Texto de Sandra Sánchez Basagaña
Fotos (cc) de www.flickr.com
Imágen de cabecera Frank Gehrys Häuser y Rheinturm. Fotografía de Luke Ma (cc)

Con más de medio millón de habitantes, Düsseldorf es una de las ciudades importantes de Alemania y como tal, sufrió una primera mitad del siglo xx infernal. Entre 1921 y 1925, tras la derrota del Segundo Reich, los ejércitos de ocupación estuvieron en la ciudad y dos décadas después, los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial la convirtieron en ruinas. Pese al apocalipsis, Düsseldorf se rehízo económicamente y en todo este tiempo no ha dejado de crecer. Y si hace un siglo la industria pesada era su motor, en la actualidad es considerada una ciudad de servicios. Hoy es una de las cinco metrópolis del mundo con mejor calidad de vida.

“Pese a que Berlín se lleve la fama, Düsseldorf es un importante enclave cultural. Desde que en el siglo xviii se fundase su Academia de Bellas Artes, que es una de las primeras de Europa, la ciudad ha sido un importante foco artístico”. Esto nos lo cuenta Marta Barrecheguren que es traductora y músico de formación aunque actualmente trabaja como gestora cultural. Ella estuvo una temporada de au-pair en casa de una familia alemana a las afueras de Düsseldorf. Allí conoció a Judit Samblás, traductora técnica de alemán e inglés, que hacía prácticas en una empresa de Wuppertal, muy cerca de Düsseldorf. Ambas nos ofrecen su visión de esta preciosa ciudad del oeste de Alemania.

dusseldorf6Hofgarten. Fotografía de ds1987 (cc)

Cuando uno llega a una ciudad, el ansia se suele centrar en visitar monumentos y edificios históricos. Sin embargo, los que han pasado en Alemania más de una semana, nos suelen recomendar que nos fijemos en jardines, parques e incluso algo que podríamos definir como bosques urbanos. Düsseldorf no es la excepción: “eso es lo que más me gusta de Alemania –nos dice Judit– en cualquier ciudad te encuentras zonas verdes inmensas que te permiten evadirte de todo. Hay tantas que es difícil decidirse. Solo hay que mirar un mapa para ver que está llena de estos espacios y que no son precisamente pequeños”. Las guías se empeñan en señalar como visita obligada el jardín japonés. El motivo es que Düsseldorf es, con más de diez mil japoneses, la capital nipona de Europa. Aunque Judit y Marta nos animan a visitarlo, ambas coinciden en señalar Hofgarten como su favorito: “está muy cerca del casco antiguo y es un parque grande con un lago en el que hay patos y cisnes. Me trae buenos recuerdos”. Esto nos lo cuenta Judit que añade nuevas opciones: “Volksgarden consigue que nos olvidemos de que estamos en medio de una ciudad y el jardín botánico también merece una mención dentro de los lugares a los que acudir”.

Los mejores momentos para visitar Düsseldorf
Según nos cuenta Marta, en Düsseldorf siempre pasan cosas. En diciembre montan el Weihnachtsmarkt, el mercadillo ideal para adquirir adornos de Navidad y calentarse con el Glühwein que es un vino caliente con especias, cuyo sabor, nos advierten, no es el mejor del mundo pero que con el frío entra de lujo. En julio se celebra Rheinkirmes, una fiesta a orillas del Rin con música y atracciones. Los fuegos artificiales son uno de los momentos preferidos de los locales. “Cuando nosotras estábamos allí –nos dice Judit– en verano, algunos locales sacaban piscinas de plástico donde metían mesas de la terraza, con lo que tomabas las cervezas con los pies en remojo. Espero que no se haya perdido la costumbre”. El Altstadtherbst Festival se celebra entre septiembre y octubre. En el casco antiguo y en otros espacios de la ciudad se programa música, teatro, danza, etcétera. Y en primavera, la comunidad nipona organiza varios actos por toda la ciudad

Con un esquema claro de los espacios en los que oxigenarnos toca caminar por las calles para descubrir la historia de la ciudad. Terminada la Segunda Guerra Mundial, casi no quedaba nada en pie, y aunque algunos edificios fueron reconstruidos, otros se levantaron de la nada. En Düsseldorf, Frank Ghery –el arquitecto del Guggenheim de Bilbao– encontró un lienzo y su firma de cristales y muros retorcidos es visible en unos edificios conocidos como Frank Gehrys Häuser. El de esta ciudad es uno de los paseos portuarios modernos más bonitos del mundo, con el encanto del contraste de lo contemporáneo con los desgastados astilleros de la vieja ciudad. El paseo por el Rin se completa con la recomendación de Judit de subir al Rheinturm: “está en los límites de la Altstadt (ciudad vieja). Es una torre de telecomunicaciones de 240,5 metros de altura, que cuenta con un mirador en la parte superior y las vistas valen la pena. El eje de la torre es una escultura luminosa que es a la vez el reloj digital más grande del mundo”.

