Texto de Covadonga Carrasco
Imagen superior: carteles de Dolor y gloria en Rusia, España y Francia

Al periodista se le presupone siempre “cierta” objetividad. No es el caso. Pedro Almodóvar es el director español de cine más reconocido internacionalmente. Cualquier actor —desde el más anónimo a la estrella de Hollywood del momento— sueña con formar parte de alguna de sus películas, aunque tan solo tengan un par de frases. Y a pesar de que la mayoría reconoce que trabajar con él supone un desgaste físico y mental importante, todos quieren repetir. Eso es así.

Resulta curioso como la mayoría de los “ciudadanos” que llevan criticándole décadas, centran el foco en frases tan “profundas” como: “Bah, otra película de folleteo, putas y maricas”. Supongo que cuando ven escenas bastante más escabrosas en series como “Juego de Tronos” esto es intrascendente ¿no? Me atrevo a añadir, además, que el 99,99% de ellos no ha ido al cine jamás a ver ni uno solo de sus trabajos. En fin, España, el país en el que todos somos seleccionadores nacionales, médicos, periodistas, políticos y cómo no, directores de cine.

Esta demonización no solo está presente en la “ciudadanía”, también en el mundillo. Almódovar es profeta en su tierra. Lo ha ganado “casi” todo, en cuanto a premios, el respeto y la admiración hace tiempo que tiene el cupo más que completo. Y sin embargo, vemos el Palmarés de películas como Hable con ella, que en España, tras ser nominada a 6 Goyas, sólo se hizo con uno, y fuera ganó más de treinta premios, entre ellos un Oscar y un Globo de oro. Que a una le dan ganas de decirle a la Academia: “Qué pena, hija mía, tan joven y ya estás como vaca sin cencerro”, en homenaje a Chus Lampreave.

He de reconocer que de Almodóvar me ha gustado todo, excepto dos películas que me resultaron infumables. Y espero siempre, como una niña la mañana del día de Reyes, el siguiente estreno.

Almodóvar es un genio. Y los genios, en la mayoría de las ocasiones, son incomprendidos. No son perfectos, tienen luchas internas, momentos de exigencia máxima no solo por parte del público, sino por ellos mismos. Incluso, a veces, sienten que no cuentan con la inspiración necesaria para crear algo que merezca la pena. Universos internos complejos e indescifrables para el resto de mortales. Porque sí amigos, este señor está por encima del bien y del mal.

Por eso Dolor y gloria es un golpe en la mesa. Lo imagino, poniendo “Fin” y pensando: “Este soy yo, y hago lo que quiero, que igual me lo merezco”. FENOMENAL. Acertó una vez más. Él mismo reconoció que tenía mucha parte de sí mismo, pero que no se trataba de un biopic. Da igual lo que diga, los críticos han considerado que era una película autobiográfica al 100%. Algo de razón tienen, pero parte de culpa es de Antonio Banderas, capaz de hacerte ver al director en muchas de las escenas. El actor malagueño está probablemente en el mejor papel de su vida.

“Queremos al Almodóvar del principio”. ¿De verdad estáis preparados para un “Pepi, Lucy, Boom y otras chicas del montón” en la que Alaska le hace una lluvia dorada a su amante que para más inri es la mujer de un policía a la que le va el sadomaso, en plena ola del movimiento ofendidito? Creo que no…

Resultaría impensable estrenar unas películas en las que, por ejemplo:

