Entrevista de Arantxa Hernández
Fotografía cortesía de Ávalon

Por un momento me he sentido dentro de una película. Exactamente por una nominada como Mejor Película Documental en la próxima edición de los Goya. No me ha pasado nada digno de formar parte de un guión de cine, de hecho solo he compartido mesa en el Café Barbieri de Lavapiés con Elías León Siminiani. Pero he sentido como si fuera parte del largometraje del que él es director, guionista, montador y protagonista.

Lo primero, para entrar en materia ¿Qué es Mapa?
Es una película de no ficción, esa nueva forma narrativa que se sitúa a medio camino entre el documental más puro y la ficción. Es una película diario, contada en primera persona y su contenido es la vida de una persona, en este caso la mía, un aspecto de ella y cuenta una historia de búsqueda que se transforma en una historia de amor que se transforma en una historia de desamor. Lo que la engloba es la superación de ese amor que acaba en alguien que se está buscando a sí mismo.

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Elías León Siminiani…
León Siminiani es como uno se lo imagina tras ver Mapa. Huye rápido del reflejo que le ofrece el espejo que hay detrás de mí… huye tal y como hizo hace años al descubrir su vida rota profesional y personalmente. Mochila, cámara y música. Buena música. Mapa se presenta como una película-canción. Quizás esa sea la mejor definición, al menos yo soy incapaz de separar este de la canción de Vetusta Morla con la que casi comparte título.

Y todo esto parte de una canción, ¿cómo se pasa de los sentimientos que provoca un tema a crear todo el guión?
Quería que la película fluyese como un tema de pop-rock clásico, con las evocaciones que tiene de euforia, luego bajón, algo que fluye de manera muy emocional. Las canciones de pop se dividen en estrofa y estribillo, que sirve para volver a algo conocido que te puede enganchar, así que he usado estas estrategias y he tratado de desarrollarlas en la película. La cuestión era cómo puedo conseguir que el espectador se enganche a este personaje igual que yo me engancho a una canción.

Destaca el concepto de “Autoayuda musical”. ¿Es real o un elemento más de postproducción?
A la India me llevé mucha música pero por los derechos hemos tenido que cambiar algunos temas. Por eso la selección de algunas canciones son a posteriori pero tienen que ver con un impulso original. La música te ayuda a superar ciertos momentos y sirve para amplificar las emociones. Ese modo funcional de utilizar la música cuando estás triste o eufórico, o la gente que se pone música para hacer el amor, es el que quería reflejar en la película. Además así la utilicé yo en el viaje.

Tú has trabajado en series y cortos y ahora te enfrentas a un largometraje ¿es más difícil?
Son animales distintos. Para mí hacer el largometraje ha sido muy difícil. Yo he trabajado muchos años en el formato corto y ahí me sentía más cómodo. Tenía el músculo ejercitado. En los cortos tenía la idea completa en la cabeza de principio a fin antes de empezar. La película, me la iba encontrando por el camino. Eso es muy de documental: un camino de búsqueda y de ir incorporando cosas que van pasando. Cuando me acerco al cine tengo la necesidad de control del mundo que estoy intentando contar. En los cortos tenía la ilusión de conseguirlo pero en el caso de la película me ha llevado mucho tiempo domarla, la película iba por un lado y yo trataba de seguirla.

Y en ese proceso de seguir a la propia película, van surgiendo otras historias alrededor de la trama principal que puede a veces dar la sensación de herencias de las series…
Más que las series yo tenía en la cabeza la idea de collage o de diario. Vas escribiendo cosas y si hay algo que te obsesiona eso se va a repetir pero no significa que no vaya a haber otras cosas. Quería que la película tuviese esa cualidad, que aun habiendo un relato principal tuviesen cabida muchas cosas, como el espacio que tienen los edificios, las canciones, el sustrato de la India… añaden niveles subordinados a la historia principal. Tiene una trama reticular de cosas sostenidas por un hilo conductor que es la historia de amor y desamor. También quería que se empapara de la incertidumbre y de la falta de control sobre la vida. La vida es la que va dictando el guión.

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La extraña película…

No hay luchas contra el tiempo –cuatro años– ni un productor detrás presionando para que la historia se encauce, porque Mapa es capaz de encontrarse sola. León Siminiani empezó a modelar su primer largo sin saber muy bien cómo acabaría. Es un collage de imágenes recortadas del total. El montaje lo hizo prácticamente solo. Luego llegarían más manos para buscar las pinceladas que diesen al cuadro todo el color que merecía. La última preocupación fue la distribución. Mapa es el ejemplo de lo que llamaríamos, ‘los nuevos modos de producción’.

