Paula Cons nos habla de «La isla de las mentiras»


Entrevista de Reyes Muñoz
Fotografías cortesía de Filmax

La isla de las mentiras es la película rodada por una directora cinéfila que quería contar una historia. Es sorprendente, y muy buena. Muy cercana al cine español de la época dorada, que se rodaba con muy poco presupuesto, mucho corazón, ganaba Premios Goya y exportaba directores. Con esta película, Paula Cons demuestra que lo que se necesita para hacer la película de un naufragio, es una buena historia, muchas ganas de sacarla adelante, un gran equipo humano y mucha inteligencia.

La película es una interpretación libre de una historia real. Hace cien años, un barco que viajaba a Buenos Aires se hundía frente a la costa de la isla de Sálvora, en Galicia. Llevaba 260 pasajeros a bordo. Tres mujeres se adentraron en el mar bravo, en medio de la tormenta y rescataron a 48 personas. Tras la hazaña, las tres mujeres pasaron de ser las heroínas de Sálvora a ser acusadas de ladronas, y de ahí al olvido.

La isla de las mentiras es cine negro. El investigador es un periodista argentino, León (Darío Grandinetti), que llega a Sálvora dispuesto a sacar petróleo del naufragio y que poco a poco, descubre más de un acontecimiento extraño en la noche del naufragio. Las protagonistas son las heroínas, María (Nerea Barros), Josefa (Victoria Teijeiro) y Cipriana (Ana Oca), que no están contentas. Descubrir el porqué de su pena es lo que mueve a León a hurgar más en la herida. Y de ahí surge un film cargado de denuncias. Era necesario hablar con Paula Cons. Y eso es lo que hemos hecho.

Pues debo decirte que me costó muchísimo dormirme el día que vi la película. Lo achaco a que me quedó dentro mucha rabia, sensación de injusticia. ¿Cómo llegas a esa historia? ¿Fue la injusticia de la historia la que te llevó, como cineasta, a rodar la película?

Pues sí. Una amiga fue a una exposición sobre el naufragio y me trajo un folleto. Yo cuando lo vi, no me lo podía creer. Soy periodista. Había trabajado muchos años en un programa sobre la historia de Galicia, y quieras o no, controlas. Me quedé alucinada. No había oído jamás nada de ese tema. ¡No conocía semejante tragedia! En ese folleto, se hablaba de forma muy secundaria de ellas. Mi amiga me decía: «esto es una película» y yo le contestaba: «pero bueno, cómo me voy a poner ahora a escribir sobre un naufragio. ¡Menudo berenjenal!».
Pero sí que me interesó y empecé a buscar información. Y al leer, sí que sentí esa indignación, eso de decir: «vamos a ver, he visto hace dos días en Telecinco una película que costó cincuenta millones sobre un señor que salvó a quince, y estas mujeres, no es que no tengan una película, es que no tienen ni una calle. Nadie las conoce y después de lo que hicieron, se les manchó el nombre». En lugar de sentirme indignada, creo que conecté con ellas. Me decía: «joder, ¿qué debieron de sentir?». Porque claro, van al mar, ven todo aquello, quedan traumatizadas, no saben cómo enfrentarse al trauma. Seguramente, ni sabían lo que les pasaba. Y encima, las llevan de monas de feria y por último, las acusan de ladronas. Ese vapuleo emocional a mí me conmovía.
Me obsesioné con ellas, y mi película no es más que un inmenso macguffin para hablar de ellas. Bueno, de ellas y de la isla.

«La isla observa, la isla juzga, asfixia…»

El paisaje está ahí, siempre. Eres tú quien lo transforma en un personaje. La isla interviene en la película.