  • Unas monjitas de clausura se pusieran hasta las patas de LSD y tuviesen tendencias lésbicas como en Entre tinieblas;
  • O se pusieran encima de la mesa un montón de parafilias rodeadas de simbología taurina e incluso un rollo zoofílico (que seguro estarían algunos políticos madrileños encantados de comentar) en Matador;
  • O peor aún: Que se basase en la historia de un enfermo mental que secuestra a la mujer con la que está obsesionado y que esta acabe con un síndrome de Estocolmo de manual en Átame;
  • O hacer una crítica bestial a los programas amarillos de la época donde el morbo era el protagonista en Kika;
  • Quizás no se puede ya hablar de prostitución, transexualidad y sida en una monja con una naturalidad pasmosa en Todo sobre mi madre;
  • O nos escandalizaría la violación de una mujer en coma en Hable con ella;
  • O cómo no, empatizar con un puñado de amas de casa —en los 90 llamadas ‘marujas’— histéricas y enganchadas a los psicotrópicos, que descubren que pueden ser mujeres independientes liberadas en Mujeres al borde de un ataque de nervios. Que es un alegato feminista, pero a lo Almodóvar…
  • Podemos seguir poniendo ejemplos con La mala educación y la pederastia y la “particular” relación de la Iglesia con los niños, o la relación tóxica de madres e hijas en Tacones lejanos… y así hasta el infinito.

Ese es Pedro Almodóvar, un hombre de su tiempo, un moderno, pero de los de verdad, de los que trata los temas desde la falta absoluta del miedo al qué dirán, huyendo de lo políticamente correcto, de los convencionalismos sociales, provocando.

Porque igual no nos paramos a pensar que cada una de las cosas que cuenta, desde su particular histrionismo, no es más que un reflejo de la sociedad, probablemente de la parte más incómoda. Digo un reflejo, no una fantasía del director. Refleja lo que existe en esta España que parece que no deja de ser oscura en cuanto a los prejuicios y la moral. Necesitábamos que apareciese alguien con el suficiente valor como para hablar de esos temas incómodos y convertirlos en arte. Sí, la mayoría de las películas de Almodóvar van de “putas y maricones”, pero son “putas y maricones” de película de Almodóvar, “putas y maricones” tratados con ternura, casi siempre y con respeto, siempre y con naturalidad. Almodóvar no hace política de inserción a golpe de siglas, Almodóvar parte de esa realidad, y al que no le guste, que vea Campeones que también está muy bien.

Otra de las curiosidades con la incapacidad para admirar a una de las cabezas más brillantes de nuestro país —y no me refiero solo a ese pelazo— es el mantra repetido hasta la saciedad de que, los de “la ceja”, viven de las subvenciones. Que alguien perteneciente al mundo de la cultura se posicione políticamente del lado “progre” está muy pero que muy mal visto. Objetivo fácil para castigar todo aquello que tenga relación con el sector cercano a la izquierda de la cultura.

Además de que, posiblemente quienes más subvenciones reciben son los que más se quejan, ¿alguien se ha parado a pensar la cantidad de dinero que generan las películas de Almodóvar? Como en el resto de la industria del cine, ¿cuántos empleos pone en marcha? ¿Cuantas divisas extranjeras entran en nuestro país a través de la distribución internacional de los filmes? Eso sí es marca España, porque es cultura, es proyección internacional, es una imagen de un país progresista. Sin embargo, no recibe el reconocimiento patrio.

El mojigatismo alcanza cotas que dan mucha pereza, especialmente cuando su reconocimiento internacional es absolutamente indiscutible. ¿Está todo el mundo equivocado? Es obvio que no le puede gustar a todo el mundo, pero de ahí a defenestrarlo y hacer críticas sin ningún argumento por el mero hecho de que probablemente sea mejor que nosotros… Igual deberíamos mirarnos los complejos ¿no?

