Mónica Naranjo, la diva no existe


Entrevista de Eduardo Durán

Estoy en un pasillo, delante de la puerta de la sala donde voy a preguntarle por Tarántula, el disco con el que rompe un silencio de cinco años en el que lo único que publicó fue un recopilatorio. Voy con la lista de preguntas bien aprendidas, sale la periodista anterior, curioseo qué tal y me responde: “Nos hemos puesto a hablar de ñoquis y se me ha ido la media hora. Tendré que hacer la entrevista sobre los ñoquis…” Entro.

En las distancias cortas, Mónica Naranjo desprende una calma y un tono dulce al hablar que, de primeras, no se corresponde con cualquier prejuicio. Es el handicap de tener un estilo tan marcado. Aún sabiendo que es un personaje, cuesta imaginársela en otro rol que no sea esa diva trágica. Y enseguida me doy cuenta que mi compañera llevaba razón y que con esta encantadora mujer puedes terminar hablando de lo que sea. Cuando saco el par de grabadoras que siempre uso y las justifico por mi torpeza con la tecnología, dice que voy “sincronizado y prepara-do”, me confiesa que ella también es un desastre y que, siempre que escribe algo, además de guardarlo en el disco duro, lo imprime. Tras este primer amago y con mi consciente tendencia a la dispersión, me asusto de por dónde puede ir esto y reoriento la charla.

¿Qué relación tienes con la tecnología? ¿La música va a nuevos cauces o eres catastrofista?

Me he acostumbrado a la vida interactiva. Encargar, hacer la compra de la semana por internet… Laboralmente, sin internet no podría vivir. Nos ha hecho la vida más cómoda a todos y también nos la ha complicado, de momento. Pero yo no quiero pensar lo que me habría gastado con este disco si no hubiera podido colgarlo en los servidores para masterizarlo en Nueva York desde Escocia, donde lo grabé.

Peligro. Posible nueva bifurcación. Por cuestiones personales, tengo una relación particular con Escocia. No me resisto a preguntarle en qué parte…

Glasgow, un sitio maravilloso. Es una ciudad cosmopolita, tranquila y la gente es muy amable y muy cordial. Yo he estado muy a gusto. Ahora mismo el equipo de producción está en Glasgow y paso mucho tiempo allí.

¿Qué es Tarántula?

Tarántula no tiene un espacio de silencio. Hay una intro que desemboca en “Europa”, el primer single, y así sucesivamente. Es una vuelta por la calle y encontrarte con historias con las que, por ejemplo, decir: ¡Despierta ya!

¿Y qué es “Europa”, tan diferente a lo que has hecho antes?

“Europa” es un tango. Mi compañero y yo decíamos, caray, con lo que nos gustan los tangos y que nunca hemos escrito uno. ¿Y por qué no nos encerramos esta tarde y hacemos uno?

Me da la impresión de que la edad juega un papel fundamental en los temas. Como si quisieras reafirmar que eres ya una mujer con las ideas claras y no una jovencita a la que pueden tomar el pelo…

No. La edad para mí no es importante. Yo soy muy simple internamente. No me suelo comer mucho el tarro. Cuando compongo, no pienso, porque si pienso, me equivoco. Intento liberarme y fluir. Cuando me reúno con José Manuel (Navarro, el coautor de las letras), él también fluye. Tiene cincuenta y cinco años y es un tío que es un comeaños. Va a ser joven toda la vida. Yo creo que los años están más en el espíritu. Tienes patas de gallo, te pones un botox y se te van. Ya todo es muy simple. No como antes que tenías que quedártela. La edad, el callo, te dice que debes escuchar la intuición y guiarte por ella. Porque los artistas tenemos grandes intuiciones que muchos no seguimos por inseguridad, falta de valor… Creo que hay que dejarse fluir para crear un mundo. Yo intento hacerlo todos los días de mi vida pensando incluso qué voy a comer o qué me voy a hacer de comer.

El segundo single del disco, “Todo mentira”, comienza diciendo: Voy a luchar, / voy a vivir, / voy a olvidar el dolor. Toda una declaración de intenciones.

Dime una cosa, ¿quién no se identifica con esas palabras?

Por supuesto. Pero es que puedo vincularla a otras canciones tuyas como “Sobreviviré”. ¿Tienes carácter de ave fénix?

Lo que he intentado siempre es reinventarme. Seguir paso a paso lo que debía seguir y, sobre todo, ser muy honesta con mis principios artísticos y creativos. La edad es lo que te da: seguridad para saber qué quieres hacer y qué no. Hay cosas que ya no estoy dispuesta a hacer. Ya no. No me toca. Estamos en los treinta y tres y en una etapa muy distinta. Estos cinco años que he estado tan alejada, creo que han sido los más felices de mi vida.