Yo quería jugar a que un espacio inmenso resultara claustrofóbico. Y me apetecía hacer un thriller, hacer cine negro. A priori, piensas en una imagen oscura, pero yo quería hacer una cosa de la que habla mucho Urbizu: me apetecía hacer un thriller amplio, abierto, hermoso… hacer cine negro a plena luz del día, entre el verde y el azul del mar.
Hay gente dentro del cine que considera que está muy manido eso de convertir el paisaje en un personaje. Está mal visto y yo lo sabía. En un primer momento me resistí. Y luego me dije, «¡es lo que me sale de dentro, es que tiene que ser así». Y cuando decidí que me dejaba llevar, lo jugué al límite. La isla observa, la isla juzga, asfixia…
Antes me decías que te había costado dormir. Esto suena horrible, pero es que ese era mi máximo objetivo, era la idea. Se lo dije el otro día a una chica en twitter. Yo asfixio a la protagonista. A veces sentía que tenía las manos en su cuello apretando. Lo siento.

«Cuando me dicen que es una exageración, yo contesto que me quedé corta»

Al preparar la entrevista, me di cuenta de que no recordaba el color. Así que volví a ver el tráiler. Y me vino a la cabeza Los santos inocentes. Puse el título de tu película junto al de la de Mario Camus y vi que has dicho que es una referencia. Yo llegué ahí por el color.

Para mí Los santos inocentes es una inspiración absolutamente en todo. En cómo refleja las clases sociales, en cómo quería que fueran las actuaciones, las miradas, en cómo se movían…

En lo de no permitir dormir a la gente…

¡Por ejemplo! Es una película que he visto muchas veces. La vi antes de ponerme a rodar. Me afecta siempre muchísimo… Es que las influencias, al final salen por todos los lados y yo soy cinéfila. Por ejemplo, cuando ya tenía totalmente escrita la película y había debatido muchísimo con el director de fotografía, un día me salió ver El piano. Y digo: «Por Dios, El piano está por todos los lados de mi película. ¿Cómo no me ha venido orgánicamente este título a la cabeza?». Mi chico me miraba y me decía: «Paula, esto es un escándalo». Y yo: «Totalmente».

No sé cómo preguntarte por las actrices. Es obligatorio, pero es que cualquier cosa que te pregunte es redundante tras ver la película… Son cristalinas. Interpretan personajes tan básicos, tan salvajes… y a la vez, tan humanos… ¿Esto es mérito del guion?, ¿del casting?, ¿de la dirección?, ¿de su saber hacer? Son perfectas.

Ninguna se parece en nada a su personaje. Yo creo que esta es la gran alabanza a las actrices. No se parecen ni en cómo se mueven, ni en cómo son, ni en cómo miran… Claro, yo he recorrido mucho Galicia y he conocido mujeres así. Habíamos ensayado mucho, las tres estaban muy unidas y fuimos a la costa a empaparnos del ambiente. Allí, lo que nos contaron es que esas mujeres eran mucho más tremendas que las de mi película.
Cuando me dicen que es una exageración, yo contesto que me quedé corta. Es verdad que en el personaje de María hay ficción, me gustó hacer de ella un verso libre. Las protagonistas tienen esa humanidad salvaje porque las islas son tremendas, Galicia era tremenda. Esas tres mujeres también tienen una moralidad clarísima, una escala de valores férrea. Son económicas. Lo son en movimientos, en palabras… Y el motivo es que en una isla no se está para perder el tiempo en nada. Además era una época dura, en la que la expresión de los sentimientos no estaba bien gestionada. Su vida no es pobre, es austera.
Me encanta cuando me dicen que en ellas ven a sus abuelas. Yo pensé que solo conectarían con los gallegos. Pero la película se estrenó en Argentina y también ha habido gente que me lo ha dicho.

«La película, para mí son ellas. Y lo llevé hasta el final».

Me parece un acierto que en la escena del naufragio no hayas intentado ocultar la falta de presupuesto. Si llega a ser espectacular, en lugar de la peli de esas tres mujeres, hubiera visto la película de un naufragio.

