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Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografías de Mar Simón Photo (c) cortesía de #SoyPrensaTeatroLara
Desde el 15/01 hasta el 27/02 en el Teatro Lara
Prorrogado hasta el 25 de marzo de 2020
https://www.teatrolara.com/programacion/la-gran-ofensa/

Desde el inicio de La gran ofensa hasta el final, además de no parar de reírte, no paras de autoanalizarte. Todos sentados en las butacas con la idea clara de que somos personas decentes y de bien, incapaces de reírnos de temas políticamente incorrectos. Pues bien, tres minutos tardas en ver cómo estás llorando de risa con auténticas barbaridades, al mismo tiempo que piensas: “Pero, ¿cómo pueden ser tan cabrones?”.

Hablamos con Dani Amor, uno de los protagonistas y creadores de La gran ofensa y cuyo personaje, Bernat, que, si bien te da cierto repelús al principio, al final es probable que te apetezca incluso abrazarlo. Y es que siempre han dicho que no hay mejor forma de seducir que con humor ¿no?

Uno de los grandes atractivos de La gran ofensa es que es muy diferente al teatro de comedia, no esperas lo que te acabas encontrando… Resulta curioso ver como a la salida del teatro se montan grupitos de gente debatiendo sobre todo lo que se ha visto en el interior de la sala.
Jo, cuando la gente hace eso, la verdad es que nos enorgullece un montón.

Al final supongo que también es lo que estabais buscando ¿no?
Sí, aunque sea una comedia y nuestro principal objetivo sea hacer reír, queríamos que la gente tuviese una opinión un poco más formada, hacia un lado o hacia otro, pero que se parase a pensar en las consecuencias que tiene pensar de una u otra manera.

Una de las cosas más geniales de la obra es el viaje de Bernat, el personaje que interpretas tú. Pasando de ser un cínico cabrón (desde el cariño) a que, a medida que pasa la obra, observas que defiende, hasta el final, unos principios férreos, que acaban por convencerte…
(RISAS) Aunque en principio parece que lo único que le importa es hacer humor, se vuelve loco por triunfar y buscar el éxito, al final se ve que tiene argumentos y un porqué hace las cosas. No es como Sergio, que se deja guiar, es más simple… Bernat sabe porqué hace las cosas. Aunque es verdad, tienes razón en que, quizá, en un principio no ha reflexionado profundamente, es inherente a su forma de ser, de ver la comedia y la vida.

No sé si el hecho de que seas guionista, además de actor, hace que tu forma de verlo y de traspasar esa forma de sentir el humor a Bernat, sea diferente. Si solo fueses actor ¿tendrías la misma percepción?
Esto… no debería decirlo, pero Bernat se parece bastante a mí… Cuando entro en el personaje, bueno en realidad no sé cuándo salgo y cuando entro. Es bastante yo. El hecho de escribir esta obra al estar haciéndola también con Cristian Valencia, que hace de Sergio, y con los dos directores, sobre todo toda la parte de mi personaje, era muy fácil seguirla para mí (risas) era utilizar mis argumentos, mi forma de ver el trabajo, el humor y un poco la vida. Era muy fácil, muy fácil.

El chiste por el que nos denuncian en la obra… teníamos uno más salvaje, pero lo consensuamos y lo abrimos a otros amigos nuestros, con gente del Terrat, y nos dijeron que realmente era muy desagradable y podía caer mal. Para mí era gracioso eh, peeero… era fuerte.

En una entrevista a Oriol Pérez (director de La gran ofensa) decía que, esta obra en el circuito teatral, de alguna manera os protegía de una descontextualización de alguna de las partes y que se produjese un polémica fuera de sitio. Quiere decir esto que, en el fondo, no os sentís del todo libres para hacer humor si buscáis esa protección.
Sí, sí. A ver, nosotros hemos encontrado nuestros propios límites escribiendo la obra. Es que yo creo que todo el mundo se autocensura, al final no es una obra para nosotros cuatro, es para que le guste al público, evidentemente te vas a limitar.
El chiste por el que nos denuncian en la obra… teníamos uno más salvaje, pero lo consensuamos y lo abrimos a otros amigos nuestros, con gente del Terrat, y nos dijeron que realmente era muy desagradable y podía caer mal. Para mí era gracioso eh, peeero… era fuerte.

En la primera parte de la obra yo no podía dejar de echarme las manos a la cara mientras pensaba: «¡Pero qué cabrones!» Y la verdad es que no sé si es porque en el fondo todos contamos con algo de doble moral, por lo que no paras de pensar que lo que estáis diciendo es gracioso, al mismo tiempo que te sientes culpable de reírte de algo tan bestia.
(Risas) Sí, eso nos lo dice la gente. Muchos nos comentan que jamás hubiesen pensado que se podrían reír de algo tan bestia. Y eso es muy guay.
También te tengo que reconocer que a nivel de guionista es algo que queríamos hacer desde el principio. Estamos orgullosos porque creemos que funciona, y era que, en cuanto a la estructura, empezar muy fuertes, con chistes, pues así, muy bestias, tocando temas muy polémicos, y después ir blanqueando un poco la obra y relajando. Una forma también de poner a prueba los límites de la gente.

