Fotografía y texto de David García (www.david-g.com)

La Cubana, una de las grandes compañías teatrales de este país, está de celebración. Y nada mejor para conmemorar el 25 aniversario de su fundación, que reponer uno de sus más exitosos montajes, «Cómeme el coco, negro». El creador, alma máter y director de la compañía, Jordi Milán, fue el encargado de recibirnos en el Teatro Compac Gran Vía, donde La Cubana ha desembarcado en Madrid con toda su energía y originalidad.

25 años después, ¿en qué ha cambiado La Cubana?
La Cubana ha cambiado en infraestructura y forma, pero no en esencia y filosofía. La base sigue siendo la misma: una compañía con un concepto artesano, donde todo el mundo se ha de implicar de una manera determinada. Y la compañía continúa siendo un juego. Sin plantearnos mucho lo que pasará mañana, tal y como es el teatro, donde cada función es distinta, y donde no sabes lo que ocurrirá en la siguiente.

Y la sociedad, ¿existe la misma libertad o hay más ataduras, más conservadurismo, más corrección política…?
Tal vez la gente está más apalancada y hay más prejuicios. Cuando nació La Cubana había más deseo de aventura, de riesgo, y ahora se piensa más en el futuro y en el mañana. Cuando creamos este espectáculo, Cómeme el coco, negro, era muy rompedor, pero ahora, nos hemos dado cuenta de que es más rompedor aún. La obra sigue siendo un revulsivo, no está nada desfasada.

¿Y eso es buena o mala señal? ¿Buena señal para vosotros que habéis creado una obra que sigue muy viva y mala señal para el teatro, que no ha «envejecido» vuestra obra con nuevas ideas?
En el teatro y a nivel creativo hace falta riesgo. Dicen que los princi-pios de siglo suelen ser un poco lentos, y cuesta arrancar. Y a lo mejor hace falta tirar la casa por la ventana para volver a crear y volver a inventar.

¿Pensáis que vuestro caso es un buen ejemplo para luchar contra la «eterna crisis» del teatro, siendo capaces de llenar las salas sin renunciar a la calidad y la originalidad?
Aunque ahora se nos podría achacar que estamos reponien-do una obra, yo creo que nuestro trabajo siempre ha sido muy original, con mayor o menor fortuna, con más o menos éxito. Pero hemos creído que reponer Cómeme el coco, negro era bueno, porque sintetizaba toda nuestra manera de hacer, de actuar, y era mejor que hacer un espectáculo nuevo o un espectá-culo antológico.

¿Cómo es la reacción del público con Cómeme el coco, negro? ¿Notáis diferencia en relación al público que la vio por primera vez?
El público reacciona igual por las mismas cosas, y se sorprende lo mismo que la primera vez. Se enfada cuando se tiene que enfadar, y se ríe cuando se tiene que reír.

¿Y qué diferencias hay en relación al primer montaje de la obra?
Es todo igual, pero todo es distinto. La esencia de la obra es la misma, pero se ha adaptado a temas actuales.

¿Y qué hay que tener para formar parte de La Cubana? Porque ha sido una cantera de grandes actores, como Santi Millán, José Corbacho, Mónica Pérez…
El hecho de estar en La Cubana, y aguantar en La Cubana, es algo que demuestra que les gusta su trabajo, que les gusta su profesión. No me gusta la idea de «Cubana escuela», porque ni es una escuela, ni yo tengo vocación de maestro. Lo que busco es que les guste el teatro, que les guste La Cubana, y que entiendan lo que hace La Cubana en particular. Que sean muy observadores, que les guste mucho adentrarse en ese teatro que a nosotros nos gusta hacer, que es el teatro de lo cotidiano que todos hacemos en nuestras vidas. Y que no sean imitadores, que sean originales.