Marshall Flash: entrevista sobre [Relativa sencillez], música y futuro


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Entrevista de Reyes Muñoz
Imagen cortesía de Silvia de Cuestión de medios

Después de años al frente de Royal Flash, Miguel Ángel Marshall necesitaba dejar de ser «el cantante o el guitarrista de» para construir su propia identidad. Así nace Relativa sencillez, un disco que, pese a lo que anuncia su título, tiene bastante más vuelta de la que parece: pop, rock, electrónica, guitarras, sintetizadores y melodías que buscan conservar la emoción de la primera idea mientras se cuida cada detalle.

Son diez canciones atravesadas por el amor, la melancolía, los cambios y las ganas de volver a empezar, que encuentran su hilo conductor precisamente en esa aparente contradicción entre lo sencillo y lo elaborado. Producido por Santi Fernández, el álbum marca un nuevo comienzo para Marshall Flash, pero también confirma algo que aparece constantemente en esta conversación: que detrás de cualquier canción que parece fácil hay muchas horas de oficio, decisiones y ganas de hacerla sonar como uno quiere.

Si bien Marshall Flash es el proyecto individual de Miguel Ángel Marshall, viene acompañado a ExVITA por César Romero, batería, y Fran Hita, teclados. Juan M. Sáez, guitarra, y José David Blanco, bajo, también están en las constantes menciones, pero no de cuerpo presente. Su sombra sobrevuela tanto en el directo como en las respuestas de los tres amigos que hablan de cómo ha ido tomando forma Marshall Flash, de la grabación y el directo, de la amistad y la profesionalidad, de vivir de la música y, por supuesto, de ese sueño que se mantiene siempre en el horizonte: llenar un WiZink.

Te andas reinventando desde hace mil años. Desde Royal Flash a hacer un canal, un Twitch con muchísimo éxito…, estás en otras plataformas…

Miguel Ángel: ¡Guau, esa es la historia real, ¿eh?! La manera de comunicarnos, de compartir, lleva muchos años cambiando. Somos artistas que hemos nacido en una época de tránsito, ¿no? O sea, vivimos el top manta, vivimos el crecimiento de Facebook y vimos la existencia de Instagram, con lo cual, pues obviamente entendemos cuáles son las reglas del juego modernas, ¿no?

Como toda la manera de comunicar, de llegar a la gente, cambia, o nos reinventamos o reventamos y desaparecemos. No reventamos y nos convertimos en un superhaz de colores y de osos amorosos expulsando corazones de sus pechos, desaparecemos. Lo que hace falta es saber cómo llegar a tu gente y admitir que es imposible o muy difícil lograrlo, aunque utilices los nuevos canales de comunicación. Pero es lo que hay que hacer. César tiene un canal de Instagram y de YouTube donde sube covers con tu batería, Fran tiene su canal original donde sube su música, o sea, todo el mundo ya a día de hoy está full en eso. De hecho, ahora mismo esta entrevista se está produciendo en este formato, ¿no? Por tanto, la reconversión es obligada para todo el que quiera seguir haciendo ruido.

Fran: Sí, se han creado unos parámetros y hay que aceptarlo. Si quieres estar dentro de la rueda, digamos, encuentras tu lenguaje, lo intentas mostrar con las plataformas que te ofrece el mundo, que ahora mismo son dos millones, y si no estás en esos dos millones de plataformas, pues no existes. Y a todas has llegado tarde. Pero bueno, al final, la idea es mostrar la música tal y como la concebimos y de la mejor manera, y aprovechando los canales que existen.

¿Y os encontráis bien ahí o no tenéis esa intención de encontraros ahí?

Miguel Ángel: En esa rueda, ¿no?

Sí, mi duda es si hay que hacerlo o se hace porque gusta.

Miguel Ángel: Lo intentamos, trabajamos día a día para eso. Pero estamos ahí porque lo que de verdad da pena es hacer cosas y que no trasciendan, o más que una cuestión de trascendencia, lo que da pena es que no le lleguen a nadie, o que le llegue a muy poquita gente, ¿no? Eso obviamente, con todo el esfuerzo que conlleva cada pequeña acción de un grupo underground, de un proyecto underground… La pena es que eso no lo escuchen, no lo compartan, no lo vean, ¿no? Porque dices: «Joder, pues hemos invertido, hemos compuesto, hemos trabajado, hemos cavilado para ello», ¿no? La idea de hacerlo es darle salida a todo el trabajo que hay.

Fran: Sí, y también la clave de encontrarnos ahí es que, aun estando en la rueda, no perdamos la esencia… Muchas veces no querer perder la esencia te hace salir de cierto campo, de ciertos circuitos y no llegar a ciertas personas. Yo qué sé, no estás haciendo un vídeo viral, estás haciendo una canción, nuestra canción.

