Tania Lobato
Portada de enero de 2009

Jóvenes, simpáticos, locuaces y aman el cine. Y se entregan a él. Y lo defienden a capa y espada: «Hay mucho prejuicio con nuestro cine pero… ¡se están haciendo cosas nuevas!».

Vuestros personajes tienen una relación bastante enfermiza… ¿cómo habéis podido meteros en su piel?
Clara.- Hombre, yo creo que la parte enfermiza es la de Álvaro más que la mía. Hicimos muchas lecturas de guión con Manolo [Gómez Pereira], analizando secuencia por secuencia y viendo la curva de los personajes y de la historia en general. Pero bueno, que te cuente él.
Álvaro.- …depende mucho del contexto en el que los sitúes.
David es una persona que sólo tiene la relación con Sandra, por eso cuando ella se va se vuelve loco. Quizás otra persona que tuviera otros estímulos, otras motivaciones en la vida, no sería tan radical. Por eso yo no creo que sea algo enfermizo; es que es su único objetivo en la vida y va a muerte a por ello.

También parece que Sandra no acaba de desengancharse de la relación con David…
C.- …yo creo que es al contrario: cierra un capítulo, una historia que ha sido muy fuerte en su vida. Ha pasado su infancia y su adolescencia con David y lo que hace es una especie de homenaje a lo que ha significado para ella, porque aunque tengan una relación tan tensa y tan obsesiva no deja de ser su David: su mejor amigo, su primer amor… y eso siempre marca mucho.
A.- … es un poco la idea de «amores que matan nunca mueren».

¿Y qué tal con el equipo?, sobre todo en las escenas más difíciles, las subidas de tono, y más siendo tan jóvenes.
A.- Yo creo que esas escenas no han sido las más difíciles. Las más complicadas han sido otras en las que estábamos, por ejemplo, ocho horas con la misma secuencia, con la misma emoción y donde la crudeza superaba a lo de estar desnudos, besarnos y acariciarnos… La relación con el equipo ha sido muy buena, estamos muy agradecidos. Se portaron muy bien y respetaron los momentos que necesitas de concentración.
C- Hay muchas escenas con una implicación emocional muy bestia. Por ejemplo, en mi primer día, que estaba como un flan, rodamos las escenas más violentas. Sin embargo, todo el equipo respetó el tiempo que necesitaba para concentrarme porque veían que estaba súper nerviosa.

¿Cómo os sentís trabajando en algo tan poco convencional?
C.- Como yo llevo trabajando en esto desde los diez años, ya forma parte de mi vida cotidiana. Excepto en momentos puntuales, nunca lo he visto como nada extraño para mí ni tampoco me ha cambiado tanto la vida.
A.- Bueno, yo es que he trabaja-do en esto puntualmente. He vivido siempre en Barcelona con mi familia, tengo las mismas costumbres, sigo estudiando… no he cortado ningún ciclo en ese sentido. Evidentemente es un trabajo poco convencional pero yo no lo considero como tal. No es algo que necesite para vivir, para pagar una hipoteca… todavía no. Es un complemento a mi vida normal y aprendo mucho de ello a nivel personal.
C.- A mí este trabajo me parece muy bueno porque, sobre todo cuando lo eliges tú, es vocación pura y dura. Desde pequeña lo he tenido muy claro y sin embargo la mayoría de mis amigas, estando ya en la carrera, no tienen muy claro qué es lo que quieren hacer o a qué se quieren dedicar. Es estupendo tener una vocación y disfrutar tanto del trabajo. Es una ventaja.
A.- Y la otra ventaja, la clave, es poder hacerlo. Cuando se cumplen las dos, poco más hay que pedir.

Álvaro, veo que vas siguiendo el camino de Clara porque estás nominado al Goya como mejor actor revelación.
A.- Pues sí, ahí estamos, a ver qué pasa…
C.- Yo soy bruja. Cuando estábamos rodando la película ya se lo dije: «te van a nominar a actor revelación» y él me decía «que no, que no…».

