Texto de Teresa García Chillón

He de decirlo, me encanta esta crisis, si, me encanta. Me encanta que el presidente de los patronos, ese eterno José María Cuevas diga que temporalmente se tiene que parar la economía de mercado; me encanta que el señor Iñaki Gabilondo salga en la tele diciendo que el capitalismo es un sistema que ya no sirve.

Nunca en mis más íntimos sueños había pensado que esto fuera posible, que de la noche a la mañana, o de dos noches a dos mañanas, toda nuestra economía pudiera estar en serio peligro. ¿Por qué? Pues no se sabe muy bien, desde luego es algo ininteligible para los ciudadanos de a pie como yo y como la mayoría de vosotr@s. Mis sospechas es que esto está mal montado, algo falla.

Los Estados han tenido que ir al rescate de las grandes empresas en peligro, ¿los Estados? Hemos de tener en cuenta de que mas de la mitad de las 100 grandes economías mundiales –las que manejan más dinero- no son Estados, son empresas, y ahora los primeros tienen que salvar a las segundas. Mundo al revés. Pero sí, tienen que correr a inyectar dinero porque de no hacerlo las pérdidas se harían democráticas, esto es, nos llegarían a todos y todas, que no tenemos ni idea de lo que pasa. En situación “normal”, nos llegan las migajas que genera el sistema económico global, en tiempos de crisis prolongada, esas migajas dejarían de llegarnos, y eso sí que puede ser terrible. ¡Ay que ver que los beneficios nunca se reparten democráticamente¡ ¡Tenemos que salvar a nuestros verdugos¡

Algo que me pone los pelos de punta, y me demuestra que este mundo realmente está al revés, es que con una mínima parte del dinero proporcionado a las empresas en peligro, se podría solucionar de un plumazo la pobreza en el mundo. Si, es así de tremendo. Pero ¿quién decide? Pues las grandes economías del mundo, que por si se os ha olvidado son en su mayoría las mismas grandes empresas. Esto empieza a no ser justo, ¿no os parece? Más de punta me pone los pelos pensar que también se podría resolver la pobreza con todo el dinero que los ciudadanos y ciudadanas, que no tenemos ni idea de lo que pasa, nos gastamos en perfumes de alta gama, si, si, si…

Ahora viene la eterna pregunta, ¿qué podemos hacer? Bueno se diría que un buen primer paso sería que esos ciudadanos y ciudadanas que no tenemos ni idea de lo que pasa y que a partir de ahora llamaré gente, tratáramos de comprender lo que pasa. ¡Ay, empezamos mal!, pensareis, no basta con quejarse y poner la mano. Deberíamos saber para poder exigir, para poder cambiar, para que no nos vendan la moto. La gente somos más.

Otra dimensión que hasta ahora no ha salido en esta reflexión, es que aparte de que la economía es muy injusta con la gente, lo es igualmente con el planeta. En sus cuentas no están ni una ni el otro. Vivimos en un planeta que es un sistema físico cerrado, no hay más que lo que hay, dependemos de ello y no lo cuidamos… al contrario, lo despilfarramos, y organizamos nuestro modo de vivir bajo la suposición de que tendremos bienes infinitos, para poder tener un crecimiento constante. Estamos acabando con los recursos y lo que queda es un montón de mierda. Aparte de pobres, estamos jodidos.

De esto también la gente se podría enterar: de seguir así para el 2030 necesitaríamos dos planetas para satisfacer todas nuestras supuestas necesidades, y ya sabéis, sólo hay uno ¡Mecachis, más que pensar para la gente¡

Total, la economía se pasa por alto a las personas y al planeta, no cuentan con nosotros pero viven de nosotros, uy uy uy, parece que esto va mal. Por eso digo que me encanta la crisis, porque todo esto en situación “normal” parece que no le importa a nadie, o que nadie se da cuenta. Estamos viendo que nuestro altamente complejo sistema se puede poner malito en un abrir y cerrar de ojos, con lo seguros que estábamos.

La teoría de la sostenibilidad nos viene a dar la solución, lo malo es que sólo plantea criterios para actuar, pero no recetas, el camino se debe ir haciendo. Los criterios son fáciles: ajustarnos a los ritmos naturales de producción de recursos y asimilación de residuos, meter en las cuentas de la economía los efectos perniciosos (en la gente y en el planeta) y que ahora mismo no están incluidos, poner por delante a las personas y no al dinero. A esto tan lógico se reduce. El objetivo es estar, no crecer interminablemente, estar bien todos y todas.

Mientras tanto, nos dicen que debemos ser solidarios y ecológicos, poner nuestro granito de arena a todo este sinsentido. Pareciera que la crisis ayuda a ser más ecológico. Una amiga me decía, en ese periodo en el que el precio de la gasolina no hacía más que subir y subir, ¡al final voy a ser ecológica a la fuerza! -¡he de decir que le doy bastante la paliza!- y como ella todos nos lo pensábamos más a la hora de coger el coche. En estos tiempos de crisis, tenemos comportamientos parecidos, consumimos menos, ahorramos energía, nos compramos menos ropa, apagamos las luces… básicamente reducimos lo superfluo. ¿No podría poner esto de manifiesto que de “normal” consumimos más de lo que necesitamos? ¿Por qué consumimos tanto? ¿Somos lo que somos o somos lo que tenemos? Otra cosa más en la que pensar, espero que no os esté metiendo demasiada caña.

Pero lo que está claro es que nadie va a venir a solucionar nuestros problemas, sino lo hacemos nosotros nadie lo hará, nosotros como sociedad civil. Podemos empezar por interesarnos en lo que está pasando, no ahogarnos en nuestras letras, hipotecas, y demás obligaciones cotidianas, pensar por nuestra cuenta, pero no sólo en nuestro ombligo. Cuando estemos preparados podremos actuar, en diversos niveles, desde nuestros actos cotidianos (ajustar nuestro consumo a nuestras necesidades reales, esto de verdad no resta felicidad), y a la vez influir en nuestra sociedad, no basta con votar cada cuatro años para poder estar quejándonos durante el periodo entre voto y voto. Participar.

“Una de las primeras lecciones que les decía yo a mis alumnos era la siguiente: si yo tuviera alguna facultad, una posibilidad milagrosa de hacer algo por mi país, sería levantar a todos los españoles la tapa de los sesos (metafóricamente hablando por supuesto) y meter dentro un papelito que dijese que el orden natural no es natural, es un orden histórico, lo que es distinto. El truco del orden natural nos lo venden para que no alteremos esa situación, para que los privilegiados sigan siendo los privilegiados” JOSE LUIS SAMPEDRO