me ha marcado lo que he escrito y a veces me ha marcado lo que he dibujado. Esa libertad me ha encantado porque a veces, me apetecía dibujar algo y he adaptado el escrito sobre eso ¿no? Y eso nunca lo puedo hacer: yo trabajo siempre con un texto y me tengo que atener a ese texto. Puedo ser un poco creativa, irme un poquito, meterle ahí un poco de lenguaje onírico, pero no puedo irme del texto.

Entonces, esto sí que me ha cambiado. He sido muy libre, he tomado todas las decisiones y he abierto una puerta en mí: a lo mejor quiero seguir haciendo esto. O sea, quiero seguir haciendo piezas que sean totalmente mías.

Si dices esto es que ya estás con algo.

A raíz de Maruja he conocido a otras mujeres que me han interesado mucho y me interesan mucho. Tampoco querría caer en una colección de capítulos. Por lo tanto, de momento estoy trabajando en un nuevo proyecto, que no tiene que ver con la generación del 27, sí que tiene que ver con mujeres, y sí que tiene que ver de alguna manera con Maruja Mallo. Maruja Mallo sigue estando un poco en la órbita. No puedo explicarlo porque está muy incipiente, muy, muy incipiente. Ya he hablado también con la editorial y es una cosa que sé que pasará. Es incipiente pero no es solo una idea.

Mira, llegué a pensar que no ibas a incluir a María Teresa León. Pero la sororidad gana.

La sororidad es mi leitmotiv y seguirá siéndolo. Yo hablaba por Maruja Mallo y no podía faltarle el respeto a ella. Seguro que eso lo tuvo que vivir con dolor. Pero como artista y como persona, Maruja Mallo, seguramente, era muy respetuosa y hubiera podido hablar más de ella. Pero consideré que era un buen guiño respetarle la parte emocional. Ella nunca quería compartir eso.

Lo que te iba a preguntar antes, ¿te ha cambiado el libro? No me refiero a profesionalmente, me refiero a si te has puesto las gafas de Maruja Mallo para ver el mundo.

Siempre, siempre la tengo muy presente, la tengo muy presente. Es muy reciente y este año ha sido muy emotivo, porque he hecho muchísimas presentaciones del libro, he visitado muchas bibliotecas, a grupos de mujeres que hacen grupos de lectura… He hecho por lo menos treinta presentaciones y tengo más, y eso me ha permitido hablar con muchísima gente del libro, hablar mucho sobre ella, he encontrado a mucha gente, que a raíz de leer mi libro va a ver la exposición de Madrid… me alucina porque me escriben en el Instagram «estoy encantada porque me has descubierto algo muy bonito y tal». Me gusta mucho todo eso, y en mi día a día, yo pienso siempre en Maruja Mallo. Viene conmigo.

Es que has vivido una especie de método Stanislavski. No solo has estudiado su vida, es que has estudiado su arte al punto de trasformarlo en tu propio arte.

Sí, total. He entendido a academicistas o académicas que se pasan la vida estudiando a un solo autor o autora. A veces me preguntaba: «Madre mía, o sea, les da para tanto». Pues sí, sí, da para tanto. Me impresionó mucho ver la exposición, me impresionó mucho ver algunas obras que en mi cabeza eran diferentes. Había consultado las obras con el ordenador y es verdad que me impresionó sentirme tan cerca de lo que estaba viendo. Era una sensación muy rara porque claro, yo he dibujado esas cosas.

Desde que pienso en hacer el libro hasta que hago el libro pasaron tres o cuatro años. He buscado a gente, he tenido conversaciones con la familia de Maruja Mallo, hablé con el sobrino… Todo ese trabajo lo he hecho a ratos más espaciado y a ratos más intenso. Puedo decir que en los últimos cinco años de mi vida Maruja Mallo ha estado muy muy muy presente. ¡Mi marido es un gran experto en Maruja Mallo y no tiene nada que ver con el arte! Mi familia, mis amigos, todo el mundo sabe muchísimo de ella.