Miguel Ángel: Claro, contando con que hay que subir un vídeo al día en cuatro plataformas a la vez, que muchas veces en las cuatro plataformas te apoyan las mismas personas, es complicado. Yo creo que el proyecto Marshall Flash, su esencia, ya es mitad humana, mitad digital, ¿no? Hay que luchar. La idea de Marshall Flash es que todo el esfuerzo que hace un artista independiente, si multiplica por diez su esfuerzo, obviamente también puede llegar al mundo digital, a la viralidad, a Instagram, a TikTok y tal, ¿no?

Invirtiendo horas y ganas, y sabiendo lo que estás diciendo y lo que estás haciendo, sí podemos, como tú nos preguntas, encontrarnos en esa rueda. Si implica subir un vídeo al día… nosotros no pertenecemos a esa rueda. En resumen: entendemos que debemos estar presentes, y ahí yo creo que la respuesta es que sí, que nos encontramos ahí, porque, aparte del trabajo de tíos tocando una banda bien montada y tal, la idea es, obviamente, no que nuestro contenido sea viral, porque no todas las canciones, no todos los vídeos, no todas las fotos pueden ser virales, pero sí que tenga esa pequeña trascendencia en nuestros fans en internet.

Un mensaje para la audiencia: Si queréis ayudar a vuestros artistas de confianza es superfácil, si queréis apoyar a vuestro colega que hace música que os mola, pero no lo peta; los clicks son gratis… compartid, dadle me gusta, dejad un comentario, Todo, todo ayuda. Ayuda que flipas. Y no dejéis morir la música en directo que es al fin y al cabo lo único que le da sentido a toda esta puta locura.

Me suscribo al mensaje y añado: bandas independientes del mundo, apoyaros entre vosotras… ¡No sois competencia! Y dicho esto, aclaremos el concepto de la banda. Tú eres Marshall Flash.

Miguel Ángel: Soy Miguel Ángel Marshall, Marshall Flash, sí.

¿Vosotros sois los hombres eléctricos?

Fran: Un amigo mío me llama «electrón».

Miguel Ángel: Sí, desde aquí queremos mandar un tremendo saludo a Juan y a Josete, que son los otros dos «electrones» de la banda, que no han venido. Son el bajista y el guitarrista. ¡Os queremos! ¡Aquí el backstage está también mandando ánimos!

¿Pero cuál es el peso de los «electrones» en Marshall Flash?

Miguel Ángel: Más que el peso… La esencia de Marshall Flash es un proyecto en solitario, pero obviamente es imposible sin un equipo, primero, de gente que actúa y, lo segundo, de gente que actúa bien, o sea, que sea eficaz y eficiente, ese sería el término, ¿no?

Y bueno, o sea, está claro que Marshall Flash está evolucionando hacia el algoritmo y tal, pero el otro día, por ejemplo, hablaba con un productor musical de Bruselas y me dijo: «Yo creo que el futuro está 100% offline». Guau, me reventó la cabeza. Realmente la única manera de traspasar los corazones es que ese tipo, esa tipa que te descubre en internet, esté delante de ti sudando, dándolo todo, descubriendo quién eres, y que nosotros estemos en el escenario explicando con música lo que es tu música, ¿no? Y ahí, pues bueno, pues ahí hay que encontrar ese equilibrio entre nuestra vida digital, el Black Mirror; y la vida real, que es lo que sucede cuando apagas la televisión, el móvil o el Spotify.

Reinventarse o reventar

Estáis hablando de las maneras de comunicar música, pero detrás de todo esto que contáis, lo que hay es un disco hasta muy vintage. En cuanto a sonidos, en cuanto a fórmulas y demás… Aparte de las letras, que sí que habláis de este mundo virtual…

Miguel Ángel: Sí, puedes decir la palabra Instagram y seguir siendo un pureta. Se puede, se puede. Fran ha trabajado con muchísimos artistas urbanos, yo también, creo que César también… pero Marshall Flash no es un proyecto urbano.

La óptica de tu pregunta, creo que es: «Bueno, sí, estáis a full en internet, vais a full con que nos descarguemos en el metaverso, pero sois un grupo de pop rock psicodélico al uso». Al fin y al cabo, estamos haciendo las cosas como se hacían antes, más que como se harían a día de hoy. Esa es nuestra diferenciación de mercado, ¿no? Nosotros, que somos casi artistas nativos digitales, miramos nuestras estadísticas y casi todo nuestro público son personas más mayores que nosotros. No voy a decir edades para mantener cierto anonimato, pero sí es cierto que hay muchísimo público ahí fuera utilizando las redes sociales que no son los chavales de diecisiete años que hacen TikToks virales bailando. Hoy en día, gracias, entre otras cosas, a las campañas de Antena 3 y Sonsoles Ónega, de «digitaliza a tu abuelo», las redes se abren a todo el mundo.

(Risas) ¿De qué hablas ahora?

Miguel Ángel: Las campañas esas de «digitaliza a tu abuelo»… ¿sabes lo que te digo? En plan, que yo suelo pensar: «Si mi abuelo está bien», ¿sabes? No hace falta digitalizar al abuelo, tío. Pero estoy agradecido, hay muchísima gente utilizando ese formato, ¿no? Y es cierto que a lo mejor no somos artistas tremendamente urbanos, tremendamente rompedores para con lo que ya existe, porque hacemos música basada en las guitarras, música basada en los sintetizadores, el mensaje, ¿no?

