CABEZA DE PERRO


Texto de Reyes Muñoz

Juan José Ballesta vuelve a demostrar que tiene talento. Actúa como el que se come una ración de bravas. Sin más, se convierte en quien no es y nosotros nos lo creemos.

En este caso, Juan José Ballesta es Samuel, un adolescente que acaba de cumplir los 18 años, que nunca ha podido llevar una vida normal: “Samuel -afirma Santi Amodeo- tiene un cerebro fragilísimo. A veces deja de oír, de ver, es incapaz de andar o articular una frase; otras veces el tiempo se convierte en un disparate o pierde la conciencia de sí mismo. Samuel padece un problema neurológico, emparentado con la epilepsia”.

Su familia, bien posicionada, ha hecho todo lo posible para que no sufra. Sin querer le han encerrado en un mundo artificial. La visita a un familiar a la playa le ayuda a romper con esas barreras. Por casualidad vuelve a la ciudad y es en ese momento cuando se inicia su verdadera aventura vital. En ella tiene especial protagonismo Con-suelo -Adriana Ugalde- una muchacha de veintitantos tan perdida como él. “Cabeza de Perro -dice el director- tiene una historia de amor, como en los cuentos: Samuel y su sobre-eléctrico cerebro y Consuelo y su visión sobrenatural del mundo”.

“Cabeza de Perro -añade Amodeo- no es una película sobre un enfermo o una enfermedad. Es una película sobre el Alma… O lo que sea que nos alumbra. Cabeza de Perro se alimenta del lenguaje de los cuentos: desde el narrador que articula el relato hasta el dibujo de los personajes secundarios, reducidos a la esencia y que comparten con Samuel el tema de la película, la identidad: un treintañero que quiere ser otra cosa, una cuarentona a la que no le gusta lo que es o un anciano que poco a poco se va olvidando de quién fue”.

Anterior Fon Román. Silencio cómodo en un jardín descuidado
Siguiente LAS VIDAS DE CELIA