Texto de Covadonga Carrasco
La imagen superior pertenece al videoclip “El mar” de Javier Álvarez
La de la portada del disco es de Jerónimo Álvarez.

Lo tengo delante. Es Javier Álvarez, no sé la cantidad de veces que habré puesto en bucle sus discos cuando no había cumplido los 20. Estoy algo nerviosa, porque me ha vuelto a enamorar con 10, como lo hizo hace casi 20 años. Es un Javier nuevo, optimista, alegre, vital. Es perfectamente consciente de sus luces y sus sombras y todas están en su nuevo trabajo. Solo hace falta escucharlo una vez para caer rendidos a sus pies. Javier habla bonito, canta bonito, siente bonito… Como él mismo dice, no es un “cansautor”, es simplemente música.

Desde que salió 10 se dice que Javier Álvarez ha vuelto a la música, cuando en realidad Javier Álvarez no ha vuelto porque es música en sí mismo. Eso hace que me plantee que quizá la gente de una forma u otra te estaba esperando. ¿Tienes esa sensación?

Entiendo lo que dices, hay una parte que sí. Lo vas diciendo todo como es. Durante un tiempo he estado silenciado, sobre todo a nivel de medios, pero eran unos años en los que yo necesitaba ese silencio. Ahí es donde entra esa parte en la que tú dices que se me echaba de menos, porque en realidad no se publica un disco mío desde 2009. He seguido haciendo proyectos, pero han sido proyectos más off, más personales, menos mainstream, más a mi bola, más autogestión. Aprovechando ese tiempo para limpiar muchas cosas del pasado que había que limpiar.

Como bien dices, yo soy música. He sido siempre muy melómano, la música es el mayor estímulo de mi vida, una pasión secreta que nunca pensé que se convertiría en mi profesión. Sin embargo, las musas me han llamado y no lo he podido evitar. No sirvo para hacer otra cosa, si algo tengo claro en la vida, es que soy músico.

La música me acompaña siempre y desde que empecé a hacerlo profesional, esas musas de las que te hablaba, me han tratado siempre súper bien. Nunca he tenido mucho hastío creativo. Siempre he tenido proyectos, se hayan escuchado o no. Sí que es cierto que con este disco hay una vuelta, una vuelta al ruedo, a los medios, a que la gente me escuche, a que se vuelva a hablar de mí.

Hay canciones, artistas, músicos que escuchas y dices: “Qué bien suena, cómo me gusta”. Pero cuando yo digo que tú eres música es porque creo que tu sensibilidad va mucho más allá de una canción, de dos…

Es muy bonito lo que me dices, te lo agradezco un montón. Es cierto que tengo una sensibilidad muy grande. En su momento, cuando nací, los médicos determinaron que era un niño superdotado, y tengo una sensibilidad muy a flor de piel.

En dos ocasiones has dicho “tú eres música”, no has dicho “eres músico”, y eso me gusta mucho. Me gusta porque utilizas el femenino, hablas de la música en general, pero haces hincapié en lo femenino. Yo soy muy defensor de lo femenino, porque al final la masculinidad ha estado tan regente, ha imperado tanto en la historia de la humanidad que, a mí, lo que me gustaría proponer, es todo lo contrario. Que le demos valor a feminidad, la que tenemos todos. Como ejemplo, yo tengo un dúo, se llama “Las Maris”, somos chico y chica, pero nos nombramos en femenino, no “Los Maris”, somos “Las Maris”.

¿Tenías claro que tu regreso iba a sorprender tanto?

Nunca he pretendido nada, he sido un mero canal de transmisión, un poco por la inercia, pero no pretendo gustar. A ver, claro que quiero gustar, pero no es mi máxima pretensión. Cuando compongo, cuando publico un disco, cuando ya está todo terminado, es maravilloso que la gente lo reciba así. Que me diga las cosas que me estás diciendo tú. Porque a mí como espectador, de cine, por ejemplo, mi segunda pasión confesable, me apasiona lo que dices tú, meterme en un cine y quedarme pegado a la butaca.

Esto mismo me ha pasado con Rosalía, es una cantautora, una chica, joven, ha hecho un disco realmente maravilloso y dificilísimo, nada comercial y lo está petando. No en España, en el mundo. Y eso es un buen síntoma.

