Hay dos sectores empresariales que se frotan las manos en Navidad: el primero y más boyante es el de calcetines y bragas, el segundo, siguiendo muy de cerca al primero, es el de los perfumes. Parece ser que, al tiempo que la publicidad nos hace creer que estamos rodeados de productos exclusivos, todos acabamos oliendo a lo mismo el día de Nochevieja, porque no es la imaginación lo que cuenta, sino los euros que llevemos en la cartera.

Y la oportunidad de negocio no se le escapa a nadie. Desde marcas deportivas como Lacoste, pasando por actores reconocidísimos de Hollywood, como Antonio Banderas, hasta corporaciones que, como Chupa Chups, nada tienen que ver con el mercado de la cosmética, lanzan su fragancia.

Sin entrar a catalogar si son buenas, malas, regulares, porque las pituitarias de cada uno son muy libres, haremos un recorrido por diversas aguas de perfume, fundamentado en el vil metal. De las más económicas está la línea de Yves Rocher, basada en las fragancias naturales. Por poco más de once euros, tenemos un regalo que sirve para chica y para chico, basado en los aromas de la naturaleza como el té, el cedro, el bambú o la madreselva.

Para aquél con un poco más de presupuesto, encontramos las fragancias de Adolfo Domínguez. El nombre del diseñador lo hace todo y quedaremos estupendamente. A partir de 30 euros hasta 60, la gama es amplia. Por lo general son neutras y se pueden llevar puestas en el autobús, sin miedo a provocar el desmayo generalizado.

Del tipo de las florales especiadas está la fragancia de Mandarina Duck, que según sus creadores sirve para usarla de día, de noche y en cenas informales -vamos, que a no ser que nos inviten a una comunión la podemos usar siempre-. Es algo más cara, pero en este caso en el frasco caben 100 miligramos.

De ahí ya nos pasamos a los perfumes de “¡Cariño, cómo me has comprado esto, te ha debido costar un dineral!”. En este sector hay muchas, las más, que superan los 60 euros. desde las de Jean Paul Gaultier, a las de Dolce&Gabanna. Lo útil de éstas es que también se venden en frasquitos minúsculos, con precios asequibles, ante los que puedes pensar “bueno, la intención es lo que cuenta”.