Nada más debemos pensar en quién es vuestro productor, que es Santi Fernández de Los Secretos.

Miguel Ángel: Claro, claro, claro. Tú explícale todo esto a Santi Fernández. Él pregunta, pero «oye, muy bien, pero cómo tocáis». Y yo: «Yo creo que lo hacemos bastante guay». Es la esencia de lo que te decía antes, reinventarse o reventar, ¿no? Podemos decir: «Bueno, pues vamos a muerte con esto y nos hacemos un Instagram, un canal de YouTube, un Twitter, un no sé qué», con cero seguidores, subimos cosas que nos apetece subir sin ninguna mentalidad de crecer, que es que es el problema de las redes sociales, que hay que tomarlas como otro trabajo, además del de componer, a ensayar, etc.

Las redes ahora son parte de la historia, ¿no? También te digo que Santi es el primero que lo entendió, dijo: «Ah, que vas en ese rollo, pues hay que darle caña a las redes sociales, al contenido». Todos los de la banda hemos trabajado con Santi y es que Santi es de las personas de la old school que más entiende el rollo de decir: «Pues si aquí es donde hay que meterle caña, es donde le metemos caña», ¿no?

Se ha quedado en el aire lo que decíamos del papel de tus compañeros de viaje… Me interesa que me hables de la evolución de Royal Flash a Marshall Flash. Desde fuera, lo que yo entiendo es que es una cuestión de grupo… ¿Marshall Flash es un proyecto en solitario, a pesar de los «electroduendes» aquí presentes?

Miguel Ángel: Mira, la idea de Marshall Flash parte de un pensamiento de creer que yo puedo con todo, ¿no? Pero te pones a trabajar y te das cuenta de que necesitas, para sentirte seguro, ya no trabajar con músicos… Yo necesito tocar con mis amigos. Podríamos ser perfectos desconocidos y tocar guay y todo eso, ¿no? El proyecto Royal Flash estaba caracterizado como grupo y ahora, cuando llega una noticia, es Miguel Ángel Marshall, Marshall Flash, líder de Marshall Flash… Pero yo, cuando me voy a dormir, en lo que pienso, por supuesto, es en mi novia, en mi familia y en Dios y tal, pero también en mi banda. Mi banda es lo más importante para mí, el día de ensayo para mí es el día más importante de la semana, pues porque, aparte de que me reúno con mis amigos, pues rocanroleamos y, sobre todo, le damos vida a esas canciones que han nacido de mis ideas.

El conflicto aquí en esta pregunta es que cuando una banda compone canciones y un artista en solitario compone canciones, el artista se lo tiene que enseñar a la banda y cuando la banda compone canciones ahí ya cada uno está autoenseñado, ¿no? Ese es el único hándicap que te podría decir que he encontrado en el tema de tener una banda antes y ahora hacer un proyecto en solitario, porque afortunadamente sigo tocando con mis amigos.

César está loquísimo y Fran está ahora mismo flipado perdido, porque acaba de sacar un disco, Eternal, que podéis escuchar porque es precioso, o sea, que es nuestro disco favorito, no de 2026, sino del siglo XXI. Pero es correcto que señales la dificultad. Vibramos todos en la misma esencia, pero en Marshall Flash todas las locuras se me han ocurrido a mí y lo complicado es transmitir las ideas que he tenido yo en mi casa, encerrado, con las persianas bajadas a las tres de la tarde… Lo complicado es transmitir eso, pero una vez conseguido…

Un grupo es algo que parte de muchas decisiones que diluyen el trabajo. En un grupo uno se encarga de no sé qué, otro se encarga de no sé cuánto. Bueno, pues en este caso yo me encargo de todo y tengo que velar porque estos tíos, cuando nos ponemos a tocar, estemos todos en la misma frecuencia. Cuando eso sucede, porque sobre todo son músicos profesionales, da igual el grupo. O sea, el resto son conceptos que incluso lo único que hacen es entorpecer… Aquí yo soy el tío que toma las decisiones, y si me equivoco, no os preocupéis, me equivoco yo. Si sale bien, sale bien gracias a todos. Esa es la diferencia entre un grupo y un proyecto en solitario con mucha gente implicada.

Y el tema de versiones… César, me habéis dicho que tiene un canal de versiones y Miguel Ángel se ha dedicado mucho a eso. Unimos tema internet y tema versiones… ¿Qué se aprende de las versiones? Quizás está la clave ahí del rock vintage que decía yo y psicodélico que decía Miguel Ángel, ¿no?

Miguel Ángel: Yo creo que César es el tío que más canciones sabe tocar del mundo. O sea, César se sabe todas las canciones del mundo.