Otra cosa que me fascina, es que esté nominada a los Oscar, Roma de Cuarón. Cuando yo la vi, me pasó algo muy parecido a lo que dices de mi disco, a pesar de que Roma es densa, es larga… y mi disco es muy denso también pero muy corto, me identifico absolutamente. Creo que 10 es un disco concentrado en 29 minutos, cortito, sí pero que contiene mucha información. Por ejemplo, el segundo single va a ser “Dicen” que es una canción ultra política, y sin embargo no se nota.

No estoy de acuerdo con que tu disco sea denso, todo lo contrario. Es un disco que entra muy bien y tiene un punto de optimismo a pesar de los temas tan duros de los que habla. Se nota un brillo, aunque en ocasiones trata de cosas terribles.

Me voy a contradecir, porque soy muy contradictorio entre otras cosas… Antes dije que no pretendía gustar, sin embargo, este disco sí lo he hecho de otra manera. Ramón Rodríguez me lo propuso y me encargó 10 temas. Y me dijo: “Pero Javi tienen que ser 10 temarros“. Y artísticamente me fío muchísimo de él, a nivel profesional y personal. Así que cuando decidí que me produciría, quise hacerle caso, y aunque es un disco mío, que no es por encargo, no teníamos ni contrato discográfico, ni compañía, solo hacíamos lo que queríamos, me comprometí a hacerlo de la manera en la que Ramón decía. Yo era consciente de que tenía que ser un disco en el que yo contara muchas cosas, pero de una manera sencilla, cercana cómo me estás diciendo tú. Y me encanta escuchar lo que dices porque lo he conseguido.

Yo me mudé hace un año y medio a la casa en la que estamos ahora mismo, aquí lo compuse y en este sitio fue donde empecé a crearme una disciplina, a ponerme unos deberes muy difíciles y según tus palabras, con cómo te ha llegado a ti, creo que lo he conseguido.

Como autor, como creador, como artista, la ensoñación es fundamental, aunque la reivindico en cualquier ser humano totalmente, más aún en el artista, porque jugamos con eso creativamente para hacer la obra, pero también para compartirla.

Cuando se escucha 10 sólo se puede pensar en lo bonito que suena, en lo duro que es, pero, sobre todo, qué bonito está contado. “En la cuarta” es una genialidad. ¿Eres consciente de lo que puedes llegar a hacer sentir?

Con el tiempo un poco sí. Como autor, como creador, como artista, la ensoñación es fundamental, aunque la reivindico en cualquier ser humano totalmente, más aún en el artista, porque jugamos con eso creativamente para hacer la obra, pero también para compartirla.

Cuando compuse “En la cuarta” salió sola, es de esas canciones amables, con las que coges la guitarra y ya la frase tiene vida. Melodía y texto juntos. Al terminarla, era tan clara para mí, que fue un subidón y en ese momento, lo que piensas y lo que más te apetece es cantarla a los demás, ver cómo van a reaccionar. Del mismo modo que un niño lo primero que hace cuando termina un dibujo es ir a enseñárselo a sus padres. El feedback es fundamental en la vida. Aunque es cierto que a veces hay que hacer sacrificios en pro de llegar a menos gente, que sea más difícil llegar, yo soy bastante experto en esto… En mi carrera hay momentos en los que yo mismo me he dinamitado, he hecho cosas que no me han facilitado el camino, que me lo han puesto difícil y lo he hecho porque he querido retarme, jugármela, porque al final se sufre más, pero es mucho más interesante y merece la pena.

Hay un proyecto que he contado alguna vez, que tengo en un cajón… Entre el primer disco “Javier Álvarez” y el segundo “DOS” hay otro conformado por entre 10 y 15 joyas que me guardé que eran más happy que “DOS”, son como la parte “b” del primer disco, que hubiese sido mucho más comercial, pero me lo prohibí. Y compuse un disco oscuro, duro, poético, nostálgico, muy poco comercial en realidad. Me dinamité en el segundo disco de mi carrera y es algo que además no he parado de hacer. Es jodido a nivel vital porque te tienes que lanzar a una piscina que estás viendo que tiene muy poca agua y da yuyu, pero al final merece la pena.