«Yo quiero que lea el libro gente que no tenga nada que ver con el mundo del arte»

¿Quién quieres que lea el libro?

Yo quiero que lea el libro gente que no tenga nada que ver con el mundo del arte. ¿Por qué te digo esto? Yo sé que en el mundo del arte, más o menos ya se sabe quién es Maruja Mallo. Pero claro, hay un público, el que no se compra ni una ilustración, que no le da ningún valor a ir a un museo, que si le paras en la calle y le preguntas quién es Goya, te va a decir que es un pintor español. Igual no te sabe decir tres obras de él pero sabe que Goya era un pintor. Por lo tanto, hay un bagaje histórico cultural. Yo quiero aportar mi grano de arena a que el gran público sepa que Maruja Mallo era una pintora española. Quiero que si paras a cualquier persona por la calle y le preguntes sobre quién era Maruja Mallo, sepa situarla.

Por eso me gustaría que leyera el libro gente que no tiene nada que ver con el arte, yo lo he escrito en esa clave. He intentado hacer una pieza muy genérica, con detalles que los que sepan un poco más puedan entender, pero que tenga diferentes lecturas, de multinivel, para que si tú no tienes referencias históricas o no tienes referencias artísticas, lo leas, te cuadre lo que estás leyendo y tenga un sentido.

Los agradecimientos

Para acabar, quiero que me hables de la reunión del «fantasma» de Maruja Mallo en un café.

Ese capítulo para mí es fundamental. En todo este tiempo he hablado con muchas personas, con referentes en Maruja Mallo: Desde Tania Ballo, que es la directora del documental de Las Sinsombrero hasta las hispanistas que te explicaba antes. Cuando buscaba en internet, buscaba dónde trabajaban… si era una profesora en una universidad, escribía a la universidad… escribí hasta a correos genéricos: «Hola, soy Gisela, una ilustradora de Barcelona». Podían haber dicho: «vale, muy bien, adiós». Entonces, al contrario de eso, encontré una generosidad total en el otro lado, todo el mundo me atendió de una manera exquisita, todo el mundo me ayudó muchísimo.

Mi libro no es historicista, pero no quería tampoco faltar el rigor histórico. A veces mandaba fragmentos a alguno de ellos diciendo: «Oye, ¿esto está bien?» y respondían: «Pues no, esto no está bien aquí, pues sí, cuidado que Maruja Mallo no era amiga de tal… ». Me han ayudado tantísimo que yo no sabía cómo devolverles el favor. Me sentía tan agradecida que quería hacer algo más que un capítulo de agradecimientos.

Entonces, pensé, bueno, pues los puedo dibujar, que es lo que se me da bien a mí, dibujar. Les escribí a todos y les pregunté: si tú tuvieras la oportunidad de sentarte a tomar un café con Maruja Mallo, ¿qué le dirías? Y todos ellos me escribieron un fragmento de lo que le preguntarían. Y esos fragmentos son de ellos, son literalmente de ellos. Ellos no sabían lo que yo iba a hacer con eso. Les contesté como Maruja Mallo. Sí que pudieron leer el capítulo final antes de lanzar el libro y les pedí una foto a todos para poder dibujarlos. Me mandaron varias fotos, «Ay, pero no quiero salir así, quiero salir no sé cómo». Fue muy divertido. Fue divertido hablar con ellos de todo eso.

Y mucha gente se ha fijado en que hay una silla vacía. Maruja Mallo está más o menos en el centro y al lado de Maruja Mallo hay una silla vacía. Fíjate cómo es la épica, mucha gente me dice, «¿Esa silla vacía? ¿Eres tú?». Esa silla la dibujé, porque es una página doble y hay un pliegue. La dibujé para que no se partiera nadie. Fue un recurso para mí para salvar la situación.

Pero la épica es muy bonita. Quizás te levantaste para sacar la foto.

Mira, es bonito pensarlo, la verdad.

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