La secuencia del naufragio es la que más polémica ha suscitado. Yo pensaba que iba a generar mucho más rechazo, pero son más las personas que me la han alabado. También hay gente que me dice: “claro, qué pena no haber tenido más dinero para rodar esa escena”. Yo les digo que la quería rodar así, lo tenía clarísimo. Como mucho, me habría gustado tener un día más, haber podido ofrecer más planos. Pero nada más.
No podía meterme a rodar un naufragio, porque no se trataba de tener medio millón de euros más, quizás hubiera necesitado dos millones más y me quedo corta. Y todo para rodar algo que se ha visto muchas veces en cine y de manera magnífica. Yo sabía que me tenía que ir por otro lado y que tenía que ser muy “rock and roll” y romper totalmente con lo que se había hecho. Mi influencia en esa escena fue El hijo de Saúl. La película, para mí son ellas. Y lo llevé hasta el final.

«La película tenía que ser aparentemente tranquila pero que te hiciera sentir dentro una olla a presión»

Justo antes de llamarte pensé en el tiempo. La película es lenta, lenta, lenta… y desata un torbellino en la cabeza. No sé si en lograr ese contraste consiste lo de hacer cine o son tus maneras…

Estás metiendo el dedo en la llaga. El tiempo de la película fue el tema más conflictivo, del que más se discutió, al que más vueltas se le ha dado. Te mentiría si te dijera que es algo espontáneo. Yo quería una película lenta, pausada, tranquila. Quería hacer un thriller psicológico. Mi referencia inmediata era Prisoners. La película tenía que ser aparentemente tranquila pero que te hiciera sentir dentro una olla a presión. Yo aún la habría hecho más lenta. Al ver algunas secuencias pensaba: «me ha faltado un segundo más». Y si no lo hice fue por presión de los productores. Para mí, la primera parte va rapidísima.

Me han provocado una enorme ternura dos escenas. Una es la del interrogatorio, cuando dicen que no pueden estar felices, y otra es la escena del homenaje, cuando no creen que las estén aplaudiendo a ellas… Me parecen dos cortos dentro de la peli. Cuentan una gran historia solas.

En la escena del homenaje hice un paralelismo con la escena del naufragio. En las dos, la cámara no se va de ella, no hay ni un plano en el que no esté María. Y quería mostrar como con todo, se la ve más cómoda en el naufragio que en el homenaje.
Para mí esa escena es troncal. Surge de dos ideas. Una es el accidente del Alvia en Galicia. Los vecinos que ayudaron, que sacaron a los muertos y a los heridos, se quejaron mucho de que se les hiciera más caso a ellos que a las víctimas. Además, la experiencia había sido muy traumática, y con los homenajes no les dejaban superarla. Esa idea me obsesionó al hacer la película. Por otro lado, tenía la referencia de Banderas de nuestros padres, de Clint Eastwood. Quería mostrar cómo esos homenajes pueden rozar el mal gusto. Estuve leyendo artículos de la época y encontré uno que me ayudó mucho y que decía: «si las llevamos vestidas de la isla, parece que las minusvaloramos. Y si las llevamos vestidas de la ciudad, las disfrazamos». Está claro, es un shock verlas a ellas rodeadas de mujeres vestidas de ciudad.
La otra escena de la que me hablabas, ¿dónde estaba el foco?, ¿en la alegría de haber salvado a mucha gente o te quedas colgada en la gente que no salvaste? Leyendo alguna entrevista de la época, sentí que ellas se habían quedado colgadas con eso, con las personas que no pudieron rescatar. Me interesaban para la película, las sombras del heroísmo, no las luces.

«Para mí el tema es la huida del dolor»

Actúas como una lanzadora de cuchillos, no sé si con mucha puntería o con muy mala puntería. Todos los cuchillos nos rozan… ¿Con cuál de los cuchillos querías darnos de lleno?