Eso supongo que tiene que ver mucho con ser honesto con uno mismo ¿no?

Fíjate, una cosa que me está pasando con la vida es que cada vez entiendo y respeto más todo. Si optas por una carrera comercial, me va a parecer igual de estupendo que si no lo haces. Lo único es que admiro y aplaudo la honestidad con la que esté hecho. Hacerlo queriendo.

Se me viene un ejemplo a la cabeza, el colmo de la comercialidad y del bien hacer, un caso único, Madonna. Es una tía ejemplar, es el colmo de la comercialidad como te digo, pero haciendo lo que le sale del coño. Por eso es única en la historia. Por eso lo recomendable efectivamente es ser honesto contigo mismo. Si no eres fiel a ti mismo y haces las cosas a regañadientes, haciendo demasiadas concesiones, no vas a dar el 100 % de ti.

Mis discos me retratan. Y eso es porque he hecho muy pocas concesiones. Siempre he sido un poco radical y me ayuda. Estoy muy orgulloso de ello y me hace sentirme muy feliz y muy pleno.

¿Quién es Javier Álvarez hoy?

10 completamente. Mis discos me retratan. Y eso es porque he hecho muy pocas concesiones. Siempre he sido un poco radical y me ayuda. Estoy muy orgulloso de ello y me hace sentirme muy feliz y muy pleno.

Desde mi primer disco hasta el último me retrata desde la fotografía de la portada hasta el lomo de los discos. Todo lo que ves, no solo lo que escuchas. Es un retrato literal de ese momento. Con 10 también ocurre. Es curioso porque el último disco que publiqué, en 2009, en la portada no salgo solo, lo hago con Pablo Guerrero. Es un disco con sus poemas y mi música, es un disco mío al que Pablo me empujó, pero que podría considerarse casi de los dos. De un disco solamente mío hace más tiempo, desde 2005 con Plan B y en ese disco no salgo en la portada, contiene dos discos Plan y B y en esos dos si salgo, pero en la caja que los contiene a ambos, no. Y en el anterior, Tiempodespacio, salgo de espaldas. Es una foto de mi cogote. Llevo sin salir en una portada desde Grandes Éxitos 2001, 17 años de no mirar a cámara, de decir: “Hola, aquí estoy”.

¡Esto es maravilloso!, me está saliendo contigo, me lo has dado tú. Es una reflexión de ahora mismo, pero es así.

En 2001 miro a cámara y en ese momento supuso un gran esfuerzo hacerlo, y ya era hora de repetirlo, con un guiño artístico que también me define mucho que es la pistola. Es importante.

Probablemente todo eso es porque ahora estás en un momento de tu vida en el que de verdad estás orgulloso de ti. Y no solo eso, sino que eres plenamente consciente de quién eres, al que le guste bien y al que no, también…

¡Claro! Ahora mismo no tengo ninguna nube, ninguna boina en la cabeza. Estoy en mi sitio, por primera vez en mi carrera. Al principio empecé como un niñato que no tiene ni idea de nada y de pronto, lo “peta”. A partir de ahí viene la dureza de ese pepinazo, de ese éxito no premeditado, tan repentino, aparece alguna depresión, la industria a lo bestia, salir de todo eso, el segundo contrato discográfico que es con una indie que de pronto se hace también multinacional… Es decir, ocurren muchas cosas y hay algo que no me permite tener esta claridad que tengo ahora.

También es verdad que he llevado conmigo desde entonces un miedo que no se me ha pasado hasta hace poco. Y no solo ese miedo personal, también líos políticos y de relaciones con discográficas, la maquinaria… Por eso creo que necesitaba esta década última, muy dura pero muy necesaria, porque ha habido silencio, depresión, muchas cosas, pero sobre todo ha habido limpia.

Por qué es el dolor, la depresión, la tristeza, lo que lleva a sacar las cosas más bonitas y las creaciones más bellas…

No, el estar muy enamorado y el estar muy deprimido son dos caras de la misma moneda. Yo he hecho un disco muy hermoso que es Dos que hice en plena depresión y he hecho Tiempodespacio que es un disco completamente enamorado y feliz. O, por ejemplo, ABBA, que es mi grupo favorito, compusieron “Mamma Mia” y “The winner takes it all”. La primera es una canción completamente enamorados y la otra habla de una ruptura, y las dos son maravillosas. Ninguna es mejor que la otra.

Cuidado porque esto pasa mucho socialmente, esto lo digo a menudo, soy un plasta, pero en el mundo en el que vivimos hay mucho ruido, pero eso es solo el síntoma, el silencio es el jefe, pero el ruido impera y hay que tener cuidado con eso. Todo tiene una doble cara, para ejemplificarlo mejor vuelvo a la portada. Yo me veo muy guapo, en el mejor sentido, no en el de qué guapo soy. Tengo una mirada de buen rollo, es pícara, pero maja. Me da mucha paz. Pero al mismo tiempo, estoy con una pistola, que es la guerra. Cuando hicimos las fotos estábamos jugando con una pistola de mentira de mi sobrino, mi hermano lanzó la foto y cuando la vimos en el ordenador, tuvimos claro que era esa. Es guerra y paz, hay que estar abiertos a todo. No podemos cerrarnos al dolor y a la parte negativa, porque sin ella no hay parte positiva.

Es de la que más se aprende…

Claro, luego está esa parte de la que yo últimamente soy muy fan, esa parte oscura, a pesar de estar muy luminoso y la aplaudo porque la tengo al lado.

Tengo una amiga, Maricheli, una tía vitalista, feliz, con 39 años que siempre me dice: “Javi, yo es que pienso todos los días en mi muerte. Y eso me da tranquilidad”. Al final, tu sombra es una continuación de ti, y sin sombra no existes. Por eso es tan importante, como tu luz. No nos damos cuenta, tendemos a huir de la sombra, y ahí es cuando nos pegamos la hostia, porque lo que hay que hacer es convivir con todo.

Si hay una ciudad con la que gente te relaciona es Madrid, con El Retiro… Sin embargo, el mar en este disco está muy presente, en diferentes temas y como protagonista absoluto de “El mar”.

Madrid es la ciudad que más me gusta del mundo. No encuentro una que me guste más. Y no es una cuestión reivindicativa, ni de patriotismo ni nada de eso, todo lo contrario, me fascina por su apertura real. No nos hace falta ninguna bandera. No escucho a la gente gritar: ¡Viva Madrid! Y eso es lo que la hace grande. Es un sitio de mezclas maravillosas, estamos en el centro, no solo geográfico sino de muchas cosas y muchas culturas que nos conforman.

Por otro lado, el mar está muy presente en la obra porque desde muy pequeño, mis padres nos llevaban allí, todos los veranos, hemos sido muy marinos. En el caso de “El mar” es una canción que me costó muchísimo componer, la letra era tan imposible que al final dije: “Voy a coger esto de José Alfredo Jiménez, esto de Jorge Manrique y esto de Lorca”. Y yo lo único que digo es “Y de repente el mar”, y esa es una frase muy completa, porque no dice nada y lo dice todo.

“Y de repente el mar” es la muerte, nuestras vidas son los ríos que de repente van a dar al mar, es el morir. Pero si te fijas vas a morir al sitio del que venimos, de donde nace el primer ser vivo que surge del agua… El agua es el final y es el principio. Eso me gusta mucho, porque es una puerta, el mar es muy redondo al final.

Qué bonito hablas Javier…

Estoy en un momento muy bueno. Lo digo en casi todas las entrevistas, no tengo abuela, soy medio gilipollas, pero creo que ahora mismo le vengo muy bien al mundo. Yo agradezco este tipo de visión abierta y positiva. Es un ruido, el que hago yo, que acompaña, creo que da buena onda.


Todo lo que has vivido se podría haber utilizado de forma muy fea, sin embargo, creo que ha habido un respeto a la hora de tratar determinados temas que al final te has ganado tú mismo.

Creo que hay que desestigmatizar, hay que normalizar. Me encanta contar mis miserias, de la misma manera que cuento mis triunfos. Estoy muy orgulloso al contar que he sido Nº 1 en los 40 Principales, como de contar que he estado ingresado en un psiquiátrico tres veces. Las dos cosas para mí son triunfos, son experiencias muy potentes, me han marcado ambas, y hay que contarlo con naturalidad. Hay que quitarle ese hierro que le ponemos a veces y que nos dinamita. El tabú es humano y mola para ratitos tuyos, para darle ese misterio, pero no hacer de eso nuestra Biblia, y mucho menos en temas tan importantes como la salud o el sexo, que también parece que todavía lo hablamos con cierta vergüenza.

