EL DESPERTAR DEL AMOR


Texto de Galo Martín

La atracción por lo desconocido abre las puertas que restringen su acceso. A lo largo de la historia la tentación se evita con prohibición. En cambio, se ha comprobado que el hombre, por naturaleza, tiende a emular a Adán y Eva y sucumbir a la tentación nos hace felices. Nos convierte en personas.

Niñas de desconocida procedencia son trasladadas a un internado, donde recibirán una estricta formación bajo la supervisión de una gélida directora (Jacqueline Bisset). El fin es convertirlas en grandes bailarinas de ballet clásico. Tras los muros que franquean el recinto hay un mundo temido por su desconocimiento. El aislamiento no reprime la curiosidad por el pasado, de preguntarse por qué y cómo llegaron allí. Conocer los secretos que esconde la institución será el principio de su fin. El descubrimiento de lo prohibido es un estímulo tan fuerte que ya nada será como antes.

El internado se contextualiza en el fin del Imperio austro-húngaro y el nacimiento del nazismo. El centro, de apariencia familiar y con el loable objetivo de educar a las niñas, está presente en otras películas. El manido papel de inquebrantable directora hace previsible a Bisset. Los únicos que parecen a gusto en El despertar del amor son los típicos tópicos de este tipo de historias.

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