En la obra comentáis varias veces que, si el chiste no va “contra ti”, tu nivel sociocultural, tu experiencia, tu colectivo… te afecta menos y sí te puede hacer gracia. Discrepo contigo…
Sí, sí, no sé si vas a ir por ahí, pero también es depende de cómo seas. Hay veces que sí te afecta un tema que tú no tienes curado contigo mismo. Hay gente que va en silla de ruedas y no tiene ningún problema en hacer chistes sobre ello o que se los hagan, eso es evidente. Sin embargo, pasa que, cuando queremos ser moralmente perfectos o superiores a los demás, nos permitimos el lujo de decir cosas del tipo “No, no, es que no se pueden hacer chistes sobre gente que va en silla de ruedas porque se les puede ofender”. Vas por ahí ¿no?

Pues no…
(Risas) ¿Ves cómo Bernat es un listillo?

Es verdad que tienes razón en lo que dices, lo podemos ver en Twitter a diario, el reino de los “ofendiditos”, los moralistas…
Y los protectores…

Lo decimos también en la obra, hay gente que piensa que, si haces humor sobre un tema, humor negro, estás poco sensibilizado con ello. No estás tan sensibilizado como yo, porque tú te ríes de ello y yo no. Y eso no es verdad, son cosas completamente separadas.

Pero voy por otro lado, quizá no es tanto el que nos afecte o no de manera personal, sino en nuestra evolución como sociedad (lenta, sí) y que hay cosas que ya nos resultan intolerables. Un ejemplo claro, el humor de Martes y 13, con lo de “mi marido me pega”. Antes era solo un chiste, ahora la violencia de género está mucho más interiorizada, es un problema grave, real y no tiene ninguna gracia.
Sí, nosotros en la obra lo decimos cuando Mateu y yo empezamos a discutir la primera vez, y hablamos de eso. Él dice que denunciar los chistes en relación a estos temas, hace que mejoremos, lo mismo que tú has dicho, que nos fijemos, que las señalemos y que la gente tome conciencia. Porque claro, cuando un niño ahora, por ejemplo, en la escuela, está empezando a formarse como personita, y se hacen chistes en contra de las mujeres o de algún colectivo que se sienta dañado por ese chiste, hace que tenga más sensibilidad en general. Pero, lo ideal, sería separar esto. Que nosotros eduquemos a la gente, que como sociedad crezcamos, de forma madura, que sepamos separar el humor de cuando estamos hablando en serio.
Lo decimos también en la obra, hay gente que piensa que, si haces humor sobre un tema, humor negro, estás poco sensibilizado con ello. No estás tan sensibilizado como yo, porque tú te ríes de ello y yo no. Y eso no es verdad, son cosas completamente separadas.

Cuánto más negro y más bestia es el humor que haces, más bueno tienes que ser. Estás tocando un terreno pantanoso. Esto siempre lo dicen los que saben de comedia: “La comedia es tensar y destensar”.

Estos últimos años han surgido cómicos como Broncano, Ignatius, que son muy bestias, pero que al mismo tiempo tienen un éxito brutal. Al final, es que esto nos gusta.
Es lo que yo llamo el malentendido humor inteligente. Cuánto más negro y más bestia es el humor que haces, más bueno tienes que ser. Estás tocando un terreno pantanoso. Esto siempre lo dicen los que saben de comedia: “La comedia es tensar y destensar”. Si tú tocas un tema que es tenso, tienes que saber que te vas a poner a todo el público en contra y tienes que saber darle la vuelta y destensarlo. Por eso, si consiguen hacerte reír con ese tema, siempre pensarás que esa gente es muy buena, porque no ha ido al chiste fácil.
No tengo nada en contra del tipo de humor que hacen, por ejemplo, Dani Rovira o Leo Harlem, que tratan temas más blancos que a la gente les pueden gustar mucho, porque es un público más general, pero si quieres ir a lo que te decía antes, al humor más inteligente o a un público quizá más selecto, buscas un poco el funambulismo que se maneja en esa línea tan complicada.

Lo curioso del humor es que últimamente nos la cogemos con papel de fumar, pero sale un político diciendo una barbaridad y no pasa nada…
Efectivamente. Es igual el por qué con el drama se permiten unas cosas y con el humor no. Es mucho más grave que hable una persona con un cargo público, una responsabilidad social, y que además no está haciendo ningún tipo de humor ni de ficción, que cuando alguien lo está llevando a la ficción.
A veces pasa que los humoristas, como trabajan con su nombre, que no se ponen uno artístico, como a lo mejor podría hacer un actor, hace que la gente crea que la persona piensa lo mismo que está diciendo en su monólogo, por ejemplo. Cuando hablan de su familia: “No es que mi hermano me pidió dinero…” y la gente piensa: “Hostia, que el hermano le pide dinero”, pues no. Es mentira, es ficción.

