Texto de Reyes Muñoz

Es difícil hacer premoniciones en torno a la universalidad de los libros. Pero estamos convencidos de que no nos la jugamos si afirmamos con total rotundidad que Yo confieso es inmortal. Sus mil páginas nos obligan a dejar a un lado el ansia, la voracidad. No es un libro de consumo. Su estructura es una tela de araña. Los hilos son las historias, que vienen y van, y se mezclan y te atrapan.

Algo común a las obras maestras es la sensación de perplejidad que suscitan en el lector. Una vez aceptamos lo que tenemos entre manos, la sensación es sublime. El libro es la confesión de un hijo único, de familia burguesa, poco amado y de mente privilegiada, nacido en la Barcelona de mediados del siglo XX. Nos cuenta su historia.

No es una novela sobre el mal a modo de disertación filosófica. Más bien es como si el mal lo impregnara todo, como si fuera una masa viscosa que se extiende y corrompe lo que envuelve. Está ahí, como un zumbido. A través de vidas que se trenzan como los cordones que conforman una cuerda, el autor nos narra una particular historia de occidente.

Yo confieso es una novela que entra de sopetón en la historia de la literatura universal. Los niños y niñas del futuro lo estudiarán en el instituto. En él todo es sublime. Importa la trama, el argumento, la estructura, la personalísima manera de utilizar el lenguaje. Nos demuestra que un escritor es especial cuando va más allá de la simple coherencia. No lo consumes, te consume y pasa a formar parte de tu vida.

Más información en http://www.planetadelibros.com/yo-confieso-libro-87914.html

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