Texto de Covadonga Carrasco
Fotografía cortesía de Wood Producciones

Estreno en España: 22/11/2019
Dirigida por Andrés Wood. Con María Valverde, Mercedes Morán, Marcelo Alonso, Pedro Fontaine, Gabriel Urzúa, Felipe Armas, Caio Blat, María Gracia Omegna, Mario Horton Fleck y la actuación especial de Jaime Vadell.
Candidata por Chile al Oscar.

El movimiento paramilitar chileno, Patria y Libertad se disolvió tan solo tres días después de que el régimen de Pinochet fuese una realidad. El trabajo estaba hecho. Pero las arañas tienen muchas patas.

Andrés Wood muestra en Araña el fascismo, tal cual. Sin lavados de cara, sin medias tintas, con la dureza de saber que no ha desaparecido nunca. Solo se había mantenido silencioso, discreto, normalmente entre las élites, ganando cantidades ingentes de dinero, posicionado estratégicamente. Pero ahí, siempre ahí.

La película se desarrolla en Chile, pero podría ser España. Demasiadas similitudes y la misma rabia, la misma violencia y lo peor de todo, la misma permisibilidad. Porque mal que nos pese, si el fascismo vuelve a abrirse hueco en todo el mundo, es porque se le permite, infravalorando su capacidad de hacerse fuerte, una vez más. Y si hay algo de lo que nos habla esta película, es precisamente de eso.

El pasado se presenta de forma inesperada en la vida de Inés. Ella, elegante, no pierde la calma, es el momento de tejer su tela y mover sus hilos. Es una mujer respetable, de pasado fascista y criminal, carrera exitosa y presente de familia habitual en la portada de las revistas del corazón. Señoras bien, señoras fetén. Con un par de visitas a las personas adecuadas, jueces y médicos, será suficiente. Todo en orden.

Andrés Wood no deja de lado las múltiples formas en las que este tipo de comportamientos intentan blanquearse: obras benéficas, extraordinaria educación, la lucha por la paz, el orden y la justicia (¡ja!)

Lástima que, a veces, el pasado insiste en abrirse hueco, y las patas de la araña no siempre se pueden controlar. Especialmente si la violencia, la erótica y el poder se convierten en la fuerza que las mueve. Hay instintos que son incontrolables ¿o no?

Wood muestra en la película, uno por uno, todos los patrones propios del fascismo: discursos contra la inmigración, amor a lo “nuestro”, la necesidad de la lucha antimarxista como raíz de todos los males de un país y, por supuesto, la defensa de la violencia más extrema si se trata de defender el ultraje de la patria. Los principios están claros, si hay que saltarse la ley porque no esté acorde con ellos, no hay problema. Primero mis ideas, que son las “buenas”, por encima incluso del derecho a la vida de los demás. Sota, caballo y rey.

Especialmente curiosa es la relación entre Justo y Gerardo, los otros dos protagonistas, sobre todo, por la forma en la que el primero se dirige al segundo en dos momentos clave de la película. Como a un perro, con ladridos, mostrándole pedazos de comida. No podía haber una metáfora mejor. Perros de presa empleados para atacar.

Justo y Gerardo quieren poder, no solo ideológico, sobre Inés, que es la que realmente se encarga de sustentarlo. Ella es el centro de todo, por muchos motivos. Pero cuidado, no es la culpable, solo teje la tela de araña para conseguir su objetivo, el de todos, el común.

En esta cinta la idea de buscar un mártir que provoque la indignación y la furia del pueblo se convierte en el objetivo final. Si le sumamos que el que se ofrezca a ejercer este papel se convertirá en un héroe para sus compañeros, el plan no puede resultar mejor.

Pero Inés sabe todo lo que puede perder y es capaz de poner su mejor sonrisa mientras asegura que: “A esta vida solo le pido: paz, amor y un poquito de Mozart”.

Araña no nos descubre nada nuevo, pero nos pone frente al espejo, ante los discursos de los que no hemos aprendido, la banalización del terror. Pero, sobre todo, nos agita para que despertemos ante una situación, la actual. La araña está a punto de picarnos y su veneno, es mortal.