Entrevista de Covadonga Carrasco
Fotografía: ExPERPENTO

Le robamos la frase que ilustra el cartel de la película como título para esta entrevista porque sería imposible encontrar otro más certero. Isabel es madre, esposa, ama de casa, costurera, trabajadora, nuera, cuñada… ¿Pero es ella? ¿Es sencillamente una mujer, sin más cargas?

Hablamos con Antonella Sudasassi, la directora de El despertar de las hormigas, una película que explica con sencillez y belleza, la situación que viven miles de mujeres en todo el mundo: Cuando dejas de ser mujer para convertirte solo en cuidadora y la angustia, la presión o la ansiedad te llevan a empoderarte y romper con todo…


Primera secuencia, demoledora, se percibe claramente la situación de la protagonista, su agobio, su ansiedad y el malestar con su vida… ¿Premeditado?
Definitivamente se pensó así. Siempre tuve esa inquietud. La película estuvo en varios talleres de desarrollo, tuvimos dos asesorías de guion y siempre tuve claro que la primera secuencia tenía que ser así. Un proceso en el que se contase un poco de todo, meternos en el contexto de golpe y explicar qué es lo que está sintiendo el personaje principal. Luego ya después, en la película, desarrollar hacia dónde nos va a llevar eso.
Desde el principio vemos que está a disgusto, que no está cómoda, quiere salirse de ahí, quiere explotar… que es de lo que trata la peli.

Resulta curioso como en varios momentos de la película, esos en los que quiere explotar, podemos ver imágenes en las que ella imagina cosas que desearía que pasasen. Es su vía de escape, no puede romper con todo en la vida real y lo hace a través de la fantasía.
La idea era esa, meter en la película esas escenas, no surrealistas, pero sí un poco fantasiosas, para dibujar un poco el universo imaginario de Isabel. Creo que tiene que ver con que, muchas veces, este contexto en el que vive que lleva al punto de quiebre, la presión, la ansiedad que siente, el pelo, los insectos… Todos esos elementos que hacen de ese universo un lugar asfixiante, el calor, la humedad… Cosas que seguramente no se transmiten del todo porque son difíciles de percibir en lo audiovisual, pero que conforman un contexto muy denso.
Quería traer ese universo a la película y llevarlo al estado de ánimo del personaje protagonista, para que nos ayudase a definir cómo se siente.

A priori el machismo de la película podríamos esperarlo del marido de Isabel, que existe, pero hay dos personajes que lo ejercen de una forma muchísimo más dura sobre ella: su suegra y su cuñada.
Exacto, la película tiene que ver un poco sobre eso también. Solemos asociar el machismo a comportamientos masculinos. Son los hombres los que se comportan de forma violenta, pero no nos damos cuenta de que el machismo, muchas veces lo heredamos a través de la madre, del amor materno, de esa expectativa de la maternidad, de estar siempre para los demás.
Todo eso viene a través de esas “mini exigencias” que nos llegan a través de nuestras madres, de nuestras abuelas, etc. Recuerdo cuando llevé a casa a mi primer novio, mi madre no dejaba que hiciese nada en casa, yo tenía que servirlo y atenderlo. Esas exigencias que heredamos y repetimos sin darnos cuenta.

A pesar de contar con una protagonista absoluta que es Isabel, la película es muy coral y cuenta con personajes extraordinarios que la van empujando a tomar determinadas decisiones, como es el caso de Mireia “la amiga”. Una mujer que ha tomado la determinación de llevar una vida alejada de los roles establecidos, de la maternidad y que, quizá sin darse cuenta, ayuda a Isabel a empoderarse.
Antes hablabas de la cuñada y en un principio sentimos que ese personaje va a ser el escape de nuestra protagonista, sin embargo, no es así, tira para su lado. Con la amiga pasa al revés, ella sí es su verdadero escape, la posibilidad de vivir otra vida, sin embargo, no podemos dejar escapar la idea de que, a esta amiga, la envuelve un contexto súper determinante, eligió no tener hijos sí, pero ¿cuál es el precio que paga? Quería hacer una reflexión sobre que no todos son buenos, ni todos son malos. Hay muchos grises e Isabel el break down que tiene es que, anhelar esa vida de libertad que ve en Mireia, tampoco es tan real. Quería que se tuviese en cuenta que, al final, todos estamos inmersos en un contexto y que ese mismo contexto nos limita.