Se estrena el 1 de febrero en cines, a solo unos días de la gala de los Premios Goya 2013, en la que defenderá su nominación como Mejor Película Documental frente a Los mundos sutiles de Eduardo Chapero-Jackson o Álvaro Longoria y su Hijos de las nubes, la última colonia. Pero no es su primera parada. Se estrenó en el Festival de Sevilla 2012 donde fue reconocida como Mejor Documental Europeo y pasó por los festivales de Mar de Plata o Ámsterdam.

En todos tus trabajos incluyendo Mapa juegas con la barrera entre la ficción y la no ficción. ¿La separación clásica de géneros está desfasada?
Están surgiendo nuevos tipos de relato, en parte gracias a fenómenos como las redes sociales que invitan a que la gente se exprese en primera persona. La clasificación en géneros del cine es válida, nos sirve para entendernos. Pero tienen que surgir nuevas etiquetas para los nuevos modos de narración. Mapa hace guiños a esos géneros porque todo lo que cuenta es real, pero a la hora de contarlo hay muchas estrategias del cine de ficción: el modo en que se tratan los personajes, la música y otras cosas, recuerdan al cine de puesta en escena. Yo confío en que surja algo interesante de la tensión que se establece entre un lenguaje de ficción para tratar algo que es puramente documental. Espero que descoloque pero que a la vez genere interés. Por eso es una película híbrida, está a medio camino… yo lo llamaría un relato real o un relato hecho de realidad.

Y con esa intención de realidad, destaca también la importancia de imágenes de ciudades como Calcuta, Santander, Madrid…
Por supuesto, es una película documental y yo me preocupo de estar a pie de calle, grabar la realidad y que dentro de quince años sea un registro de una realidad concreta de España en estos años. Para mí uno de los grandes valores del cine es que es uno de los portadores de memoria del tiempo en que fueron hechos. Conozco España, pero no controlo ni conozco la realidad India, no soy tan capaz de distinguir la India de ahora y la de hace diez años. El reto era tener mucha calle, mucha realidad y con esos planos empezar a darle forma al relato.

Hablando de calle y de realidad, una de las imágenes que más me han impresionado es la de la valla de publicidad. Has conseguido darle un significado a una actividad aparentemente normal…
Puede sonar cursi, pero creo que si nos paramos a mirar las cosas hay mucha poética en ellas. El baile está dentro de esa imagen, yo lo que hago es pararme e intentar extraerlo. Es como un bloque de mármol para un escultor. Veo cómo puedo usar el texto, la música, todas las herramientas del cine… para sacar la poesía que esa imagen tiene. El niño y la vaca, tienen también mucha magia y yo como narrador intento poner el foco en esa poesía.

¿Cómo es de importante la crítica especializada para la vida de una película?
Es importante porque crea opinión, sobre todo en el cine de autor o en el que se sitúa un poco al margen del hecho industrial. Más allá de que guste o no una película, lo importante es escribir y pensar sobre cine. En España se está desmantelando la industria, y ha surgido cine hecho desde la autogestión. La labor de la crítica y de la teoría es muy importante para articular eso y para darlo a conocer al público.

En la película te enfrentas con ‘el otro’…
‘El otro’ es el juez interno, el que nos anima a hacer las cosas bien y nos critica mucho cuando las hacemos mal. El juez depende del carácter de cada uno. O tiene mucho espacio y casi no le deja vivir a uno o lo contrario, el juez no tiene sitio y no hay capacidad de crecimiento. A mí me mete bastante caña y como siempre tuve claro que quería hacer del proceso creativo parte del material de la película, aparecen todos los miedos, inseguridades que habitualmente se quedan fuera del relato y por eso aparece el personaje de ‘el otro’, que personifica ese juicio contra uno mismo.

“Walk out” de Matthew Sweet, la canción que vertebra la historia, habla de que el reflejo solo nos devuelve lo que hay, no lo que nos gustaría haber sido. ¿Mapa qué vería en ese espejo?
Mapa vería lo que es… solo lo que es.

¿Y tú como director de una película?
Me propuse hacer algo parecido a lo que yo soy, con virtudes y defectos. Llevo años intentando encontrar el cine que llevo dentro y no solo el cine que siempre admiré. Ese cine orgánico que no es necesariamente el que más me gusta como espectador, pero era necesario para asumir quién soy como persona y quién soy como cineasta. Va de un tío que quiere hacer una película y que tiene que superar un desamor, así que yo me la imaginé como una metáfora de la vida: si consigue acabar su película superará el desamor. Y es esa idea de cine y vida en paralelo es la que vertebra Mapa.

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