César: Personalmente, el tema de las versiones lo tengo como algo que sí que disfruto, son canciones que ya están hechas de hace mucho tiempo y la gente, cuando va a los conciertos, se lo va a pasar bien sí o sí. Pero sí que es verdad que aquí, por ejemplo, en comparación, pues esto es un proyecto en el cual se apuesta por el arte hecho de una persona. Es más complicado que algo que ya ha hecho dinero, ¿sabes? Las versiones son canciones muy conocidas, que vas, las tocas y ya tienes la fiesta hecha. Marshall Flash es la parte bonita de la música, de apostar por algo que dices: «Joder, esto ha salido de la cabeza de Miguel Ángel, ¿sabes?».

Dejando eso un poco aparte, sobre lo que preguntabas de Marshall Flash… la magia de Marshall Flash es que aunque sea un proyecto que parte de él, nosotros también le damos el toque, ¿no? Nos metemos ahí hasta donde podemos. Tenemos muy buen rollo entre todos, y la magia surge sobre la marcha.

Fran: Sí, mira, al final, yo no diría que hacemos versiones de las canciones del disco de Marshall Flash. Él llegó y dijo: «Este es el material, chicos». Nos lo escuchamos, lo estuvimos trabajando y al final yo creo que cada uno le da su toque porque yo cambio cosas a veces, él me mira y me guiña el ojo… Y yo digo: «Eso está bien, esto se queda», o me dice: «Fran, esto igual cámbialo aquí o tal». Al final seguimos las directrices, pero no es como hacer como una versión del disco.

Para mí es una pasada tocar con esta gente. Es mi primera experiencia como teclista. Yo vengo del mundo clásico, como pianista, y luego he tenido diferentes influencias, pero nunca había tocado en una banda como tal. Es mi primera experiencia. Entonces, también he aprendido mucho a dejar sonar, a escuchar, a ver en qué momento puedo acompañar con una armonía, con una nube sonora. Al final creo que hemos conseguido que en directo se haya quedado una interpretación, más que una versión en directo del disco. El disco es muy bueno, pero la interpretación del disco en directo es una pasada. Ojalá vengan muchísimos directos más y cada vez más grandes.

¿Y Eternal es clásica?

Fran: Mi música se podría clasificar en la etiqueta grande de neoclásica, pero tiene influencias de distintos estilos, la verdad. Está compuesto para piano y algunas piezas para piano y batería.

Miguel Ángel: Buscadlo, Eternal, Fran Hita.

El disco de Marshall Flash se llama Relativa sencillez, que concuerda casi casi con lo que habéis hecho aquí en ExVITA, un relativo acústico. El disco tiene capas para aburrir.

Miguel Ángel: Para aburrir, sí. Pero realmente, no son tantas capas, lo que pasa es que, como somos cinco tíos y cada uno tenemos dos manos, podemos tocar un total de diez capas, ¿no? Cuando grabas un disco con una banda garajera, sales del local con tu disco, haces overdubbing, regrabas lo mismo varias veces para que suene más y tenga más consistencia. En este caso, al fin y al cabo, era un disco que he producido en mi casa y luego lo he llevado a Santa Rosa y Santi ha sabido entender todo eso que yo le he llevado. Hemos sabido regrabarlo, reutilizar o reaprovechar el material que teníamos y lo hemos conseguido. ¿Qué pasa? Que luego, obviamente, en directo, lo que hablaba Fran, que es muy complicado tocar el disco como tal, a no ser que seamos ocho…

Pero sí es cierto que hoy en día los discos suenan grandes, suenan gordos, suenan superanchos, ¿no? Para eso hace falta mucha información en la grabación, ¿no? Pues, al fin y al cabo, la información en la grabación se acaba resumiendo en capas, en atmósferas, en paneos, que si esto está a la izquierda, que si esto está a la derecha.

Relativa sencillez está grabado en Dolby Atmos, que es una técnica de escucha superrevolucionaria. Tú tienes dieciséis altavoces en tu cuarto. Imagínate que estás haciendo esta entrevista y tienes dieciséis altavoces. Pues simplemente vas a Apple Music y puedes escuchar el disco en Dolby Atmos, es decir, con mezclas que se van moviendo para adelante y para atrás, sintetizadores, reverbs… O sea, el disco, lo que es el material de estudio, está supertrabajado.

O sea, es un disco con relativa sencillez o sencillez relativa…

César: Es que lo interesante era eso: un disco ya entero producido, grabado, porque lo ha hecho Miguel Ángel con Josete, que grabó los bajos… Después de eso, de grabar y producir el disco, se arma la banda e intentamos, sin perder lo que dice Marshall, reproducir el rollo del disco. Yo no sé si podremos meter todas las capas que lleva el propio disco, pero podemos igualar la calidad del disco en directo, decir: «Joder, pues al final hemos conseguido dar un toque, jugar con los sonidos, con los grooves…» A lo mejor faltan capas, pero suena de puta madre igualmente, ¿sabes?

