«El sueño americano»: la repetición y el arte


Texto de BiPaul
Imagen (c) cortesía de prensa de la Fundación La Caixa

Hasta el 31/01 en CaixaForum Madrid

La segunda mitad del siglo XX dejó atrás París como capital de lo novísimo. Nueva York, con sus excentricidades y su histrionismo, acaparó lo que hasta la fecha era una misión de la vieja y solemne Europa. El low cost se impuso en los talleres, en las galerías y en los hogares. Y es en ese impás artístico –que llega hasta hoy– en el que se centra «El sueño americano».

«El sueño americano» es una exposición colectiva, que recoge 218 obras de 63 artistas. Algunas son muy famosas. Encontramos las serigrafías de Liz Taylor y Marilyn Monroe, de Andy Warhol, o las macro-viñetas de Roy Lichtenstein, por ejemplo. Son estas las propuestas que atraen la atención del gran público que encuentra en esta muestra un amplio estudio de un periodo y de una serie de movimientos artísticos que resultan sorprendentes. Precisamente porque los trabajos que hacen las veces de gancho, han hecho universal la idea de que el arte gráfico es muy vistoso y con poco fondo.

El orden y la propuesta

El orden de la exposición es cronológico y depara sorpresas. No solo encontramos arte pop, también hay representados artistas de otros movimientos: minimalismo, fotorrealismo, figuración, etcétera. Además, el arte sin proclamas, el más famoso, contrasta con las decenas de obras con recado. Descubrimos una producción muy amplia en la que el conflicto racial, el sida, el feminismo, las guerras, la homosexualidad, la crisis económica, social, política, la violencia, etcétera, han dejado una huella profunda.

Por ejemplo, las serigrafías de una silla eléctrica de Andy Warholl nos advierten sobre la idea de que algo repetido muchas veces, deja de resultar impactante. Un supuestamente inocuo Roy Lichtenstein se sirvió de su arte para recaudar fondos para financiar grupos de presión progresistas y de ahí surge la serigrafía I love Liberty que fue creada para un acto de People for the American Way, que defendía los derechos de las minorías. Encontramos en el CaixaForum el mítico cartel de las Guerrilla Girls, ¿Deben ir desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan Museum?, que denunciaba que del total de obras de la colección, solo el 20 % estaban hechas por mujeres y en el 80 % había mujeres desnudas. Del artista Willie Cole, llama la atención el uso de una tabla de planchar como plantilla para representar los planos de un barco negrero y de las propias planchas para simbolizar máscaras de etnias africanas. Los ejemplos de un arte profundo se cuentan por decenas en «El sueño americano».

La repetición llega al arte

Así, el nexo de la muestra no es ni el movimiento ni el mensaje, sino el mecanismo de creación. La muestra pone en un lugar de honor la técnica del grabado. De su exploración parte una gran revolución en la historia del arte y no solo desde un punto de vista técnico, también subjetivo. Hasta ese momento, parecía indispensable que una obra de arte valiosa fuera única. Con el grabado surge la posibilidad de repetir una misma idea tantas veces como el artista quiera, con cambios o sin ellos. La repetición también puede engendrar propuestas únicas, aunque suene a oxímoron.

La imprenta, inventada en el XV, enseguida sirvió para la denuncia y crítica y es natural que los creadores entendieran que su cometido, en su ámbito, era precisamente ese. El arte, que hasta el siglo XX era consumido por reyes y mecenas, podía ser repetido y llegar a todo el público, que incluso invertía en las obras para ponerlas en su casa. Hechos históricos como el asesinato de Kennedy y la guerra de Vietnam, llegaban a los talleres y se convertían en una inspiración. El arte gráfico comenzó a difundir mensajes políticos y sociales.

El sueño americano

El título de la muestra nos dice mucho de la propuesta: el sueño americano es aquello que se convirtió en la bandera del país de las oportunidades y quedó en nada. Todo el periodo encapsulado en la muestra dice lo mismo: la rabia o la ilusión de algunas de las obras se transforma en vacío argumental en otras. O ambas cosas: Robert Longo, por ejemplo, crea la imagen a tamaño natural de un hombre y una mujer que, a primera vista, bailan frenéticamente, pero que en el segundo vistazo, genera dudas: ¿bailan o les han disparado?, ¿bailan o están sufriendo un ataque?

Para terminar, cabe destacar el mimo con el que disfrutamos de todo lo dicho. Más allá de las propias obras expuestas o la importancia de los artistas –es cierto que se echan en falta algunos nombres para encontrar la historia completa– es muy satisfactorio descubrir lo bien argumentada que está en todo su recorrido. Los cartelitos cuentan una historia que merece la pena ser leída despacio. Lástima de estos tiempos que corren y de limitaciones temporales: en dos horas es imposible empaparse de todo lo que allí se nos explica. Y lástima que hayan hecho un catálogo de categoría que podemos comprar, pero no consultar por internet.

Más información: https://caixaforum.es/es/madrid/p/el-sueno-americano-del-pop-a-la-actualidad_a12643579

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