MADONNA: CONFESIONES


Texto de Reyes Muñoz

Vuelve el huracán Madonna a conmocionar la atmósfera musical mundial con Confessions on a dance floor, en el que parece que hubiera querido recrear un cierre de Ibiza, haciendo canciones bailonas, retro, sin respiros, digitalizadas y recargadas.

Dicen, los que saben inglés, que Confessions on a dance floor tiene las mejores letras de su carrera. También hay quien opina que son una chufla y que de puro simples, enganchan. Lo cierto es que, con o sin letras, el gran instinto para el marketing de la ¿pelirroja?, esta vez parece que no va a fallar y de nuevo usa el escándalo y la provocación para vender mogollón de copias.

La primera herramienta es básica: denuncias mediáticas que benefician a la campaña y a los demandantes. Cada canción suena a algo: ella ha dicho que hace homenajes a las estrellas de la música de las últimas décadas. Esto ya ha despertado las iras de personas como Dominic King, que afirma que en Get Together se escucha un riff del Fate, de Chaka Khan. El sample de Abba usado en Hung Up, por obvio y promocional, fue anunciado a los cuatro vientos, pero seguimos escuchando y en Sorry es fácil descubrir el Can You Feel It? de los Jackson Five. Future Lovers, contiene reminiscencias de Donna Summer y su I Feel Love. Y así, con todas las canciones podemos jugar a saber a qué suenan, algo que seguramente Madonna ha calculado meticulosamente.

Segunda herramienta: que un colectivo muy grande se enfade. La Ciccone, arrastrada por sus impulsos místicos ha metido el dedo en el ojo a los judíos ortodoxos con Isaac. Incluye la misma oración que la fallecida Ofra Haza utilizó en su éxito Im Nin’ Alu, a finales de los 80, y dicen que lo mejor está por llegar, cuando el vídeo salga a la luz. Hubo un tiempo en el que la artista decía que era católica practicante y que guiada por su fe compuso Like a Prayer y bailó en combinación entre cruces ardientes. Todo parece señalar que ahora la táctica se repite, y como dice en el último tema Like it or not: “You can call me a sinner/ You can call me a saint”.

Tercera herramienta: decir digo donde dije Diego. Proclamas políticas parece que no hay. No obstante nos encontramos con un tema facilón, I love New York, con perlitas dedicadas a Los Ángeles, a Londres y a París, sin más intención, según ella, que la de hacer una bromita. A mitad de tema dice: “If you don’t like my attitude, then you can eff off / Just go to Texas, isn’t that where they golf?”… ¿dedicado al vaquero del año?

Estamos ante un disco diferente. Por mucho homenaje a la música de los 70, 80 y 90 que haya, también recoge experimentos de última generación. Por primera vez en la historia de Madonna, no hay una canción emblema, aunque sí varios hits. Entre los temas no hay silencios, lo que da al cd estructura de dance session hilada por algunos de los mejores pinchadiscos del panorama internacional. Ha contado para la elaboración con Stuart Price, director musical del Reinvention Tour y miembros del Murlyn Music, que la han ayudado con la producción y algunas letras. También Mirwaid Ahmadzai, productor de American Life y Music, ha participado en tres canciones.

Concluyendo, que Madonna se ha vuelto a rodear de los mejores para lanzar un disco que no dejará indiferentes ni a sus detractores.

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