Fran: Yo he grabado pianos para el disco, y los toco totalmente diferentes a como lo hago en directo. En directo tiene como otro encanto, tiene el encanto de haberlo trabajado en el local, de los ensayos. Pues como aquí, que las canciones tienen una energía especial. No es lo mismo. Estás en el estudio grabando, sujeto a unos parámetros que luego se pueden retocar, no te puedes mover una coma. Aquí la energía te la he traspasado de aquí a allí y eso se va a notar en la grabación. El desafío realmente no era hacer aquí tres canciones del disco, sino interiorizarlas y tocarlas, aquí o donde sea.

Miguel Ángel: Claro, se trata de interiorizar las canciones y olvidarnos de hacer un formato audible, eso ya está logrado, es convertirlas a un formato vivible. Nuestro día de ensayo son los lunes a las diez de la mañana. Somos como funcionarios de la música. Pues a los dos minutos de estar tocando a la vez, mirándonos, empieza a fluir. No sé si el rock and roll o la psicodelia o el funky, pero empieza a suceder lo que hace que la música en directo tenga sentido, ¿no? Que no sean simplemente tipos interpretando lo que ya está grabado, ha sido el reto. No son tipos tocando un disco que grabó otro hace seis meses. El reto ha sido darle vida a un disco que está supervivo, y yo creo que lo hemos conseguido, pero del copón.

Y aquí os habéis visto más limitados. Debemos decir que la propuesta real, tanto en concierto como en el disco, es muy, muy electrónica.

Miguel Ángel: Sí, aquí hemos sido los «electroduendes» que decías tú. Aquí hemos venido tres tipos con sonido base, y lo hemos pasado genial, hemos hecho que las canciones suenen, que las canciones funcionen, ¿no? Hemos estado improvisando la mitad del tiempo, ha habido finales sorpresa e intros que se alargaban… Muy guay, porque al fin y al cabo, cuando suena la música, chicos, supongo que os pasa como a mí, pues es muy difícil que todo sea perfecto, pero si cuando suena la música, tu cuerpo se amolda a las vibraciones, al espacio, a la ecualización existente… ya estás dentro al cien por cien.

Hace unos años, cuatro o cinco años, en ExPERPENTO estrenamos «La culpa es del verano» de Royal Flash. ¿Te acuerdas?

Miguel Ángel: Sí, sí, me acuerdo, claro, septiembre de 2022. Además, esta semana he pensado en esa canción. No es mía, pero bueno, tiene mucho de mí.

¿Hay nexo con «Último día de vacaciones»?

Miguel Ángel: Me está dando miedo esta pregunta, porque últimamente pienso mucho en esa canción, o sea, estoy en un momento de «cortemos aquí la entrevista que tengo miedo». No, es broma. Pero es cierto que estos días he pensado mogollón en esa canción. La pregunta no tiene respuesta. O la respuesta es que no hay ningún nexo con «Último día de vacaciones», pero me hace pensar. Yo he sacado cuatro discos con otro grupo, y hay cosas que pueden llegar a sonar, mis influencias son las que son, el concepto puede converger, es fácil que uno diga: «Esto me suena a…», «Esta idea me suena a otra idea», pero no con sonido, sino con palabras, con frases hechas… Pero sí es cierto que podrían ser como una la continuación de la otra, ¿no?

Esto te va a dar más miedo. «Luna nueva»… Te digo las ideas que me apunté al escucharla: paisaje nocturno, «El extraño», cover «Lobo hombre en París»…

Miguel Ángel: Cositas, ¿no? ¡Qué cositas tienes apuntadas ahí, en el cuadernillo! (risas). La verdad que me acaba de explotar la cabeza… guau. Al fin y al cabo, es cierto que mola decir: «Sí, todo está conectado». Para mí, el hilo conductor de todo lo que hago en mi vida es el sonido y la música, quizás más que el mensaje. A mí me encanta escribir letras, me siento supercómodo cantando mis letras, pero yo no me considero letrista, porque no me considero cantautor… tengo que elegir un bando, o cantante o autor, elijo autor y aun así, no me siento, muy autor, ¿no?

Pero es cierto que esas tres, de esos tres conceptos que han nombrado… guau. Tanto «Luna Nueva» como «El lobo en París» son canciones muy electrónicas, canciones muy basadas en el bajo, ¿no? Y «El extraño» perfectamente podía ser un hombre lobo que aparece en la «Luna nueva». Que eso es jodido porque los hombres lobo aparecen en la «Luna llena», o sea, han mutado. Estamos en peligro.

Simplemente el hilo conductor es un rock electrónico tal y como yo concibo «Lobo hombre en París». Espero que no me lean aquí los chicos de La Unión y digan: «No, pues este chico está diciendo tonterías». Al fin y al cabo son influencias de ese machaconeo, esa repetición que hay, por supuesto, en Marshall Flash.

«La distancia» es muy clasicona… y machacona, también.

