«¡Madre!» de Darren Aronofsky


Texto de BiPaul

Título original: Mother!
Dirigida por Darren Aronofsky
Interpretada por Jennifer Lawrence, Javier Bardem, Michelle Pfeiffer y Ed Harris.
Año:2017

Este es un film que aspiraba a ser estudiado en las escuelas de cine y cuyo paseo por las taquillas quedó en nada. En 2017 se dijo de ella que era la película más polémica del año. Protagonizada por Jennifer Lawrence, que en 2017 era la pareja del director Darren Aronofsky, en su presentación en el Festival de Venecia, fue recibida con aplausos y abucheos, en la misma proporción que en mi casa, que somos dos.

Mucho más comercial que ¡Madre! fue Cisne negro. Sin la investigación cinematográfica de Cisne negro, ¡Madre! no tendría espacio en la filmografía del director. Quizás tampoco sin Noe, de la que los críticos dijeron que hacía un uso abusivo de la Biblia. Pero volvemos a Cisne negro. Mark Heyman, Andrés Heinz y John McLaughlin fueron los tres guionistas contratados por Aronofsky para desarrollar la historia y en ¡Madre! fue el propio Aronofsky el que elaboró el guion, donde son más evidentes sus obsesiones. Por ejemplo, en Cisne negro había referencias que nos llevaban al terror psicológico de la Semilla del diablo, de Roman Polansky. En ¡Madre! no hay intención de camuflar las referencias.

Pese a lo de Venecia y a que director y actores obtuvieron nominaciones a los Razzies, la crítica consideró ¡Madre! una buena película. Lo es porque no deja indiferente, y no en plan “santo dios, qué cosa más cutre”, como ocurre con Días extraños de Kathryn Bigelow, por ejemplo. Está muy bien rodada, muy bien dirigida y los actores, limitándose a ser actores y confiando en el resultado final, ofrecen unos trabajos sublimes. Darías una patada a Javier Bardem y a Jennifer Lawrence le gritarías: “¿Qué más tiene que hacer para que te largues?”.

El público no fue tan benévolo como la crítica. En CinemaScore, que recoge la puntuación de la gente a la salida de la película, obtuvo una F, que es la nota más baja. ¿Cómo puede ser? Jennifer Lawrence atrajo a un público muy de los juegos del hambre, que suponemos, salió de la sala jurando en arameo. Se vendió el film como un thriller psicológico. Y es más que eso. Es una película muy desagradable. No es entretenida. No es bonita. No se redime nadie. No tiene esperanza. No te da un triste respiro. Deseas continuamente que termine y al mismo tiempo, no pestañeas. ¡Madre! es puro terror, agobio y penitencia psicológica. Si no la terminas, te quedas con la duda. Y al acabar, sientes que te han dado una paliza y que sigues con la duda.

Un poco de argumento

La historia nos habla de un escritor, interpretado por Javier Bardem, en un momento de bloqueo creativo. Está casado con una chica joven, que es Jennifer Lawrence. Ella arregla la casa tras un incendio. Llega un extraño, y sin pedirle permiso a su mujer, él lo invita a quedarse. Y a partir de ahí, se suceden tremendos acontecimientos.

Si estás aquí es que ya has visto la película en las plataformas virtuales y te estás preguntando qué demonios has visto. Lo mismo hice yo. Si no la has visto, da igual que leas esto, porque el argumento es lo de menos. Se ve que cada uno puede entender lo que le dé la gana y será correcto.

La primera lectura, la evidente, la literal, es la que cuenta la película: la de un artista egoísta e inseguro, que para ganarse el aplauso del público no duda en destruirlo todo, incluso a su musa. No ama, ama que lo amen. Y su musa lo ama sin fisuras. Pero es un narcisista y quiere más. Nunca tiene suficiente.

Los símbolos y bastantes spoilers

Según el director, con ¡Madre! quería representar la destrucción del planeta tierra. No dio muchísimas más pistas.

Más entretenido que la lectura general del film, es la lectura de los símbolos evidentes, que nos da un respiro en medio del caos. Es el juego al que nos invita el director. Se trata de un discurso reconocible para la cultura occidental, basado en la Biblia. Antes de que os echéis las manos a la cabeza, pensad en que la mayor parte de las obras que podemos ver en el Museo del Prado son reconocibles porque se basan en historias de la Biblia. Así que Aronofsky hace lo mismo. Nos pone pistas propias de nuestro acervo cultural. Nos estructura así la historia.

Grosso modo, Dios —Bardem— creó la tierra, que es Madre y como se aburría, creó al hombre, representado en su fanático, interpretado por Ed Harris. Luego aparece su mujer, Michelle Pfeiffer. Los dos tratan con desdén a la esposa. Son altivos, la consideran su posesión, y a él, a Bardem, parece no importarle. Se aburre y ellos le divierten. Eso lo justifica todo. Solo se enfada cuando entran en su despacho y rompen el cristal que representa el fruto prohibido. Luego aparecen los hijos, uno mata al otro, como Caín y Abel. En las siguientes escenas, las del funeral, vemos todo tipo de reacciones: están los que desprecian a la esposa, los que no le hacen ni puñetero caso, los que quieren ayudar pintando las paredes de la casa, los que se ríen de ella y los que desean destruirla. Este es el mensaje eco. Cuando todos se van llega la calma. Dios ha dado por concluida su obra. Consigue escribir su poema. Y su esposa está embarazada.

En un salto, nos sitúa en el momento en el que su obra llega a las librerías. Dios hace como que no, pero necesita que lo adoren. Quiere más y más amor, más y más fanatismo. Permite el asesinato en su nombre, pese a que puede parar el caos cuando quiera. Y es en los siguientes minutos que Aronofsky nos somete a una tortura psicológica épica —en cada habitación pasa algo espantoso que amenaza con destruir a la mujer y a la casa— que culmina con la eucaristía. Ella pare a su hijo, y él lo entrega a la turba, que se lo come. Ella misma incendia la casa, es el fin de una civilización. Las últimas dos escenas son la representación cíclica de la historia de la humanidad.

«¡Madre!» según Jennifer Lawrence

Una de las lecturas más interesantes es la que explicó la propia Jennifer Lawrence en el Festival de Venecia, tan evidente que el hecho de no haberla descubierto es posible que tenga que ver con la propuesta visual. Todo es sublime: la luz, la atmósfera, las estampas, las texturas… el movimiento de la cámara… todo eso hace que la sucesión de escenas sea algo así como la visita de pesadilla a una exposición dedicada a Caravaggio. Así que nadie piensa en algo tan mundano como internet y las redes sociales.

A ello se suma la experiencia personal. Ninguno de nosotros somos celebrities y no somos acosados en redes sociales. Jennifer Lawrence interpretó la forma en la que actúa la gente en las redes, quizás porque se ha sentido como su personaje. La estrella abre un perfil, con la intención de alimentar su ego y en la justa medida es divertido, no está mal. Hasta que se desmadra, llegan las masas escondidas detrás de perfiles: algunos insultan, otros intentan ayudar, otros quieren robar algo y decir que estuvieron cerca de la estrella, otros profesan fanatismo y todos juntos, logran destruir los cimientos de la persona que da el alma a la celebrity.

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