Texto de Sierra

Hay tantas posturas en el mundo como ciudadanos que lo pueblan y siempre que uno no perjudique al vecino con sus actos, la convivencia es pacífica. Por ello, simplificar y dividir el planeta en el bando de musulmanes contra católicos y viceversa, entra dentro de lo absurdo. Sin embargo, esto que es muy fácil de comprender por la mayoría, está provocando muerte, desolación, miseria y dolor.

Rebeca.- Decía el personaje de Federico Luppi en Martín Hache que la muerte de su hijo no le procuraría dolor, sino otra cosa más terrible: le desintegraría como persona. Ese es un sentimiento universal y, sin embargo, nos embarcamos en la tremenda aventura de medir los atentados y las guerras por número de muertos, cuando deberíamos pensar en familias rotas por la pena.

Poco antes de los atentados del 11 de marzo en Madrid, el director londinense Larry Levene quiso rodar un reportaje en el que dos jóvenes de culturas muy distintas intercambiaran sus hogares. Encontró a César, madrileño y católico no practicante y a Zain, buen musulmán con residencia en Delhi (India). Como traídos de una estampa modernizada de Alfonso X el Sabio, se habían conocido en un chat de Internet en el que se jugaba al ajedrez y habían forjado una amistad basada en el diálogo.

En el camino de César al aeropuerto, su padre le dice que sea educado y que si no le gusta algo de comer, que diga que está indispuesto. En el de Zain, el padre se pregunta si en Europa habrá buen azafrán y el hijo no sabe dónde comprará carne tratada al modo islámico. En su estancia, Zain añora el ruido nocturno y César el papel higiénico; el primero se siente aturdido por la libertad (sexual y social) y el segundo no comprende por qué en los periódicos aparecen multitud de anuncios para arreglar matrimonios. Todos estos detalles nos demuestran algo: las diferencias entre ambos muchachos son culturales, en esencia sienten lo mismo.

El reportaje nos centra en aspectos sociales, políticos y económicos que ambos extrañan en el país de acogida. Nos muestra la mentalidad de los jóvenes y ahonda en la idea de que el diálogo es la clave de la convivencia. A los dos, las políticas de sus gobiernos les avergüenzan. César no puede explicar por qué España apoyó la guerra en Irak y Zain por qué en su país ser homosexual es un delito grave. A la vuelta a sus hogares, la promesa es que volverán a reencontrarse con sus familias postizas.