Entrevista de Reyes Muñoz

Muchos piensan que David DeMaría llegó, vio y venció. Con el primer trabajo que producía una gran discográfica se hizo con un Ondas, y el segundo, titulado «Barcos de Papel», va como un tiro. No obstante, el no se cansa de repetir que lo ha tenido muy difícil, que lleva más de media vida luchando por su música, y que después de mucho concierto en bares, lo ha logrado. Ahora se ha convertido en un boom: le pinchan en todas las emisoras, le solicitan en todos los programas musicales y quieren que toque en todas las plazas.

«Con los pies en la tierra» es la una de las frases preferidas de David DeMaría. Sus amigos son los de siempre, su familia es lo más importante, y su música es un canto al amor. Tres consignas, que después de catorce años de dedicación a la música dan frutos. Eso si, la cosecha de 2004 ha sido magnifica, y seguramente, la de 2005 sea mejor.

¿Leía en un periódico que «Barcos de papel» es el segundo disco que haces en serio… ¿es esto verdad?

No, no es así. Este es el segundo disco que hago con Warner, y creo que es el trabajo con el que me he sentido más libre para trabajar. Pero en serio, yo creo que hago absolutamente todo, hasta freír un huevo.

Estar donde estás ahora ha requerido mucho esfuerzo, trabajo duro… ¿Sientes que los años que te preceden dan credibilidad y prestigio a tu música?

Por supuesto. Cuando sumas el bagaje de toda una carrera de dedicación, que puedes demostrar con hechos, con trabajos anteriores, con media vida dedicada a la música -tengo veintiocho años y comencé en esto a los catorce- y por fin notas que tu carrera adquiere un ritmo ascendente, pues al final sirve para demostrarte a ti mismo que ha merecido la pena, y a los demás, que tu éxito es fruto de la perseverancia y la constancia. Es más bonito esto que convertirte en un artista de una canción, que suena en la radio un verano, o ser el producto de un boom televisivo…

Parte de tu trayectoria está marcada por componer temas para Los Caños o Malú, o la gente de OT… ¿esto era para hacer caja o quieres seguir prestando tu talento a otros?

Como compositor que me considero, siempre tengo algo que escribir, lo que pasa es que ahora lo hago de una forma más dosificada. Tuve una época en la que, como intérprete, era un incomprendido total de las discográficas y como tenía que vivir y comer, no me quedaba otra que escribir para otros artistas.

¿Parte de esa incomprensión de las discográficas era porque tus letras eran demasiado sentimentales, o melancólicas en un momento en el que la música española o era muy macarra o era muy de cliché?

En la música, como en todo, hay ciclos y hemos pasado uno de un estilo basado en estribillos facilotes, o incluso en el que se daba más importancia al tema de las coreo-grafías, y al final todo se parecía y unos plagiaban a otros… La gente ha quedado un poco harta de todo esto y ha comenzado a interesarse por otras cosas. Yo creo que es más selectiva y que además de un ritmito o una melodía determinada, también está más pendiente de lo que se dice, de los textos.

Cantas al amor en todas sus formas… ¿Es una fórmula comercial o piensas que este sentimiento es el motor de todas las cosas?

Yo creo que el único motivo por el que merece la pena vivir es por el amor. No hemos nacido para trabajar, ni para sufrir, ni para hacer lo que hacemos. Todo cambia si todo eso lo hacemos con amor. Entonces sí tiene sentido. Si, por ejemplo, tú me haces esta entrevista con cariño, estarás más tranquila, te sentirás más cómoda y sentirás que tienes alas haciendo tu trabajo. Pues así pasa con todo. Por tanto yo compongo mis canciones convencido de que para vivir bien, ser feliz, hay que amar todas las cosas, y en este disco no sólo hablo del amor de pareja, de que te quiero, que me quieres, que te dejo, que te deseo… que también, en este disco tengo canciones sobre la niñez, sobre la mujer, sobre ese mal que ataca a la música que es la piratería. Hasta en eso debe haber un sentimiento y un respeto a un trabajo que los artistas hacemos con mucho cariño.

¿El éxito cambia a las personas? Ya no a ti, sino a los que te rodean…

Sí que es verdad que cuando mi trabajo tuvo repercusión hubo gente que cambió un poco. Pero lo importante es que tanto tú como los que te rodean sepan diferenciar entre la persona y el personaje. En ese sentido, yo tengo la cabeza muy bien amueblada, y la gente que tengo cerca es la de siempre: mis amigos, con los que viajo, el del taller de discos, mi manager, mi familia… con ninguno ha habido ningún problema por un cambio de actitud.

Dices que no se te sube el éxito a la cabeza… pero, ¿ni con un premio ondas en la maleta?

Bueno, tengo que decir que para mí ha sido muy, muy importante, porque al fin y al cabo es el premio que otorgan los periodistas, y esto es como decir que ellos se alzan con lo que siente el público. Y además, es como si yo recogiera el testigo de artistas como Alejandro Sanz, o Amaral o Joaquín Sabina… Como te puedes imaginar, ir a recoger ese premio fue una alegría tremenda.

Antes hablabas de tus amigos… que deben ser muchos porque en más de una ocasión han comentado que no tienes un club de fans, que tienes un club de amigos…

Sí que son mis amigos porque ellos confiaron en mí cuando nadie daba un duro por mi música. Ni me ponían en la radio, ni las compañías discográficas querían apostar por mi trabajo… y ellos iban a verme a todos los conciertos. Tengo fans que empezaron conmigo muy jóvenes y que ahora son padres, y que me animaban porque no les gustaba la música que sonaba y tenían una forma de ver la vida parecida a la mía. Y siendo así, por supuesto que ya no les considero fans, les considero mis amigos.

¿Por qué titulas el disco “Barcos de papel”?

Creo que todos somos frágiles y sensibles como un barquito de papel, y al mismo tiempo, igual de libres. A mí me ha pasado en la música, durante años crucé mares y océanos, machacado por los truenos y las tormentas, y al final, parece que he llegado a puerto.

Ya para terminar… ¿Tienes explicación a que salgan tantos artistas de Cádiz?

Pues sí. Estoy convencido de que se debe a varias razones. Por un lado Cádiz es la ciudad de España con más paro, y eso hace que tengamos más tiempo para tocar la guitarra, pensar o mirar al mar, y además allí cada dos por tres tenemos ferias, y desde pequeño nos meten el flamenquito, y aprendemos a llevar el compás, nos aficionamos a las palmas. Lo bueno es que hay mucho arte, pero, no es oro todo lo que reluce. Los niños ven a los artistas en la tele y ya quieren ser como ellos, sin hacer nada más, y eso es muy peligroso. Los padres deben procurar que estudie o se forje una carrera factible, de carpintero, de médico o lo que sea. Y además hay mucho trepa, mucho cara dura que quiere triunfar con dos canciones plagiadas de otros. Hay mucha estrellita, y ya se sabe, las estrellitas en el único sitio donde están bien es en el cielo.