[Keeper] de Oz Perkins


Texto de BiPaul

«Quiero volver a lo de antes», dice Liz (Tatiana Maslany), con la voz temblorosa. Ha ido a una casa en medio de la nada a pasar el rato con su pareja Malcolm (Rossif Sutherland), y las cosas, en absoluto, salen como esperaba.

«El horror que suponen estas cosas es completamente inesperado. Y sé que nuestros fans pensarán que nunca habían visto este tipo de monstruo».

Es una pena que tengamos tan claras las intenciones de Oz Perkins con sus películas. Me encantaría haber entrado convencido de que era cine de autor sobre las rutinas y las parejas. Pero conocer la intención no presupone una sesión poco inquietante. Con Keeper, incluso un iniciado en el cine de terror echa de menos la inocencia de las películas de susto. Aquí, el miedo se construye a partir de la espera, del encierro emocional y de la sensación de «sin salida». El susto empieza y no termina. De hecho, te acompaña mientras te tomas el refresco de después del cine.

Es una película de terror buenísima. Es inquietante y original. La atmósfera está cuidadosamente construida y Tatiana Maslany ofrece una actuación impresionante que sostiene gran parte del peso emocional. La trama y las soluciones son muy sencillas, mucho más que en otras películas del director, lo que convierte en un artefacto de horror universal, directo y absorbente. La película tiene momentos de tensión que funcionan a la perfección. La recomiendo, pero yo no volvería a verla ni por todo el oro de Berlín.

El laberinto Perkins

Este director es hijo de Anthony Perkins, o sea, de Norman Bates. De hecho, en una vida anterior en la que pensaba que quería ser actor, también hizo de Norman Bates. Su padrino en el cine fue el amigo de su padre, Mike Nichols: «Mike me mostró que, como director, tienes la oportunidad, el poder y la responsabilidad de plantar un punto de vista en todo lo que haces, y, si quieres darle cuerpo, textura y profundidad a una película».

Desde su debut, Oz Perkins ha construido una filmografía coherente. The blackcoat’s daughter planteaba un internado católico como espacio de abandono absoluto; I am the pretty thing that lives in the house convertía la casa en panteón de memorias femeninas silenciadas; Gretel & Hansel reinterpretaba el cuento clásico como un rito de iniciación marcado por el hambre y el poder; Longlegs llevaba el crimen a un terreno casi litúrgico.

Keeper se inscribe entre el horror psicológico, el terror religioso y el drama existencial. Quizás sea su película más austera y tensa. Si The blackcoat’s daughter termina con uno de los gritos más escalofriantes de la historia del cine, Keeper acaba en un silencio tan aterrador y poco catártico que sales diciendo: «Perkins, te voy a denunciar».

La ola del vacío

Aunque el director asegura que él no ve las nuevas películas de terror, las conexiones entre sus maneras y las de sus contemporáneos son evidentes. La crítica internacional lo sitúa junto a cineastas como Ari Aster, Robert Eggers, Rose Glass o Jonathan Glazer (y yo lo mezclo con Óliver Laxe de Sirât). No hablo de copias, sino de tufillos. Es como si trabajaran en la intuición de que el monstruo es el vacío.

Como en Hereditary, The witch o Saint maud, en Keeper los rituales y los símbolos no funcionan como refugio, sino como exigencia. No se preguntan si existe Dios o el demonio, sino sobre lo que conlleva al ser humano la ausencia de Dios o de demonio. ¿A quién rezo o echo la culpa si yo soy Dios y el demonio? Y, en el caso de Keeper, ¿qué es más perturbador, el demonio o el sistema que lo normaliza?

Perkins ocupa un lugar particular dentro de este movimiento. Donde Aster explota la catarsis emocional y Eggers la recreación histórica, Perkins opta por la retirada: menos diálogo, menos explicación, más «agujeros de gusano». Su cine no conmociona; erosiona, te hace mala persona.

Las obsesiones de Perkins

Hemos visto que Perkins parecía empujado por el destino a hacer terror. Pero no era joven cuando se puso a dirigir y, según parece, fue importante la muerte de su madre en los atentados del 11-S. Ella era la actriz y fotógrafa Berry Berenson. Su padre había muerto en 1992. En una de sus primeras entrevistas dijo: «Sé que estoy elaborando memoria y pérdida y mis propios problemas y dolores. The blackcoat’s daughter trata de una chica que, de repente, se queda sin padres y tiene que enfrentarse a la oscuridad sola. Eso me resuena». Y resuena en el resto de filmes, incluido Keeper.

Al escribir este artículo, me ha surgido una duda en torno al cine de Perkins y si hay un mensaje sobre el patriarcado. En Midsommar, de Ari Aster, o en Under the Skin, de Jonathan Glazer, hay un fuerte componente, no sé si feminista o de deconstrucción masculina. En todas las películas de Perkins, la protagonista es una mujer que no es el objetivo del terror; casi siempre es el sujeto del terror. En Keeper pasa de un rol al otro en una metamorfosis escalofriante. En una entrevista dijo: «La mente masculina tiende a ser más limitada, mientras que la mente femenina tiende a ser más expansiva, sutil, matizada, instintiva… y, al abordar el género de terror, que trata de lo que no podemos saber o verbalizar, poner a una mujer me parece menos limitante». La verdad, diría que la cita no responde a mi duda.

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