dusseldorf3Altstadt Fotografía de Luke Ma (cc)

“Como en todas las ciudades alemanas –dice Judit– es fundamental visitar la Altstadt, porque es donde se concentra todo lo más interesante: ayuntamiento, plazas y calles típicas, tiendas, cervecerías…”. Marta añade: “Uno podría pensar que los alemanes no hacen mucha vida en la calle, pero esto no es así en la Altstadt de Düsseldorf, allí siempre hay gente y lo normal es encontrar camareros abriéndose paso entre las mesas con bandejas a rebosar. Para que no os reconozcan inmediatamente como turistas deberíais saber que allí no hace falta ir a la barra, basta con hacer una seña al kellner, que os dará vuestra cerveza y un posavasos en el que hará una marca por cada Alt que toméis. A la hora de pagar, solo hay que contar el número de marcas”. “Y si no queréis que cuando el camarero vea vuestro vaso vacío os lo cambie por uno lleno –apostilla Judit– tenéis que poner el posavasos encima del vaso”.

Altbier es la cerveza local y nunca, nunca, nos advierte Judit, os debéis pedir una Kölsch que es la típica de Colonia. Las urbes son vecinas y rivales y ambas compiten por convertirse en la ciudad renana de referencia. En Düsseldorf hay multitud de cervecerías en las cuales solo se sirve la que fabrica la casa. Tres son las preferidas de Marta y Judit: Zum Schlüssel en la Altstadt, Schummacher Alt, que es la más antigua de Düsseldorf y Füchschen, con mucha historia.

De la gastronomía típica nos habla Judit. Podemos probar sin miedo distintas salchichas en los puestos de la calle: “una que hay que comer, sí o sí es la Curry Wurst. En la estación de tren puedes encontrar estos puestos con tipos de comida muy diferentes. Muy habitual es el Snitzel con Spiegelei, que es un filete de carne empanada con un huevo estrellado. Las Frikadellen son algo parecido a una hamburguesa”.

Los aledaños
Düsseldorf está muy cerca de otras importantes ciudades como Bonn, Colonia o Aquisgrán. Por tanto, bien podemos elegirla como centro de operaciones para visitas a puntos más o menos retirados.
Por ejemplo, podemos hacer caso a Marta y acercarnos al castillo de Benrath (Schloss Benrath): “está a las afueras y tanto el palacio en sí, en el que te dan unas estupendas pantuflas para hacer la visita guiada, como sus jardines al estilo Versalles, merecen la excursión”.Por su parte, Judit nos anima a visitar Wuppertal, muy cerquita de Düsseldorf. “Allí está el Schwebebahn, un medio de transporte público muy poco común. En este tranvía colgante se puede llegar hasta Barmen-Mitte, e ir a tomar una cerveza a la Wuppertaler Brauhaus, una antigua piscina reconvertida en cervecería. Tiene parques para hacer senderismo, un jardín botánico y un jardín zoológico. Además, la Ópera de Wuppertal y el teatro de danza Pina Bausch hacen palidecer la agenda cultural de ciudades más grandes”.

El amor a la música es otro de los rasgos que definen la idiosincrasia de los alemanes y esto lo notamos casi en el instante en el que ponemos los pies en tierras germanas. “Los melómanos –señala Marta– no pueden perderse dos espacios fundamentales: la Tonhalle que es la sede de la Sinfónica de Düsseldorf y la Deutsche Oper am Rhein, con una de las mejores programaciones líricas del país”.

Seguimos con nuestra visita. “Es obligado ir al Kunstpalast o Palacio del Arte –nos dice Marta– en donde además de su colección permanente, que abarca desde la antigüedad clásica hasta la actualidad, se programan las principales exposiciones itinerantes a nivel europeo e internacional”. Otra recomendación de Marta es la Kunsthalle que es diferente de otros museos tanto en su aspecto como en la filosofía de lo que alberga. No tiene una colección propia, sino que organiza muestras temporales con el objetivo de consolidar tendencias en el arte contemporáneo.

dusseldorf2Medienhafen (antiguo puerto comercial) Fotografía de Heribert Pohl (cc)

Antes de volvernos compraremos los objetos que demostrarán a la familia que hemos estado en Düsseldorf. Podemos dar un paseo por Königsallee (o la Kö, para los locales) aunque Marta nos dice: “es la 5ª Avenida de Düsseldorf. Esta ciudad está considerada como una capital de la moda, un poco pija, incluso, y en esta arteria se concentran los grandes diseñadores”. Es muy probable que ni siquiera nos planteemos comprar nada allí, pero por mirar, no cobran.

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