Entrevista con Pilar Massa: «Alimañas (brillantes)»


Entrevista: Covadonga Carrasco
Fotos cortesía de Archivos de los Teatros del Canal

En los Teatros del Canal: https://www.teatroscanal.com/espectaculo/alimanas-brillantes-pilar-massa/

Pilar Massa ama el teatro por encima de todas las cosas. Se le nota al hablar, al interpretar, pero, sobre todo, se nota en el riesgo que supone invertir en una producción diferente, que no es cómoda y que, además, ahonda en la bajeza del ser humano.

Ella es la culpable de uno de los éxitos de la temporada Alimañas (brillantes), de Philip Ridley, en los Teatros del Canal, con la que se ha puesto de nuevo a los mandos de la dirección. Y como no podía ser de otra manera, sobre las tablas, acompañada de otros dos actores, Ainhoa Santamaría e Ignacio Jiménez. Todos están inmensos y nos interpelan constantemente. No como público, sino como iguales, intentando hacernos cómplices de su desbarre moral.

Y cuidado, porque cuando esté terminando la función, vais a recibir una propuesta… ¿Seréis capaces de aceptarla?

Este montaje es una apuesta muy arriesgada, no solo por el tema que trata, sino por la energía constante que tenéis en el escenario.

¡Porque soy una loca! Pero sí, tienes razón, se necesita muchísima energía. Esa ha sido mi lucha a la hora de convencer a los actores de algo que sabes que tiene que ser así, es por lo que estoy tan agotada (risas).

Voy mucho a Londres y me gusta cómo hacen teatro los ingleses. No hacen concesiones, van a saco. Y eso, te atrapa. Además, me quería poner a favor de la historia, que es así, tremenda, macabra, humor negro. Si quieres hacer un drama realista, ya no es el puzzle con esas piezas, y es como lo he querido hacer. Es tan fácil y tan difícil como ponerme a favor de Philip Ridley.

«…estos te hacen teatro “in your face” y se quedan tan anchos. Y eso es lo que a mí me encanta, que para eso soy una artista y quiero contar lo que me dé la gana, como me dé la gana, creando un estilo, unos personajes, un modo de contarlo».

A mí que me gusta mucho el teatro documento, con Alimañas (brillantes), he sufrido bastante más, siendo una comedia.

Me alegra mucho que me digas eso, porque era lo que pretendía. “No hay que hacer drama, no hay que llorar”, le decía yo siempre a Ainhoa (Lili). El drama le quita realismo. Es tremendo de por sí lo que estamos contando, no podemos ir en contra del código y el estilo que tiene. Eso es lo valiente de los autores ingleses, aquí no se atreve ni dios, todo tiene que ser placentero, comedia blanca… Estos no, estos te hacen teatro “in your face” y se quedan tan anchos. Y eso es lo que a mí me encanta, que para eso soy una artista y quiero contar lo que me dé la gana, como me dé la gana, creando un estilo, unos personajes, un modo de contarlo.

Y es que mucha gente me decía: “Es que no hay nada en la cartelera ni parecido”. Y yo siempre contestaba: “No lo hay, pero podría haberlo, lo que pasa es que no se atreven”.

«A mí me ha gustado esta obra porque es muy concisa, habla de algo tan maravilloso como la avaricia, los bienes materiales, y los nombra».

En Alimañas (Brillantes), a pesar de ser una comedia, se pasa un mal rato. La constante interpelación al público, buscando, no la complicidad, sino hacerles cómplices (en el sentido estricto) de la que están liando. Pero lo peor, es que en este desbarre moral, había gente en las butacas que asentía con la cabeza, ¡aceptando la situación como algo normal! Y ahí, entré en pánico…

(Risas) Cuando me puse a hacer el texto del programa de mano del Canal, que me tiré un fin de semana entero haciéndolo, según terminé, me puse a pensar: “Tengo que ir a comprarme un perfume que no me queda, vaya mierda de coche que tengo, quiero uno mejor”. Quiero decir con esto que la ambición del ser humano es ilimitada, aunque no lo queramos reconocer. Nos tiramos el rollo, pero es mentira, yo quiero un coche mejor porque tengo una mierda de Polo de hace 21 años. ¡Claro que quiero un coche mejor! Y a lo mejor no me hace falta para nada.