Hay que diferenciar tal vez entre el humor y la tontería. Una cosa es que en el humor valga todo, porque es eso, humor, otra cosa es censurarlo y denunciar a gente por hacerlo, y otra que simplemente, no te haga gracia. El humor no tiene por qué hacerte gracia siempre.
Claro, yo siempre lo digo, la mejor censura es no ir al teatro de un cómico que no te gusta. ¿Para qué denunciarlo? Cuando lo que puedes hacer es simplemente decir, pues mira es que no voy a consumir tu humor, así que o tú te adaptas, o te vas a extinguir como cómico. Es la mejor forma, no hacer caso, no promocionar ese tipo de humor. No te gusta, no lo consumas y si la gente lo hace así, en general, ya está, se va a acabar.

En la parte final de la obra, en la del veredicto, no sé si realmente la gente es sincera a la hora de emitir su voto.
(Risas) Eh… mmm creemos que… NO. Grabamos el vídeo de la votación y vemos a la gente mirar alrededor, cambiar el voto. Sí que creemos que hay una mayoría que siempre va a estar a favor de nosotros, también porque está con los personajes protagonistas y quieras que no, te vincula.
Pero mira, justo hace unos días, el voto no llegó a ser mayoría de culpables, pero estaba en un 40-60%. No nos había pasado nunca, que estuviese tan ajustado y además fue una de las funciones en las que la gente se quedó después fuera preguntando cosas y hablando con nosotros, porque creemos que ese día sí que vino mucho “ofendidito” a ver la obra.
Y eso es también muy interesante, igual hay más risa con “O”, como decimos nosotros o más risa nerviosa y menos “fiesta” que cuando tú viniste a verla, pero es verdad que la gente estaba más implicada queriendo preguntarnos cosas y saber qué era lo que pensábamos sobre algunos temas.
Algún día además queremos hacer pruebas, si todo va bien, cambiar un poco la pregunta que se hace al final, o incluso, esto son cosas de guion que siempre funcionan, si invertimos el orden, si salimos nosotros primero y luego Mateu… seguro que el voto también cambia.
Es un juego que hacemos y que pensamos que sí, que la gente, más o menos, es la opinión que tiene real, pero seguro que también está un poco condicionada por la historia, los personajes, el orden, muchas cosas.

¡Esto nos lo han dicho! En plan, “ya no soy nadie, antes se reían de mí y ya ni eso”.
Y nos pasó algo parecido con un chico que es gay y nos dijo: “¡No hacéis bromas de gays!”.

Tengo que trasladarte la opinión de un amigo que se sintió muy ofendido con la obra: “Soy andaluz y no he visto el número esperado de ofensas a mi colectivo, que es lo habitual y me he sentido muy discriminado”.
(Risas) ¡Esto nos lo han dicho! En plan, “ya no soy nadie, antes se reían de mí y ya ni eso”.
Y nos pasó algo parecido con un chico que es gay y nos dijo: “¡No hacéis bromas de gays!”.

No estáis dejando que la gente se sienta ofendida a gusto, estáis discriminando.
(Risas) ¡Total! Si es que aquí la cuestión es ofenderse.

¿Cómo surge La gran ofensa? Aunque se habla a menudo de los límites del humor, tratarlo tan directamente, no se había visto nunca.
Pues mira… Cristian Valencia, Oriol Pérez, Serapi Soler y yo que somos amigos desde hace tiempo, empezamos a hacer una cena los viernes por la noche. Cada vez cocinaba uno y empezamos a invitar a gente del mundo de la comedia, que siempre nos había gustado mucho, aunque nos hemos dedicado más al cine, a la ficción, al teatro… Lo acabamos llamando “los benditos viernes”, con su grupo de whatsapp y todo. A partir de ahí, surgió la creación de “la bendita compañía” porque además nos apetecía mucho trabajar juntos los cuatro. Así que, en esas cenas, cuando ya corría un poco el alcohol por la noche, pues el humor negro salía bastante a relucir, estaba a flor de piel. Siempre hablábamos mucho sobre los límites del humor, y un sábado por la mañana, de resaca, me levanté y les dije: “Oye yo creo que si hacemos una función de dos cómicos que son denunciados por un chiste, lo petamos”. Y así fue.

Fuiste un visionario…
No, en realidad fue ir robándoles los chistes a nuestros amigos en las cenas y meterlos en un guion (Risas)

Ojo a ver si ahora se van a ofender por haberles robado los chistes y también os van a denunciar…
Sería muy meta ya… La meta ofensa.

Y ya que todo al final gira alrededor del humor negro ¿por qué crees que es el que más gracia hace?
Pues porque al final, si haces un chiste sobre que te has perdido en los pasillos del Ikea, a quien puede ofender como mucho es a Ikea. Sin embargo, cuando tratas un tema del que piensas que jamás te vas a poder reír y de pronto te dan ese golpetazo y te surge la carcajada, como si te pincharan y te desinflases… No lo esperas para nada, te sorprende reaccionar así ante cosas de las que jamás pensabas que podrías reírte.

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