Texto de BiPaul
Imágenes: Nick Welsh. Cartier Collection. (c) Cartier

24/10 – 17/02/2013 Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid

Si viviéramos en el mundo imaginado por los cómics y Madrid fuera Gotham, sin duda esta muestra del Museo Thyssen estaría asediada por un villano mutado y Batman pasaría las horas muertas vigilando la entrada. Como sacadas de un imaginario poema de Rubén Darío –sobre fieras de zafiros, flamencos de rubíes y relojes egipcios– las 400 piezas que componen la exposición hacen un recorrido por la Colección Cartier desde sus inicios hasta nuestros días.

Louis François Cartier abrió su taller a mediados del siglo XIX. 50 años después, su nieto mayor lo trasladó a uno de los lugares más exclusivos de París. Y pronto comenzó a recibir la visita de las monarquías, muy aficionadas a las tiaras. Si el abuelo estaba enganchado al diseño de joyas tradicionales, el nieto fue más allá, primero con materiales nunca antes probados en joyería, como el platino y más tarde, dejándose llevar por los aires de bohemia. Los Cartier se dedicaron a viajar. India, China, Egipto… en Rusia se toparon con Fabergé, que rivalizó con ellos en preciosismo. En los años 20 reinventaron el Art Decó, con influencias egipcias, persas, hindúes, chinas o japonesas. Tras las guerras mundiales olieron el dinero de la otra élite, la formada por la aristocracia europea y los ricachones americanos.

El Museo Thyssen reúne algunas de las piezas más emblemáticas de Cartier, provenientes de familias reales y de colecciones particulares. La muestra es bella, valiosa, histórica y exasperante.

Más información en http://www.museothyssen.org/thyssen/exposiciones_actuales/98

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