Debe de ser un medio muy absorbente…

No, es que enfermas de éxito. A veces, por salud hay que ser valiente y decir: hasta aquí.

Nuevos e inesperados caminos. Lo dice con una sinceridad que, en alguien tan notorio, sobrecoge. De entre todos, me decanto también por la franqueza y le hablo de alguien cercano en quien estoy viendo eso…

Es la enfermedad del siglo XXI, pero hay que saber hacerlo. Es una cuestión de pelotas. Lo que hice con mi vida fue ocuparme y no preocuparme. Y tu amigo tiene que sentir que le falta aire para poder decir: o paro o me muero. Una de las primeras carencias son los afectos. Se van.

¿La creación es un psicoanálisis o un antídoto?

En este caso ha sido el focalizar el veneno y hacer de ello algo bello. Y es de los logros de los que estoy más orgullosa en mi vida, porque al sentirte maltratada, no escuchada… No es una carrera la que está en juego, sino que soy yo. Y yo no soy un producto. En los últimos tiempos he intentado encauzar todas esas sensaciones de odio para hacer este disco. Se hicieron cuarenta canciones y se escogieron sólo once.

¿No te sientes vulnerable siendo tan clara?

No, vulnerable es el que miente porque tiene algo que ocultar. Yo ya estoy de vuelta de todo… Entiéndeme, éste es un trabajo como cualquier otro. Lo único que cambia mi vida de la de un panadero es que yo soy un personaje público y él no. Él goza del anonimato y yo no. En público soy, en muchos casos, un ejemplo a seguir.

¿Notas esa presión?

Algunas veces, y no es algo con lo que me sienta muy cómoda. Porque Mónica Naranjo es un personaje no un ejemplo a seguir.

En YouTube vi los videos de Sorpresa, sorpresa e Ídolos a domicilio. Visitabas a fans para los que eres absolutamente el centro de su vida.

A mí las obsesiones siempre me dieron mucho miedo. Puedo estar comiendo y que se me acerque una persona a decirme que le gusta mi disco y lo que hago. ¡Qué amor de persona!, pienso. Pero cuando se ponen tan nerviosos, no sabes muy bien qué hacer para que se tranquilicen, y eso llama más la atención… En la calle, trato de pasar desapercibida y esto me incomoda mucho. ¡Hay que ser sano! Llorar de emoción porque verdaderamente te gustó. Muchísima gente piensa que los artistas somos “güenos”, como digo yo, no buenos, sino “güenos”, y de todo hay…

¿Te consideras libre a la hora de crear o hay algunos autocondicionantes de lo que se espera de Mónica Naranjo?

Yo cuando compongo, compongo para mí. Yo hago las cosas para mí. Siempre.

Supongo que por ahí vienen algunos de tus problemas con la industria.

La libertad tiene un precio y yo lo he pagado. Pero estoy muy feliz.

Yo creo que la coherencia siempre tiene premio.

Sí. Yo pienso que, a la larga, sí, porque te sientes más realizado… La lealtad y la fidelidad nos la debemos a nosotros mismos. Si no estás a gusto en un sitio, tienes que irte. Por supuesto, toda acción tiene un precio y más en momentos tan decisivos de la vida. Pero hay que ser valiente.

Incluso en los inicios, ¿no?

Yo empecé vendiendo Levi´s, mientras componía con un amigo y cantaba en discotecas.

¿Con qué edad?

Catorce. Con catorce era como hoy de grande. No crecí más.

Serías la envidia de tu pueblo…

¡Qué va! En un pueblo donde el principal protagonista es la pintura… (nació en Figueras, cuna de Dalí) Al contrario. Creo que me tenían más compasión.

¿Habrías podido ser otra cosa?

Desde que tengo recuerdos, todos están vinculados con la música. Pero si no hubiera sido cantante, habría sido otra cosa. Si después de toda una lucha, no hubiera salido, no pasa nada.

¿Crees que siempre que se lucha se consigue?

Yo lo que no quiero es quedarme en casa y quejarme. No soporto a la gente que se queja y no hace nada. Me pongo muy nerviosa. No te quejes, levántate y mueve el culo y soluciónalo. Veo que en la vida quien tiene un sueño, tiene que perseguirlo. Y si no sale bien, no pasa nada pero al menos lo has intentado. Lo que no puedes es estar toda la vida martirizando porque (imita una voz afectada) como yo soy de un pueblo, ¿cómo me voy a ir a Madrid?… (retoma su tono) Pues, chico, como nos hemos ido muchos.

Sin darme cuenta, me he comido mi media hora. Detrás tengo a su maquillador con un enorme maletón esperándola para una entrevista con televisión. No hemos hablado de ñoquis, pero los dos estamos de acuerdo en que éste es un excelente final. La diva, no me cabe ya la menor duda, sólo existe sobre el escenario.

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