Por Tania Lobato

Luces resplandecientes, gasas, flecos, focos y flashes. Lentejuelas, capuchas, burkas, country, rock y electrónica. Y lana, muselina, plumas, terciopelo, algodón y nylon. Y cascos mineros y ositos de peluche… y guitarras, imanes y madera. Hombres y mujeres caminando bajo el frío invierno de Berlín o el asfixiante calor del Far West. Toda esta disparidad de elementos aparentemente inconexos desfiló el pasado 20 de febrero ante nuestros ojos en la pasarela de ‘El Ego’ de Madrid Fashion Week, la plataforma de Cibeles dedicada a impulsar el talento de los jóvenes diseñadores. Y por supuesto, hemos venido a contároslo.

Madrid, 11:30 am, sala Cibeles. Los cuarzos del duro trabajo minero se revelan brillantes en medio de la superficie blanca, lisa y recta por la que caminan los modelos de Bohento. Es un estilo industrial, incluso tétrico: pretende evocar la penosa situación de los trabajadores de los yacimientos de Johannesburgo, Sudáfrica, donde muchas veces se pierde más de lo que se gana. Los colores varían, pero ganan en presencia los tonos ocres y marrones que recuerdan a la tierra bajo la que trabajan estos mineros. Los impermeables y las cazadoras nos recuerdan a los monos de trabajo, y las faldas-tubo tienen un aire metálico. Todo se une al granate de la sangre y las gasas vaporosas.

La sensación de angustia se evapora cuando entra en escena Karlotalaspalas, con una colección teñida de madera que nos retrotraen a los verdes parajes de la selva de Irati, en su Navarra natal. La ropa tiene su punto retro, con gabardinas, pashminas, calcetines y chaquetas de punto que recuerdan a la moda de los años 40. No obstante, los pantalones de pitillo (tanto estrechos como de estilo árabe) y las faldas masculinas aportan el toque moderno a una colección por lo demás un tanto sobria.

Descansamos: un café y un paseo por el showroom de El Ego -donde se pueden adquirir prendas prêt-à-porter- y volvemos a los desfiles. Son las 13.10 pm y estamos en la Sala Neptuno. Al ritmo de rock y deslumbrados por los flashes, comienzan a circular los hombres-niño de la gallega Marta Montoto. Hay mucho blanco, mucho rojo, mucho negro y algunos colores pálidos; todo ello conforma una amalgama risueña donde los enfants terribles pasean descuidadamente sus ositos de peluche, sus orejas de ratón y sus pijamas estampados. Cobra sentido la frase “son como niños”.

Sirenas y semáforos: ¡Atención!, ¡entran en acción los stops de Roberto Piqueras! La puesta en escena es impactante: se acercan hombres y mujeres portando motivos de señales de tráfico que nos ponen en alerta… y burkas unisex con un toque castizo de mantilla española. Es el reflejo de la ciudad moderna y deportiva llena de grises, blancos, amarillos, rojos, verdes y marrones. Los volantes ponen la guinda final a una colección ecléctica.

Son las 14.30 pm y el magnetismo inunda la Sala Cibeles. Los polos opuestos generan una energía que se apodera del público: hombres y mujeres, prendas siamesas enfrentadas, el blanco y el negro, el Ying y el Yang y la atracción y la repulsión se ven representadas en la colección ‘Mito Magnético’ de la sueca Ida Johansson. Tonos brillantes y mates, transparencias y opacidades, colores metálicos, dorados, charol y piel de cocodrilo se pasean por delante de nuestras narices antes de desaparecer para darle paso al frío viento berlinés de Potipoti. Con un estilo grunge, esta pareja de diseñadores presenta una colección de invierno donde los borlones y los estampados triangulares, graffiteros y de osos inundan el punto, la lana y el algodón, en gorros, guantes, capuchas, jerseys, chaquetas, orejeras y faldas altas de formas geométricas y tonos industriales: con grises, blancos, rojos, azules y negro; mucho negro.

A las 16.30 pm, y a ritmo de música country, nos acercamos al Lejano Oeste de la mano de American Perez. Todo ello se refleja en la pasarela, donde vemos desfilar por el desierto a muñecas rotas vestidas con flecos, gorros tejanos, guitarras, cueros, cactus, caballos, plásticos, gorros apaches, lazos, bolas, gasas, vaqueros, rayas y pantalonetas… Amarillos, pasteles, morados, lilas, turquesas y rosa chicle. Les espera un largo y azaroso viaje por la América profunda: “A lo mejor llegan hasta Las Vegas”, afirma la diseñadora.

Serguei Povaguin parece tímido, como tímida parece su colección, descrita por él mismo como “austera, fría y un tanto masculina”. El cashmire, la lana, la viscosa, las sedas y la piel conforman una amplia gama de texturas de colores grisáceos, negros, plateados, marrones apagados… la luz llega con el blanco que brilla en toda su plenitud. Destaca por su sobriedad y recuerda a un anuncio de fragancia para hombres. El vino, el amarillo y el melocotón tiñen las formas voluminosas, rectas y puntiagudas de los pantalones y las faldas-tubo.

Son las 18:00 pm con los desfiles de María Escoté y Alberto Tous. Ella presenta una colección envuelta en sedas, gasas vaporosas, rejillas, tafetanes y perlas que quieren proteger unos cuerpos delicados a los que les pretenden hincar el diente los ‘Colmillos manchados de carmín’ de unos desconocidos con olor a casino. Algo que contrasta con la reflexión sobre la feminidad de Alberto Tous: los colores se disuelven entre plásticos, palletes, lentejuelas, plumas, brocados y líneas simétricas, asimétricas, curvas, rectas… que se despliegan sumergidas en una gama de dorados, negros, blancos, rosas, morados, azules y marrones

Finaliza la jornada y el mundo variopinto de ‘El Ego’ se difumina dejando en el ambiente una huella, una sensación onírica.

Natalia Pérez

Natalia Pérez es una joven catalana, de Barcelona, hija de los 90 y de las muñecas de plástico que paseaban en descapotables rojos y montaban en pony junto a su hombre ideal haciendo una exaltación idealizada y sumamente consumista del American Way of Life. Fue entonces cuando nació American Perez, el mejor producto genuinamente yanqui made in Spain. Desde entonces, la comida rápida, los concursos de misses y series como ‘Los Vigilantes de la Playa’ se han transformado en una inspiración constante para la diseñadora, convirtiendo algo que empezó como un simple proyecto de fin de carrera en sus señas de identidad. Ante la pregunta de si se siente un poco ‘Barbie Girl’ responde: “No, pero me gusta mucho la moda”. Y añade que se identifica mucho “con la tecnología de Barbie, pues ya utilizaba el móvil antes que nosotros”. “Además” -continúa- “Barbie tiene un estilo de vida que mucha gente quisiera llevar y ha trabajado en todo lo que ha querido, lo cual es envidiable”. No quiere adelantarnos nada de lo que vendrá después, pero American Perez pretende seguir siendo fiel a su estilo: Extrayendo los elementos más satíricos, coloristas y cómicos de la cultura popular de EE.UU. sin ignorar su lado decadente. “Ésta es mi forma de diseñar y de ver las cosas, así que va a seguir en la misma línea”. Échense a temblar, vaqueros, pues la aprendiza de cowboy viene con el lazo bajo el brazo dispuesta a quedarse