¿No te tiemblan un poco las piernas?
A.- No, tampoco. No me lo tomo así. Me hace muchísima ilusión, obviamente, pero ahora estoy con algunos cambios en la universidad y entonces no me deja mucho tiempo para pensar en ello… y mejor.
C.- A mí me parece muy fuerte… todavía no se ha estrenado nuestra peli, por lo que no la ha visto nadie ni se ha podido hablar de ella. Y aún así, Álvaro, que te hayan nominado… es la bomba.

Te premien o no, yo creo que la nominación ya es un reconocimiento.
A.- Sin duda. Y aparte, ya no es sólo un reconocimiento de gente anónima, sino de gente a la que admiras. Que alguien a quien admiras te venga y te diga que has hecho un buen trabajo o que estás muy bien en la película… eso ya es muy fuerte.

¿Dónde os sentís más a gusto, en el cine o en la televisión?
C.- A mí, personalmente, me gusta más el cine porque me parece que como actriz puedes hacer un trabajo más profesional, más intenso. En la tele todo va súper picado, súper rápido… en un día tienes no sé cuantas mil secuencias y nunca sabes qué le va a pasar a tu personaje porque va dando giros que ni te los esperas ni sabes de dónde vienen. Sin embargo, en una película eres tú quien puede planificar más o menos en qué momento da la curva tu personaje o como cambia en cada secuencia porque luego viene otra que lo va a justificar.

¿Dirías que el cine es más íntimo?
C.- También, sí. Sobre todo porque estás dos meses, o los que sean, metido en una burbuja y durante ese tiempo todo lo que te rodea es la película. Estás totalmente absorto. Todo el rato. Y luego termina, la burbuja explota y ya no sabes nada más hasta pasado un año cuando se estrena la película.

¿Pero qué te da la televisión?
C.- La televisión te da una rapidez y un ritmo que el cine no te da. En la tele, la parte de la preparación actoral se pierde; te tienes que acostumbrar a que tienes que sacar las emociones mucho más rápido que en el cine. Y si no las puedes sacar tienes que aprender, por lo menos, a que queden en pantalla.

La pregunta tópica: En vuestra opinión ¿cómo es la situación actual en cine español?
A.- Bueno, se habla siempre del cine español pero yo creo que el problema está en el cine en general. Lo que pasa es que el cine español, simplemente, tiene una cuota de pantalla menor que el cine americano, de tan solo un 17% frente a un 80%. Entonces, claro, si el cine en general va mal, pues el español, también.

¿Puede ser también, digamos, una «falta de patriotismo» en cuanto a nuestro cine?, ¿o una cuestión de gustos? Porque, por ejemplo, el cine francés en Francia tiene más peso que el cine español en España.
A.- No, yo creo que más que en cuanto a gustos, es un tema de cultura cinematográfica. Cuando se empezó a formar lo que parecía que sería una industria del cine español, se estaban produciendo películas a cambio de licencias de doblaje del cine americano. Entonces, claro, uno no puede estar produciendo cine a cambio de la «industria invasora». Si ya se parte de una industria así pues es difícil que luego se remonte. Los franceses fueron listos, por eso hay un Instituto del Cine Francés, hacen mucho cine, etc. Además, aunque yo creo que el tema está empezando a cambiar sí que, entre la gente joven, lo del cine español les suena a algo muy antiguo.
C.- Yo creo que el problema en España es que hay mucho prejuicio con nuestro cine porque se han quedado en eso, en el cine más antiguo español. A mí me da mucha rabia y lo veo cada día en la gente de mi edad: afirman que detestan las películas españolas aunque luego no se acuerdan de la última que han visto. ¡Se están haciendo cosas nuevas! No sigue siendo lo de hace quince o veinte años, las cosas cambian.
A.- Además, yo creo también que hay películas, no ya de hace quince o veinte años, sino más antiguas, que son modernísimas. También hay que pensar en eso. Hay cosas de los años sesenta que son más modernas que lo que se hace ahora. Hay obras maestras, como El Verdugo, donde encuentras que hay mucho que contar. Quizás el tema es que deberían plantearse lo que quieren contar ahora ¿no? A lo mejor es que lo que se está contando no está dentro de lo que el público pide, de lo que a la gente realmente le pasa.