Miguel Ángel: Sí, bueno. César me va a entender muchísimo y Fran también, ahora que está entrando en el mundo de lo que es tocar en una banda de puto rock and roll, ¿no? Hay una estructura que siempre funciona, ¿no? Que son cuatro vueltas de riff. En plan de haces un riff, cantas dos frases y cambio de riff. Claro, luego lo haces en La si está en Mi o en Sol, si está en Re. Es una estructura de garaje clásica que es, lo que a mi gusto, lo que más funciona dentro del garage rock, ¿vale? O sea, dentro de toda la paleta de sonidos que tiene Relativa sencillez, «La distancia» es la que mejor cuadra en la idea del garage rock.

También es una canción que yo empecé a escribir en 2020. Hay canciones que son de hace muy poco, que son las últimas que se grabaron, pero hay alguna canción que es de otras épocas. Claramente «La distancia» es de otra época, donde yo solo sabía hacer una canción cogiendo la guitarra y golpeándola como un ser primitivo.

Fran: ¿En qué fecha has dicho que creaste «La distancia»?

Miguel Ángel: Pues 2019-2020. Que la gran gracia de «La distancia» es el rollo covidiano. En el 19 es en plan de mantenemos la distancia, ¿sabes? Cuando salías a correr, la terraza, el brazo de distancia social que teníamos que mantener.

«A mí me encantaría ir a Eurovisión a hacer el playback de nuestras vidas».

Yo no sé si te ves en Eurovisión. Y te lo digo porque mi sensación aquí y antes, escuchando el disco, ha sido muy ¿Måneskin?

Miguel Ángel: Molaría, ojalá, ¿no?

César: ¿En qué canciones?

Pues en «El extraño», por ejemplo, y alguna más. Es una vibra, ojo.

Miguel Ángel: Estamos sorprendidos, porque eso es un piropazo.

¡Si pensara que no es un piropazo, no lo diría! Pero fíjate, que me tengo apuntado algo tan loco como Måneskin y León Benavente…

Miguel Ángel: Sí, tiene ese rollo también. O sea, yo no es que tenga una influencia indie de la hostia, pero he escuchado música, y puedo entenderte. ¡Oye! A mí me encantaría ir a Eurovisión, aunque creo que ya no podremos ir a Eurovisión. A mí me encantaría ir a Eurovisión a hacer el playback de nuestras vidas.

Fran: A mí me gustaría que se hiciera una edición de Eurovisión Senior. ¿Te acuerdas que sacaron Eurovisión Junior? Me encantaría ir a Eurovisión Senior.

Miguel Ángel: Me estás asustando, tío…

Fran: No, no, todavía no, todavía no, todavía no. Me encantaría ir a Eurovisión Senior dentro de quince años.

Miguel Ángel: Vale, menos mal. Yo quiero ir ahora, macho. Yo quiero ir ahora. En la categoría Alevín Eurovisión. (Risas). Si sale bien, está guay, pero como te marques un gallo, se acabó. (Risas). Fuera broma: un saludo a Manel Navarro desde aquí, porque que te pase eso, y te puede pasar, es una putada, o que estés ahí y te salga un espontáneo como a Daniel Diges.

Fran: Eso molaría.

César: Hasta lo malo que te ocurra te puede beneficiar.

Miguel Ángel: Te memean, te haces memeable, tío. Ya es lo que no mola, ¿sabes? Porque tú vas a cantar tu canción, tus movidas, tus sentimientos… Nada, pasamos de ir a Eurovisión, pasamos de Eurovisión. En principio pasamos de Eurovisión. Y de Benidorm Fest también, porque es que si no vamos a Eurovisión, no queremos Benidorm Fest.

Antes me has introducido un poco en tu mundo, pero quiero ahondar… Cuál es la prioridad en tu música, componer las letras o componer las melodías.

Miguel Ángel: Me encanta hacerlo, crearlo, pensarlo, cavilarlo, idearlo todo. La música, sobre todo, pasa por su filtro (músicos), aunque yo pinto una batería, toco un piano, grabo lo que sea y luego pasa por su filtro, que es realmente el punto en el que está Marshall Flash. Lo que te decía, yo sigo teniendo las ideas y luego lo ponemos en común y surge… Y uno toca de una manera, otro toca de otra manera.

Fran: Sí, eso está pasando con las nuevas… Ese es el proceso que mola, las creaciones.

Miguel Ángel: Estando en un entorno profesional y de tíos que realmente están «envenenados», pues mola que flipas, ¿no? Así que, bueno, a mí me encanta componer a partir de una frase, me encanta componer a partir de un acorde, con lo cual ahí estoy equilibrado. Sí es cierto que, como te digo, no soy ni el mejor letrista, ni por supuesto el mejor compositor, músico, guitarrista, arreglista, etc., pero disfruto a niveles incalculables de hacer las dos cosas, ¿no?

Te preguntaba porque te sirven las letras de melodía, o la entonación de frases, el teatrillo de las estrofas, sirven a la melodía.

