Entrevista de Juan González-Páramo
Imágenes y gestión de la entrevista cortesía de La Portería de Jorge Juan
«La película de alguna forma habla de eso, de que hay una parte no reconocida de toda persona que siente envidia, celos, odio, rencor, resentimiento, y no nos gusta aceptarla. Es muy difícil aceptar esa parte oscura, pero en la medida en la que tenemos la humildad para reconocerla, la podemos sanar, la podemos iluminar».
Con El mal, Juanma Bajo Ulloa vuelve a ofrecernos una película perturbadora, de suspense continuo, en la estela del cine comercial con el que se ha criado y que a él le gustaría ver. Una historia que explora las raíces del mal y la encarnizada pugna diaria que mantiene con la bondad, ambas condiciones intrínsecas a todo ser humano.
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Ya que la película trata sobre el mal que hay en todos nosotros, quería preguntarte cuál crees tú que es el mal congénito del cine español y cómo podemos hacer entre todos para erradicarlo.
Yo creo que el mal que tienen ahora mismo la creación y el arte es que han convertido a los artistas en militantes y en propagandistas del régimen, y algunos están hasta felices de servirle. Y un artista o creador no solamente tiene que ser libre, sino ser crítico y a veces estar en contra de lo establecido y del sistema, y nos encontramos con que los nuestros sirven a la causa, sirven a la ideología impuesta, dominante.
Y a nivel personal, ¿qué pequeñas maldades cometes tú en tu día a día y en tu cine?
Reconozco que se me suele decir que soy muy directo, muy sincero. A veces sé que lo que voy a decir y voy a hacer va a ser sincero pero va a tocar las narices, y sin embargo lo hago. Digamos que ese filtro me lo salto. Me gusta que algo caiga mal. Se puede tener todos los defectos… La película de alguna forma habla de eso, de que hay una parte no reconocida de toda persona que siente envidia, celos, odio, rencor, resentimiento, y no nos gusta aceptarla. Es muy difícil aceptar esa parte oscura, pero en la medida en la que tenemos la humildad para reconocerla, la podemos sanar, la podemos iluminar.
¿Nace de eso entonces la semilla para la creación de esta película? ¿Ha habido algún suceso, algún crimen, algún psicópata que te haya llamado la atención?
No, no en especial, porque no quería reflejar nada concreto, quería hablar de un tema universal, y es cómo tenemos el libre albedrío para en nuestra vida ir en una dirección o en otra, la dirección hacia la luz o hacia la oscuridad. Mejorar y aceptar esa parte oscura y por tanto iluminarla, u obviarla y por tanto seguir en esa inercia justificando nuestros malos actos de miles de formas: merecía el éxito y por eso hice lo que hice, los demás también lo hacen, nadie estaba mirando… Hay una frase que yo considero interesante en la promoción de la película que dice: «No podemos hacer el bien sin conocer el mal».
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¿Cómo has trabajado esa parte oscura con la actriz Natalia Tena? Porque su personaje, Martin, tiene una dicción y una mirada escalofriantes.
El mérito en un director está en encontrar a los intérpretes adecuados. En este caso el reparto fue complicado porque todos los personajes eran muy exigentes por su personalidad, era bastante sofisticado lo que queríamos contar. Encontrar que Natalia Tena estaba interesada en el proyecto y saber que ella podía interpretar a este personaje, el más complicado que he escrito nunca, para mí fue una tranquilidad. Lo compuso fijándose en la inocencia de un niño –ella tiene parte de eso también– y en los movimientos y forma de actuar de insecto. Natalia hablaba de una mantis religiosa, que está durante horas esperando y de repente, en un segundo, se lanza sin ningún escrúpulo sobre la víctima. De hecho, en el rodaje, a veces entraba parte del equipo a maquillarla y les daba miedo acercarse por cómo estaba sentada, cómo miraba, cómo hablaba.
«A mí me parece que la vida es terrible y dramática, y a veces tiene situaciones que te machacan, pero hay algo de peripatético».
¿Con qué referencias fímicas has trabajado a la hora de la escritura de guion y a la hora de plasmarlo en pantalla?
La generación anterior a la mía venía más de un mundo literario y muy cinéfilo. Yo vengo de un mundo más ecléctico y lo que he mamado para ser cineasta no era sólo cine: eran videoclips, era música rock, era el cómic… Para colocar la cámara el cómic me ha enseñado mucho. También el teatro, el cine, la literatura… Y en cuanto al cine, mis referentes no son autores demasiado intelectuales, sino el cine comercial que veía cuando era un chaval: el de David Lynch, John Carpenter, Brian de Palma, Steven Spielberg, Stanley Kubrick…
¿Qué has importado a tu cine de los diferentes formatos en los que has trabajado, como publicidad, videoclips, teatro o documental?
Hemos hecho un poco de todo. Los videoclips me interesan mucho, porque me gusta el rock and roll y la música en general, soy muy melómano. Todo ello está de alguna forma reflejado: a veces el montaje de alguna escena recuerda al videoclip en cuanto a que la música cobra un protagonismo extraordinario; a veces es una narración muy rápida en la que cada plano tiene mucho valor, como pasa en un anuncio, en el que en pocos segundos tienes que contar algo; y a veces parece un documental en la medida en que desarrollo una característica de un personaje viendo cómo se mueve en su casa o en la calle, y así entiendes mejor su contexto. Todos esos ámbitos ayudan después a narrar una historia.
Siendo el autor de Airbag, una de las comedias más reconocidas del cine español, tu cine se caracteriza por narrativas sórdidas y atmósferas inquietantes. ¿Cómo haces para introducir toques de humor en este tipo de historias? En esta película, por ejemplo, la suerte de alivio cómico la encontramos en el personaje de Chad.
A mí me parece que la vida es terrible y dramática, y a veces tiene situaciones que te machacan, pero hay algo de peripatético. Alguien decía que la comedia es drama más tiempo. El ejemplo es el resbalón en el charco, que te hace daño y ninguna gracia, pero cuando lo cuentas una semana después es gracioso. Pasa el tiempo suficiente y el drama se ha convertido en comedia. Entonces, si metes algo divertido en un drama, simplemente estás emulando la vida. La vida es así, en la vida y en el drama ocurren situaciones que son surrealistas y susceptibles de ser divertidas.
¿Qué ha sido lo más gratificante de todo el proyecto y qué ha sido lo más dificultoso?
¿Aparte de esta entrevista? (risas) Lo más gratificante ha sido empezar a conectar con el público, porque te pasas meses y meses trabajando a oscuras en algo que no sabes si va a entender la gente, si le va a llegar, si vas a transmitir algo, si va a gustar, si va a interesar… Y cuando por fin encuentras un público, como nos pasó anoche en el festival de Mar de Plata, en Argentina, y te das cuenta de que ese público comprende tu historia y le interesa, eso es lo más gratificante, esa es la razón de ser. Lo más duro es todo el proceso, el proceso financiero, el proceso de intentar que la gente confíe en ti, en tu sueño. Se hace penoso, muy penoso. Espero que no se te haya hecho penoso a ti esto (risas).




