Texto de BiPaul

Cuando Standstill se diluyó, casi veinte años después de su nacimiento, Enric Montefusco emprendió una particular carrera en solitario. Del punk conserva el alma, porque si este Meridiana ha sido para la crítica uno de los grandes discos del 2016, es por algo. Si el punk es la etiqueta del hazlo tú mismo y hazlo como te dé la gana, define totalmente este trabajo, que se asienta en un sonido popular, muy original y extrañamente cercano, para contar historias más íntimas que reales del barrio en el que creció.

El de Enric Montefusco no es un disco normal y corriente. Es como la conversación que un desconocido en la barra del bar entabla contigo sin que tú te atrevas a abrir la boca. Te cuenta retazos de su vida, quejas y momentos que no llegas a entender del todo, pero intuyes importantes e íntimas. Y los guardas con respeto. Las confidencias son las canciones. Por delante de ti pasan situaciones embriagadoras… como “Adiós”, “Flautaman”, “Vida Plena” o “Buenas noches”. La sensación al escuchar Meridiana es especial y desconcertante, tema a tema y una vez has escuchado el trabajo entero. No es de extrañar que la mayor parte de los medios especializados hayan contado con Enric Montefusco en la elaboración de sus listas de mejores discos del 2016.




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