Miguel Ángel: A mí me gusta eso, mandarles a estos y decirles: «Mirad, no os preocupéis, que todo es orientativo, esta es la idea, luego cada uno que la absorba y tal». Yo creo que, y mira que no creo en el mensaje, ni tampoco creo en el barroco musical de hacer una superproducción, o de hacer algo supercomplejo de notas… Pero siempre intento buscar el equilibrio, de que la música suene bonita y esté diciendo algo.

Hombre, complejo ha sido. Os he visto tocar aquí y hay mucho colorín…

Fran: A ver, en el piano parece que haces mucho, pero en realidad, siempre hago lo mismo.

No solo hablo del piano, y no me creo eso que has dicho que es falsa modestia. También de la batería, de la guitarra. Sí que habéis traído mucho de jam, pero ojo, sin entender muy bien la base no sale una jam.

Miguel Ángel: Sí, hay detalles, claro. Esa es la esencia un poco de Relativa sencillez, ¿no? De este concepto, de este álbum, que es cosas sencillas, de Re menor, Do mayor, pero dentro de cada nota hay doce probabilidades. Hay cosas, hay sonidos, hay ritmos…

César: Sí que es verdad que para mí, personalmente, no es un un disco para músicos supervirtuosos, o sea, que si te gusta Dirty Loops, pues igual te aburres. Es más para centrarse un poco en ver qué hay en cada canción, ¿sabes? De batería, o de que el teclado suena así, o que la guitarra tenga este efecto, lo que sea… Es un disco que permite captar la onda y a partir de ahí, cada uno le da su toque, sin salirse mucho de la onda.

Tenemos que hablar de los videoclips… Hay un montón. Me gustó mucho el de «La distancia»… (risas).

Miguel Ángel: «La distancia» te ha molado, nos queda claro (risas).

Sí, me ha molado. Pero quería expresar algo que me ha sorprendido. Pensaba, ¿será IA?, ¡es videoclip, videoclip!, grabadito.

Miguel Ángel: Todo lo que sea videoclip de Marshall Flash, son grabados, todos grabados, cero IA en todo el proyecto. Los videoclips son «Luna nueva», «Para ti», «Último día de vacaciones», «La distancia», «El extraño» y «2 de enero». Joder, he sacado la película, hay seis, ¿vale? Y en plan de… ¡Es que aguanto ni diez segundos viendo un vídeo con inteligencia artificial! No lo aguanto a no ser que el vídeo dure 10 segundos, ahí pues lo veo ¿no? Pero, o sea, eso que dices: «Bueno, ¿será real esto?». Entras en los comentarios a chequear y ya alguien dice: «Esto es real», y dices: «Menos mal, aún me doy cuenta de lo que es real y lo que no».

Y «La distancia», por ejemplo, al igual que el resto de videoclips, son videoclips de carne y hueso, cero inteligencia artificial, todo de inteligencia emocional. En «2 de enero» iba por la nieve con un esguince, en «Para ti» íbamos por Almería con un descapotable. Ha sido divertido. Lo del descapotable no es inteligencia artificial, que hay mucha gente que me dice: «Oye, tal, un descapotable», y digo: «Es alquilado, obviamente».

Fran: Sí, me lo alquiló a mí (risas).

¿Y por qué seis?

Hace un año yo solo tenía una canción en Spotify. El propósito era empezar a existir, a hacer ruido, ¿no? En este mundo de la imagen, del audiovisual, dije: «Mira, me apetece sacar un montón de videoclips». Me da mucha pena que las canciones solo funcionen el día que sale el disco, están ahí, a no ser que le meta caña, la proponga para playlist y tal. Son canciones que realmente, al no llevar un videoclip, no han tenido su momento de atención.

Este era mi disco debut, y se supone que todas las canciones me representan a lo bestia, ¿no? Y es así. Pues me daba cosita no darles su sitio. Pues imagínate que saco dos singles o tres singles, que al final sí, lo sé, que ha sido una locura lo de sacar seis singles con seis videoclips. Bueno, por lo menos tengo ya una Wikipedia tuya, ¿sabes?, de cómo eres, de qué va tu rollo, de si es retro, si es futurista, si vas de este palo, si eres un rasta, si vas rapado… Era el primer disco y quería establecer una estética, un mensaje.

Hay intención de buscar a gente que te haga los vídeos de una forma muy profesional. Hay inversión.

Miguel Ángel: No, claro, a ver, la idea es que, joder, si grabas algo, ya estamos invirtiendo, lo primero, tiempo mental y luego dinero, pues vamos a que quede lo mejor posible. He trabajado con Aleco Álvarez, de Alcalá de Henares, Adriano Giotti, de Florencia, y Terland, que es barcelonés, ¿vale? Somos una red, hemos trabajado con nuestros amigos, ha sido toda una especie de economía circular superguay y es algo que me encanta de Relativa sencillez, que toda la inversión ha quedado en el círculo, y mola, porque es en la gente que confío. En Alcalá, quien más destaca es nuestro amigo Aleco Álvarez, Adrián Olloti está ganando premios de cine… o sea, la idea era hacerlo bien.

«Ante todo somos profesionales que somos amigos también, que es que eso es un enlace jodidamente covalente, ¿sabes? Es total».