A mí me ha gustado esta obra porque es muy concisa, habla de algo tan maravilloso como la avaricia, los bienes materiales, y los nombra.

Y luego, claro está, el meollo del asunto: la gente de bien, la que va ocupando los chalets. Lo que les propone la señorita Di, la revalorización de zona y la desaparición de los sin techo, qué curioso… Lo que quiere la gente de bien, lo que tiene que ser. Una obra maravillosa, ¡a mí me encanta!

«…justo cuando estábamos ensayando la obra eran las elecciones de la Comunidad de Madrid, y efectivamente decíamos: “Mira, igual que la Monasterio”».

Hay un monólogo maravilloso de Lili, que pone los pelos de punta, en elque se ofrece un discurso que, a mí, personalmente, me suena a ultraderecha… Los pobres que viven de nosotros que somos los que trabajamos. Horror.

Totalmente. Además, justo cuando estábamos ensayando la obra eran las elecciones de la Comunidad de Madrid, y efectivamente decíamos: “Mira, igual que la Monasterio”.

Por eso, quise que Ainhoa no llorase. No llores, tía. Lili está educada en la moral cristiana y con ese discurso va para adelante.

La crítica de The Guardian decía lo mismo que tú, que era un maravilloso y sobrecogedor monólogo de Lili, que reconoce, con toda la tranquilidad del mundo que hay que quitarse todo eso del medio. A la gente de bien, esa gente nos estorba.

«El día que hicimos la lectura decían: “¡No! ¡No vamos a meter a los críos en esto!”. Y eso, precisamente, que en otros montajes también se criticaba, yo me callaba porque a mí es lo que más me gusta de todo».

No voy a hacer spoiler, pero desde luego hay otra parte de la obra en la que ya el despropósito es absoluto, ya se han cruzado todas las líneas rojas de la ética y la moral, y sin ningún tipo de cargo de conciencia se decide, que para llegar al objetivo, hacer partícipes a los niños, pues oye, puede ayudar.

El día que hicimos la lectura decían: “¡No! ¡No vamos a meter a los críos en esto!”. Y eso, precisamente, que en otros montajes también se criticaba, yo me callaba porque a mí es lo que más me gusta de todo. Y, es que eso es muy inglés. Cuando cruzan la línea, como dramaturgos, llegados a ese punto, o lo llevamos al límite o se queda en una cosa de chichinabo, que no puede ser.

Además, es que ahí entra la comicidad y el dramatismo. Lo llevan todo súper lejos y entra en juego tu cabeza y tu corazón, y lo entiendes todo, se colocan las piezas.

Dicen que es mucho más complicado hacer comedia que hacer drama. Parece que es más sencillo hacer llorar que hacer reír. En este caso, además de reír y aunque sea una sátira y todo esté llevado al extremo, la sensación de pánico y de terror también está presente durante todo el montaje. Y lo peor es el motivo, la sociedad que estamos creando.

Así es, claro. Ese es el objetivo, como propuesta escénica, como actores, contar la historia lo mejor que podamos y llegar a eso.

Es muy curioso, porque… ¿Cuándo la viste tú?

El domingo.

Fíjate, el domingo no parabais de reír y, sin embargo, ayer, la gente estaba como “acojonadita” y pensamos que igual no había gustado nada. Pues, todo lo contrario, estaban encantados, igual que el domingo. Las reacciones en el teatro son así, un misterio.

«Estorbamos los que vivimos en Usera, los pobres, los que pedimos el paro, los negros, los que llegan en patera».

