Texto de Reyes Muñoz

Dos años tardaron Els Comediants para tener lista Perséfone y estrenarla en Moscú, en el marco de intercambios culturales del Año Dual España Rusia. Ha viajado por varias ciudades y por fin llega a Madrid, al Centro Dramático Nacional, el 1 de noviembre.

Els Comediants nos trae más de lo mismo. Decir esto de la compañía catalana no es una crítica negativa, sino más bien, todo lo contrario. A lo largo de su larga historia ha conjugado las mismas herramientas ofreciendo al público reflexión y sorpresa. Perséfone no es la excepción: saca a la palestra un tema universal y lo convierte en un espectáculo de enormes dimensiones. Y como es habitual, del otro lado el público… el público a nado entre las olas del pasmo, la confusión y la sorpresa.

¿Y hay tema más universal que la muerte? Mal que nos pese, no. Perséfone es sin duda la que más sabe de los humanos, no en vano, durante siglos ha llevado de la mano a los recién fallecidos a la línea que separa lo de aquí y lo de allá. Y ese hacer rutinario en el que se desvelan las grandezas y las miserias de cada uno, ejercido con absoluta maestría y dedicación, la pule hasta convertirla en lo que ahora vemos sobre el escenario: un único personaje a ratos macabro, a ratos irónico, a ratos seductor, a ratos gracioso…

Perséfone se vale del lenguaje (o los lenguajes) de Els Comediants para darnos la bienvenida «al Circo de la Muerte y a la Fiesta de la Vida», tal y como expresa en el dossier de la obra el director de la Compañía, Joan Font. Hay una miscelánea de escenas, hay burlesque, hay music-hall, hay teatro de variedades… y esto se traduce en danza que va del claqué a lo contemporáneo y en música, el auténtico hilo que da forma al laberinto.

Los humanos se presentan con máscaras, quizás porque se enfrentan al tema más tabú, y se presentan en situaciones surrealistas, trágicas, cómicas… La maestra de ceremonias se vale de los humanos para hacernos caer en el quid de la cuestión: a pesar de que sabemos que Perséfone nos guiará algún día y obsesionados como estamos por alargar la existencia, a veces nos olvidamos de lo del medio: «de vivir intensamente sin esperar que los otros lo hagan por nosotros».

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