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Texto de Sandra Sánchez Basagaña
Ilustración (c) Rubén Rodríguez Risquez
Mercè Rodoreda i Gurguí nace en Barcelona en 1908. Es conocida como una de los mejores escritores —en género neutro— en lengua catalana. Pasó una infancia solitaria. Era hija única y solo asistió a la escuela entre los siete y los diez años. Más que hija, fue nieta. Su abuelo, Pere Gurguí, le inculcó el amor por la lengua catalana, la literatura y las flores. También la introdujo en el mundo intelectual de la Renaixença.
Muerto el abuelo, sus padres la obligaron a casarse con su tío materno, porque había hecho fortuna en América. Del matrimonio nació un niño. Y es en medio de toda esta experiencia traumática, cuando empieza a escribir «en público» y hace de la literatura su escape. De esta época son sus primeras novelas y algunas colaboraciones en periódicos y revistas.
Es una etapa de mucha actividad intelectual y sentimental. Se separa de su tío-marido, deja a su hijo a cargo de su madre, y en enero de 1939 emprende el camino del exilio en un bibliobús de la República. En Francia inicia una relación con Armand Obiols, casado y con una hija.
Creía que el exilio duraría unos meses, pero terminó viviendo durante gran parte de su vida en Francia y Suiza. Cuando llegó, se alojó en el Castillo de Roissy-en-Brie, junto a otros intelectuales catalanes. Fue un espejismo: las penurias económicas le impiden dedicarse a la literatura, hasta que se establece en Ginebra.
Es aquí donde Mercè Rodoreda escribe su obra más célebre, La plaça del Diamant.
«La escribí febrilmente, como si cada día de trabajo fuera el último de mi vida. Trabajaba cegada; corregía por la tarde lo que había escrito por la mañana, procurando que, a pesar de las prisas con que escribía, el caballo no se me desbocara, sujetando bien las riendas para que no se desviara del camino. […] fue una época de una gran tensión nerviosa, que me dejó medio enferma […]»
En 1960 envió su gran novela al Premio Sant Jordi con el título de Colometa (Palomita). Aquella edición la ganó alguien de quien casi nadie se acuerda. En el jurado estaba el escritor Josep Pla, conservador y monárquico, que tacha el texto de «novelita cursi».
La plaça del Diamant, la novelita cursi:
Cuenta la historia de Natàlia, una joven huérfana del barrio de Gràcia que se casa con un chico muy guapo. Cuando el hombre la obliga a cambiarse el nombre por el de Colometa lo pierde todo. Aislada, maltratada, sistemáticamente violada y empujada a la más cruel indigencia, el texto es un vómito escrito en primera persona: un monólogo en tiempo real, lleno de excusas, contradicciones y escenas brutales. Es una novela rompedora en fondo y forma que en 1962 encuentra un aliado en el editor Joan Sales: la novela es editada y por fin consigue el reconocimiento de la crítica y, sobre todo, del público.
Mercè Rodoreda escribió cuentos y teatro. Escribió otras grandes novelas como El carrer de les Camèlies, Jardí vora el mar, Mirall trencat o su testamento literario La mort i la primavera. Así que quizás sea injusto resumir toda esa carrera en una única novela.
Ya mayor, Mercè Rodoreda vuelve a Catalunya. Se instala en un pueblo de Girona, donde terminará varias de sus obras más importantes. Muere en 1983. Es despedida con todos los honores por autoridades, grupos de escritores y multitud de personas anónimas. Y aunque su legado como escritora es muy reconocido, su historia vital sigue siendo un tabú. Rompió con lo que le cortaba las alas. Hizo todo lo que nunca haría una «buena mujer»; se culpabilizó por ello y siempre fue juzgada.
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