El machismo es algo absolutamente educacional y cultural que, por desgracia, tenemos aún demasiado interiorizado a la hora de poner en marcha determinados comportamientos. Sorprende la manera en la que el marido de Isabel reacciona en el momento en el que ella comienza a plantarse. Has creado un personaje que no se enfrenta, que sencillamente está educado así y considera que lo que hace está bien hecho, el mayor peligro, probablemente.
Para escribir el guion, hice una investigación en el pueblo. Me quedé durante un tiempo con una familia porque quería ser lo más realista posible, incorporar la dinámica del pueblo, de la familia, combinarlo con mi propia experiencia. Sentía que no había ni buenos ni malos.
El entorno es súper machista, sí, que parece que evoluciona y está cambiando pero que sigue siendo sumamente conservador. Las cosas no se hacen con mala intención sino por costumbre, repetimos los patrones que nos han enseñado. El hombre vendría a ser esa figura que se mueve en un ambiente muy específico, en un entorno de privilegio, acostumbrado a que lo atiendan. A partir de ahí quería construir su personaje, un hombre que viene de una familia que en realidad es un matriarcado, su madre es la que domina, el padre ni aparece, muchas mujeres alrededor de esta figura, acostumbrado a que lo complacieran. ¿Eso lo hace malo? No, simplemente es la manera en lo que lo han educado, y cuando comienza a cambiar la situación ¿cómo reacciona? ¿lo hace violentamente? No, en ningún momento de la película él se muestra violento, más allá de las escenas de las que hablábamos antes en las que maneja la plata o en las relaciones sexuales en las que él domina la situación.
Pero el tema está en cómo reacciona cuando se le plantea el cambio. Quería mostrar un personaje capaz de estar en transición, de decir “ok y ahora ¿qué hago?”.

Probablemente lo que se espera de él es que cuando ella comienza a empoderarse, se enfrente a esa nueva independencia que Isabel busca y que necesita para volver a respirar. Sin embargo, ese enfrentamiento vuelve a darse con una mujer, de nuevo su cuñada.
Totalmente, es una película de expectativas, de las que ella tiene, de quién quiere ser, de las que tienen los demás sobre ella, y de las que ella cree que los demás tienen de ella. En esa construcción de la identidad de ella misma, que se plantea por primera vez en su vida, ya es madre, es esposa, pero necesita saber qué quiere hacer. Pues eso mismo sucede con todos los personajes, cada uno de ellos cumple un rol. La abuela es la que sobreprotege, la que quiere estar en todo, la que pregunta a cada rato que para cuando otro hijo… Y el de la cuñada es algo parecido también, ¿cómo reaccionarías vos si tu cuñada estuviese mintiéndole a tu hermano? ¿Serías comprensiva con ella?, o en un contexto como en el que están ¿la confrontas y le dices que tú no se lo vas a contar, pero que hay que decírselo? Es una cuestión de vínculos, de relaciones familiares…

Se va evolucionando muy lentamente para alcanzar esa igualdad tan ansiada para la mujer… ¿Por qué crees que cuando se habla de feminismo, esa palabra supone tanto miedo? En España es bastante habitual que vaya seguida de otro término deplorable, el de “feminazi”…
Es complicado, pero creo que tiene que ver con quienes están perdiendo. Los cambios no se dan de la noche a la mañana. La vida no es como las películas de Hollywood, en las que hay un giro brutal cada cinco minutos. No es así, las luchas que hay en la calle con respecto al feminismo, son las mismas que había en los años 60 y no ha cambiado mucho. El derecho a tomar decisiones sobre tu propio cuerpo, a poder decidir sobre un aborto libre y gratuito, en un sistema que te proteja.
Son las mismas luchas, en España y en el mundo entero. Seguimos luchando porque muchos hombres creen todavía que tienen derechos sobre nuestros cuerpos, como en el caso de “La Manada” en estos últimos tiempos, que es grotesco, precisamente por eso, porque se nos ha enseñado y educado así y eso no va a cambiar de la noche a la mañana.
Por eso cuando se habla de feminismo en ocasiones genera espanto, cuando en realidad lo único que proclama es la igualdad, eso es todo. Cuando la gente no lo entiende así, es cuando se generan los problemas.
Cuando estábamos con la postproducción, me quedé en Sevilla en un AirBnB, el chico que de allí me decía: “Odio el feminismo, mi mujer feminista con su abogada feminista, me quitaron la custodia completa de mi hijo”. ¿Cómo refutarle eso? Él, desde su experiencia de vida, tiene una realidad muy particular, que hace que entienda el feminismo como una cosa espantosa, que le quitó la custodia de su hijo. Obviamente no conozco el caso y el motivo por el que se llegó a ese punto, pero, las leyes privilegian a la mujer en términos de custodia, porque el cuidado de los hijos se sigue asociando al rol femenino.

Eso es una trampa nuevamente para la mujer…
Exacto, las leyes son machistas, el sistema funciona de forma machista. Por eso, depende del punto de vista desde el que lo veas, puedes creer que el feminismo es el diablo y que es todo lo malo y feminazis por aquí y por allá… Sin embargo, de lo que no nos damos cuenta es de que hay que hacer una reconstrucción completa como sociedad, tanto hombres como mujeres, porque el machismo también afecta al hombre. La castración emocional que tienen los hombres actualmente, tiene que ver con el machismo, nada más. En el momento en el que se sienten libres de emocionarse, de sentir, de ser, es cuando podemos entablar un diálogo más equitativo. El cambio siempre genera miedo y se da a pasito de hormiga…

Algunos cortes de la entrevista en nuestro canal en youtube: