VENECIA, la ciudad efímera


Texto: SANDRA SÁNCHEZ
Fotografías: ALEJANDRO QUISI Banco de Imágenes del MEC

Un paseo en góndola por Venecia puede servir para muchas cosas. Los prácticos ahorran suela y aprovechan para hacer un recorrido turístico. Los románticos piden en matrimonio a su pareja. Las góndolas también se usan para bodas y funerales y los nostálgicos acompañados de un amigo -esta es de las cosas que nunca haríamos solos- emulamos a Madonna y su Like a Virgin. El gondolero te mira con cara de «¡te creerás muy original!»

Venecia es efímera porque se hunde a razón de 13 centímetros cada 100 años. Cada primavera y otoño la Plaza de San Marcos -la parte más baja de la ciudad- se encharca dos veces al día y venecianos y turistas sólo pueden pasearla en fila de a uno por una especie de templetes. El gobierno italiano trabaja en la colocación de unos diques que eviten la entrada de agua, y un grupo de ingenieros de la Universidad de Padua estudia la posibilidad de inyectar agua a 700 metros por debajo de la ciudad. En fin, supongo que alguno de estos proyectos dará frutos.

Así, Venecia es única por su fisonomía. La ciudad se construye sobre 118 islas conectadas por 400 puentes que se elevan sobre 150 canales. A lo largo de los siglos ha albergado enormes fortunas. Nobles, clérigos y burgueses actuaron como mecenas y patrocinaron el trabajo de numerosos e importantes artistas que acudían a la ciudad como las moscas a la miel. Así allí fueron Gentile Bellini en el s. xv y Francesco Guardi a finales del s. XVIII y por el medio, figuras de la talla de el Veronés y Tintoretto.

No sólo de pintores vive Venecia, también de arquitectos que sembraron a su paso palacios e iglesias de enorme entidad histórica y artística. La Ca’d’Oro, con fachada de mármol dorado, alberga en la actualidad un museo que conserva pinturas como el San Sebastián de Andrea Mantegna. El Palacio Grassi, construido a mediados del siglo XVIII, es en la actualidad una sala de exposiciones financiada por Fiat. El Palacio Vernier de Leoni alberga la colección de Peggy Guggenheim. Todos ellos tienen fachadas impresionantes y se sitúan a orillas del Gran Canal. Por tanto, podremos ir viéndolos, junto a otras grandes estructuras, a lomos de un abarrotado vaporetto.

También hay iglesias a patadas: más de cincuenta, según la página web de la ciudad. La más importante -sin contar con San Marcos- es La Basílica dei Frari que merece una visita profunda porque  alber-ga obras de arte de valor incalculable: La Asunción de Tiziano, el San Juan Bautista de madera de Donatello, única pieza del artista en Venecia, el tríptico de Giovanni Bellini, el Retablo de Ca’ Pesaro de Tiziano… También hay que hacer por ver otras iglesias, como la de San Zaccaria, la de Santi Giovanni y Paolo y la de Santa Maria della Salute. Importante dato «2×1»: al lado de algunas iglesias hay escuelas y son importantes la dei Carmini, la di San Marco o la di San Rocco.

Decíamos al principio que Venecia está conectada por más de 400 puentes y algunos de ellos son auténticos emblemas de la ciudad -y no sólo por el Like a Virgin-. El Puente de Rialto es quizás el más famoso y uno de los cuatro que atraviesan el gran Canal. Los otros son el Puente de la Academia, el puente de los Descalzos, de principios del siglo XX que llega hasta la estación  -y por tanto es de tránsito habitual de turistas- y el Puente de la Constitución, una obra reciente, cuya inauguración no ha estado exenta de  polémica, del arquitecto español Santiago Calatrava. El Puente de los Suspiros, sobre el Rio Di Palazzo, es otro de los puntos simbólicos de Venecia. Unía los calabozos del Palacio Ducal con la antigua cárcel de la Inquisición y debe su nombre a los lamentos de los presos, que desde allí veían por última vez el cielo y el mar.

La Plaza de San Marcos es uno de los lugares más asombrosos de Europa. Allí está, haciendo esquina con la laguna de Venecia el Palacio Ducal. De estilo gótico, es como un enorme bloque de mármol capaz de atrapar los rayos del sol. La Basílica de San Marcos fue iniciada en el s. IX para guardar los restos  de San Marcos, robados, según dicen, en Alejandría. Es un ejemplo  sin competencia del arte bizantino latinizado. La Torre del Reloj será lo primero que veamos de Venecia, ya que su altura permite que la veamos desde la laguna. En la parte superior hay dos estatuas  gigantes, conocidas como los moros que marcan las horas repicando las campanas. También en San Marcos encontramos la Procuradoría Antigua, el Ala Napoleónica, la Procuradoría Nueva, el Campanario de San Marcos, Logetta y la Biblioteca Marciana. La planta baja de los edificios está ocupada por cafeterías, cuyas terrazas se extienden por la flamante plaza.

Cuando hablo de sitios que he visitado, me gusta extenderme en el ambiente de las calles. Bien, en Venecia veréis pocos lugareños… Hordas de turistas circulan por sus estrechas calles restándoles encanto y romanticismo. Además, esto convierte la ciudad en el infierno de los mileuristas: los empresarios no tienen ninguna necesidad de fidelizar a sus clientes. No es barato comer, ni beber, ni tomar un triste café. Hasta hacer pis tiene un coste -de hecho existe una WC Card. Para comer podéis ir a las Trattorías, algo menos caras que los restaurantes. Antes de pedir, fijaros si tienen váter. No os fiéis de los menús turísticos, que no son lo que parecen. Y no os creáis que vais a comer de lujo, la calidad gastronómica de Venecia no brilla por su excelencia. No debes dejar de entrar en las tiendas de artesa-nía, donde hay auténticas maravillas. No obstante, no te compro-metas ni con tu madre en la compra de una máscara de carnaval porque cuestan un ojo de la cara. Como un lujo muy humano, disfrutad de un capuccino en una terraza de la Plaza de San Marcos: es caro, pero podéis alargarlo un buen rato para escuchar a las orquestas, ver los ataques de las palomas a los turistas y descansar en uno de los lugares.

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