Nos escandalizamos con escenas de sexo en televisión, pero no con escenas de violencia. Curioso…

Al poner la tele, lo que ves, generalmente, esto no es ninguna denuncia es simplemente mi opinión, es pornografía de la mala, de la chunga, no de la que mola. Esa manía que tenemos de no enseñarle a un niño un culo o una teta y enseñarle una pistola, no de juguete como la mía, sino de verdad. Películas en la que los actores se pegan tiros…

En 2009 seguramente no hubiese esperado un siguiente disco. Con 10 estoy convencida de que trae algo después…

¡Qué bien! Ramón lo tiene todavía más claro que yo. El otro día me dijo: “Javi, el disco nuevo lo vamos a grabar con tal, cual, lo vamos a hacer así…” lo tiene clarísimo. Y yo tengo claro entonces que el siguiente disco ya está en marcha, aunque no lo tengo ni compuesto… De alguna manera me he reiniciado. Ese era el plan de Ramón y él ha contribuido a que toda la positividad con la que llevo ya varios años se haya trasladado a lo artístico y poder compartirlo con el público. Quiero llenar teatros de mayor.

¿Notas que con 10 seguimos siendo los de siempre o percibes que hay gente más joven que te acaba de descubrir?

Todavía no, siento que sigue siendo mi núcleo de base. Tengo además unos seguidores en redes que son como una legión, que no me abandonan nunca y que amo. Son fieles y activos y eso se ha traducido en que el disco está funcionando fenomenal. Pero aún creo que no ha llegado a ese público más joven, no ha dado tiempo a que la gente se entere. Es un proceso, hay que ir poco a poco.

¿Crees que las nuevas generaciones a pesar de contar con una fuente de recursos como es Internet, ha acotado un poco el tipo de música que escucha?

No, en absoluto. El pálpito que a mí me da la gente joven es maravillosa. Pero claro, nosotros somos viejunos, ellos nos ven de otra manera. Pero no es culpa suya, es nuestra.

Se ha modificado la forma de consumir música, ya no se escucha de forma colectiva, es mucho más individual, ya no se escuchan discos. Es muy raro que la gente tenga equipos de música.

Es curioso, porque lo que me pasa es que, aunque mi público no es joven, los artistas jóvenes si me llaman para colaborar con ellos. Hace poco, en septiembre me invitaron a compartir escenario con Alborotador Gomasio, Confeti de Odio y El Buen Hijo, chavales veinteañeros y treintañeros.

Aun así, sigo pensando que tienen un acceso a la música mucho más fácil de lo que lo teníamos nosotros, los viejunos…

¿Te das cuenta de que tienes el mismo discurso que tenían tu madre y tu abuela? “Es que ahora lo tienen tan fácil…” ¡Eso lo decían de nosotros! Por eso estoy con ellos. Lo tienen tan fácil…. ¡Y tan difícil! La vida no cambia, solo evoluciona. No nos damos cuenta, pero repetimos el discurso a medida que nos vamos haciendo mayores y tenemos que ampliar un poco la forma de ver las cosas.

Por ejemplo, yo soy muy contradictorio, pero también muy paradójico, que defiende muchísimo la tecnología pero que no tiene móvil. Y sin embargo creo, por ejemplo, que hay que darles móviles a los niños, porque el peligro no es el móvil, es el uso que se hace de él. No se puede estigmatizar, como la salud. Si sabe usarlo es porque es su lenguaje, déjale que lo haga.

Precisamente para ese público que todavía no te conoce, ¿cómo les animarías a que se hiciesen una escucha de 10?

Chavales me gustáis muchísimo, se os tiene que dar voz y dejar de hablar de generaciones X, Z o Y. Los veinteañeros que conozco a mí me dan sopas con ondas… Y yo que estoy a punto de cumplir 50 me siento como uno de 25. Si os apetece escucharme, fenomenal y si venís a verme en directo os vais a sorprender, porque no soy un “cansautor”, pero soy más “bailautor”. Os vais a divertir.