Destaca la especial animadversión de un crítico como Carlos Boyero, que dedica unas perlas cariñosas al manchego sin despeinarse, sabiendo además que, si todos estamos esperando que se estrene “lo último de Almodóvar” él se aprovecha del tirón porque también hay un grupúsculo de personas que esperan “la crítica de Boyero a la última de Almodóvar”:

  • «Lo que más le interesa es hablar de pollas hasta la extenuación, de la bisexualidad como regla infalible y generalizada del deseo en hombres y mujeres, del supremo placer que se pierden los hombres si los de su género no les han comido los genitales con inigualable arte”. (Los amantes pasajeros)
  • “No me interesa lo más mínimo. No voy a darle una segunda oportunidad: entre mis defectos no está el masoquismo”. (Julieta)
  • “Sus últimos y cansinos paseos por el amor y la muerte, sus retratos de los entresijos del alma y del lado oscuro, los abrazos rotos, las educaciones degradantes, los desgarrados parloteos con ella, las indeseadas pieles que te ves obligado a habitar, el ser y la nada, la hostia en verso y demás temas profundos”. (Los abrazos rotos, La piel que habito, La mala educación y Hable con ella)
  • Pero ¡oh sorpresa! Se rendía ante Volver que le dejó fascinado —era imposible decir algo negativo— y con Dolor y gloria, aunque poquito, eso sí: “Me cautiva la belleza estética y sentimental de esa secuencia en la que su madre y las vecinas lavan la ropa en un río y la tienden al sol”. Ojo, solo esa secuencia, porque: “Admitiendo la fascinación, la identificación y la angustia que pueden provocarme los universos protagonizados por la pérdida, el sufrimiento, el fracaso y la evocación, no logro que el tormento, los reencuentros trascendentes y la necesidad de curación de este director tan universalmente famoso y admirado como íntimamente perdido me remuevan el alma ni poco, ni mucho, ni nada. No me carga tanto como su obra posterior a la excelente y verdaderamente emotiva Volver”.

Pedro no es el mismo que hace 30 años, 20 años, 10 años o 1 año, pero ni tú ni yo somos lo mismo. Así que lo que no nos exigimos a nosotros mismos no tenemos derecho de exigírselo a alguien como él.

No se ha llevado la Palma de Oro este año, todo un clásico por otra parte, sin embargo, que se considere su última película como una de las candidatas favoritas a llevársela, no es moco de pavo. Ni siquiera a él le importa, porque a Pedro Almodóvar, como a Madonna, no les ha afectado jamás lo que se dice de su obra y nos guste más o menos, son fieles a su esencia.

Esa esencia repleta de colmillo, de humor ácido, de todo lo políticamente incorrecto en cada una de las fases de su creación, bien de drama, pero también bien de mala leche y de comedia. ¿Se puede pedir más?

Si existe algo mágico en sus películas es la capacidad que tiene para impregnar de su personalidad cada frame. Solo los colores y esa querencia por mostrar el costumbrismo español, hacen reconocible que es su película con ver un par de segundos de cualquier plano. ¿Quién consigue eso? Pues un genio, de otro modo determinados giros y situaciones que son “tan nuestros” no podrían tener el éxito que logra en cualquier parte del mundo.

El manchego crea los guiones con la música incorporada, sabe qué va a sonar en cada escena desde el primer momento en el que la imagina, nos ha regalado momentos mágicos y nos ha recordado temas que estaban en el cajón y que hemos acabado incorporando a nuestra vida. Bueno, igual aquí estoy hablando por mí, pero ya avancé al inicio del artículo que en ningún caso pretendía ser objetiva.

Pero hay algo más, la mujer. La conoce, la mima, la detesta, la ama, la castiga, la hace llorar, la hace reír… Las tiene de todos los tipos, sumisas, locas del coño, fuertes, drogadictas, valientes, guerreras, impertinentes, dulces, asesinas, con éxito, amas de casa… Muchas de ellas empiezan la película con un rol y acaban convirtiéndose en lo opuesto. Fascinante, sin más.

Pero lo más increíble de todo, es que los que pedían el regreso de “el verdadero Almodóvar” ni tan siquiera han sido conscientes de que, a diferencia de la mayoría de sus películas, Dolor y Gloria es de hombres.
Y dicho esto, huelga decir que siempre he querido ser una chica Almodóvar, y… Pedro, aún estás a tiempo de llamarme, que no sabes lo que me gusta a mí un drama y el partido que me ibas a poder sacar.