A mí me daba miedo ver cómo mucha gente asentía con la cabeza, tomándoselo todo como algo súper normal… ¡Qué miedo!

Ten en cuenta que ahora mismo hay muchas películas, muchas series, mucha información que tira hacia este discurso. ¿Qué van a hacer con los mendigos? Ese discurso de la ultraderecha que comentabas, quitarse a los que molestan de en medio, que parece que quieren volver a una raza aria. Estorbamos los que vivimos en Usera, los pobres, los que pedimos el paro, los negros, los que llegan en patera. Todo eso estorba a la hora de crear una sociedad perfecta, el ideal de las cinco casitas que les ofrece la señorita Di, justificado todo por el tema de la ambición.

Seguro que te encantó la frase: “Todo esto es por el niño”. Esa que se escucha tanto a muchos amigos: “Yo es que lo hago todo por mis hijos”, qué buena excusa…

Al final ellos no pertenecen a esa clase social. Esto lo vemos mucho hablando con cualquier persona de nuestro entorno, muchas de ellas creen que, asumiendo determinados discursos, van a ser aceptados en esos círculos más elitistas.

Me encanta que me digas eso porque, precisamente, en uno de los ensayos, en la parte de la nevera que se rellena sola, yo quería eso, hacer algo de nuevos ricos. Que se viese claro que ellos quieren formar parte de esa clase social.

Vemos que, cuando comienza a llenarse el barrio de vecinos, que era el objetivo, reformar la casa, dejarla bonita y, que eso atrajese a más gente. Está de puta madre porque los que se van mudando, piensan de verdad que Lili y Oli llevan mendigos a su casa porque son buenísima gente y que eso no se puede consentir porque los mendigos solo traen infección.

«Philip Ridley no va a hacer esa concesión. Es una crítica a todos los valores cristianos».

Durante unos minutos, tuve esperanza. Cuando llega una de las sin techo, cuenta su historia y parece que Lili se ablanda…

De ninguna manera… Philip Ridley no va a hacer esa concesión. Es una crítica a todos los valores cristianos. Por eso, la mendiga habla del castigo, la culpa, el pecado capital, del sacrificio… Todo aquello de lo que habla el catolicismo, para mostrar la hipocresía que conlleva eso en la sociedad.

La historia de la mendiga es sobrecogedora, además. Yo noto cuando salgo a escena, cómo la gente se queda acojonada.

Alimañas (brillantes) es un viaje de multitud de emociones, muchas de ellas encontradas y es complicado llegar a esa mezcla con un mismo texto. Te planteas tantas cosas…

El ser humano justifica cualquier cosa en su propio beneficio. Yo lo he visto, a lo largo y ancho de esta vida, en el teatro, en el trabajo… Lo he comprobado, incluida yo.

A ver, esto es surrealismo, pero el ser humano es capaz de muchas cosas. Mira, puede seguir comiendo mientras ve en la tele cómo miles de personas se mueren en el mar, al mismo tiempo que disfruta de una ensalada. Y al mismo tiempo, los gobiernos meten en la cárcel a gente que trabaja en ONG.

«…cuando vino el Papa, los mendigos desaparecieron de las calles…»

Dices que la obra es surrealismo. Discrepo, ahora mismo ver series como El cuento de la criada no me impresiona porque lo veo tan posible… Así que Alimañas (brillantes), no me parece, por desgracia, tan descabellado.

Total, yo la dejé de ver, se lo dije a mi amiga Carmen Mayordomo: “He dejado de verla porque me parece que puede ser real”.

Mira, por ejemplo, cuando vino el Papa, los mendigos desaparecieron de las calles…

Una propuesta como esta, tan arriesgada, en un país como este, con la situación que tenemos… Es la mejor forma de darnos un bofetón.