No sé si queréis añadir algo más…

César: Yo sí. Añado paciencia. Marshall y yo hemos tenido otros proyectos antes. Nos hemos quemado mucho con esto de salir por ahí con la banda… Todo esto de las bandas emergentes, de compra, ficha, gasta… pide paciencia. A veces dices: «Joder, ¿merece la pena después todo esto que hemos vivido todos estos años?» Pues sí. Porque lo que dice Miguel es lo más importante, ¿sabes? No hemos entrado en Eurovisión, no hemos ganado premios de MTV o un Grammy, pero paciencia sí que tenemos. También tenemos un enfoque en común, de querer apuntar muy alto. Si tenemos paciencia, eso no se va a perder nunca. Y luego ya lo que pase, pues bueno, se irá viendo. A veces la vida sorprende también, tanto para mal como para bien. Las ganas son la clave.

O sea, que todo tiene el objetivo de llenar un WiZink.

Miguel Ángel: Eso desde el nacimiento. Estamos pensando en eso siempre, que lo más seguro es que no pase, pero siempre hay que pensar, ¿y si pasa? Tener muchas ganas es lo más importante, pero sin perder de vista lo que se va consiguiendo. A veces nos olvidamos del arte, con las redes, la importancia en redes, los clics, los fans, los escuchantes mensuales, las entradas vendidas… Lo digo todos los días, cuando suena la música todo eso da igual, ¿no? Estamos al servicio de lo que hacemos y lo que hacemos es lo que somos. Con lo cual no podemos escapar de ese círculo, triángulo o como quiera llamarlo.

¿Vivís de la música?

Miguel Ángel: Sí. Los tres vivimos de la música. Obviamente vivir de la música no es nada fácil, es superestacional. A no ser que tengas algo muy guapo, no hay nada fijo, pero a estas alturas, o vives para lo que te da la vida o estamos siendo zombis, ¿no? Con lo cual, pues bueno, en cierto modo escapamos de la Matrix con nuestra batería, piano y guitarra. Y afortunadamente estamos haciendo lo que más nos gusta, que es tocar nuestras canciones, tocar nuestros instrumentos, transmitir nuestras emociones. Yo a veces echo de menos tener un jefe, o echo de menos decir: «Joder, tío, entro a las cuatro», ¿no? Pero luego, cuando la música suena y tal, todo bien.

César: Confías en lo que estás haciendo, ¿sabes? Y eso, pues, es una rueda de más y más, y ahora hago una banda o ahora me hago las covers… Confías en lo que haces y ya está. Y es que con eso, ya sabes que lleguemos o no a donde queramos llegar, vas y ya está. Es la confianza en «te va a gustar porque sabemos lo que transmitimos», que es un poco el trabajo de músico, tocar y transmitir.

Miguel Ángel: Supongo que os pasará a todos, que al final del día dices: «Pues mira, estoy haciendo lo que sé hacer…». Tendré más, tendré menos, hoy ha sido duro, hoy ha sido increíble, lo que sea, ¿no? O sea, haces el examen de emociones que haya que hacer, pero sigues haciendo lo que tú quieres. Yo creo que somos muy afortunados.

César: Sí, es eso, tío. Además, aquí en esta banda hay mucha coña, mucho cachondeo… Que todo gira en torno a lo que está haciendo él, aunque sea en un ensayo a las diez de la mañana un lunes. El día que esté un poco jodida la cosa, estas cosas hacen que la banda sea una piedra, que no se caiga, ¿sabes? Ante todo somos amigos.

Miguel Ángel: Somos profesionales, pero ante todo somos amigos. O sea, bueno, es que igual decir «ante todo somos amigos»… ante todo somos profesionales que somos amigos también, que es que eso es un enlace jodidamente covalente, ¿sabes? Es total.

César: Cada uno confía en lo que hace, porque sabe que cada uno tiene su trayectoria, más larga, más corta, pero en el momento que nos juntamos también hay magia.

Sí, la verdad. Aquí ha sido así.

Miguel Ángel: Ha habido etapas… Ha sido bonito porque somos cinco músicos profesionales que hemos empezado a entendernos dentro de un contexto que son mis canciones. Es que eso es muy complicado, somos gente experimentada. No tenemos veinte años, que te da igual que cada uno haga lo que le da la gana, porque lo que nos apetece es sudar, soltar feromonas a saco… Pero ya en otro contexto, te queda eso: la profesionalidad, la amistad, el saber hacer, el amor por la música. Porque hay mucho músico profesional que a lo mejor no encajaría en este proyecto, no porque tenga más o menos amor a la música, sino que tiene que haber, pues, esa estrella de valores, que tienen que estar todos los valores en el centro de cada uno para que nos pongamos a tocar, sonriamos, disfrutemos, lo vivamos y, cuando acabe, tengamos ganas de más. No solo el público tiene que quedarse: «¿Estáis con ganas de más?». No, estos tíos también tienen que tener ganas de más.

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