Firmax: Pistolas


Pistolas existe y nunca soñó con formar parte del equipo de las animadoras. En ExPERPENTO habla sin filtros de sororidad, mujer y feminismo. Si no te gusta lo que dice, sigue leyendo, que si la neurona te da de sí, hasta te deconstruyes.

El dinero y los cojonesLas tetas

El dinero y los cojones para las grandes ocasiones

No sé si es la edad, la pandemia, las canas o qué, pero me puede el desconsuelo. Se supone que somos más modernos, tenemos la mente más abierta y vemos más allá de nuestras naricitas, ¿seguro?

Me he dado cuenta de que cada vez me cuesta más relacionarme con el género masculino. Ya lo dice Penny JayG «desde que soy feminista follo menos».

Creo que tengo un radar bastante desarrollado para cazar gañanes, y tengo por lema no mezclar fluidos con ellos, y menos si además son fachitas. Pero a la que me descuido el señor más progre y moderno con el que doy, me cuela una machada de las que se me queda el ojo cuadrado.

Está con el que quedas para cenar y después de una cita maravillosa y divertida, al pedir la cuenta te suelta: «pagamos a medias, que como eres feminista, no te vayas a ofender». ¿En serio? ¿Me voy a ofender porque pagues una cena? ¡Me ofende que creas que tienes que pagar siempre! ¡Y que vengo a cenar gratis! Que, a ver, no tengo problema en que me inviten a cenar, a no ser que piensen que eso, automáticamente, me convierte en parte del menú a degustar.

También tenemos al papi sexi cuarentón y enrollado, que dice con orgullo que su hija de siete años es feminista. Que te cuenta que la ha criado en un entorno inclusivo, porque para él es fundamental. Añade que el lenguaje hace realidades, que lo que no se nombra no existe, y que el género es un constructo social y que miaumiau hace mi gato, miau miau… Todo esto mientras conduce su cocharro como buen macho alfa. Yo desde el asiento de copiloto floto y una pequeña lágrima se escurre por mi mejilla (suena León Benavente). Salgo del dulce sueño cuando se nos cruza un coche. Y un «zorra, pedazo de zorra» sale de la boca del papi inclusivo, mudado a señoro en una décima segundo. Por si consultas el diccionario de la RAE, conviene que sepas que «zorra» no es sinónimo de «astuta», de nada.

También existe el moderno de pueblo que te copia una idea, la plasma y no te cita. Solo te dice: «con tu permiso». ¿A cuál te refieres? ¿Al de hacer tuya una idea ajena y lucrarte por ella? Porque ese no lo tienes y no lo has pedido. Lo has dado por hecho, como tantas cosas. Desde luego es que soy una exagerada, y me enfado por nada… ¡pues menudo carácter gasto!

Lo que más tristeza me da, es que penséis que el feminismo solo nos viene bien a nosotras, y os subáis al carro pensando que os necesitamos como aliados. La verdad es que no, nos necesitamos como parte de un equipo. Sois vosotros quienes necesitáis del feminismo… para dejar de haceros hueco por la fuerza y el dinero. No necesitamos que nos invitéis a cenar, que tengáis más dinero que nosotras, que nos compréis nada, ni que nos compréis. Tampoco necesitamos que nos protejáis de peligros, porque la mayor parte de los peligros a los que estamos expuestas las mujeres, los generáis vosotros desde el machismo.

Ni enseñar las tetas

Ya lo dice el refrán, cuando un dedo apunta al cielo, el tonto mira al dedo. Eso es lo que les ha pasado a las chicas de Teta&Teta, y en general, lo que nos sucede a las mujeres cada vez que nos reivindicamos.

A estas alturas, se me hace raro que no estéis al corriente de lo que ha pasado, pero por si acaso, os cuento.

Instagram ha cerrado la cuenta de Teta&Teta, por considerar que tiene un contenido inapropiado, que puede herir sensibilidades, por no decir, masculinidades frágiles. Las chicas de Teta&Teta, desde su cuenta sin ánimo de lucro, luchan por visibilizarnos, normalizar nuestros cuerpos, las tetas, grandes, pequeñas, caídas, turgentes, tuberosas…

Muestran la cara menos rosa y edulcorada del cáncer, normalizando la “putaenfermedad”, sin lazos, sin guerreras, ni vencedoras ni vencidas, solo mujeres atravesando por una enfermedad lo mejor que pueden.

Por si fuera poco, a través de otro proyecto que se llama “A las olvidadas”, se acuerdan delas mujeres que están privadas de libertad. Organizan recogidas de libros, aquellos libros que regalarías a una mujer que está en la cárcel, y ellas son las encargadas de hacérselos llegar.

En pleno agosto, decidieron lanzar una encuesta preguntándonos a nosotras, las razones que nos condicionaban a la hora de hacer topless. Y ganó por goleada la incomodidad que sentimos ante las miradas indiscretas de los señoros. Señalaron el comportamiento rancio con este texto:

“A los mirones, a los pervertidos, a los degenerados, a los cerdos. A los que unas tetas en la playa calientan más que el sol. A los que nos escanean el cuerpo con el mismo descaro con el que se tumban boca abajo. A los que nos convierten en mobiliario sexual, nos enjaulan y transforman la arena en rocas. A los que confunden liberación con insinuación. A los que ignoran que nuestra libertad acaba donde empieza su mirada. A los que lo saben y aún así sudan. A los que nunca se cuestionan nada. A los que piensan: si estás incómoda es tu problema o si enseñas, miro. A los retrógrados (Mercurio: a ti no). En general, a quienes miran y miran y no se miran por dentro. Por favor, haced por formatear la bragueta y el cerebro, que estamos en la era del #metoo; que hay mucha información, que la hipersexualización de la mujer nos lleva donde nos lleva, a veces a la tumba. Por favor, menos Pornhub, más feminismo para principiantes. Que solo son dos tetas. Vosotros también tenéis. Justo encima de vuestro ombligo”.

Si las castigan a ellas, nos castigan a nosotras, a todas.

Ya sabemos que tiran más dos tetas que dos carreras, y que si decidimos enseñarlas es solo para captar la atención de los hombres, nosotras que no somos nada sin ellos. Nuestros cuerpos no nos pertenecen, están a su servicio y al de la maternidad, y si ellos no son capaces de no mirarnos las tetas en la playa o en la piscina, pues está claro, nos las tenemos que cubrir. Pobrecitos míos, son tan primitivos. Si es que ya lo decía Cuerda: “Un hombre en la cama, es un hombre”.

Pueden cancelarles la cuenta, pero no nos pueden callar a todas.

Se os olvida que somos más de la mitad del planeta, y ahora hemos entendido que si nos tocan a una nos tocan a todas. El divide y vencerás ya no nos lo creemos, y cada mujer es una hermana más, no una rival. ¡Suerte en la lucha, señoros!

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