Yo no soy una productora al uso, no soy Cimarro, con todos mis respetos, no busco lo comercial. Soy artista, trabajo de actriz en la tele y en todo lo que me sale, precisamente para vivir de eso y luego montar producciones y arruinarme (risas).

Esta obra la estoy coproduciendo con Ignacio (Oli) con el que ya había trabajado hace tiempo y queríamos producir algo juntos. Y hemos hecho lo que de verdad queríamos, contar esta historia. Luego hemos tenido la suerte de que le mandamos la historia a Blanca Li, le gustó y me propuso estar en Canal. Claro, para mí fue algo maravilloso.

Me he peleado con mucha gente porque me decían que esto no era algo comercial, que no tenía famosos… Y claro, no es eso lo que yo quiero. Yo quiero contar esta historia, de esta manera y eso, qué quieres que te diga, también te cierra muchas puertas.

Los empresarios teatrales se equivocan si ese es el camino… Están infravalorando al espectador.

Totalmente, eso decía Marsillach, del que me acuerdo todos los días de mi vida. El espectador es mucho más inteligente de lo que creemos, además hay que hacer espectadores inteligentes. No todo, caca, culo, pedo, pis; historias de novios, de amor, de novios que se dejan, se cogen… Mira, no.

Creo, además, que tenemos unos autores buenísimos, pero que no se atreven a escribir textos así.

¡Ay si tuviera dinero!… Miras las carteleras del postfranquismo y hacían unos textos… Fíjate en Adolfo, él trajo a Arthur Miller cuando aquí nadie lo había hecho nunca; Buero Vallejo, La doble historia del Doctor Valmy que habla de la tortura. Fíjate ahora, la tortura ha vuelto. Bueno, no se ha ido nunca… Pero a lo que voy, es que tú fíjate qué textos se hacían y ahora: el amor no sé cuántos, me caso con tu prima… ¿Perdona?

O luego los textos de siempre, que llevan a los colegios. Pero, joder, ¿cuántas “Fuenteovejuna” va a haber…? ¿Cuántas Marianas Pineda? No sé…

Y fíjate que yo soy hija del teatro clásico, que fundé la compañía nacional de teatro clásico con veinte años, pero es que me parece una falta de inquietud artística y renovadora… Hay que tener valentía.

«Ya lo decía Shakespeare en Hamlet: “Cuida bien a los cómicos porque ellos son el breve compendio de la vida humana”».

Estamos además en un momento en el que necesitamos ejercitar el pensamiento crítico, por eso, es cierto que, de alguna manera, se echen en falta ese tipo de propuestas de las que hablas. De lo contrario, vamos cuesta abajo y sin frenos.

¡Es que eso es el teatro! ¡Es un espejo! Esa es la suerte que tenemos los que nos podemos subir a un escenario, decir determinadas cosas desde ahí arriba. Y si algo tiene de obligatorio el teatro, es precisamente contar lo que sucede en la sociedad en ese momento.

Ya lo decía Shakespeare en Hamlet: “Cuida bien a los cómicos porque ellos son el breve compendio de la vida humana”.

Las críticas de Alimañas (brillantes) están siendo fabulosas y puede ser una obra que se convierta en ese empujón que necesita ese “teatro” del que hablas. Ahora que parece que todo vuelve a empezar, puede ser el momento de renovarse.

¡Qué optimista eres! Ojalá, pero luego presentas proyectos a varios teatros de este estilo, incluso un premio Pulitzer, y pasan. Cosas maravillosas que, si no se las ofreces, no saben ni que existen. No es fácil.

Al final, nos vendemos al mejor postor. Se buscan cosas comerciales, producciones que se hacen en teatros públicos que no entiendes. Es el panorama teatral que tenemos, cada uno programa lo que quiere.

Pero, yo también, hago lo que me da la gana. Voy, lo monto y aparece gente como la de Canal, que han sido maravillosos como no te puedes imaginar, y me dan la oportunidad y creen en mí.

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