«La leyenda tiempo»: Lorca reencarnada


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Hasta 08/03 Teatro Kamikaze. Madrid

Texto de Covadonga Carrasco
Fotografía (c) de Vanesa Rabade cortesía de Teatro Kamikaze

Durante algún tiempo he tenido la sospecha, viendo varios montajes dirigidos por Carlota Ferrer, como es el caso de Esto no es la Casa de Bernarda Alba, de que el mismísimo Lorca se había reencarnado en ella. Hoy, después de ver La leyenda del tiempo no me queda ninguna duda.

El teatro es magia, pero lo que hace el binomio Ferrer-Facal, va mucho más allá. El universo de Lorca es exquisito. El poeta granadino escribía con las entrañas y los escenarios en los que se suceden sus historias no son de este mundo.

La escenografía, las coreografías y la dirección de La Leyenda del tiempo, creada a partir de Así que pasen cinco años no es más que la demostración de que el conocimiento y la proximidad de sus directores con Lorca, va más allá de la admiración. Las interpretaciones de todos y cada uno de los actores, soberbias, sin más.

La cuarta pared

Resulta complicado describir qué es lo que sucede en el escenario, porque hay emociones que siempre es mejor vivirlas y que pierden todo su sentido si se intentan explicar. Esto es precisamente lo que debe descubrir el espectador sobre el escenario del Teatro Kamikaze.
Encima de las tablas un presente que no existe, que no se llega a vivir, marcado por el pasado y el futuro, repleto de conflictos, de miedos e ilusiones que el tiempo atrapa. La nostalgia, la frustración que provoca la soledad, la virilidad, la homosexualidad, la muerte, los recuerdos, lo que se ansía, se toca con la punta de los dedos y acaba por desaparecer. Todo rodeado de un halo de surrealismo, contado como una fábula confusa pero que derrocha belleza y sensibilidad.

Juego de titanes

Ferrer y Facal vuelven a jugar con el género de los personajes, hombres y mujeres interpretando al sexo opuesto. Una aportación habitual en los montajes de estos dos genios.
Cuando amar se observa desde todos sus vértices, cuando el alma se quiebra, no solo cuando se pierde al objeto de deseo, sino cuando por fin se alcanza. ¿Conformarse? ¿Alejarse? ¿Esperar? ¿Arriesgarse? Será el tiempo el que lo decida, ese tiempo que corre en contra, el que ya pasó o el que no existe.

El tiempo de Lorca

El 19 de agosto de 1931 Lorca escribe en Así que pasen cinco años: “En cinco años se abriría un pozo tremendo que se nos tragaría a todos”. El mismo día, cinco años después fue fusilado. El tiempo también lo atrapó.
Una vez más Lorca, más actual que nunca. Siempre presente.

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