Cuando escribes un guion, o estás con un proyecto, lo más acertado es saber de qué va la película. Es eso que dicen del tema. Para mí el tema es la huida del dolor. Tenía dos frases apuntadas en el guion, para no irme de ahí. Una era de Macbeth que decía «cuando huyes del dolor te estalla en el pecho» y la otra era «dame un héroe y te escribiré una tragedia» de Fitzgerald.
Todos los personajes de la película huyen del dolor y es un desastre. Huye del dolor la sociedad que homenajea a los héroes en lugar de cuidar a las víctimas, que son las que están pidiendo ayuda. Huyen del dolor las protagonistas, que no saben cómo enfrentarse a lo que les sucede, tiran hacia delante y les sale fatal. Huye del dolor la madre que se ha salvado sola, que a punto está de llevarse todo por delante hasta que decide parar. Huye León, que a saber qué es lo que ha hecho para tener que ir castigado a una isla. Se intuye que hay algo muy doloroso detrás de eso. Huye el farero… Para mí, ese era el tema de la película.
Pero lo que queda y lo que llega es ¿por qué la historia trató tan mal a esas tres mujeres? Creo que no habría sido igual si fueran hombres. Está la estructura feudal de la isla… ¿Al final quién gana? Gana el poder, por eso es cine negro. Sí es verdad lo que dices, hay muchas cosas volando.

Sobre la estructura feudal de la isla… Esto ocurrió en 1921. ¡Solo son cien años y parece que cuentas algo que sucedió en una época muy antigua! Hace cien años en Sálvora había un cacique con siervos…

A veces me daba miedo por si la gente pensaba que exageraba, y que esto no podía suceder hace cien años. Pues en la isla siguieron pasando cosas muy tremendas mucho tiempo después. ¿Y sabes qué me llevó a no cortarme ni un poco con el tema de los siervos? Estuve en un viaje a Ciudad Real y me hablaron de una zona a la que iba el rey a cazar. Hay un guarda que no te deja pasar, aunque es un dominio público y hay un puente, que es un paso de servidumbre. La gente cría a sus hijos en inglés para que sepan tratar a los que van allí a cazar. Dije: “Vamos hombre, me voy a cortar yo con una historia de hace cien años si pasa ahora”. Decías lo de los cuchillos… pues a mí me apetecía hacer una película muy seca, muy cortante.

«…a mí lo de Filmin me ha pillado totalmente por sorpresa. Esa calidez me colapsó, para bien, afortunadamente»

¿Cómo has recibido que tu película se convirtiera en el estreno de Filmin más visto?

Pues mira, el tiempo que pasa desde que acabas la película hasta que encuentra su sitio, pensaba que iba a centrarme en festivales. Era mi objetivo. No pensaba tanto en el público. Así que a mí lo de Filmin me ha pillado totalmente por sorpresa. Esa calidez me colapsó, para bien, afortunadamente. Estoy muy contenta.
Me he estado mandando whatsapps y mails este tiempo con los productores y tal. ¡Es que está gustando muchísimo! Lo notábamos en todos los ámbitos: le ha gustado a mi familia, a mis amigos… No es que me digan, “me ha gustado”, como de compromiso. ¡Me han llegado unos mensajes! ¡Me dicen unas cosas! Eso me ha sobrepasado…

Vamos, que estás como María en el homenaje…

¡Total! ¡Totalmente! Afortunadamente, tras todos los vaivenes que ha tenido, vamos a ir a salas de Galicia. Es algo casi homérico ahora mismo, pero ojalá funcione y los resultados sean buenos y se estrene en Madrid, en Barcelona, Andalucía…

Claro… es que es una tremenda tristeza que una película así solo se pueda ver en la tele. Y habrá quien la haya visto en el ordenador, o en el móvil…

¡Qué horror!, pero es verdad. Fíjate, en los festivales lo normal es que los del equipo, veamos como empieza la película y salgamos porque ya la hemos visto más veces. En Donosti, con La isla de las mentiras, nos quedamos todos. Después de haberla emitido en Filmin, teníamos muchas ganas de verla en el cine, en una pantalla grande. Y a todos nos sorprendió. Como si fuera otra película.

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